SETEMBRINO K. PERKDA
Seamos siempre homl.res de verdad: in-
clinémonos ante ella con respeto, aunque
nos duela v nos humille. — A. MagariSos
Cervantes — Violetas y Ortigas, pág. 431.
Llegará un día en que el sol no verá ya
sobre la tierra más que hombres libres. —
Los gérmenes de la superstición y de la
tiranía, se verán aniquilados bajo 'el pese
de la Razón. — Condorcet.
Precio del ejemplar: 30 cts.
SB VKNOK BN TODAS LAS LIBRERÍAS
MONTEVIDEO
Imprenta á vapor Montevideo Noticioso, Constituyente 105
1893
tfV v.. .
6
S1T1MBRIN0 I. PEREDA
Seámos siempre homhres de verdad: in-
clinémonos ante alia con respeto, aunque
nos duela y nos humille. — A. MagakiSos
Ce h> antis— Violetas y Ortigas, pág. 431-
Llegará on día en que el sol no verá ya
sobre la tierra más que hombres libres. —
Los gérmenes de la superstición y de !a
tiranía, se verán aniquilados bajo el peso
de la Kazón. — Conlouckt.
Preoio del ejemplar: 30 cts. — Se vende en todas las librerías
MONTEVIDEO
Imprenta á vapor Montbvideo Nottcioso, Constituyentes 1C5
1893
718" 5Vé " 1'^
ai ítaox
No pensábamos dar mayor publicidad que la qi¿3
han tenido, ú las cartas y artículos políticos insertos
por nosotros en.las columnas de La Razón de Mon-
tevideo, relativos á las actuales agrupaciones políti-
cas y la necesidad de su disolución y la de reemplazar
á éstas por los partidos liberal y clerical.
Sin embargo, el interés que han despertado y la
insinuación que nos han hecho algunos amigos ca-
racterizados, nos impulsa <X reunir esas publicacio-
nes en e\ presente libro, agregando juicios y docu -
mentos que no han visto la luz y que tienen también
su importancia.
Creémos, por otra parte, prestar un servicio al
pais, trabajando por el triunfo de ideas y tendencias
que juzgamos pueden cimentar su porvenir sobre
una base sólida de bienestar y prosperidad.
Combatir el mal y propagar el bien, no es sólo
obra de humanidad, sinó también de p'Uriotismo.
Ojalá, pués, que estas páginas, hijas del amor
al reinado de las instituciones libres y al engrande -
cimiento de la República, contribuyan en algo ú>
morigerar la intemperancia de las pasiones parti-
distas y encarrilar la opinión por ¿a vía de la Jelici-
dad común.
Eson son nuestros votos, y a ellos responde el
propósito que nos anima.
Setembrino C E. '¡¡Pereda.
NI RETROGRADOS NI TARTUFOS
i
Como ciudadano y como partidario nunca hemos
escatimado nuestro concurso moral é intelectual á
las cuestiones de verdadero interés público.
En la prensa, en los clubs, en las urnas y hasta
en la lucha armada, jamás vacilamos en defender
el credo político á que siempre rendimos culto, en
la convicción de que él encarnaba el más alto ideal
del patriotismo.
Por eso en el mes de Junio Ultimo nos propusi-
mos abrir nuevos rumbos á Ja opinión, sacando del
marasmo en que yacían y yacen, á nuestros pro-
hombres de partido, precisamente los del Consti-
tucional, en cuyas filas militamos desde 1880.
Las cartas que van á continuación así lo com-
prueban :
Psiysamlti. Jurio 24 <*• 1899*
Señor doctor Luis Mulián Lafinur.
Montevideo.
Querido amigo:
Hace tiempo que me preocupa vivamente la
cuestión política y religiosa.
Cuando se formó el Partido Constitucional, fui
de los primeros que suscribieron su programa, y
en él recibí mi bautismo político, pués entónces
contaba 21 años de edad y no níe había afiliado á.
ninguno de lo» que levantaban y levantan la ban-t
dera del tradicionalismo.
8
SETKMBR1N0 E. PEREDA
Creí quo las ideas brillantemente expuestas en el
manifiesto de Muyo, por más resistencia que en-
contraran, se abrirían camino, por hallarse inspi-
radfts en el mas puro patriotismo.
No n e satisfizo, sin embargo, su silencio sobre
la cuestión religiosa, y méi os aún, después que el
diario católico El Bien Publico, preguntaba con
sorna: ¿y qué ron ustedes en religión? ¿qué ideas
profesan? ¿son católicos? ¿son libera le c ? sin que la
Siglo, La Razón y El Plata, le diesel 1 , una respues-
ta satisfactoria.
No obstante, no se quebrantó mi espíritu por
eso: las cuestiones religiosas si bien se debatían
entóneos en la tribuna y en la prensa, no revestían
la importancia que en la actualidad; porque hoy se
preocupan las Cámaras y el pueblo de la reforma
de nuestra Carta Fundamental, cuya necesidad fué
sarcionada por el Cuerpo Legislativo anterior.
Ha llegado, pues, el caso de romper ^on el mu-
tismo á que estamos entregados los miembros del
Partido Constitucional en k que respecta a. la in-
tromisión del poder teocrático eu las cuestiones
del Estado, que solo deben estar sometidas á las
leyes civiles <;ue regulan la marcha de las socie-
dades adelantadas como la nuest; a.
La actitud asumida por algunos miembros cons-
picuos de nuestra colectividad política, que publi-
camente han rendido homenaje a las creencias y
cultos católicos, me ha persuadido que por ese
camino no se llegará á nada saludable para el país
y que se hace imprescindible una declaración pú-
blica y solemne de cuáles son las ideas del Partido
Constitucional en materia religiosa, ó de lo con-
trario, que se decrete su disolución, porque no es
posible vivir en una perpetua anarquía, haciendo
cada cual lo que le dé gusto y gana, con prescTn
dencia absoluta de las aspiraciones y tendencias de
la mayoría.
1 de esa época, inclusos El
NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS
i)
Esto me induce á plantear este problema: ¿con-
viene que el Partido Constitucional siga formando
en el seno de las agrupaciones políticas ante los
hechos enunciados, ó q le desaparezca y sea reem -
plazado por otra agrupación más viable y de un
programa más definido?
. En mi concepto, él ya no tiene razón de ser: ha
cumplido í»u misión política, es decir, ha conseguí •
do educar en mucho las pasiones, amortiguando
los ódios,y encarrilar la opinión pública por la vía
que conduce al desiderátum de las grandes aspira-
ciones nacionales.
Fué un partido de circut stancias, una tregua,
como dijo el doctor Juan Carlos Blanco, sí, una
tregua para los ciudadanos patriotas que no tenían
acomodo, por sus avanzadas ideas, en el seno de Ir s
viejos partidos, y para combatir, bajo unasula ban -
dera, contra los desmanes de los malos gobiernos,
defendiendo los fueros de la pátria, para que dentro
y fuera del país no se nos tuviera por un pueblo
inculto y abyecto, sino por lo que somos: por un
pueblo, sí pequeño y desgraciado, que tiene con-
ciencia de sus deberes cívicos y que en todos los
momentos sabe erguirse para protestar contra sus
opresores.
¿Por qué no levantamos o.nlónces la bandera de!
Partido Liberal, que pueda flamear enhiesta, frente
á la del clericalismo, que trata de abrirse paso,
apelando á todos los médios, no sólo en el sagrario
del hogar sinó igualmente en la cima del poder?
En el país, donde no hay asomo de monarquía,
donde somos r epublicanos, no caben los partidos
blanco, colorado y constitucionaíista, qu< en sus
programas sostienen más ó menos las mismas
ideas sobre libertad civil y política,— en tanto que
tendrían y tienen sobrada razón üe ser ». 1 panido
liberal y el partido clerical, porque encarnan ten
ciencias antagónicas, principios que pueden cons-
tituir organismos robustos y permanentes.
10
SETEMBRINO E. PEREDA
Me propongo, por lo tanto, aunque no sea el más
autorizado para ello, promover un movimiento de
opinión en eí sentido indicado, á cuyo efecto empie-
zo por pedirle encarecidamente la suya, ya que Vd.
se ha mostrado un liberal convencido y un entu-
siasta y leal paladín de todas las causas nobles y
justas; y estoy dispuesto á dirigirme a otros dis-
tinguidos compatriotas y amigos, como los doctores
Pablo De -María, Carlos María de Pena, José Pe-
dro y Carlos María Ramirez, Eduardo Acevedo,
Juan Carlos Blanco, y algunos otros, en el mismo
sentido.
Esperando su respuesta, le saluda con el aprecio
de siempre, su affmo. amigo y servidor —
Setembrino t. Pereda.
CARTA DEL DOCTOR MELlAN LAF1NUR
Montevideo. Junio 27 de 4892.
Señoj* don Setembrino E. P.'i eda.
Puysandú.
Querido amigo: Su carta 24 del corriente abre
para mí los más gratos horizontes, porque no
teniendo más pasión que la de servir los principios
liberales á que he rendido cuito toda mi vida, nada
puede halagarme más que la comunidad de pensa-
miento, en la esperanza de que un día se forme el
gran Partido Liberal, en que me tocará, por mis
antecedentes, ser uno de los soldados más conven-
cidos desús filas, y en mi sinceridad, menos sos-
pechoso para nadie: humilde soldado de filas, pero
leal.
^Vo creo, como usted, por razones que largo serla
detallar, á más de las que expresa su carta, que el
NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 11
Partido Constitucional no tiene razón de ser,si no
se difine en su programa. Tuvo su eficiencia con-
tra Sántos, como partido de! momento, para no
transigir, rechazar los puestos públicos y comba-
tiren la prensa á aquel gobernante, y después con
las armas en la mano;pero como partido acciden-
tal, su misión ha concluido: como quiera que los
Partidos son dedos maneras. 6 accidentales para
una lucha del momento, como una cuestión finan-
ciera ó electoral, ó puramente polílica,..v. g,, una
elección presidencial, ó algún suceso por el estilo,
ó son permanentes, c uno el liberal y el conserva-
dor o ultramontano admitiendo ámbos matices,
medios que pueden dar lugar á agrupaciones den-
tro de aquellos dos grandes bandos perpétuos.
Los partidos blanco y colorado, como agrupa-
ciones permanentes, constituyen un estúpido ana-
cronismo, sin razón de ser, algo parecido á la in-
sensatez que demostrarían los franceses, si en la
actualidad se dividiesen en girondinos y monta-
ñeses, y yo creo con usted que el medio único de
concluir con semejante armazón anacrónica, no
Le* ía otro que constituir el partido liberal frente
al ultramontano ó católico,— que ya existe, dígase
lo que se quiera.
.Pero para mi, la dificultad está en poder consti-
tuirlo, y sobre todo aquí, en la capital. Usted no
puede figurarse, mi am»go, lo que son en esta ciu -
dad los celos, las cobardías, el temor de quedarse
sin posición, abandonando las agrupaciones actua-
les, que aquejan á los hombres de valer, y tnste
es decirlo, en primera línea á nuestros correligio-
narios.
La prensa misma, aún la llamada liberal, nos
es hostil; y desde luego tendríamos de punía espe-
cialmente á El Siglo, ciue según lo habrá usted ob-
servado, más de una vez sé ha reído de nuestros
temores, en vista de la prepotencia del catoli-
cismo.
12
SETKMBMNO E. PEREDA
Unos toman por pretexto que el peligro de la
reacción ultramontana es muy lejano, otros dicen
que los hombres como usted y como yo, somos
unos fanáticos iguales á los que pretendemos com-
batir; muchos pretenden que la constitución de un
partido definido como liberal, traería una lucha
religiosa tremenda en las familias, y los más, lo
que quieren con todos estos sofismas, es pasarlo
bien, satisfacer sus egoísmos y vivir en" paz con
tirios y troyarios, dentro de un indecente modus
owendi de transación entre las ideas más opues-
tas.
De todas maneras, yo estoy en su ten eno, y aún
cuando no deseo que se precipite, me parece que
en la próxima lucha el año entrante deberíamos
ya iniciar la campaña liberal francamente, cons-
Utuyéndonos en partido, si eso fuese posible.
Le aplaudo, pues, su \dea;á las personas que me
nombra en su carta vaya tanteándolas, poco á po-
co, y consulte á otras también de las que perma-
necen afiliadas á los antiguos partidos. Pero le va-
ticino que va á sufrir decepciones, que no lo aba-
tirán, porque su temple de alma no lo consiente,
pero que lo van á fastidiar en grande y le van á
dar la medida de lo que son ciertos hombres.
Lo que usted va á proponer, yo lo he insinuado
en el seno de la amistad, y siempre se me ha com
batido: aun para objetos accidentales se me ha
dejado solo, como sucedió el 20 de Setiembre, en
que ninguno de nuestros amigos caracterizados
quiso firmar la convocatoria al pueblo, á pesar de
qut los fui viendo uno por uno para ofrecerles el
primer puesto. Hicimos una gran fiesta sin ellos,
Eero como Corporación Permanente la «Unión
jbera!» cayó.
La fórmula de mi patriotismo no es otra que
servir la tierra de mi cuna, dentro de las ideas li-
berales. Por esto veiá usted lo poco que pueden
interesarme los partidos tradicionales, á ninguno
NI RETRÓGRADOS NI TAUTUFOS
13
de los cu iles he servido sériamente, y que jamás
me contarán en sus filas, suceda lo que suceda; en
cuanto al Partido Constitucional, que he servido
con toda mi alma, no le encuentro ya importancia
alguna, máxime cuando muchos desús prohom-
bres están en realidad traicionando al credo libe-
ral.
Soy pués. materia preparada para una revolu-
ción que debo U9ted ir estudiando y haciendo ob-
jeto de la consulta que tiene pensada.
Créame siempre su affmo. amigo y téngame al
corriente del camino que lleven sus nuevos pro-
yectos.
Luis Melián Lafinur.
Poco tiempo después de cambiadas esta? car-
tas, el diario colorado El Día anunció la próxima
desaparición del Partido Constitucional y dijo que
muchos de sus más conspicuos afiliados estaban
resueltos á ingresar de nuevo en las viejas colec-
tividades políücas de que procedían.
No dimos fé á esta última afirmación, porque la
juzgábamos y creémos descabellada; pero esa pro-
paganda partidista del Uader del coloradismo en
la prensa, hizo que no « abstuviésemos momentá-
neamente de escribir á otros distinguidos compa-
triotas y correligionarios en el mismo sentido
que al doctor Melián Lafinur.
Olvidada ya la especie hecha círcu'ar por El
Día, reanudamos nuestros trabajos, y con fecha
18 do Diciembre ppdo. dirigimos la siguiente car *
ta— consulta, & l f, s doctores José Pedro y Lárlos
María Ramírez Juan Carlos Blanco, Domingo
Aramburú, Carlos María de Pena, Pabio de Ma-
ría y EJuardo Acevedo:
SETEMBRlNQ E. PEREDA
Paygandó, Diciembre 18 de 1892.
Señor doclor....
Montevideo.
A preciable correligionario y amigo:
El Siglo fecha 10 del corriente, edición de la
mañaua, expresa que nuestra colectividad política
si no está disuelta, está licenciada.
Será ésta, como dice un escritor de La Razón^
una opinión puramente personal del doctor Mar •
tin C. Martínez, pero es lo cierto que ella nace de
un escritor sesudo, bien conceptuado y que milita
en las filas del Partido Constitucional.
Nos interesa, pués, á todos, averiguar el grado
de verdad que haya al respecto.
¿Vivimos los amigos de las instituciones libres
convertidos en parias en nuestra propia patria?
¿No existe en realidad dicha agrupación? ¿Es, por
el contrarío, como en sus mejores tiempos, un or-
ganismo robusto, capaz de viabilidad y presto á
la lucha en el terreno de la legalidad, en pró de
los santos principios y patrióticos ideaies procla-
mados en el célebre manifiesto de Mavo?
La glacial indiferencia con que sus más conspi-
cuos miembros en Montevideo, vienen viendo el
constitucionalismo,— sierto decirlo, pero la verdad
debe manifestarse siempre por amarga que sea, —
ha venido cavando, paulatinamente, la sepultura
de aquel simpático partido, que en los albores de
su vida fué el centro de acción de todas la miradas
y que supo congregar en su seno la mayoría de
los elementos inteligentes y honestos del pais.
Lo que asevera el ilustrado redactor de El Siglo,
no debe, oor lo tanto, sorprendernos á los que de
la mejor biisna fé y con el más ardiente entusias-
mo hornos trabajado siempre sin vacilaciones de
cretinos »:i i-:»n: jí'&s mujciües. por el triunfo de
tan caras y miríficas doctrinas.
Ni RETRÓGRADOS NI TARTUFOS
15
Es pués, llegado el caso de definir posiciones,
para saber todos y cada uno de nosotros, á que
atenernos, es decir, para no ignorar cual es la ac-
titud resuelta que debemos ; sumir en la contien-
da electoral á iniciarse, ya como partidarios ó co-
mo simples ciudadanos.
¿Se mantiene de pié el Partido Constitucional?
¿O se halla disuelto ó licenciado, según la afirma-
ción de hl Siglos
Es preciso averiguarlo, y esto me propongo al
dirigir á usted la presente, lo mismo que á otros
distinguidos correligionarios en esa Capital.
Yo creo, sin emb.irgo, que si las cosas conti-
núan como hasta aquí, es inevitable, aunque fatal,
la desaparición de esa colectividad política. En
efecto: ¿qué servicios presta al país en la inacción
en que yace? ¿para que ha de seguir figurando ea
el catálogo de los partidos, si no denota la menor
vida ni se api esta á la lucha, cual lo hacen las
dernfts agrupaciones de su género?
Por otra parte, el Partido Constitucional si bien
ha hecho mucho camino en la conciencia pública
con la propagación de sus principios políticos,—
su bellísimo programa no llena, por si sólo, las
kgffmas aspiraciones de los hombres pensadores
y de ios amigos de la libertad en sus múltiples ma-
nifestaciones, pués en él se prescinde en absoluto
de la cuestión religiosa y de otras trascendentales.
¿Por qué? ¿Acá- o ios partidos tienen únicamente
por misión bregar por el reinado de la libertad
política? La libertad religiosa, ó de conciencia,
¿no es por ventura, tanto ó más trascenden-
tal que aquella? Para gobernar bien un pais
no hasta manejar con honradez los dineros del
Estado ni observar una conducta circunspecta —
Se necesita mucho más: satisfacer las justas aspi -
raciones de la opinión püblica, que la forman el
voto de las mayorías conscientes de un pueblo ó
11 ación.
16
SETUMBR1N0 E. PEREDA
Ahora por ejemplo, estamos abocados á la re-
forma constitucional: los liberales anhelan la se-
paración de la Iglesia y el Estado, y los clericales
que continué ese híbrido maridaje y proteccionis-
mo ilegítimo é impropio de un pais r publicuno y
adelantado como el nuestro. Las elecciones para
.renovar el Cuerpo Legislativo también se acercan.
¿Qué candidatos debemos proclamar para la re
presentación nacional? ¿3as:a que s-ean miembros
de nuestra agrupación política? 4N0 es menester
elejir los que respondan más satisfactoriamente á
las tendencias de la mayoría? Y para que esto su-
ceda, ¿no es imprescindible que sepamos la actitud
que debemos asumir los constituciona listas en
materia religiosa, para que nose produzca el cis
ma y con éste el caos?
¿Por ciué, entóneos, no se promueven reuniones
en todos los deparlamentos de la República y se
inicia l > ampliación del programa de Mayo en el
sentido indicado?
Cada centro departamental podría nombrar uno
ó mas delegados, y celebrarse una convención en
Montevideo para tratar y resolver el punto; pe! o
habría que hacerlo sin demora, porque el tiempo
apremia, y es precis > que las cosas so hagan sen-
satamente.
Ser ó no ser: — estalla sido siempre mi divisa,
— y no puedo pertenecer, — sin contrariar mis
arraigadas com Dicciones, — á un partido que se
muestre indiferente al respecto.
Por lo tanto,.sin¿da se hace, estoy dispuesto,—
y conmigo muchos amigos de causa— á separar-
me de sus filas, para vivir entregado á la apa -
cible soledad del hogar, ó llevar mi concurso de
ciudadano allí donde crea que más se trabaja por
el triunfo del pensamiento libre.
Esperando oir su autorizada palabra, lo saluda
atentamente su correligionario y amigo.
SetembHno E Pereda.
NI RETROGRADOS NI TARTUFOS 17
Los doctores Cárlos María Ramírez, Cáríos
María de Pena y José Pedro Ramírez se apresura-
ron a escribirnos, acusando recibo de nuestra carta
y pidiéndonos próroga de dias para evacuar ía
consulta.
Esto nos persuadió una vez más de la gravedad
del problema político por nosotros planteado y de
la urgente necesidad en resolverlo.
Dichos amigos nos decían :
CARTA DEL DOCTOR CÁRLOS M. RAMIREZ
Montevideo. Diciembre ti de I89Í
Señor don Setembrino E. Pereda
Pavsandú
Estimado amigo: He tenido el gusto de recibir
su apreciable de 18 del corriente, en la cual, toman-
do por punto de partida la comentada frase de El
Siglo — si el partido constitucional no está disuelte,
está licenciado^ — me interroga usted sobre la exac-
titud ó el alcance de esa afirmación y desenvuelve
usted sus propias vistas sobre la reorganización
de nuestra comunidad.
¿Qué desea usted? — ¿Mi opinión personalísima y
completamente aislada? — Si asi fuese, podria dár-
sela sin demora, porque las cuestiones que usted
plantea no han dejado de preocuparme un sólo
instante; — pero debo suponer que asi como usted
habla en nombre de un grupo de correligionarios,
me interroga también como representante presun-
tivo de otro grupo, cuyas tendencias deben pesar
en la balanza de los destinos comunes.— Siendo
así, necesito algunos dias para cambiar ideas con
mis amigos particulares y con los mismos dislin •
guidos correligionarios á quienes usted se dirije si-
multáneamente, según io anuncia usted en su
carta.
^ • i
SETEMHRINO E. PEREDA
Triste es confesarlo: vivimos completamente
aislados los unos de los otros y acaso un tanto mi-
nados por pequeñas rivalidades personales. Es
muy posible que al reunimos, aunque sea en pe-
queño comité, estallen graves disidencias, como
les sucede desgraciadamente á lus demás partidos.
Vea usted el estado lastimoso de los blancos. En
cuanto á fos colorados, ignoro lo que ocurre en los
deparlamentos, pero aquí es notorio que han fra-
casado en las dos tentativas que han hecho para
organizarse con prescindencia de la tutela ofi-
cial.
Asi, pídole un plazo breve para evacuar su con-
sulta. Viene ella en buen momento y creo que nos
obligará á definir las cosas con viril franqueza.
Aprovecho la oportunidad de repetirme S. S. y
affmo. amigo.
Carlos M. Ramírez.
Montevideo, Dkierobte 21 de 1893
Señor don Seiembnno E. Pereda
Pay¿andii
Mi e stimado amigo :
En mi poder su apreciable del 18 del corriente.
Arduo es el problema que usted plantea y supre-
mo el interés que entraña para los ciudadanos afi-
liados al partido constitucional.
No escuso mi opinión, pero no puedo darla sin
fundarla ampliamente, y eso no lo puedo hac<T ba-
jo los apremios de las últimas horas hábiles de lo.^'
Tribunales — Le pido, puós, que me conceda una
próroga de dias, que empezará á correr desde
el 24.
De usted affmo. amigo y compatriota—
Jcse P. Ramírez.
NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS
*9
Señor don Setembrino E. Pereda.
Paysandú.
Estimado amigo:
He tenido el gusto de recibir su carta política y
asi que tengamos féria será para mí un placer con-
versar con usted sobre tan importante asunto. Me
limito a este aucse de recibo, porque no deseo pa-
sar por indiferente.
Su affmo.
C. M. de Pena.
El doctorDe-María fué más breve en expedirse,
y con fecha 26 del mismo mes nos contestó en los
siguientes términos, que después apreciaremos.
CARTA DEL DOCTOR PABLO DE-MARIA
Montevideo, Diciembre 26 de 4892.
Sr. doo Setembriuo E. Pereda.
Mi estimado amigo :
Tuve el gusto de recibir la carta de Vd. fecha 18
del corriente.
Le pido disculpa por la demora con que le con-
testo. He estado ocupadlsimo estos días, con mo-
tivo de la conclusión del año judicial.
Es indudable que el Partido Constitucional está
desorganizado, pero esto no quiere decir que esté
muerto. Por mi parte creo que tiene razón de exis-
tir y que servimos al país los ciudadanos que per-
manecemos en sus filas.
Los partidos tradicionales no son realmente tales
partidos, puesto que falta toda unidad de ideas entre
sus miembros. Sin embargo, continúan ostensi-
30
SETEMBRINO E. PEREDA
blemente existiendo la divisa blanca y la divisa
colorada. Miéntras esto suceda, el Partido Consti-
tucional tiene una misión patriótica que llenar: la
de trabajar por la abolición completa de esas di-
visas, que son el obstáculo que se opone á la unión
de los hombres de principios y á la formación de
loa verdaderos partidos populares.
El día en que hayan desaparecido para siémpre
los viejos partidos, el Constitucional podra dar por
cumplida su misión y retirarse de la escena políti-
ca, para dar paso á la formación de otras agrupa-
ciones.
Los partidos no son ni pueden ser organismos
eternos.
En cuanto á la acción eficiente, el Partido Cons-
titucional, no puede, hoy por hoy, ejercer otra que
la de ia propaganda por medio ae su prensa.
Soy y he sido siémpre liberal entusiasta, pero
no creo que la cuestión del liberalismo y el cleri-
calismo sea actualmente de importancia principal
para el país. La.? conquistas liberales realizadas
no peligran —si peligrasen sería el caso de agi-
tarnos para defenderlas.
La honradez política y administrativa, la verdad
del sufragio, la abolición de las viejas divisas, que
son una causa de división entre los ciudadanos de
unas mismas ideas fundamentales, hé ahí las cues-
tiones que actualmente son de interés vital y su-
premo.
Un ciudadano de los antecedentes y de los méri-
tos de usted, puede hacer mucho bien, permane-
ciendo en las filas del Partido Constitucional. Esta
es mi opinión. Al dársela con toda sinceridad,
tengo el gusto de saludar á usted afectuosamente
y suscribirme su affmo. amigo y correligionario.
Pablo De-Maria.
NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 21
El doctor Juan Carlos Blanco nos pedía también
próroga, en carta datada el 18 de Enero, abrigan-
do la esperanza de cambiar ideas con nosotros
personalmente antes de la apertura de los Tribu-
nales.
c< De todos modos, nos decía, siempre me será
grato corresponder á sus deseos, ya recaigan sobre
materia política, exigiendo de mí una opinión ó
una consulta, ó se relacione con nuestra buena y
sincera amistad.»
En virtud del opúsculo del doctor Melián Lafinur,
aue precipitara los sucesos, no quisimos aguardar
indefinidamente, y dirijimos estas líneas á los
doctores Blanco, Kamirez y Pena.
Paysandú, Enero 22 de 1893.
Señor Doctor
Montevideo.
Apreciable amigo:
Aún estoy en espera de su respuesta á mi carta
fecha 18 de Diciembre último.
Parto para el Durazno, de donde regresaré Bl
próximo Sábado. Espero para entónces su con-
testación definitiva, pues he recibido un folleto
político del doctor Melián Lafinur, y antes de
ocuparme de él, quiero conocer la opinión de usted
repecto á los puntos por mí consultados.
Sin más, me repito de usted affmo. y S. S.
Setembrino E. Pereda.
Entónces recibimos las siguientes comunica-
ciones :
SETEMBRINO E. PEREDA
CARTAS DFX DOCTOR CARLOS M. DE PENA
Sefior Don Seiemorino E. Pereda.
Paysandú.
Mi estimado amigo:
Si no he contestado antes á su carta, se debe áí.
que cambiamos ideas con el doctor José Pedro
Ramírez y quedamos en reunirnos con otros
amigos ántes de contestar á usted.; pero como la
reunión parece, aplazada, y el folleto del doctor
Melián obliga á decir algo, hoy mismo me pongo
en la tarea, y, alcance ó no á ver al doctor Ramirez,
quien me dijo tenía también que contestar áVd., —
recibirá Vd. mi contestación por el correo próximo.
Le saluda su affmo.
Carlos María de Pena.
Montevideo, Enero 27 de J893.
Sefior don Setetnbrino E. Pereda.
Paysandú.
Mi estimado señor:
Nos reunimos ayer con el doctor José Pedro
Ramirez; cambiamos algunas indicaciones; me
leyó tu proyecto de contestación; yo á él el mío in-
concluso, y quedamos en que debíamos reunirnos
con otros amigos ántes de contestar á Vd. Consi-
deramos que el asunto es delicado y que vale la
pena de pedirle á Vd. que espere uros días más,
porque se trata de asuntos que tocan á muchos y
afectan, sin duda alguna, la marcha ulterior del
País.
Veremos lo que se resuelve,— discutiremos un
NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 23
poco, y siempre le quedará á Vd. el honor de ha-
ber provocado un acto político de la mayor impor-
tancia.
La respuesta irá pronto.
Entre tanto, suyo affmo.
Carlos María d¿ Pena.
CARTA DEL DOCTOR JOSÉ PEDRO RAMIREZ
Señor don Selembrino E. Pereoa.
Montevideo, Enero \ 1 de 1893.
Mi estimado compatriota y amigo :
Hace mucho tiempo que me preocupa el proble-
ma que me plantea usted en su carta de 18 del pa-
sado, y al respecto tengo opiniones definidas, que
privadamente y en conversaciones íntimas he he-
cho conocer á algunos de nuestros amigos polí-
ticos.
El Partido Constitucional tuvo su razón de ser
muy explicable, muy kgica y muy patriótica: rué
un llamadoá todos los ciudadanos que no se ^ve-
nían con el régimen de gobiernos personales ffue
inauguró con el motin del 1§¿ C E n ero, y quelin
«embargo *e mantcíhan distanciados pór* vínciuS*
Piones partidistas, favoreciendo por antagonismos
tradicionales y por prevenciones injustificables,
aquel régimen nefando. *
toíl a ^ enton .ces un interés supremo, superior á
I a cpns^eracion y que podía y debia uñir á
iperio de las pasiones enconadas
por una sucesión de guerras civiles y de hechos
sangnentos, conservaban el culto de las institucio-
SETEMBRINO E. PEREDA
nes y el sentimiento altivo de la dignidad cívica, y
ese interés supremo determinó la organización de
un partido de circunstancias que proclamó la ne-
cesidad de que los ciudadanos se desvinculasen de
todo compromiso político, basado en las tradicio-
nes y los recuerdos de las luchas pasadas, para
constituir una fuerza de opinión sin mas objetivo
que restaurar el imperio de tas instituciones.— Esa
fuerza de opinión debía llamarse y se llamó, al
constituirse, el Partido de las Instituciones Libres,
y más tarde el Partido Constitucional, denomina-
ción muy propia en momentos en que el régimen
imperante era sencillamente el de la fuerza, sin
rumbos y sin freno, como se diio en el manifiesto
de Mayo de 1880.
Aquel movimiento popular y aquella organiza-
ción departido, no eran una improvisación capri-
chosa, ni una creación convencional; era aquello
un movimiento expontáneo que se venía elaboran-
do desde 1875 y a que se daba forma en un mo-
mento oportuno; el interés supremo de salvar al
país de tan hondas perturbaciones y de tamaña
afrenta, nos habia encontrado confundidos en la
prensa, en el destierro y en los campos de batalla,
sin acuerdos prévios, a ciudadanos de todos los
partidos y círculos políticos, y confundidos volvió
á encontrarnos después del manifiesto de Mayo,
oponiendo á las subversiones imperantes, una re-
sistencia indomable, infructuosa en apariencia,
pero en realidad «aludable y fecunda.— Organizar
esas fuerzas dispersas y metodizar una resistencia
que germinaba en el seno de los propios partidos
tradicionales, á que nosotros mismos pertene-
cíamos hasta ese momento, se tuvo principalmen-
te en vista al hacer un llamado público y solemne
á todos los ciudadanos que compartían esas ideas,
y por ellas combatían sin omitir esfuerzos y sacri-
ficios personales.
No era el caso de continuar impertérritos el vie-
NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS
25
jo litigio de blancos y colorados, cuando a colora -
dos y blancos se les oprimía y afrentaba, explo-
tando las antiguas rivalidades y les viejos ¿dios de
las luchas fratricida?, iluminadas muchas veces
con resplandores de gloria, y por eso, con mucha
oportunidad decia Juan Cárlos Blanco en una de
nuestras más solemnes Asambleas, después de
trazar con mano maestra un cuadro admirable de
las escenas del 15 de Enero en la plaza pública:
«De entónces acá, hay dolores, hay amarguras,
hay profanaciones que gritan con el lamento dolo-
rido del profeta en la ciudad abandonada por Dios,
desierta y solitaria.
»A la presidencia del crimen, siguió la dictadura
por la traición y la orgia, y aún se escuchan sus
sucesores y aún se vé la obra de envilecimiento
que los primeros nos legaron.
«Profanado todo lo santo, ultrajados todos los
respetos, agredidos todos los derechos, rota y vili-
pendiada la Constitución del pais: he ahí la obra de
la presidencia y de la dictadura del crimen.
»Esas fuerzas oprobiosas nos estrechan aún por
todas partes: no se ha restablecido el órden en el
cáos y apénas si se vislumbran horizontes de bo-
nanza.
»Y qué hemos hecho nosotros? En medio de los
combates de ¡os partidos tradicionales que reapa-
recieron en la escena de ese cuadro horrible,
combatientes nosotros mismos también, hemos
terminado el duelo y levantado en alto la bandera
parlamentaria para reconstruir la patria y restau-
rar sus instituciones. »
Pero no por que la evolución que entónces reali-
zábamos, ciudadanos disgregados de los antiguos
partidos tradicionales, fuese aconsejada por los
acontecimientos é impuesta por la necesidad de
aquel momento histórico, dejábamos de reconocer
los ciudadanos que dirigíamos ó encaminábamos
aquel movimiento, que no era aquello una organi-
26
SETEMBRINO E. PEREDA
zación inmutable, que á su vez no hubiese de su-
frir nuevas transformaciones en el transcurso del
tiempo.
En una de las primeras asambleas que celebró
el nuevo partido, decía el autor del manifiesto de
Mayo, expresión de las ideas y de las aspiraciones
del mismo:
ce Oribe y Rivera, medio siglo atrás.
« Todo se ha renovado, todo se ha transforma-
do; otras generaciones, otra sociabilidad. Nuevas
necesidades, nuevos problemas, nuevo amor y
nuevos antagonismos, nuevos dolores y nuevas
esperanzas, nuevos ideales; pero así mismo es ne-
cesario que la opinión se petrifique en las crista-
lizaciones de los viejos partidos y que recemos
nuestro rosario político, con los nombres de Oribe
y de Rivera en los lábios.
« Cada época tiene su misión y su tarea. — Es un
absurdo acumular las perturbaciones lejanas ya
extinguidas á las perturbaciones inevitables del
momento. — La nueva vida requiere organismos
nuevos. »
En la misma ocasión decía yo en acto público y
solemne:
« Todo en el órden físico y en el órden moral
sigue la ley evolutiva de las transformaciones, y
se pretende, sin embargo, que lo más movible
y más subordinado á la modificación de las ideas y
de las necesidades de cada época, ha de permane-
cer estacionario á título de consecuencia con las
petrificaciones del pasado. »
Era ese el común sentir de los ciudadanos que
se afiliaban al nuevo partido.
El Plata, redactado por los doctores Sienra y
Carranza y Carlos M. Ramírez, decía en Abril de
1881, contestando á los que tergiversaban ciertos
conceptos del monumental discurso del doctor
Rlaneo, pronunciado en la reunión del Skating:
c< Verdad es que el doctor Blanco ha hablado
NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 27
.de que una vez obtenida la efectividad de las insti-
tuciones, pueden surgir partidos en que nosotros
mismos nos dividamos.
» Pensando en un porvenir remoto, lo hemos
dicho nosotros alguna vez, especialmente contes-
tando al Bien Público:
» Venga El Bien Público á nuestras filas si
Odia el régimen de la arbitrariedad y de la fuerza
y considera que el restablecimiento de las institu-
ciones debe ser la suprema aspiración de los
buenos ciudadanos en el momento presente.
» Si después hay que resolver el problema de
la religión en el Estado, ó de la enseñanza laica, ü
otras igualmente interesantes, en que los mismos
correligionarios políticos del día disentimos, ios
que quieran, se segregaran: los partidos del porve-
nir nacerán de las necesidades del poroenir. »
Es ese precisamente el criterio con que el ilus-
trado redactor del El Siglo, con su clara concep-
ción de todos los problemas políticos y sociales,
aprecia la situación actual de los partidos, y espe-
cialmente la del partido constitucional en el artícu-
lo de 16 de Diciembre próximo pasado, á que usted
se refiere, cuando dice que es un absurdo la idea
de la eternidad de los partidos en el tiempo, y fa'sa
la idea que supone h los ciudadanos vinculados
para siempre á un partido permanente, en países
en donde no existe diversidad de opiniones sobre
la forma de gobierno, ni ninguna de esas grandes
cuestiones sociales ó religiosas que dividen a. los
hombres por siglos, en países doríde los adversa-
rios de ayer son aliados al día siguiente, y vice-
versa.
En cuánto á mí, ese era mi criterio cuando se
organizó el Partido Constitucional en 1880, y ese
es mi criterio hoy mismo cuando se trata de si de-
bemos empeñarnos en mantener su organización
originaria con su denominación y su bandera.
En nuestro-país no debe verse en los partidos,
28
SETEMBRIfíO E. PEREDA
sinó factores de circunstancias dadas para res-
ponder á propósitos determinados y patrióticos.
Si los sucesos y las conveniencias públicas,
aconsejan que disolvamos ese organismo á que
hemos vivido identificados durante dos lustros,
debemos disolverlo, sin mortificaciones de amor
propio y sin repugnancias pueriles, dispuestos &
llevar á la causa del bien individualmente, todos y
cada uno, bajo otra organización cualquiera que
mejor responda á las necesidades y á las conve-
niencias de las nuevas situaciones, la misma pureza
de intenciones y el mismo anhelo patriótico.
Según el doctor Martinez, que sin duda expresó
en su artículo del 16 de Diciembre opiniones pura-
mente individuales, como las expreso yo ahora,
el Partido Constitucional llenó ya los fines de su
institución, con más ó ménos éxito en la época en
que acHió; y en la nueva situación, ante los nuevos
problemas que los sucesos plantean con su lógica
incontrastable, careceríamos de la cohesión nece-
saria para seguir actuando con provecho.
Observa el doctor Martinez que apénas desapa-
reció la situación de fuerza que dió origen al Par-
tido Constitucional, cada uno de los grandes suce-
sos que se han desarrollado en el país, nos ha
encontrado divididos en distintos campos, ya se
tratase de la evolución de Noviembre, de la elec-
ción presidencial del doctor Herrera, ó de las me-
didas financieras que reclamara la crisis, y que lo
mismo sucederá así que esos problemas ú otros
semejantes vuelvan á plantearse, exigiendo solu-
ciones prácticas.
No estoy convencido de que sea completamente
exacta esa observación. La evolución de Noviem-
bre no produjo tan profunda excisión en el Partido
Constitucional y apenas motivó una que otra disi-
dencia individual que no separó de sus filas á me-
dia docena de ciudadanos, y ni eft^la elección
presidencial del doctor Herrera, ni en la crisis
NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 29
financiera ha actuado el Partido, por más que
algunos de sus miembros figuraron en el Gobierno
ó en Las Cámaras.
Si el Partido Constitucional actuara en una
elección presidencial, levantando y sosteniendo
una candidatura propia, llegaría fácilmente á po-
nerse de acuerdo en la elección del ciudadano lla-
mado á regir los destinos del pais, y es muy pro-
bable que llegara á ponerse de acuerdo en la
cuestión financiera, si le tocase afrontarla y resol-
verla. Un partido no puede prever al organizarse,
todos los problemas emergentes en el curso de los
sucesos para establecer bpriori los medios de so-
lucionarlos, pero esa solución se encuentra casi
siempre dentro de los principios generales que
profesa, y se impone por las conveniencias públi-
cas lealmente entendidas. Yo no alcanzo sinó la
cuestión religiosa que pudiera determinar forzosa-
mente una excisión fundamental en el seno del
Partido Constitucional, y á esa cuestión no ha de
subordinarse en nuestro pais, por ahora y por
muchos años, la organización de sus partidos po-
líticos.
Pienso así, y sin embargo creo que no hay con-
veniencia en mantener la organización del Partido
Constitucional, por razones que expresaré con
ruda franqueza.
El Partido Constitucional llenó en una época
dada, excepcional, singularísima, los grandes
fines de su institución; fué el porta-estandarte de
las resistencias patrióticas á la subversión de to-
dos los principios, que se hizo Gobierno con el
motín del 15 de Enero, y que amenazaba conver-
tirse en régimen permanente en la República, y á
la vez, como lo observa con mucha razón el doc-
tor Martínez, rompió el dualismo primitivo de los
partidos tradicionales, abriendo para todos hori-
zontes más ámplios en la gestión de la cosa públi-
ca.— Fué simplemente entónces, y no necesitaba
30
SETEMBRTNO E. PEREDA
más para llenar una arcana misión, un partido de
ropaganda y una fuerza de opinión que en más
e una ocasión imprimió dirección á los sucesos
políticos; pero los tiempos han cambiado, y con
todos los defectos y todos los vicios que se quiera,
la normalidad re ha restablecido, y en la vida ordi-
naria de las sociedades humanas, los partidos po-
líticos tienen que ser esencialmente militantes, y
sus ambiciones deben converger á fines prácticos
y positivos. — De hoy más, todas las cuestiones
tienen que resolverse en la fuente de toda organiza-
ción política y de todo funcionamiento regular, en
los comicios, y los comicios son, la acción y la
lucha.
Pues bien, mi amigo, en mi concepto el Partido
Constitucional no es ni puede ser un partido mili-
tante. — Atrajo á sus filas en los primeros movi-
mientos expontáneos y generosos de la opinión,
un núcleo de ciudadanos notables, altamente con-
ceptuados por su honorabilidad, por su talento y
por su ilustración, y contó con la entusiasta adhe-
sión de lo más distinguido de la juventud, sobre
todo, la opinión pública fué suya en las supremas
crisis de aquellas situaciones angustiosas, pero
no alcanzó á disolver los partidos tradicionales ni
á inocular su espíritu, sus aspiraciones y sus ten-
dencias en la masa común de la colectividad polí-
tica, excepción hecha de la Capital de la Repúbli-
ca y de algunos centros urbanos de los Departa-
mentos de Campaña
Falta al Partido Constitucional, elemento políti-
co para un partido militante; ese es el hecho que
se imponey contra el cual no podemos rebelarnos,
y un partido que no milite, empieza á ser un ana-
cronismo en la actual situación del país.
Se reformarían mañana las leyes electorales en
el sentido de garantir la verdad del sufragio; se
empeñaría el Gobierno llamado á presidir el acto
electoral, en garantir la más ámplia libertad, y la
garantiría; y no dejaría de ser un conflicto para el
■
NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 31
Partido Constitucional, definir su actitud en la
contienda electoral.
Si no somos y no podemos ser un partido mili-
tante, si como partido no podemos aspirar á
dominar la escena política y á actuar con nuestros
hombres y á realizar nuestros ideales, no podemos
empeñarnos en mantener secuestrados á algunos
miles de ciudádanos á título de perpetuar una
organización ya estéril y de obsecuencia á los
compromisos contraídos, como si esos compro -
misos tuvieran la indisolubilidad de los votos
monásticos. Talvez sería, pués, lo más acertado,
volver á la circulación ese capital secuestrado,
capital de inteligencia, de ilustración, de virtudes
cívicas, de abnegación patriótica, de posición
social, de juventud, restituyéndonos recíproca-
mente la libertad en las actituües individuales para
acompañar los sucesos sin vinculaciones y sin
reatos, y para incorporarnos á cualquier movi-
miento de opinión y á cualquier evolución política
que persiga un propósito patriótico y sirva los
bien entendidos intereses del país.
Yo sé bien, que el Partido Constitucional podría
ser la base de cualquiera de esas evoluciones, y
que sobre esa base habría grandes probabilidades
deque se encaminarían en el mejor sentido; pero
no es posible desconocer que al mismo tiempo
sería un obstáculo para que se produjesen, por las
resistencias que subleva siempre un partido ya
organizado, con tradiciones definidas, con resis-
tencias vivas ó latentes, con ódios acumulados.
Como dice muy bien el doctor Martínez, no
debemos incurrir en el mismo error que repro-
chamos á los partidos tradicionales, y debemos
desembanderarnos los primeros para que no se
crea por un momento que queremos asimilar y
absorber, cuando preferiríamos una y mil veces,
ser astmilados y absorbidos pafa los altos fines
32
SETEMBRÍNO E. PEREDA
patrióticos que a grito herido se imponen en la
suprema crisis por que atraviesa el país.
Estoque vemos, que palpamos, que sentimos,
este gran desastre en el órden económico y finan-
ciero de la República, este enervamiento sin ejem-
plo del espíritu público en el órden político, este
aplastamiento absoluto de todas las fuerzas vivas
del país en uno y otro órden, no pueden continuar;
y es necesario que abramos camino á una nueva
idea, á un nuevo esfuerzo, á una reacción vigoro-
sa, en qué forma, no sé, pero que tiene forzosa-
mente que producirse á poco que suprimamos
obstáculos, aunemos voluntades y elevemos nues-
tro espíritu á la altura de los infortunios que nos
abruman.
Estas son mis impresiones y mis ideas, que ex-
pongo francamente, contestando á su interpela-
ción, y que, llegado el caso, sostendré en las deli-
beraciones del partido á que pertenezco desde
1880, y de que no me separaré miéntras no se di-
suelva por el acuerdo de la mayoría de los duda-
da nos á él afiliados.
De usted muy afectísimo amigo y compatriota —
José Pedro Ramírez.
CARTA DEL DOCTOR PENA
Señor don Setenibrino I£. Pereda.
Paysandú.
Mi estimado amigo: He demorado hasta hoy la
contestación á la suya del 18 ppdo., porque deseaba
encontrar ocasión de hablar con algunos amigos,
de aquellos á quienes usted se ha dirigido al mismo
tiempo que á mí, según se desprende de su carta.
NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 33
— ■ ■ — ■ i ■ -.
Pero el tiempo pasa; usted reclama una conten-
tación y no quiero ser de los últimos en dársela, ya
que pone usted tanto empeño en obtenerla.
I
Empezaré por decirle que cierta inactividad po-
lítica en los partidos no puede bastar, en mi sentir,
para declararlos momentáneamente licenciados
Pueden los partidos entrar en vacaciones como
los parlamentos.
Hay Gin duda en nuestro país causas especiales
para determinar un gran retraimiento político.
Aquí, como en todas partes, los partidos no asumen
organización militante de Clubs, sinó en los perío-
dos de agitación electoral. Constituidos ó renova-
dos por el voto los Poderes Públicos, ó distri-
buidos los cargos electivos, la organización de los
partidos solo se mantiene por circunstancias
anormales ó extraordinarias, como los radicales
en la Argentina, ó si se mantiene, vegeta en la
esterilidad más completa, como ha sucedido por
diferentes causas con los nacionalistas, entre nos-
otros.
Los partidos pierden después de los comicios su
actitud militante de clubs, porque entran á actuar
en las tareas del Gobierno por medio de elementos
que les representan ó caracterizan más ó ménos
genuinamente.
Después del periodo electoral quedan en reposo
ias fuerzas populares y ván los delegados más ó
ménos postizos de los círculos ó partidos políticos
á funcionar ó á figurar en la legislatura yenl'i
administración.
Durante el receso, los políticos y los periodistas
hacen el gasto, ó sostienen el apostolado, respon-
diendo en cada caso y circunstancias á inspiracio-
nes personales que surgen de las regias de con-
34 SETBMBRINO B. PEREDA
ducta general, trazadas en los programas políticos
ó de tendencias generales, de ciertos núcleos raás
6 ménos ñuctuantes ó caracterizados por su acti-
tud, sus ideas y su acción en la gestión de los
negocios públicos. Siguiendo sus inspiraciones
individuales tratan siempre, el periodista y el polí-
tico, de pulsar la opinión, haciéndose écó de sus
latidos, de sus movimientos pasionales y sus deseos
en un momento dado; ó día por día, según la mar-
cha de los sucesos.
II
Así ha sucedido en nuestro país con todos los
partidos.
Los constitucionales no concurrieron como agru-
pación política á las elecciones de la Asamblea
actual, y se mantuvieron á la espectativa, como
no concurrieron los nacionalistas sinó en mínima
parte. Creo que el retraimiento y la abstención se
produjeron por la imposibilidad reconocida áe in-
fluir en los comicios, porque el fraude organizado
ahogaba de tal manera el sufragio, que era inútil,
absolutamente inútil, contar para algo con lá
manifestación de la voluntad popular en las elec-
ciones.
Por otra parte, si bien lo fundamental de nues-
tros propósitos políticos no había cambiado, ni po-
día cambiar por divisiones accidentales sobre la
designación de personas para el Gobierno —las
soluciones más ó ménos transitorias ó radicales
que en lo financiero y en lo económico exigía el
país ó permitía aplicar para atenuar y para salvar
la crisis, admitían úivói'oL&d de actitudes según
se apreciaran los. sucesos y los hombres que les
impulsaban ó dirigían. Y fué la evidencia de esa
diversidad inevitable en los medios y en ios pare-
ceres la que trajo también cierta falta de cohe-
NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS
sión, de unidad de miras; cierta falta de disciplina,
cierto retraimiento en la actitud de los constitucio-
nales como agrupación cívica Más ó ménos se ha
producido el mismo fenómeno entre los elementos
políticos de los otros partidos. Y creo que se re-
producirá siempre y en todas partes donde los
partidos militantes no se caractericen por diferen-
cias muy acentuadas en las ideas fundamentales
de organización social ó de organización política.
Después de esas divergencias accidentales so-
bre los hombres y los sucesos que pasan y sobre
los medios transitorios que se proponen para una
mejora en la situación del momento, vuelven á
reunirse* los elementos afines por tradición ó por
movimientos pasionales; vuelven á agitarse los
hombres al rededor de una bandera ó de un sím-
bolo; ó de un propósito político bien caracteriza-
do ó bien definido.
¿Cuáles ia situación presente?
No pasamos ahora, sin duda, por un momento
de saludable reposo, en que, después de termina-
dos los comicios recomienza la labor gubernativa
y cada partido reconcentra sus fuerzas en sus
hombres más espectables, siró que estamos pre-
cisamente abocados á una época que debiera ser
de fecunda agitación electoral; y sucede, no obs-
tante, que es numerosa ia falanje de los ciudada-
nos que se sienten más desalentados aún que en
el período anterior; — sin horizontes y sin rumbo
ante los cuadros poco edificantes que ofrece el
presente y ante la grave situación que atraviesa
el país.
Él falseamiento continuo de las instituciones
nacionales y sus funestas consecuencias han traído
el mayor desgano, un descreimiento profundo y
este afligente marasmo en que se vive.
Achacando el defecto á las leyes, cuando es en
realidad maña vieja, en mi sentir,— se ha dicho
per el señor Presidente de !a República en el
36 SETEMBRINO E. PEREDA
S - -
V
mensaje de 15 de Febrero de 1891, que: « bajo el
imperio de la ley vigente ningún partido, ni aún el
dominante, podría luchar con éxito contra una
docena de ciudadanos que se comploten y apode-
ren del mecanismo electoral; y ya se comprenden
todas las consecuencias á que este hecho puede
dar lugar.
« Ese órden de cosas, agrega el señor Presi-
dente, ha engendrado en los ciudadanos y en los
partidos esa indiferencia en el ejercicio del derecho de
sufragio y esa apatía para la lucha electoral en
todas partes por su naturaleza tan ardiente, no
solo porque es el acto más trascendental de la
vida pública sinó porque es el medio único que
tienen los partidos en los países constituidos de
conquistar en la dirección de los destinos nacio-
nales el predominio y la influencia. . . . etc. »
III
No solo está reconocido que una docena de ciu-
dadanos se complotan y apoderan del mecanis-
mo electoral, sinó que está reconocido que esa
docena de conjurados no beneficia siquiera al par-
tido dominante.
« Esta situación, — dice el mensaje,— perjudicial
á los intereses generales, no beneficia siquiéra al
¡partido dominante, que para contrarestar la debi-
lidad y la relajación que trae consigo la posesión
dilatada del Poder, necesita los estímulos vigori-
«adores de la lucha con el peligro de la derrota
como medio de obligarlo á someter sus ideas y
sus actos ai criterio moral de un perfeccionamien-
to incesante. »
Es esa relajación sistemática de todo el meca-
nismo electoral,— proclamada como un gravísimo
peligro por el señor Presidente á la faz del País-
la que ha engendrado una parodia de instituciones
NI RETRÓGRADOS Jíl 'TAÍRTUFOS 37
que sería muy divertida si al representarla no se
comprometieran vitales intereses de la República
y si no se jugara insensatamente con su porvenir.
Esta parodia no puede seguir ensayándose sin
que la protesta se haga sentir, sin que nuevos y
patrióticos esfuerzos hagan prevalecer la causa
de las instituciones contra esa docena de ciudada-
nos que se complotan y se apoderan del mecanis-
mo electoral. Él partido ó el circulo dominante
está más interesado que ningún otro en impedir
la ridicula comedia y en aventar bien léjos á los
cómicos insufribles que, no solo empeoran la si-
tuación general, sinó que, como lo ha dicho el
señor Presidente, nisiquiéra benefician al partido
dominante.
IV
Es en tales circunstancias que nos toca actuar
a los ciudadanos que estamos separados de los
partidos tradicionales ó que nunca hemos podido
siquiéra militar en ellos, como me sucede A mí,
y á muchos otros que nos iniciamos en la vida pú-
blica 20 años atrás y comenzamos por ser radica-
les, clamando por la paz entre los príncipes cris-
tianos.
No me atrevo á afirmar que los partidos tradi-
cionales están disueltos ó que han muerto ya
para siémpre; pero todos estamos conformes en
que se han modificado; — debido no solo á sus
propios elementos dirijentes, á reacciones surgi-
das de su propio seno, sinó también y muy prin-
cipalmente á las disgregaciones que han esperi-
méntado en medio de nuestra accidentada vida
política, dando orí jen á coaliciones más ó ménós
duraderas, que en momentos solemnes han levan-
do airadas* la protesta cívica contra el motin,
contra la dictadura, contri; él militarismo, barridós
38
SETEMBRINO E. PEREDA
para siempre de nuestro escenario, para honra y
felicidad de todos. — jDios lo quiera!
Lo que me hace dudar de la disolución de los
viejos bandos, es que estas fuerzas populares,
coaligadas en los supremos momentos de las
grandes reivindicaciones nacionales, han vuelto
poco después á desunirse, trabajadas siémpre por
el fermento de las antiguas tradiciones, puesto en
ebullición por ciertos centros de ajitación política,
abandonados á los excesos de ambiciones parti-
darias y de concupiscencias burocráticas.
En ese noble apostolado de combatir á los viejos
partidos para < xtirpar exclusivismos insensatos é
insanos ódios, ha tenido su página gloriosa el
partido constitucional, suscitando ó acompañando
los movimientos de opinión en que se luchaba por
el triunfo de las instituciones.
El partido de las instituciones, como se le llamó
al constituirlo en el manifiesto de Mayo de 1880,
si bien declaraba que estaban disueltos los parti-
dos tradicionales, tuvo por misión combatirlos,
acentuando su completa desorganización; y no
pudo sustraerse á ese «piadoso ministerio» tan luego
como tomó brios la propaganda partidaria de co-
lorados y nacionalistas.
El manifiesto se limitó á exponer algunas ense-
ñanzas de nuestra más dolorosa y meciente história
y bosquejó en breves rangos aun programa de cir-
cunstancias, dejando, dijo, para la ocasión propicia
el cuadro de las ideas secundarias y de las refor-
mas benéficas que sólo serán prácticas y posibles
cuando se haya conquistado la base legitima de toda
acción y transformación política.))
La tínica aspiración fundamental que se con-
signó on el manifiesto fué la «de propender á que
se complementaran las instuticiones nacionales
con un sistema de vasta y acreditada descentrali-
zación administrativa».
NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 39
V
*
La historia de la República enseña que los re-
sultados no han correspondido hasta ahora de una
manera completa á los generosos esfuerzos y
patrióticas tentativas sobre extinción de los parti-
dos colorado y blanco.
Si bien los círculos que gobiernan se arrogan
una gran representación popular ó de partido, que
están sin duda léjos de tener, es lo cierto que la ma-
sa partidaria ó los elementos populares toleran esa
invocación ó la aprovechan, ó no asumen ni pueden
asumir en el momento oportuno, actitud eficiente
de protesta colectiva que desconozca en las oli-
garquías dominantes la numerosa y compacta
representación partidaria que se atribuyen.
Esta resistencia de gérmenes tradicionales, que
reviven durante medio siglo, á pesar de cuanto se
ha hecho en bien del país por extinguirlos, enseña
que la jornada es de largo aliento; que no hay que
desfallecer en la mitad del camino andado; que se
trata de vicios que están en la constitución social
y reaparecen á cada paso, como la broza, en los
vaivenes de las luchas políticas.
No se puede desconocer que la porfía es larga y
fatigosa, ingratísima como ninguna; pero esto se
debe, en parte, á que «las masas en general, como
lo dice Macaulay, muestran mayor interés por las
insignias más frivolas y los sobrenombres más
insignificantes que por los principios más rígidos
y las máximas de más sólido fundamento».
Los propósitos del partido constitucional en lo
que respecta á la extinción de los partidos tradi-
cionales tienen carácter inmanente; subsisten en
todo momento y no son mas que la consagración
al través del tiempo de un noble ideal del patrio-
tismo más sano. Nada más concluyente al respecto
40
SETEMBRINO E. PEREDA
que el interesante opúsculo del doctor Melián
Lafinur.
No se habrá logrado disolver los viejos orga-
nismos, porque ésta no es tarea de un día; pero se
les ha arrebatado el siniestro pendón de guerra;
se les ha forzado á entrar desde 1872 en un régimen
más ó ménos lea' y amplio de coparticipación ó
más ó ménos híbrido y deforme, según las épocas;
pero antagónico al fin con las tendencias y con los
actos que hasta entónces habian caracterizado á
los dos partidos históricos.
Creo que del punto de vista de la misión de los
partidos históricos la obra está á medio hacer; y
aunque mucho se haya adelantado en los últimos
diez años, mucho también hay que esperar de la
propaganda, de la gravitación de los intereses eco-
nómicos neutrales que no están embanderados en
ninguno de los dos viejos partidos; mucho también
de la crítica histórica, de la ilustración general del
pueblo y de la reacción moral en los partidarios
que razonan y no tienen otro punto de mira que
la felicidad de la pátria.
VI
Del punto de vista de las instituciones, del punto
de vista de su base fundamental, todo es, ó todo
será mañana efímero, sin que valga alegar como
títulos ante la justicia contemporánea y ante la
f)óstuma los respetos indiscutibles á la libertad de
a prensa, la efectividad de las garantías individua-
les y la decencia incontestable en la administra-
ción de los dineros públicos; pues si el respeto al
sufragio no es una verdad que sé palpa, y si la
efectividad del derecho electoral del ciudadano no
es algo que se siente por todo él país como Üná
fuerza, el funcionamiento de las instituciones es un
mito, ó las mstituSionés están aliñadas por su
base.
NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 41
Y cuando el señor Presidente de la República
denuncia ál país que una docena de ciudadanos
se complota para arrebatar á los demás su pre-
cioso derecho electoral, las instituciones están
realmente eu peligro y la salvación no estará de
seguro en una ley electoral, tan sábia como sea,
sinó en el esfuerzo de los ciudadanos, en la acción
mancomunada de los partidos, interesados todos,
grandes y chicos, en no ser víctimas de semejante
ludibrio.
VII
Y como la acción política de los ciudadanos para
ser fecunda debe partir de los hechos, tales cuales
son y no tales como desearíamos nosotros que
fuesen, obligados estamos á tomarlos en toda su
actual deformidad ó imperfección.
Convendremos en que todo cuanto tienda á resu -
citar exclusivismos y viejas tradiciones a> guerra
civil es retroceder medio siglo; siendo evidente
que el país no soporta ya semejante conducta po-
lítica, habiendo adelantado visiblemente en este
sentido. Pero tengamos presente que el expediente
de echar sobre el pasado un velo que no humille á
los unos á presencia de los otros, como lo propo-
nía el doctor Acevedo, en tanto puede mantenerse
4 título de bálsamo tranquilo en cuanto nu sea evo-
cado ó resucitado el espíritu de los viejos partidos.
Desde que este aparezca, la polémica se enconará
y los viejos ód ios renacerán de sus cenizas. Si los-
partidos tradicionales quedan sólos en la arena^no
tardarán en reaparecer los exclusivismos ó las re-
presalias. Por mucho que hayan cedido á las mo-
dificaciones que el solo transcurso del tiempo pro-
duce en las cosas humanas, así <jue comiénceu.
los preliminares de la lucha, estos combatientes
irreconciliables del pasado van á sentirse contajiá-
42 SETEMBRINO E. PEREDA
dos de nuevo por los antiguos odios; van — como
decía Lamas— á continuar leyendo en el libro del
pasado, sin entenderse.
Y ya sabemos á lo que conducen las recrimina-
ciones y los exclusivismos.
El mensaje de Febrero del 91 lo ha dicho en po-
cas pero elocuentes palabras: «Abrir leal y fran-
camente á todos los partidos el campo de las
discusiones parlamentarias, tranquilas ó agitadas,
es cerrar irrevocablemente el campo ensangrenta-
do de las luchas armadas y de las guerras civiles».
A esto debe propender en primera línea el cír-
culo ó el partido dominante, porque está ante todo
en su propio interés como partido gubernista;á
esto debemos propender todos; y no han de ser de
los últimos aquellos que están desligados de los
partidos tradicionales y aquellos otros que na
tienen con ellos mas vínculo fuerte que el de una
cierta consecuencia política.
Para llegar á ese resultado hemos de tener en
cuenta la actualidad y lo que razonablemente pue-
da dar de sí. *
viii
Nos encontramos, sin poder evitarlo, con que es
un hecho político la preponderancia de un círculo
que tiene ó se atribuye, sin negativa ni protesta
formal dentro de la masa, la representación de uno
de los viejos partidos,— habituado á manejar la
máquina electoral en provecho propio y á mane-
jarla con la influencia avasalladora de toda facción
prepotente.
lina dominación ó predominio de 27 años es algo
que está en pugna con el espíritu democrático, con
los progresos de la razón pública y con la verda-
dera naturaleza y los ñnes de los partidos políti-
cos. Ese es el hecho, que está denunciando á las
M RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 43
, .- . - - -- |— T - ■ ■ ■ ■ ■ — -■ - -
ciaras vicios sociales orgánicos, que dan como re-
sultado: el alejamiento de la vida pública de los
hombres más conspicuos de todos los partidos, y
mejor dispuestos para la actividad política; y traen
como consecuencia la esterilidad de aptitudes que
yacen olvidadas ó postergadas en la capital y en
los departamentos.
Si las cosas han de seguir como van, si ha de
continuar este hibridismo desmazalado que nos
aniquila, no veo que puedan abrigarse ilusiones
sobre los resultados del próximo período electoral.
El círculo ó partido dominante no abandonará el
predominio adquirido, que nadie, por otra parte,
tiene medios de arrebatarle. Si las cosas han de
seguir cómo van, no creo que fueran mucho© los
ciudadanos de los viejos partidos dispuestos á for-
mar la nueva coalición que vislumbra y reclama
el patriotismo ilustrado; ni cabria esperanza de
que pueda constituirse un centro poderoso de
acción política, ni mucho ménos una coalición
accidental ¿imponente de los elementos más sa-
nos y más importantes en la Capital y en la Cam-
paña.
No veo bastante cohesión en las filas populare*,
ni suficiente decisión en la mayoría para un gran
movimiento de opinión que pudiera darnos Cáma-
ras, Presidente y administraciones departamen-
tales desvinculadas del oficialismo imperante.
Este es un cáncer que se alivia pero que no se
extingue en un día. porque es fruto genuino de
nuestro estado social y de nuestras poblaciones
atrasadas en la práctica institucional.
En tales condiciones no veo otro medio para ex
cluir de los comicios la influencia avasalladora del
oficialismo crudo, que hacer de las elecciones pró-
ximas asunto exclusivo de ciudadanos sobre la
base de un acuerdo político que parta de los he-
chos, tales como se presentan en toda su incon-
trastable realidad. Este avenimiento daria por
44
SÉTEMBRINO E. PEREDA
resultado una delegación, siquiera fuees imper-
fecta, de la voluntad popular, en todos los departa-
mentos de la República. Las Cámaras próximas,
el Gobierno que de ellas surja y las administra-
ciones departamentales, tan olvidadas en los arre-
glos electorales, no serian así, la expresión exclu-
siva é hiriente de una oligarquia electoral, ó de la
voluntad omnímoda de un gran elector ó de cama-
rillas lugareñas.
El mismo partido dominante tiene interés positi-
vo en provocar y secundar un movimiento de enér-
gica reacción para impedir el falseamiento grotes-
co de las instituciones; ese mismo partido domi-
nante tiene interés positivo en impedir que se
reproduzca esa situación deprimente que el men-
saje de Febrero del 91 reconocia ante el país. Esa
situación en que una docena de ciudadanos se
com piolan y apoderan del mecanismo electoral;
esa situación perjudicial, como lo decía el señor
Presidente, á los intereses generales y que no
beneficia siquiera al partido dominante; al cual el
mismo Presidente declara débil y relajado con la
dilatada posesión del poder, cuando dice: que ese
partido apara contrarestar la debilidad y la rela-
jación que irae consigo la posesión dilatada del
Í)oder, necesita los estímulos vigorizadores de la
ucha con el peligro de la derrota, como medio de
obligarlo a someter sus ideas y sus actos ul criterio
moral de un perfeccionamiento incesante.
IX
Es necesidad suprema consolidar la paz, por¡la
práctica más ó ménos amplia ó imperfecta del su-
fragio de los ciudadanos. Tendrán siempre vida
efímera, enfermiza, prestada, los gobiernos hechos
por el exclusivismo partidario ó por la obcecación
suicida de las oligarquías afortunadas.
Los gobiernos que no emanen de manifestado-
NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS
45
nes de opinión, nacerán aquí completamente
desconceptuados, poco ménos que muertos; impe-
rarán por la fuerza; y los frutos dé su política serán
frutos de maldición.
O mucho me equivoco ó lo que el país en
realidad exi je es el acuerdo popular, iniciado por
quien quiera que sea, propagado desde la prensa,
propiciado por los hombres espectables del país,
surjan de donde surjan, sean colorados ó blancos,
6 constitucionales, 6 simples ciudadanos, sin
letrero ó sin di visa: será la solución más aceptable,
más práctica, más digna para obtener el mejor de
los Presidentes posibles, por medio de una asam-
blea que sea la expresión sincera del principio de
la representación de las minorías, que hay que
encarnarlo en las costumbres por avenimientos,
por concesiones, por acuerdos, por coali. -iones,
antes de inscribirlo en las leyes como simple
aspiración. Se empezaría por acercar varios
ciudadanos; se conversaría en comité; se buscarían
enseguida las fuerzas populares; se designarían
candidatos en reuniones públicas y serían llevados
á las urnas por los ciudadanos que les procla-
maron en el seno de su agrupación, según los
ideales de la misma y dentro del número que á las
minorías se hubiese asignado en los comités ó en
las convecciones cívicas, tanto para la Asamblea
Legislativa, como para la administración departa-
mental por las Juntas y para todos los cargos que
Spn electivos.
Considero que el acuerdo ó el avenimiento
electoral es una necesidad política que se impone
en esta actualidad desesperante, precisamente por
que los viejos partidos no están caracterizados por
un dualismo profundo de programas antagónicos
ó de ideales políticos diametral mente opuestos.
El acuerdo, la coalipión de partido? y de círculos
46
SETEMBRINO E. PEREDA
domina de un modo ó de otro, en los comicios ó
después de los comicios, en el escenario político
de todas las naciones, como fruto de la tolerancia,
como demostración de la complejidad de las vastas
tareas del gobierno, como inherente al régimen
representativo, como homenaje á los diversos
matices de opinión publica, tan varia, tan veleidosa
é inorgánica como se quiera, pero que ningún
gobernante sério, ningún estadista de talla es
osado & desconocer en aquellas aspiraciones ó
exigencias que flotan como auréolas de luz en la
atmósfera de los pueblos.
Se puede tomar ejemplo de las monarquías
parlamentarias, como Inglaterra, donde el gran
anciano triunfa sobre los conservadores con el
apoyo de una parte del partido irlandés que no es
whig ni es tory; siguiendo por Alemania, donde el
gabinete se vió obligado á retirar el año anterior
el proyecto sobre instrucción pública, por que los
progresistas, nacionales y liberales que estaban
aliados al partido imperialista, rompieron el vín-
culo por cuestión de ideas y de hombres y trajeron
la crisis. Ahora mismo, si el proyecto de remonta
del ejército pasa, se deberá á un acuerdo de los
partidos en el Reichstag.
En Italia, diversas fracciones políticas se mez-
clan y confunden en un solo propósito para soste-
ner al ministerio Giolitti; en Estados Unidos una
sexta parte de electores republicanos concurren
con los demócratas á dar el triunfo á Mr. Cleve-
land, demócrata. En Chile, donde los partidos se
coaligaron para derrocar á Balmaceda, se mantu-
vieron compactos para elegir y sustentar á Montt,
resultado de un acuerdo. " En la Argoma, una
fracción de! parúuo nacional y otra de la l)ni¿ in-
cívica r*o encontraron mejor solución que elevar 4
Saeijz Peña á la presidencia; y aJ decir de algunos
argentinos, el mal estuvo en disolverse, en hacer
en seguida el vacío, pues no hay gobierno posible
NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS
47
sin un poderoso sostén en el seno mismo de las
agrupaciones populares.
Y si, hasta en la antigua Metrópoli pudiera
buscarse ejemplo, encontraríamos á Sagasta que
sube con el apoyo do facciones políticas encon-
tradas.
En la República, el acuerdo, el avenimiento,
la coalición de los partidos ha sido siempre la
salvación de las instituciones y el único medio
digno que han encontrado los orientales para
evitar la guerra 6 la dictadura, ó para salir de
ellas. Creo firmemente que el acuerdo es el único
medio pacífico para sacudir la postración política
que tanto nos enerva y nos empequeñece á los ojos
de propios y extraños.
Constituyan todos los partidos, ó constituyamos
entre todos un gobierno que responda á los
principales intereses del país y de los partidos que
se agitan en su seno; un gobierno que responda á
las más apremiantes necesidades de la situación
presente. Ante todo, á la consolidación de la paz,
al afianzamiento de las instituciones por ta práctica
derechos cívicos, tan imperfecto como nos resulte
debido á nuestra actual sociabilidad.
Ese gobierno debe asegurarnos una administra-
ción activa y enérgica, de completa moralidad, que
se ocupe de revelarnos la República tal como es
por medio del censo general de la pooiaciúii y de
las industrias; una administración reparadora que
se preocupe, sin descanso, de rest-siurar y vigorizar
e¡* cü¿t iko esie a- su alcance ias extenuadas fuerzas
productivas de) país;dci fomento inmediato de sus
intereses morales y económicos, resolviendo el
grave problema ue la reorganización del criuito
mismas, por el ejercicio de los
48
SETfcMBRINO E PEREDA
bancario para la produGci ón y las industrias, á cuyo
impulso ha de reponerse la República de sus que-
brantos, ha de aumentar rápidamente su capaci-
dad productora, que es lo que necesita para equi-
librar sus finanzas y restablecer su crédito, hoy
casi perdido.
En este país pequeño, de escasa densidad de po-
blación, de propiedad diminuta, de capitales fluc-
tuantes y timoratos, de esfuerzos individuales defi-
cientes y muy limitados; de empresas colectivas
reducidas, de capacidad productora poco aventa-
jada ó casi estacionaria, es indispensable utilizar
noblemente todos los elementos que caigan á
mano, por humildes que sean; todas las fuerzas
por débiles que parezcan; todos los impulsos por
egoistas que fueren y todas las manifestaciones de
actividad y de adelanto por precarias que se nos
presenten.
XII
Pero todo esto, no es, no puede ser la obra de un
partido solo, mucho ménos la de un círculo, exclu-
sivista y vengativo. Es y será la obra de todos,
porque es la felicidad común y !a salvación de la
República.
Las proyecciones de este acuerdo, avenimiento
ó coalición las determinarán los sucesos En polí-
tica tiene aplicación la ley de los movimientos
acelerados, y una vez producidos los sucesos si-
guen aumentando en intensidad sin que sea dado
suspender la gravitación natural de los impulsos
•primeros ó los efectos de la velocidad adquirida.
¿Quienes deben ser los promotores, los propul-
sores de esta agrupación cívica que predique y
realice el acuerdo electoral como base ineludible
para tener un presidente de verdad; que haga polí-
tica nacional, consolide el imperio délas institu-
ciones, encamine á la República á mayor capacidad
NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 49
productiva, á mayor prosperidad, á mejores desti-
nos en lo moral y en lo político?
Parta esa iniciativa de donde parta, debemos
prestarle todo nuestro concurso, sin hesitaciones,
sin cálculos egoistas, sin rivalidades disolventes.
La acción aislada del ciudadano vale poco; laacción
colectiva.de una agrupación que fía todo su presti-
gio ante la opinión á la bondad de sus reformas
prácticas y á la pureza de los medios para reali-
zarlas, vale mucho más en la vida democrática y
en la grave situación de la República.
Estos momentos de gestación solemne, en que se
incuba una de las crisis trascendentales de nues-
tra existencia política; estos momentos de grande
y sombría espectativa, no debieran encontrarnos
como fuerzas dispersas, como soldados derrotados,
sin orden, ni disciplina, desalentados é inermes
cuando se trata de un esfuerzo supremo en favor
de la causa de las instituciones, casi siempre ven-
cida.
Ahora que está asegurado el goce de las pri-
meras garantías individuales; ahora que está ase-
gurado el civilismo en el gobierno, que nos vino
de Tajes, militar; ahora que no hay que disputar
palmo á palmo los principios elementales del go-
bierno libre,— cumplámosle al país la promesa de
1880, pues ésta tes la ocasión propicia de exponerle
el cuadro de « as ideas secundarias y de las refor
mas benéficas* que tanto ha menester para su
restablecimiento y bienestar. Nada de programas
de aparato y plataforma; nada de efectismos ni
retórica. Ya que otra cosa no pudiéramos hacer,
porque cívicamente solo componemos una fracción
de número reducido, podríamos ofrecer como en
1880: «el concurso de una gran fuerza moral difun-
dida en toda la República por la propaganda oral
y escrita en defensa de las instituciones», amená-
zalas en su base fundamental, que es el sufragio, —
explotado y falseado.
4
50
SETEMBRINO E. PEREDA
Como agrupación de ciudadanos pudiéramos
llegar, en Ultimo caso, hasta la. abnegación de de-
clarar, como otras veces, que en la contienda que
vá á abrirse nada.pretendemos, ni queremos como
exclusivo para un círculo determinado de personas,
porque lo Unico que nos muev^ es el interés supre-
mo de la Patria, realizado leal y honestamente, ya
que no por nosotros,— si &bi lo impusiera, en el
peor de los extremos, un exclusivismo degradarte
ó inepto, — por aquellos de nuestros conciudadanos
que, debido á la corriente natural de los sucesos ó
por una aberración cualquiera se hallasen en con-
diciones más accesibles ó más favorables que las
nuestras para cumplir la ^misión cívica en las
funciones públicas, acaparadas ó monopolizadas.
Deploro, como el que más, el injustificable extra-
ñamiento á que muchos ciudadanos estamos con-
denados, en nuestro propio país; comprendo cuán-
ta influencia se pierde cuando no se actúa desde el
puesto público, y me imagino cuati dolorosa es la
nostalgia de ciudadanos ilustrados y dignísimos
que se ven privados de prestar el concurso de sus
luces, de su energía, su experiencia y sus vir-
tudes en los cargos de mayor importancia en la
República.
Pero, con eso y todo, véome, por convicción pro-
funda y por honor de la bandera, obligado á repe-
tir: «no nos dejemos dominar por impaciencias
febriles que precipitan y malogran los aconteci-
mientos—Tengamos fé en la influencia de la pro-
paganda, en los movimientos expontáneos del
convencimiento individual, determinado por la
fuerza misma de los hechos que se palpan y de las
realidades que se imponen ».
Medio país, que no es blanco ni colorado, que
tampoco puede votar en favor del partido de las
instituciones, nos acompañará, de seguro, con sus
simpatías estimulantes y nos ayudará de una ma-
nera indirecta pero positiva por medio de esa gra-
NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 51
vitación natural, ineludible, de los intereses legíti-
mos, de las íuerzas morales y económicas que
constituyen el nervio, la energía, la sustancia mis-
ma de la Nación.
No malogremos esos elementos vitales, en la
escuela de las decepciones prematuras, ni abramos
á la juventud las puertas para que defeccione de
los ideales del patriotismo y se lance de nuevo en
brazos de los viejos partidos á la conquista de una
posición efímera, que responderá á todo, ménos á
la felicidad y al engrandecimiento de la República.
Le saluda afectuosamente.
Montevideo, Enero 28 de 4893.
Cárlos María de Pena.
CARTA DEL DOCTOR BLANCO
Sefior don SetembriDO E. Pereda.
Paysandú.
Si en vez de tener que contestar á su interesante
carta fuese llamado á dictaminar sobre la conduc-
ta que debería seguir en la actualidad el Partido
Constitucional, no sería yo quien aconsejase la
reorganización de las Comisiones Directivas de
ese partido y su preparación para la lucha po-
lítica.
Entre otras razones de diversa índole, hay una
que se impone por sí sola.
No se concibe lucha perica sin garantía del de-
recho de todos los partidos a agitarse y moverse
en la vida institucional, como campo propio de
acción.
52
SETKMBKINO E. PEREDA
Acaban de realizarse las elecciones de Senado-
res en varios Departamentos y Vd. ha podido ver
que continúa la sustitución del funcionario institu-
cional por el funcionario oficial.
El derecho electoral, la vida política, en una pa-
labra, sigue siendo atribución del Poder Ejecutivo
que éste ej j rce y coslea por su cuenta.
Estamos todavía algo distantes de las elecciones
generales y de sus actos preparatorios; pero, á
juzgar por esos antecedentes de reciente fecha, no
parece que, para entónces, tendría más eficacia la
actitud de reorganización del Parado Constitu-
cional.
¿Modificaría esta eventualidad el hecho de am-
plificarse el programa constitucional en el sentido
de concreiar más las ideas liberales en la cuestión
religiosa?
En. mi concepto, sería todo lo contrario.
El día en que los constitucionales dijésemos: «El
cura, el clerical,— hé ahí el enemigo,» no habría-
mos hecho otra cosa que descaracterizarnos como
partido político y dejar más ámplia libertad para
ensanchar su acción al PGder Ejecutivo, quien se
apresuraría á garantir imparcialmente una dis-
cusión trascendente, una discusión filosófica, mien-
ras impulsase con más fuerza la máquina electora
y estrechase más las filas del oficialismo.
Sucede en el fondo de todo, mi estimado amigo,
que olvidamos por ilusión patriótica los términos
del problema. No es cuestión de más ó de ménos,
sinó de que un gobernante, á pesar de las luces, los
talentos y el pasado del doctor Herrera, continúa
el sistema de sus predecesores, los más personales
y absorbentes, y quiere, como ellos, nombrar una
Cámara que sea obra de su voluntad y de su pen-
samiento.
Y sucede también que el partido colorado, aun-
que vé e! atentado y el precipicio, se sobrecoge por
momentos ante la idea de que pueda sufrir su do-
NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 53
minacióii, si no deja hacer, si no sigue paciente y
dócil al Presidente y al oficialismo.
En ese estado de cosas, cabe la protesta de los
ciudadanos, cabe la explicación, por más que no
pudiera justificarse, de reacciones vigorosas, pues
la violencia, como el abismo, llama á la violencia,
pero lo que no tiene entrada es ese factor de los
partidos de oposición al régimen oficial, de los
partidos distintos del que se llama dominante, mo-
viéndose pacífica y legalmente para realizar sus
aspiraciones y ejercitar los derechos políticos de
sus afiliados, "porque no se salta sobre el Poder
Público, atravesado en el camino, ni se va á buscar
la urna de votos que él tiene on sus manos, sinó
por otros medios que no son los de la discusión
tranquila y la propaganda doctrinaria.
Cuando el gobierno no es el servidor de la Na-
eión, con más ó ménos deficiencias, como todo lo
humano, pero al fin respondiendo de algún modo
á ese ideal, es en vano buscar la vida democrática
y los resortes que la alientan. Está en otra parte,
como el Dios que buscaba el histórico puritano en
el Parlamento asaltado por la rebelión.
He ahí, mi estimado amigo, someramente
expuestos los motivos que yo aduciría para no
aconsejar la reorganización del Partido Constitu-
cional, con su actual programa ó con las amplia-
ciones que una mayor acentuación de las ideas
liberales en la cuestión religiosa pudiera conside-
rarse oportuna.
¿La disolución tendría, acaso, una eficacia que,
por mi parte, no atribuyo á la reorganización del
partido constitucional, ni á la acción de las
agrupaciones opositoras en lucha con el oficia-
lismo y con el partido dominante?
Me atrevo á decirle que esto no puede ser
siquiera materia de dudas y controversias.
La disolución carece de eficiencia por si misma
y es tal vez, con fundiendo con ella el concurso que
54 SETEMBRINO E. PEREDA
■ i
en algún caso pueden llevar los constitucionales á
una solución patriótica, que seda á aquel acto un
alcance y una trascendencia que no tiene como
factor de los pr blemas del presente.
¿ Cree usted que si el partido blanco se declarase
disuelto mañana, por un acto público, habrían
adquirido sus hombres, sus tradiciones, sus
medios de acción mayor fuerza en la dinámica
política? Seguramente que no. Las individua-
lidades tendrían la misma que habían tenido
antes y su intensidad no habría aumentado un
adarme del valor ponderable. Pues otro tanto
sucedería con el partido constitucional con la
disolución, sin mas diferencias que las del
coeficiente de sus personalidades, consideradas
aisladamente.
Si se rechaza la reorganización y la disolución,
dirá usted, no queda más que la impasibilidad, que
a abstención absoluta.
Para el partido constitucional, como para toda
nueva agrupación que se colocara en frente del
gobierno y del partido dominante, no queda, en
efecto, otra solución, en cuanto puede inducirse de
la dirección que llevan los sucesos. Si no se adop-
tase por acto deliberado, ella se impondría fatal-
mente, y gracias que no viniese acompañada de
atentados y de acontecimientos luctuosos
Entónces, ¿hay que dejar la decisión á los he-
chos, hay que dejar las instituciones y el futuro
inmediato de! país en manos del gobierno y del
oficialismo?— me preguntará usted finalmente.
Si se quiere que los hechos y que la política gu-
bernativa arriben á sus resultados, esto es, á una
situación de fuerza — oh ! vendrá en una ó en otra
forma al fin de la jornada — no tiene más tarea el
partido dominante, el partido colorado, que conti-
nuar bajo la tutela en que yace y soportar resigna-
do. Como hasta ahora, que el Poder Ejecutivo y
el primer desconocido que se encuentre en un De-
NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 55
partamento le nombre sus diputados, sus senado-
res y por último su presidente con la bandera de la
Defensa, se cubre á cualquiera, siempre que se
consienta en hacerla descender hasta donde sea
necesario.
Prevée usted, sin duda, la conclusión á que quie-
ro llegar y que á mí se me presenta como la única
eficaz en el estado en qne .se encuentra nuestro
país.
No hay, en efecto, otra á mi juicio. O el partido
colorado toma la iniciativa en un movimiento pa-
cífico, propio, consciente, levantando una candida-
tura presidencial que sirva de base para las elec-
ciones de Noviembre,ó el país sigue debilitándose,
sin energías, sin alientos, sin esperanzas de repa-
ración, hasta llegar á la constitución oficial de la
nueva cámara en cuyo extremo nsí puede resultar
un Presiden te que rebaje todavía más nuestro nivel
y acelere nuestra decadencia, como una reacción
que conduzca á situaciones de fuerza. La elección
entre dos fatalidades á cual más pavorosas. Hé
ahí, á mi juicio, lo que darán los hechos, lo que
darán la pasividad y la resignación del partido
colorado.
Los elementos políticos de una nación pueden
modificarse, dirigirse en tai ó cual sentido pero no
improvisarse y mucho mérios para imprimir rum-
bos determinantes á los sucesos.
Por causas de todos conocidas en que interviene
el acaso de una parte, y la virilidad y el esfuerzo
de la otra, es el partido colorado, con sus errores,
con sus caídas y con sus grandes tradiciones tam-
bién, quien impera en la República, quien tiene las
armas y quien llena con sus hombres la casi tota-
lidad de los puestos públicos.
Prescindir de «u acción es imposible, y comba-
tirla, aún en la esfera legal, cuando el poder oficial
no es árbitro, sinó combatiente á su vez, es empre-
sa vana y destinada á perecer en el momento en
56
SETEMBR1N0 E. PEREDA
que se actúa y por más que se gane un paso al
porvenir.
Hay, pues, que evocar la acción de ese partido,
cualesquiera que sean las ideas que se tengan en
cuanto á la perpetuación de los antagonismos his-
tóricos; hay que exigirle que si vive y alienta con
los ideales por que luchó en un tiempo y de los
cuales blasona todavía, salga de la opresión y del
marasmo, y, venga á preparar las soluciones que
ansian todos los ciudadanos, en bien de la patria,
de su estabilidad y de su progreso.
No sería tan nueva ni tan inusitada la actitud,
como lo es, por el contrarío, la de quietismo y ab-
dicación.
Nosotros, los constitucionales, hemos dicho que
los partidos tradicionales estaban disueltos: que
su pasado, cualquiera que fuese, no tenía correla-
ción con las cuestiones del presente, y que, discu-
tirlo, era ahondar el abismo en vez de salvarlo.
Se nos ha enrostrado la paradoja, el ilusionismo
de nuestras afirmaciones y ha.Mta el propósito anár-
quico ó demoledor, pero no senos ha contestado
desde hace más de diez aQos con la evidencia de
quien se leoanía y ancla.
A Si á un unitario, de aquellos que custodiaron el
cadáver de Lavalle por las hondonadas de los
Andes y presentaron su pecho á los soldados de
Rosas en los muros de Montevideo, se le dijera
que su partido estaba en el juarísmo, creería que
la batalla de Caseros no había sido ganada por el
grande ejército, por Urquiza y César Dias, sinó
por los seides degenerados de la misma tiranía y
para venir á implantar, después del régimen del
terror, el régimen del servilismo y de la co-
rrupción.
Pues algo análogo creería un unitario de acá, un
colorad » de la época heróica, si se le dijera que su
partido es el partido presidencial, ese que ha des-
filado silencioso desde Latorre hasta el presente,
NI RETRÓGRADOS fU TARTUFOS
57
buscando en el que manda la conciencia de su voto,
la norma de su conducta y el nombre del que ha de
seguir gobernando la República.
Fensai ía con asombro y con tristeza que Floren-
cio Várela no había sido el periodista de la libertad,
ni Francisco Tajes el batallador por las nobles
causas, ni Montevideo el recinto sagrado donde se
fundaban Universidades bajo los fuegos del com-
batey ae aliviaba el peso de la guerra á los jóve-
nes para que fueran á estudiar, y se alzaba inmor-
tal tribuna, galardón de nuestra história, para
proclamar el derecho al gobierno propio, á la
autonomía de los poderes, al voto libre de los ciu-
dadanos, en medio de los sacrificios de la lucha y
de los sacrificios impuestos por la subsistencia
social !
¿Hemos adelantado, impacientes, una etapa en la
evolución política de nuestro país, creyendo que
había pasado á la história un partido que solo
había riacho un alto en su camino y que puede
actuar en el presente, como en sus gloriosos dias
del pasado?
A cambio de verlo agitarse y mover para el bien,
para la reivindicación de su autonomía y del de-
recho electoral, que ,es suyo, como de los otros
partidos, aceptaría por mi parte que fuésemos
convencidos de error y hasta que en la hora del
triunfo para - las instituciones no hubiera más
proscriptos de la gratitud y de la espectabilidad
que los constitucionales.
Nosotros no hemos procesado á los hombres, ni
podríamos hacerlo, ni teníamos autoridad para
juzgará quienes valían más que muchos de nos-
otros, por sus esfuerzos, por su abnegación, por su
sinceridad en las luchas del pasado.
Hemos juzgado tan solo la acción colectiva, la
eficiencia del partidismo en los últimos tiempos,
que ha sido infecunda, estéril, dócil á todos los
constitucionales?
58
SETEMBRINO E. PEREDA
impulsos, modelándose como comprensible arcilla
al gesio de un dictador 6 á la fisonomía de un
presidente.
Los hombres, los partidarios, muchos de ellos
al menos ¿han guardado la virtualidad de su pro-
grama, la virtualidad de ese poderoso partido que
aceptaba en un tiempo la expatriación en masa,
antes que abdicar de sus energías y de plegar su
bandera de principios?
Yo quiero creerlo — aunque esto sea otro ilusio-
nismo personal — yo quiero creerlo, porque si la
duda cabe respecto de aquellos á quienes el posi-
tivismo de la vida ha enervado el vigor y muerto la
esperanza, no cabe, no, respecto de los que duran
y saben perseverar, de los que han estado esperan**
do la vuelta de su partido, desde la caída de
Ellauri, y de esos otros, jóvenes todos que avanzan
en multitudes hacia el partido constitucional, pero
que se detienen en sus dinteles atraídos tod; vía por
los resplandores de esa luz que irrndió en nuestro
país, cuando Joaquín Suarez era Presidente y
Montevideo la Nueva Troya.
Las tiendas y las armas desiertas por los que
han ido cayendo á los embates del tiempo, que
vengan a velarlas los jóvenes que se llamad colo-
rados y á retemplar la fibra de ese partido, cuya
fascinación sienten avasalladora en el alma; que
vengan á retemplarla con su vigor, con su , impul-
sos generosos, con su entusiasmo por los grandes
hechos y las grandes glorias del pasado.
Los hombres de mi generación no llegaban á la
edad viril sin haber afirmado su personalidad de
ciudadanos, y Julio Herrera, como Carlos María
Ramírez, no habían necesitado cumplirla para
destacarse entre los más selectos, entre los más
esforzados por la verdad y la realidad de las insti-
tuciones.
A los jóvenes, principalmente á ellos, á los pe-
riodistas, á los oradores, á los militares dudada-
NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS
59
nos, á las cabezas inteligentes y á los caracteres
altivos que hay en sus filas, es á quienes corres -
ponde la iniciativa en el momento actual, para
formar una agrupación que se extienda por toda
la República, que rompa con el partido de la
obediciencia y del servilismo y que lleve por
bandera con sus antiguos ideales los propósitos
inquebrantab les que demanda lahora. presen-
te, de servir a la nación para su honra,
para su progreso, para La dirección patriótica de
su marcha política y financiera, encarnados en un
hombre del propio partido colorado á quien se
proclame como candidato & la futura presidencia.
Iniciado el movimiento, se hará grande, se hará
irresistible, si la virtualidad del partido existe to-
davía, si ella late y se agita en sus filas, como las
águilas del gran Emperador bajo el uniforme
de sus granaderos.
El éxito es el fin buscado, que puede ú no alcan-
zarse, pero que en su persecución, conquista un
paso, una jornada hacia auelante, hasta que otro
impulso lo realiza.
Escollar en el fin no esladerrota para el partido
colorado ó para la agrupación que asumiera esa
actitud, porque el hecho sólo de asumirla importa
un triunfo, una consolación para el país, que se
vería renacer, y una promesa de que en las solu-
ciones de futuro entraba un factor más que arran-
caba su fuerza de la opinión de los ciudadanos sin
reatos ni ligámenes vergonzosos.
No serian, no, los demás partidos ni sus pro-
hombres, los que combatieran esa poderosa
la bandera que la impulsase. — El juicio histórico
no podría ser invocado para desconocer un
movimiento de vida y de aspiraciones patrióticas.
Nosotros, los constitucionales, dijimos en los
comienzos de las elecciones pasadas que aceptá-
bamos el acuerdo de los partidos y que bajo el lema
manifestación de civismo, cuales
fuese
60 SETEMBRINO E. PEREDA
,,. vr .. ,.. — -. „ ,,-.— ., „ , ....
de la conciliación electoral ó de cualquier otro, que
tradujese ese acuerdo, iríamos á los comicios y
votaríamos los candidatos proclamados.
4 Es hoy más impracticable que entonces el
pensamiento del acuerdo, de la conciliación cí-
vica ?
Pues aún sin él, los constitucionales tendríamos
una misión que leñar en presencia de la actitud
independiente del partido colorado
Si no podíamos hacer nuestros sus elegidos, si
no podíamos hacer nuestra la proclamación de su
candidatura presidencial, podríamos identificarnos
con sus propósitos de volver el país á su autonomía,
á su vida democrática, al funcionamiento de sus
instituciones, largo tiempo paralizado por el
personalismo de los gobernantes y por ía abdica-
ción de los gobernados. Donde hay silencio y
obediencia, no hay democracia ni libertad y la
República es una palabra profanada.
Decía que la actitud independiente, propia, cons-
ciente,- basada en la integridad de las convicciones
no sería tan nueva y tan inusitada en el partido
colorado, y ahí están los hechos para demostrarlo,
si se extiende la mirada más allá de ios tiempos de
humillación y de vergüenza queinauguró la dicta-
dura de Latorre.
A la raíz de la muerte de Flores, el último caudi-
llo del Rio de la Plata, de Flores que había llevado
su partido al gobierno y que ejercía un predominio
y una influencia incontrastable en todo el país, se
prescindía de aquellos que la opinión señalaba
como continuadores de esa influencia y de ese
predominio, para buscar en otros al ciudadano que
debía ocupar el puesto, arrebatado al primero por
su muerte, y hubo independencia y altura y civismo
para dar la presidencia al que se presentaba como
más puro, como más probado en sus virtudes y en
su amorá la patria, cual era el general Batlle,
NI RETRÓGRADOS Nt TARTUFOS
61
entre todos los que se dividían las simpatías y los
votos.
Más tarde en la primera presidencia á consti-
tuirse después de la paz de Abril, el partido colo-
rado levantaba tres candidatos: Muñoz, Gomensoro,
Ellauri, y algunos de los electores de este último
llegaban en su autonomía y en su independencia,
— no obstante que Latorre avanzaba ya para for-
mar con su batallón bajo los balcones de la asam-
blea — á dar su voto á la candidatura Gomensoro,
si lo» electores del doctor Muñoz consentían
también en darlos y en aceptar á aquel ciudadano
como candidato de transacción.
El silencio y la abdicación parten del 15 de
Enero, y es esta fecha la que solemnizan los
colorados, quieran ó nó, cuando todo lo esperan de
la fuerza ó de la acción del oficialismo.
Si nosotros los constitucionales nada produci-
mos que no sea invitar al olvido del pasado y
evangelizar para el futuro; si el partido blanco no
puede descender al escenario, sin inspirar alar-
mas, sin provocar á la lucha arma ía, ¿ qué misión
se reserva el partido-colorado ?¿ quién puede, en su
abstención y en su quietismo, hacer algo por el
país, por la renovación pacífica y honrosa de los
poderes? ¿Será el gobierno, será el oficia-
lismo ?
El gobierno es mal aliado. Es un aliado que se
alza con el triunfo y que nos dwotrt á todos, á
colorados, á blancos y á constitudoi tales, conclu-
yendo por derrotar al propio país en sus aspiracio-
nes y en sus anhelos, los más legítimos y pa-
trióticos.
La sumisión del partido autonomista al juarismo,
llevó en Buenos Aires á la situación actual, que
deploran todos los Argentinos, y en la cual, á decir
de uno de sus estadistas, basta que un militar osa-
do, á quien ya ha sonreído la fortuna, se asome á
62
SETRMBRINO K. PEREDA
la calle para recojer la Dictadura que flota en la
atmósfera política de la gran ciudad.
No sucede hoy otro tanto entre nosotros, — de-
bemos proclamarlo bien alto — pero allá vamos,
en la inacción de los elementos de opinión y espe-
cialmente de aquellos llamados á actuar en primer
término por la designación misma de los sucesos
y por la influencia preponderante que tienen en la
República.
Continúe el partido dominante en la tutela oficial,
no reivindique para sí y para los demás los .dere-
chos cívicos, y ya verá como el dilema se formula
asi para los días de Marzo: 6 la sucesión del
personalismo gubernativo, estoes, la prosecución
de la vía cruois que se hace recorrer al país, ó el
asalto de la fuerza que acabe con la expiación y
con el martirio y también con toda esperanza de
resurección por largo tiempo.
Entónces, los jóvenes que hoy se llaman colora-
dos, las generaciones nuevas que no pueden
sustraerse á las seducciones de ese partido,
mirarán más que desierta la ciudad de sus recuer-
dos, la ciudad de la Defensa, abandonados más
que nunca sus ideales, roto y desvanecido el
encanto, perdida la fé en la virtualidad de las tra-
diciones, que creyeron siempre vivida y fecunda,
pero entónces no serán los constitucionales, los
líricos impotentes, ni los blancos, los adversarios
imperecederos, los culpables, sinó ellos que vaci-
laron y flaquearon en la hora de llenar su tarea —
que cada generación trae una distinta á la vida —
en la hora de iniciar un movimiento pacífico, pa-
triótico, abnegado, que los acón íecimien tos señala-
ban á su partido para enaltecerlo y dignificar la
Repúbl* :a.
Es ese movimiento, á mi juicio, es esa explosión
de fuerzas vivas, emanando del partido dominante,
la que puede traer factores de soluciones salvado-
NI RETRÓGRADOS Ni TARTUFOS 63
ras que tranquilicen al país y le hagan abrigar fé
y confianza en su futuro inmediato.
A ellas, a esas soluciones, contribuiríamos todos,
y si mi aocióu y mi palabra tuvieran resonancia,
nunca podría envidiar más les acentos de una
gran voz y los prestigios de una larga vida, em-
pleada en el bien, que en la hora presente, que en
la hora de desplegarse á la luz las fuerzas vivas
de las generaciones nuevas, para ponerlos a. su
servicio con todo el fuego y la sinceridad de mi
alma, cualesquiera que fuese la bandera desple-
gada, siempre que los ideales permanecieran los
mismos, esos que alientan y desean realizar en Ja
medida de lo posible los buenos ciudadanos, esos
que clama á gritos la Nación para salir dei fraude,
de la mentira y de los enervantes personalismos^
quede día en día nos van separando más de la
democracia y agotando la poderosa vitalidad de
nuestro pueblo.
Ahí tiene, estimado señor, todo mi pensamiento
en las cuestiones que promueve su carta y plantea
la situación política del país.
He creído poder expresarlo con mayor conci-
sión, pero su desarrollo se me ha impuesto, una
vez en la tarea, y no he querido comprimirlo ni
velar la expontaneidad de mis opiniones, aún á
riesgo de salvar los límites señalados por usted á
ías mismas cuestiones.
Yo sé bien que contra las ideas que acabo de
exponer, como contra toda iniciativa tendente á
salir de la inercia y del indiferentismo, hay dos
teorías que parten de puntos opuestos y que concu-
rren, sin emoargo, al mismo fin de mantener el
equilibrio inestable.
Una de esas teorías consiste en decir que el
fraude electoral es incurable por el momento y
• que entre sor consumado por los poseedores de
balotas y dt> influencias locales perniciosas, ó por
e\ Poder Ejecutivo, vale más que e»to último
64
SETEMBRINO E. PEREDA
suceda, porque el doctor Herrera siempre res-
ponderá mejor á las aspiraciones generales del
país, que los agentes inferiores del sufi-^tu, libra-
dos á su propia inspiración.
Dejo de lado toda cuestión de principio que en
semejante teoría se suprime y menoscaba, y
contrayéndome tan solo á la del éxito, no necesito
esforzarme en demostraciones para que usted se
aperciba de que ni aún por esta faz tienen razón
los que así piensan, porque si el doctor Herrera,
como ciudadano, sería un excelente elector, como
mandatario pierde todos sus prestigios, desde que
empieza por echar en la balanza su autoridad de
Presidente; y tal actitud lo llevaría á hacerla res-
petar hasta por la violencia ó á dejarla compro-
metida y anulada, en cuyo caso serían los agentes
primarios del fraude, esos mismos que se quieren
eliminar — los que cobrarían todo su imperio y
ganarían al fin la batalla.
Con esta teoría, se entrelaza también la ficción
de hacer de la República una ¿recia legendaria y
del doctor Herrera un Teseo encargado de pur-
garla de monstruos y de furias.
¡ Cómo se reirá de semejante ficción, allá para
sus adentros, el mismo doctor Herrera, él, que ya
fué Teseo y penetró en Creta y miró frente á frente
á los mónstruos y á los minotauros, cuando real -
mente los había.
La otra teoría es la del fatalismo.— Nada pueden
las voluntades, se dice, y las cosas seguirán así
por más empeño que se ponga en contrario. —
Hoy, como ayer, se agrega, nada hace entrever
síntomas de mudanza, y si no corremos riesgo de
empeorar, tampoco se vé de dónde puede venir la
mejora.— Los sucesos elaboran á otros sucesos,
guardando una lógica correlación, y si la caracte-
rística de nuestro estado actual es la instabilidad,
en ella permaneceremos por algún tiempo. . .
Si la ciencia política justificara estos postulados.
NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS
65
sería cosa de renegar de ella y de desear la igno-
rancia p?*ra los pueblos, como la deseaba Joseph
De-Maistre para el pueblo ruso.
Pero la ciencia, ni política, ni sociológica, ni
positiva ha llegado jamás á semeiantes conclu-
siones.
El positivismo filosófico, por el contrario, la
ciencia evolutiva en sus proyecciones sobre la
política, ha arribado á una síntesis que corrobora
una verdad ha largo tiempo proclamada por la
escuela idealista.
Las ideas gobiernan el mundo, dice hoy la escue-
la positiva, repitiendo, á su vez, la frase antes
repetida por la escuela doctrinaria.
El hecho, en efecto, antes de ser tal, ha sido
idea ó sentimiento, superstición ó clarovidencia, y
así como en los talentos y en las aptitudes, la
variabilidad, en razón de causas físico-químicas
desconocidas, modifica la herencia, asi también en
los acontecimientos humanos intervienen el pen-
samiento, la voluntad, la acción ejercida en el
momento en que aquellos se desarrollan para
modificarlos, variar su dirección, ó alterar sus de-
fectos, siquiera sea en una mínima parte.
Está resultante de la conjunción es producto de
la variabilidad social que imprimen las genera-
ciones nuevas, en razón de sus creencias, de sus
ideales, de su nivel moral y político, á los aconte-
cimientos y á su desarrollo ulterior, siempre que
actúen vivamente y no se dejen dominar por la
inercia ó adormecer por el fatalismo.
Büchner dice que en la palada de tierra arrojada
por un trabajador al gran laboratorio de la natu-
raleza, ván quizás los gérmenes de un poderoso
cerebro.
Con más razón puede decirse, mi estimado
amigo, que en los movimientos conscientes, abne-
gados de los ciudadanos ó de los pueblos en ui
momento dado, van los gérmenes de un mejora-
66
SETEMBRINO E. PEREDA
miento público, de un pogreso social ó político, por
limitado que sea, y esto basta para desear que se
produzcan en nuestro país porque esto basta para
colmar sus aspiraciones, descendidas hoy de la
esfera de lo absoluto a la relatividad de lo posible
dentro de lo honesto y lo patriótico.
Suyo affmo amigo y compatriota.
Juan Carlos Blanco.
Montevideo, Febrero 6 de 1893.
CARTA DEL DOCTOR ARAMBURL
Señor don Setembrino E. Pereda.
Paysandó.
Distinguido compatriota y amigo : Cumplo el
deber de responder á la consulta política con que
me ha honrado usted recabando mi opinión acerca
de la permanencia ó disolución del Partido Cons-
titucional.
He meditado largamente el punto en consulta,
leído con mucha atención las importantes cartas
de correligionarios cuyas opiniones son dignas de
la mayor consideración y voy á darle la mía, si no
con la autoridad de aquellos, con mi franqueza y
sinceridad habituales. Seré tan breve como me lo
permita la rápida hojeada que voy á echar sobre
nuestra agitada y turbulenta historia patria, y como
antecedente para fundar esa opinión.
NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 67
I
Todo el que conoce los rudimentos de nuestra
historia nacional sabe que los partidos tradicio-
nales no surgieron á la vida pública del pais re-
presentando programas de principios opuestos ó
diversos, sinó las encontradas aspiraciones de los
fundadores déla independencia nacional. — Esos
partidos no fueron en su origen, digamos la verdad
severa y completa, partidos de principios, sinó
partidos personales — por ilustres y gloriosas que
fueran las personalidades que les dieron vida y
asumieron su dirección.
Terminada la guerra de la Independencia, cons- 1
tituido el país bajo la carta política que nos rige, r>
la primera presidencia constitucional de la Repú-
blica fué la manzana de la discordia. En esa lucha v * s :
de ambiciones políticas triunfan los prestigios 0 ^ 0
caudillescos de Rivera, el antiguo comandante mi iJ
litar de Campaña durante la dominación brasiiera£ 1BCI
el más popular de los caudillos orientales^obrefl ír ¡
los esclarecidos títulos del jefe ilustre de losTref#Y t
ta y Tres. jeoleb
Lavalleja no tiene la suficiente grandeza de a'lniá J .
para aceptar el veredicto popular, fuera ó nó jiMó; í!Xt>
y da el lamentable ejemplo de alzar pendón rVv$-- u £
lur.ionario contra el primer presidente' constitudó^'* 1
nal de la República. * r™"0
Su tentativa fracasa no solo - por los présWos' <°y
populares y oficiales de Rivera, sinó pordüV'Is# sb
cuenta con el apoyo de don Manuel Orib& , %P3jP )K "
gundo de los Treinta y Tres y cuya alta p^rs^rírffí ¿/£ ^
dad política empezaba á competir ya cotiWdjg Í8&
mismos Lavalleja y Rivera. slBínano v. «on
Vencido Lavalleja y terminada la í#$3§#e , tf&a /I
de Rivera, ocupa Oribe la primera mgmtemA 0 ^
del país con el apoyo del propio Rivera, cuyos
68
SETEMBRINO E. PEREDA
compromisos políticos con aquél respecto á su
sucesión presidencial, son conocidos por la tradi-
ción oral, y denuncia claramente una carta del
doctor Santiago Vázquez publicada hace muchos
años.
Pero Oribe, Presidente de la República, y Rive-
ra, Comandante general de campaña, son dos
fuerzas inconciliables, antagónicas, que no tarda-
rán en chocar estrepitosamente.
En efecto, Rivera* ^apoyado por sus amigos y
también por los emigrados argentinos que enca-
beza el ilustre cuanto desgraciado general Lavalle,
levanta un ejército que denomina Constitucional.
Esa denominación de su ejército armoniza con la
célebre frase anónima pero histórica de que el
Presidente Oribe «se le había sublevado al gene-
ral Rivera!» Llamar, constitucional al ejército
alzado contra la Constitución, y sublevado al pre-
sidente constitucional que defendía los fueros de la
ley,es.una doble é invóluntaria ironía que pinta una
época.
La guerra civil .se enciende en la República y
para distinguirse en la pelea los soldados de Rive-
ra adoptan la divisa colorada, y los del Gobierno
la blanca. Hé ahí el. origen, de la denominación
de los partidos.
Las batallas encarnizadas, sangrientas y con
éxito vario, se siguen las unas á las otras, hasta
que la del Palmar decide la contienda en favor de
Rivera.
Oribe, forzado por los sucesos, renuncia al mari-
do, emigra á Buenos Aires, donde, tanédiatamenté
de llegar, protesta contra esá renuncia, contra la
intervención francesa en pro de Rivera; y así como
Lavalle se habia aliado á Rivera, se ália él áRosas.
De ahí surge la conmistión de los partidos agenti-
nos y orientales.
Nuestros aliados más seguros no son nuestros
propios amigos- sino los enemigos de nuestros"
NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 69
enemigos. Un odio común es, ¡triste naturaleza
humana !, vínculo más firme que un recíproco
afecto. — Rozas, que si llegó á ser gran tirano, era
sin duda porque conocía bien á los hombres, dis-
pensó á Oribe extraordinarios honores, le recono-
ció como Presidente oriental, y hasta le confió un
ejército, calculando con acierto cuánto podría es-
perar de su valor, de sus talentos militares, de su
despecho de vencido, de su férreo carácter y de su
inmensa ambición de mando.
Oribe recorre las provincias argentinas, y en.
algunas terribles campañas destruye los ejércitos
de La valle, -hasta que encontrándose otra vez con
su rival Rivera, en el arroyo Grande, Entre-Rios t
lo hace pedazos en una batalla definitiva. Y al
frente de un ejército cuya base más sólida son los
batallones de línea argentinos, con banderas y
jefes argentinos, atraviesa la República y pone
sitio á Montevideo
Montevideo organiza su heroica resistencia bajo
la dirección del general don José María Paz, uno
de los primeros generales argentinos de verdadera
escuela militar y con el concurso de las legiones
argentina y española; y aigún tiempo después, —
no habiendo aprovechado Oribe la ocasión de
asaltar á Montevideo, obedeciendo, según la ver-
sión histórica b anca de Antonio Diaz, las instruc-
ciones de Rózas, — la defensa de Montevideo se
consolida con la alianza del extranjero represen •
tadoen el mar por las escuadras francesa é inglesa
y en tierra por las legiones francesa é italiana.
Ke evocado á grandes rasgos, estas reminiscen-
cias de un pasado lejano, no para juzgarlo, no para
discernir á cada partido su lote de gloria ó de
responsabilidad en los sacrificios heróicos y en
los errores y extravíos de la lucha, lucha que ex-
plica los elementos ineducados de una democracia
embrionaria, sino para preguntar, — pregunta que
no tiene contestación valedera — ¿Cuál era el pro-
70
SETEMBRINO E. PEREDA
grama de principios del partido colorado al alzarse
en armas contra el Gobierno Constitucional del
general Oribe, y aceptar el concurso de los ele-
mentos extranjeros ? Cuál el programa de prin-
cipies del partido blanco al intentar la reconquista
de una Presidencia legal, archiconcluida y con la
alianza del tirano argentino ?
Pero se dirá, ¿ pretende usted acaso que no hubo
civismo, abnegación y aún heroismo, en esas
luchas cruentas del pasado: que no hubo hombres
mil veces nó. — Y lo digo con toda la sinceridad
de mi alma Eliminando las figuras culminantes
del drama épico de nuestras luchas, las de los
caudillos cuyas ambiciones de mando tienen la
escusa de sus grandes servicios á la vndependenci i
nacional, escusa que no han tenido ni tienen otras
ambiciones más desatentadas de nuestros tiempos,
eliminando esas figuras, cuyo juicio formulará la
historia, declaro bien alto que siempre he creído
que ha existido un verdadero derroche de valor, de
lealtad, de abnegación y de sacrificios generosos,
en las grandes masas ciudadanas que cubiertas
por las divisas tradicionales han luchado- sin
trégua durante cerca de medio siglo, en la creencia
errónea, pero sincera, de que lo hacían por la
libertad, la ley y la Constitución de la República.
Creo más; creo que comparando la masa gene-
ral de aquellos hombres con la que actüa eficiente-
mente en los tristes tiempos á que hemos llegado,
la edad de hierro de nuestro país con la de menti-
ras y papel... pintado del presente, el saldo de cívi-
cas virtudes es favorable á los primeros.
En aquellos tiempos la lealtad á la causa es un
dogma, el desinterés la regla general, pues no se
prodigaban los galones y entorchados, ni el pre-
supuesto constituía la gran invernada nacional
donde van á engordar, á costa del sudor de todos,
los pretendidos hombres de sacrificios.
de
tidos tradicionales? No
NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 71
Lo que hace al ciudadano digno de aprecio y
respeto no es la divisa que ostenta, sinó su con-
ducta cívica, su desinterés patriótico, su moralidad
de hombre público y privado. El pabellón no cubre
la mercancía, ni el contrabando de guerra. . . á las
instituciones nacionales.
Por eso, todo hombre de pensamiento levantado
á quien no ciega la pasión política, encuentra al-
versarios que respeta y estima y que desearía ver
figurar en sus filas en primera línea, reemplazando
correligionarios que solo lo son por haber adop-
tado una común denominación política.
En los partidos tradicionales ha habido, sí, hom-
bres de principios, yes á ellos, á su labor patrió-
tica, que debemos los ciudadanos de e.3ta época
una más adelantada educación política.
II
Los movimientos revolucionarios, en países
como el nuestro, que iban á hacer por entero su
educación democrática, pues salían del régimen
autocrático de la colonia y de las dominaciones
extranjeras, esos movimientos encabezados por
caudillos gloriosos pero ineducados ellos mismos,
fueron verdaderos torrentes que arrastraron á la
lucha á todos los elementos viriles de nuestra na-
cionalidad, encuadrándolos al acaso, si no del todo,
en mucha partr, en las agrupaciones militares.
La victoria de uno de los combatientes, victoria
que no era definitiva, traía una trégua más ó ménos
larga y que dependía de la restauración de las
fuerzas del vencido para iniciar nueva lucha. — Y
esa trégua, — que era trégua y no la paz de las
instituciones, era la que necesitaban aprovechar
los próceres de los partidos tradicionales para
elevar el nivel moral y político de su propio par-
tido, combatir el personalismo absorbente del
72
SETKMBRINO E. PEREDA
caudillo y dignificar así la lucha política. — La
prensa, los clubs, el Parlamento, el foro, ha sido
el terreno donde se ha venido elaborando el pro-
greso político del país. Reconocerlo así, no solo
es acatar la verdad histórica, hacer acto de justicia
á los esfuerzos patrióticos de los buenos ciudada-
nos, sino pulverizar la calumnia que presenta á
los constitucionalistas condenando el pasado como
si fuera solo una noche de crímenes y horrores
que debe velarse con el manto oscuro de un olvido
absoluto.
En los partidos tradicionales ha existido una
doble lucíha, la lucha que se puede llamar externa
c?n el partido opuesto, y la lucha interna para
elevar su nivel político, aspirando á convertir el
partido personal en partido de principios.
Quién puede dudar que en el partido colorado,
por ejemplo — y refiriéndome á la época de la
Guerra Grande, han sido hombres de principios
don Joaquín Suárez, don José María Muñoz, don
Manuel Herrera y O bes, den Lorenzo Batí le, don
Melchor Pacheco y Obes, don Fernando Torres,
los coroneles Tajes y Solsona y muel os otros
más? Quién puede olvidar qué si no todos, casi
todos ellos, al mismo tiempo que combatían al
partido blanco encabezado por Oribe, trataban de
caracterizar el colorado como partido de princi-
pios destruyendo la influencia personal del general
Rivera y levantando la de las instituciones 1 ?
Quién puede dudar que á su vez en el partido
blanco, y en la misma época, eran hombres de
principios y soportaban á coutrecour\& alianza con
Rozas y la eterna guerra que barbarizaba el país,
ciudadanos como el doctor don Eduardo Acevedo,
don Bernardo Berro, don Juan F. Giró, don Cán-
dido Joanicó, don Enrique de Arrascaeta, don
Joaquín Requena, don José M. Montero, don F. S.
Antuña, don Juan P. Caravia, don Jaime Estrázu-
las, don Luis Lerena, don A. M. Pérez, don L. de
NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 73
Herrera, don Pedro Fuentes y tantos otros? No es
aun conocida la mazorcada que llegó una noche á
lacasadel doctor Acevedo, gritando, — muera el
salvaje unitario 'doctor Acevedo? No es un hecho
histórico que á la pasada de Urquiza rehusaron
combatir contra él, abandonando^ Oribe, jefes como
Snf^S 1 S ¿T and ? ( ¿ ómez ' Lúcas Píri ' z ' des P u ^
tontos o^s? Paysandu ' Lucas More ™ y
Y si los trabajes de propaganda é independiza-
ron del candillo prestigioso y prepotente tienen
mas acentuación y relieve entre los coloradas
que entre los blancos, se debe á la distinta situa-
ción de unos y otros. Los colorados están dentro
de la ciudad el elemento urbano es importante,
estón mandados por jefes de linea que tienen celos
y desden por los caudillos campesinos, ocupa el
primer puesto civil un ciudadano como don Joa-
quín feuarez y una Asamblea de Notables reem-
plaza al Poder Legislativo. Además, Rivera, que
tiene las raíces de su prestigio en campaña, está
ausente y sucesivos descalabros Quiebran y pos-
tran ese prestigio. Es posible luchar con él y el
elemento principista Uel partido colorado em-
prendo esa lucha.
Fuera de la ciudad solo existe un campamento
militar, un ejército formidable. Y de ese mismo
ejercito forman parte importante, batallones de
linea argentim s, esto es, extranjeros. Toda in-
fluencia política extraña al general en jefe, al
presidente legal, es imposible. Absurdo, demencia,
el soñar siquiera en iniciar una lucha.
Por eso, y porque así sentían todos los hombres
de pensamiento, una vez terminada la guerra v
á pesar de los rencores y prevenciones nacidos 'de
contienda tan sangrienta y prolongada, como
aspiración común atas inteligencias más elevadas
a ,ir^ C ia r ^ tere ! m , as nobIes de ambos Partidos
surge la idea de formar una asociación política
74
SKTEMBRINO E. PEREDA
nueva. Son los prohombres del partido colorado,
son los prohombres del partido blanco los que en-
cabezan ese movimiento patriótico y progresista
que tie^e manifestaciones irrefragables eu actos
oficiales, en documentos públicos, en la prensa, en
el Parlamento Nacional.
En esa aspiración común se ven confundidos
don Joaquín Suárez, don Manuel Herrera y O bes,
don Andrés Lámas^don Lorenzo Batlle, don José
María Muñoz, don Pedro Bustamante, don To más
Gomensoro, don Juan C. Gómez, don Juan M.
Martínez, don Francisco Ordoflana, don Fermín
Ferreira, don Emeterio Regunaga, don Adolfo
Rodriguez, don José M. Solsona, don Francisco
Tajes, don Luís Lamas, don Apolvnario Gayoso,
don Santiago Sayago, don Bruñe Más, don Enri-
que Muñoz y muchos otros prohombres colorados,
con los prohombres del partido blanco don Eduar-
do Acevedo,don Bernardo Berro, don Cándido Joa-
nicó, don Ambrosio Velazco, don Federico S. An-
tuña, den Luís de Herrera, don Jaime Estrázulas,
don Rafael Zvpitria, don Avelino Lerena,don Joa-
quín Errazquin, don Diego Sántos, dun Bernabé Ca-
ravía, don Juan J. Victorica, don Pedro P.Berma-
dez,don José Martin, don Atanasio C. Aguirre, don
Juan P« Caravia, don Dionisio Coronel, don Anto-
nio de tas Carreras, don Leandro Gómez, don Enri • •
que de Arrascaeta, don Octavio Lapido, don Fede-
rico Nin Reyes, don Juan Illa y Viamont, don José
Brito del Pino, don Juan J. Barbosa, don Nicolás
Conde y tantos otros más.
No he pretendido, se comprenderá, hacer una
enumeración completa, sinó demostrar que. en
efecto, ese movimiento de opinión comprende á
los hombres principales de los partidos. Esa
idea de unión de ios ciudadanos, sin distinción de
partidos, llega hasta el terreno de la acción
armada en la revolución de Agosto de 1855 dirigida
por don José M. Muñoz, don Lorenzo Batlle, y los
NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 75
coroneles Tajes y Solsona. Y confundidos en la
lucha, sin las viejas divisas del pasado y á las
órdenes de esos jefes, vése á jóvenes como Mariano
Ferreira, Gregorio Pérez Gomar, Ambrosio Cas-
tagnet, Luis Gómez, Vicente Garzón, Andrés,
Justino y Francisco Muñoz, Eduardo Olave,
Nicolás Herrera, etc., etc. de extracción colorada,
en unión con Benjamín Villasboas, GuiHermo
García, Juan María Pérez, Manuel Rey, Benjamín
Pérez, Juan Gowland, Carlos Escalada y otros de
extracción blanca.
Poco después, sintiéndose amenazados en su
influencia política por ese movimiento de opinión,
los generales Oribe y Flores firmaron el célebre
«Pacto do Unión» al que, como es natural, debido á
tan poderosas influencias, adhiere, la mayoría de
los elementos de acción de los viejos partidos
tradicionales. Y es de esa manera que fracasa
una iniciativa fecunda y patriótica que habría
ahorrado á la República mucha sangre y ruinas.
Quien quiera conocer todos los actos políticos
de unión entre blancos y colorados dirigidos por
sus prohombres, que lea el importante folleto del
doctor Melián Laflnur. Es edificante, para la
juventud del país, sobre todo.
Pero se dirá: Todos esos hombres que usted
cita que se desci rieron sus viejas divisas volvieron
á colocarlas otra vez sobre su fre/ite y á renovar
la lucha tradicional en revoluciones que termina-
ron la una con el bárbaro masacre de Quinteros y
la oirá con el cruento sacrificio de los héroes de
Paysandú y la capitulación de Montevideo ante
las armas brasileras y orientales el dia aniversario
de la batalla de Ituzaingó.
Y se agregará, que aún desaparecido el último
gran caudillo colorado, Floresta lucha tradicional
se renueva en 1870 con la revolución encabezada
por Aparicio; y que el país se presenta dividido en
dos únicas y grandes agrupaciones armadas, que
76
SETEMBRINO E. PEREDA
luchan desesperadamente hasta que la paz se ha-
ce más por impotencia de un triunfo absoluto de
un partido sobreel otro, que por abnegación y pa-
triotismo.
Y como consecuencia de todo ello se concluirá:
que debe abandonarse toda idea de formar parti-
do político, con elementos de opuesta filiación en
el pasado, aunque comulguen en el presente en la
misma religión de principios políticos y estén ani-
mados de idénticas asp ; raciones en pró del pro-
greso y la felicidad de la República.
No, y mil veces no. Esos hechos demuestran la
dificultad de la tarea patriótica, pero no la imposi-
bilidad; que la obra del progreso político, como
toda obra humana, tiene sus desfallecimientos, di-
ficultades, tropiezos y aún retrocesos.
En efecto; sellada la paz en Abril de 1872 y plan-
teado el problema presidencial, que es el magno
problema político, porque de su acertada solución
dependen en gran parte todos los demá?, las fuer-
zas políticas se dividen en dos campos que no son
ya los de los partidos tradicionales: de un lado es
tán los nacionalistas y princi pistas colorados, del
otro lado los colorados netos y los blancos netos:
la cuestión no es ya de divisas, sinó de conducta y
principios políticos.
Los nacionalistas se han dado un programa de
principios, en el cual, desvinculándose del pasado,
y cediendo á aquella aspirrción nacional que ilu-
minaba á sus prohombres después de la Guerra
Grande, declaran, palabra más ó menos:— «que
el Partido Nacional no condena ni glorifica el pa-
sado, dejándolo al fallo de la historia». — Es un gran
acto patriótico y un paso considerable en el terre-
no de las verdaderas conveniencias nacionales.
Los hombres de principios de ámbos partidos
hacen causa común en la prensa, en el Parlamen-
to, en las luchas del sufragio y la sangre generosa
de Lavandeira y Villegas corre mezclada el 10 de
NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 77
Enero con la de Márquez, Soto y Gradin. Y cuando
el motín estalla y derroca el gobierno honrado del
doctor Ellauri, elije de víctimas para la deporta-
ción á la Habana en la barca Puig, á hombres de
todos los partidos, sospechados de patriotismo
exaltado y del delito de repugnar el motín triun-
fante. Viene en seguida la reacción nacional con-
tra el motin, reacción que encabezan Llanes y Mu-
niz, en la que forman confundidos hombres de to-
dos los partidos, cíñendo su frente la divisa tricolor
como la bandera de los Treinta y Tres, y que no
triunfa porque se alzan unidos contra ellos la del
partido colorado con Latorre a su frente, y la del
blanco que acaudilla Aparicio. Y como el 10 ae
Enero en Perseverano y Guayabos, los hombres
de principios pagan á la patria su cruento tributo
en las personas de Lallemand, Cárlos Gurméndez,
Folie, Lacié y otros.
Y como castigo al pais, por no haber hecho un
esfuerzo patriótico mayor y dejado vencer tan fá-
cilmente un movimiento generoso, que era la sal-
vación de las instituciones, poco tiempo después
surje la dicladura, la tiranía de Latorre! Sombría
noche política que oscurece todos los horizontes y
donde de tiempo en tiempo solo brilla como relám-
pago siniestro, el fogonazo que ultima á Coronado
en campaña, ó el juñal que despacha en los cuar-
teles á Bergara, Mallada, Ibarra, Frenedoso, y tan-
tos otros.
Desprendido Latorre del Poder Público, por un
acto de inexplicable aberración, — su renuncia
ultrajante en que llamaba ingobernable al país que
había despotizado á su antojo,— la política vuelve
á dar manifestaciones de vida.
Es entonces que gran número de ciudadanos
aleccionados por las rudas experiencias del pasa*
do, respondiendo á lo que ha sido y es una nece-
sidad, una verdadera aspiración nacional, — la
formación de un partido de principios, sin vincula-
78 SETEMBRINO E. PEREDA
ciones históricas ni compromisos personales: se
hacen surgir á la vida pública el partido constitu-
cional — proclaman la conveniencia de disolver los
partidos tradicionales.
Ese nuevo esfuerzo del patriotismo arrastra gran
número de las inteligencias é ilustraciones de pri-
mera fila de los viejos partidos que sufren, espe-
cialmente el colorado, una casi decapitación al
encontrarse separado de sus primeros tribunos,
oradores, publicistas, jurisconsultos, de sus hom -
bres de pensamiento, en una palabra. Y el éxito
hubiera sido completo si altas inteligencias y res-
petables ciudadanos de los viejos partidos, cruzan-
do la campaña constitucionalista, no hubieran
emprendido á su vez la tarea de reorganizar los
viejos partidos del pasado.
Pero si el Partido Constitucional no arrastró las
masas generalmente inconscientes, que siguen un
nombre ó una divisa, si no consiguió ser un parti-
do numeroso, ha llegado á ser y es una fuerza con-
siderable que actúa y ha de actuar en la solución
de todos nuestros problemas políticos.
Es esa fuerza la que durante el desgobierno de
Santos, y cuando casi todo el partido colorado lo
acata, enaltece y glorifica, como jamás lo hizo con
Rivera ó Flores, que valian cien veces más que él,
levanta por medio de la prensa la opinión pública,
la reivindicación armada, que si sucumbe en el
Quebracho no es sin salvar con aquel holocausto
cruento el decoro del país. Honor y gloria á los
que allí sucumbieron y cuyo recuerdo es inolvi-
dable!
Ese movimiento nacional que saca la lucha
política del terreno de las viejas divisas, como la
revolución tricolor, etc., etc., son la prueba viva,
palpitante deque la inmutabilidad, la eternidad y
la invulnerabilidad de los viejos bandos, es una le-
yenda que cada dia tiene monos creyentes.
concurso de blancos y colorados
NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 79
Cierto es, que ese movimiento fracasó porque la
mayoría del partido colorado, y también elemen-
tos blancos, se opusieron á su triunfo. Pero qué
prueba eso sitió que los verdaderos antagonismos
no son de divisa sinó de principios que regulan la
vida práctica de los ciudadanos? Qué prueban
todos los hechos enumerados en esta larga expo-
sición, hechos de confraternidad, de labor, de aspi-
raciones y sacrificios comunes, sinó que, respetan-
do las convicciones sinceras, hay más convencio-
nalismo que convicción, en estas pretendidas
pasiones partidarias que son el obstáculo á los
verdaderos partidos de principios?
No desconozcamos el camino andado á fuerza
de tantos esfuerzos y sacrificios! No empujemos al
país para atrás en un momento de desaliento
explicable por tantos desengaños reiterados. Como
otros, yo también he sentido el frío del desencanto
helar mis ilusiones de ciudadano. Pero mirando
con serenidad el pasado y el presente, pesándolo
todo, creo que si no hemos adelantado lo que
debíamos, si estamos retardados en nuestros pro-
gresos políticos, — como lo pone más de relieve aún
la comparación de nuestros partidos con los parti-
dos argentinos,— algo hemos avanzado en la dolo-
rosa vía erucis de las democracias hispanu-ame-
ricanas.
El Partido Constitucional, lo repetimos, es una
fuerza, más que por el número de sus afiliados
oficialmente, porque representa la tendencia del
progreso político é inspira confianza á los intere-
ses económicos y conservadores del país.
Por eso es que Sántos, cuya viveza política es
innegable, vencedor en el Quebracho, busc i para
concillarse la opinión, no á los disidentes de su
propio partido, no á los hombres del partido
nacional ó blanco, sinó á las prohombres del
Partido Constitucional.
Por mi parte, y como es notorio, no fui partida-
80
SETEMBRINO E. PEREDA
ricr de la Conciliación, por causas que es inútil
repetir, pero que en nada afectaron nunca el alto
concepto y el aprecio que. siempre me han mere-
cido los doctores Ramírez, Blanco y Rodríguez
Larreta, de los primeros ciudadanos de la Repú-
blica.
Y es notorio el entusiasmo y la fé con que el
país— los disidentes fuimos " pocos, — acojió al
ministerio constituciónalista, creyendo, por ese
solo hecho, cambiada la situación política.
Disolver el partido constitucional es dispersar
una fuerza que puede ser útil en un momento dado;
y las fuerzas dispersas no tienen acción eficiante
ni en la naturaleza ni en la dinámica social. Nadie
tiene don de adivinación para vislumbrar desde ya
cuales van a. ser las evoluciones de los partidos.
Pero lo que, sin ser profeta se puede anunciar, es
que el partido colorado no puede, sin abdicación
absoluta de todos sus derechos de partido político,
cansentir una vez más qus el oficialismo ejerza
sobre él todas las funciones del sufragio popular!
Lo que se puede anunciar, es que el partido nacio-
nalista ó blanco y las mismos constitucionalistas
no pueden consentir, que con el cuño oficial y á
título *de representantes de esos partidos, vayan
algunos amigos del Gran Elector, á reunirse en
los «^ltos del Cabildo!»
Si el oficialismo colorado otorga a los partidos
de oposición algunas bancas en la Representación
Nacional, que sea bastante generoso para permitir
que esos partidos elijan por sí mismos sus
representantes y no se tome la molestia de elegir-
los él, llevando sus balotas á las urnas con votantes
de golilla colorada!
El país no puede ya con el peso abrumador de
tantos años seguidos de malos gobiernos,y necesi-
ta al monos que le den una trégua para reparar
sus fuerzas. La cuestión económica y financiera se
ha complicado con lacuestión política, y asi como
NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS
81
aúnque mal se pueda resolvérmele hecho, la políca,
sin el concurso del país, es imposible sin ese con-
curso, resolver las primeras. El país necesita,
pronto, urgentemente, un gobierno de opinión; y
por gobierno de opinión entiendo uh gobierno ver-
daderamente nacional por hacer primar sobre to-
dos los intereses partidarios y de círculo, los gran-
des intereses nacionales. De otra suerte llegará
á decirse, y con razón, que este pais está condenado
á la pena perpétua de mal gobierno colorado!
Venga, pues, el acuerdo de los partidos, la unión
cívica ó patriótica de que habla tan acertadamente
el doctor Pena, y surja de ella, con indisputable
supremacía del partido colorado, que nadie disputa,
un gobierno de reparción, de salvación, — y al
discutirse las bases del acuerdo y la participación
de los partidos, escatímese ó niéguese á los hom-
bres del constitucionalismo las altas funciones
públicas. No será una desgracia irreparable que
algunos ciudadanos, aúnque tengan preparación y
aptitudes suficientes para hacer en la vida política
práctica, obra de varón, mueransolterones de mi-
nisterios ó senaturías. Sabido es que jamás falta-
rán altos funcionarios á ningún gobierno, pero á
veces suelen faltarle al país verdaderos ciuda-
danos.
Perseverémos,pues,en los altos y desinteresados
propósitos del manifiesto constituciona lista; siga-
mos arando hondo en la opinión del pais, que no
hay ópima cosecha sin ingente labor, ni obra de
largo aliento que se realice sin ayuda del tiempo.
Las leyes biológicas son las mismas aplicadas á
la vida política que á la vidi animal: la intensi-
dad y duración de la vida son proporcionales al
período de gestación. No confundamos lo acciden
tal con lo efímero y fugaz. Perseveremos, que ai
fln el pais tará da sé para unificar sus buenos ele-
mentos políticos,— colorados, blancos y constitu-
82
SETEMBRINO E. PEREDA
cionalistas, como lo hizo la Italia para realizar su
ansiada ut idad nacional Chi dura oince.
En cuanto á la formación del partido liberal, en
oposición al clerical, sobre lo cual también se con-
sulta, mi opinión es la misma de mi distinguido
amigo el doctor De María.
No hay que confundir las escuelas filosóficas, la
propaganda y la evangelización, con los partidos
políticos. Cuando exista el partido político clerical
será la oportunidad de hablar de la cosa.
Saluda á usted con su más distinguida conside-
ración su compatriota y amigo,
Domingo Aramburú.
III
No estamos conformes con el doctor De-María.
Para este distinguido compatriota, ni es una
necesidad la disolución del Partido Constitucional,
ni el clericalismo constituye un peligro para los
triunfos obtenidos por la causa liberal.
Además del notable opóseulo Exégesis de Ban-
derías^ que acaba de publicar el doctor Melián
Laflnur, está la carta del Dr. José Pedro Ramírez,
que ha sido siempre uno de sus prohombres y más
entusiastas sostenedores, que confiesa la ineficacia
de sus esfuerzos y su inevitable desaparicióu de
la acción pública,
Para el doctor De María tendrá razón de ser el
Partido Constitucional iniéntras no desaparezcan
las colectividades política» tradicionales.
Kn 1887, decia en el circo Sí n Martin:
aNo fue á tal ó cual partido á guien el motín mi-
litar arrebató la soberanía.- La soberai ía es del
pueblo oriental todo entero, y fué el pueblo orien-
tal lodo entero la victim e del criminal despojo.
«Si debemos en el po-oenir^como es ineludible,
NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS
83
decidirnos y constituir organismos diversos en el
debate de la vida republicana, seamos siquiera
ahora, ahora que se trata de un interés solidario,
ahora que se trata de la reivindicación de un pa-
trimonio común é indivisible, un solo grupo, una
sola fuerza; el grupo de todos 1 s orientales, que
van á reconquistar lo que es de todos ellos, — la
fuerza de la opinión nacional que se pone en
acción para devolver sus fueros a la patria y sus
bases á lasinsiituciones;queson la salvaguardia de
todos los partidos, de todos los ciudadanos, de to-
dos los hombres que habitan nuestro suelo.«
Estas patriótica* frases confirmaban lo expuesto
en el manifiesto de Mayoy lo dicho por los notables
oradores que aceptaron sus principios en esa
época, como una necesidad ineludible y su crema,
aconsejada por el deber cívico á todos los buenos
diéntales.
Se acababa de salir del lustro horrible, de la
dictadura impuesta por el motín del 75, en que to-
dos los derechos fueron menoscabados, las garan-
tías una mera fórmula const : tucional y las liberta-
des públicas y privadas un ludibrio déla fuerza
prepotente; — y los ciudadanos honestos de ideas
avanzadas» que habian vivido como parias en su
propio suelo, al declinar el mando el que después
de haber gob* rnado al país á su entero antojo, nos
declaraba ingobernables, creyeron justo y patrió-
tico reunirse bajo una sola bandera, inspirados en
el amor á la Pairia, para ponerse de pié y recon-
quistar, por medio de la lucha pacífica de la pro-
paganda y del ejeicicio de sus derechos en las
urnas elecfr rales, la Soberanía Nacional arreba-
tada por el motín triunfante, por los que llevaran
al poder, conculcando la Constitución del Estado,
al pobre Pedro Várela, y más tarde ai audaz moti-
nero, el entónces coronel Lorenzo Latorre.
Eran las circunstancias del momento las que
compelían á la unión de los ciudadanos bien inspi-
&4
SKTKMHRINO E. PEKEDA
rados, para trabajar en pró del reinado de las ins-
tituciones libres,— y fué bajo tales auspicios y tales
miras que nació & la vida pública el Partido Cons-
titucional; porque como lo expresa el mismo doctor
De-María en los párrafos transcriptos, — no fué ó»
tal ó cual partido á quien el molin militar arrebató
la soberanía, sino al pueblo representado por todas
las opiniones.
¿A qué perpetuar entonces la existencia de una
agrupación política hija de (os sucesos de una
época desgraciada, de. carácter transitorio y que
en la actualidad, dada su desorganización y la de-
sidia de sus prohombres, no podrá ejercer en lo
sucesivo la menor influencia en las esferas del
gobierno y en el seno de la opinión pública, máxi-
me cuando di no compatriota opina que los parti-
dos no son ni pueden ser organismos eternos?
Don Emilio Romero decía con propiedad en
« La Bandera Radical >\ en Febrero 5 de 1871 :
iNo esta, en la mano del hombre impedir la
formación de los partidos. No está en la mano del
hombre tampoco contener su disolución. Ambos
son fenómeros que obedecen :\ una ley necesaria,
inevitable. Todo partido responde en la época de
su formación á las aspiraciones del centro en don-
de se forma. Su carácter típico no se lo imprime
la voluntad de un hombre ni de un escritor: él es la
expresión de los sentimientos y las ideas de la
épuca, es la manifestación colectiva de las creen-
cias ó las preocupaciones de los diferentes ele-
mentos que lo componen. Cuando ese partido
ha concluido su misión, haya ó nó cumplido sus
propósitos, su muerte está "ECuETADAy otros par-
tidos, surjidos de la eterna fuente^ que todo lo laoa y
purifica, el elemento popular, vienen á ocupar su
puesto en la esfera política, con nueoos elementos de
vigor y de vida »
Pues bien: la muerte del Partido Constitucional
está ya decretada por el curso de los acontecimien-
NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS
85
tos, por la lógica de los hechos, que se imponen á
la férrea voluntad de los hombres, — y será en vano
todo cuanto quiera nacerse para galvanizar su ca-
dáver.
El doctor De- Maria se muestra consecuente con
su solemne manifestación de que si desaparecía
esa colectividad política y si quedaba algún ciuda-
dano fiel á su bandera, ese ciudadano sería él; pero
el doctor De-Maria hace mal, en nuestro concep-
to, de esterilizar sus esfuerzos de buen ciudadano
en una lucha estéril, cuando por su talento, por sus
antecedentes, por su carácter é incorruptible ci-
vismo, estaría llamado, en otra esfera de actividad,
á prestar señaladísimos servicios á TaTV'ausa de las
instituciones libres y de la libertad del pensa-
miento y la conciencia, adhiriéndose, por ejem-
plo, á la formación de un nuevo centro que sirviera
de atracción aja mayoría del pal*, respondiendo á
principios inmutables, que son los que encarnaría
el Partido Liberal si se fundase entre nosotros.
Las idéas desarrolladas en el manifiesto de
Mayo no fueron tampoco una novedad para el
país : ellas venían siendo proclamadas desde 1846
por las mayores eminencias de los partidos tradi-
cionales, que después de cruentos combates y
cuando el alma se recojía á meditar tranquila-
mente, comprendían que el imperio de las divisas
y del caudillaje solo podía traer la ruina de la
Nación y el conculcamiento de las leyes institu-
cionales.
Fueron sus predicadores en distintas épocas
Pedro Bustamante, Bernardo P. Berro, Juan Cár-
los Gómez, Eduardo Acevedo, Joaquín Suárez,
Andrés Lamas, Cándido Joanicó, José María Mu-
ñoz, Gabriel Antonio Pereira, César Díaz, Manuel
Herrera y Obes, Eugenio Garzón, Leandro Gómez
y tantos otros, y hasta los mismos jetes de los par-
tidos blanco y colorado, don Manuel Oribe y don
Venancio Flores, arrastrados por la corriente de
86
SETEMBRINO-E. PEREDA
las ideas de fraternidad y de unión que hallábanse
en auje,exhortaron á todos sus compatriotas a unir-
se en el supremo interés de la patria, para formar
un solo partido de la familia oriental.
Pero esos sentimientos generosos, esos altos
ideales aconsejados por las circunstancias del mo-
mento, hijas del cansancio de la lucha sin trégua
en los campos de batalla, calmados los espíritus,
al amparo déla paz, eran olvidados por los mismos
que le proclamaban, para reanudarse una vez mas
la acción entre Abel y Caín; porque los partidos
tradicionales, no respondían ni respondan á prin-
cipios, sinó a banderías, á un bien supremo, sinó á
la voluntad y al recuerdo de los factores principa-
les de nuestros infortunios y días de eterno duelo.
Don Gabriel Antonio Pereyra, que en su pro-
grama presidencial del 22 de Febrero de 1856 de-
cía: (.(Debajo de la sombra de la bandera de la
patria cabemos todüó: esos colores simbolizan glo-
rías y r ecuerdos sin mancha: son acaso el único
vinculo que puede todavía unirnos», y que poco
después, elevado á la primera magistratura de la
República, dictaba un decreto (Noviembre 1.° de
1857) prohibiendo «toda reunión en que se levante
la bandera de cu alesquieru de los antiguos pt rti-
doso — olvidando esas idéa.s de. fraternidad y de
civismo, autoriza la bárbara hecatombe de Quín-
telos, tn que perecen, victimas de la traición y
del crimen. Taje?, Díaz, Freiré, Abella, Caballero
y tantos ( tros mártires de suh creencias políticas
y de la buena fe con que se acojieron al parla-
mento.
El general Venancio Flores, no obstante reco-
nocer en su pacto con Oribe del 11 de Noviembre,
que los partidos eran los que encendían el Juego
de la discordia, y de proclamar que entraba en sus
Eropósitos trabajar en la extinción de los odios que
ayan dejado nuestras pasadas disenciones, sepul-
tando en per péluo olvidólos actos ejercidos bajo su
NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS
87
funesta influencia,— sean cuales fueran las causas
que lo impulsaron,— lo cual no apreciaremos aquí,
por no ser pertinente al caso,— invadió el pais el
19 de Abril de 1863, como jefe departido.
Don Bernardo P. Berro, á la sazón Presidente,
que también habian suscrito documentos públicos
inspirados en las mismas tendencias, como ser,
entre otros, su decreto fech'* 16 de Julio de 1860, en
el cual declaraba que «en la tentatha de resurrec-
ción de los oiejos partidos con sus banderas de gue'
rra y de exterminio, no veía sinó la incitación d la
guerra civil y ala anarquía, provocó con sus actos
administrativos de exclusivismo partidista la
contienda armada que ha pasado á la historia bajo
el nombre de Cruzad-i Libertadora— y el general
Leandro Gómez inmortalizó su nombre como de-
fensor de otro partido.
El doctor Juan Carlos Gómez, hombre de pre-
clara inteligencia, publicista de no'a, pasando por
encima de sus antecedentes, prese ndiendo de los
documentos que llevan su firma al pié, muere sien-
do colorado, después de habar combatido ruda -
mente al Partido Constitucional, que encarnaba
los mismos principios por 61 predicados con ante-
lación al .hanifiesto de Mayo.
El doctor Pedro Bustarnante, su Intimo amigo y
compañero en la malhadada campaña de anexión
ála Argentina,— otro ciudadano de vastísima ilus-
tración,— que siendo miembro del Parlamento fir-
mó una proclama suscrita por los Senadores,y Re-
presentantes del país, en que se leia: cesen esas
odiosas distinciones de colores políticos: no se men-
cionen tso* partidos que desde este momento deben
dejar de existir,— también hizo luego hasta sus úl-
timos dias á dicha colectividad política, y hasta
llegó á atribuírsele la tan ementada frase,— tal
era su intransigencia partidista,— áe> que no hay
blanco bueno.
El doctor José María Muñoz, que fué también
88
SETEMBRINO E. PEREDA
de los firmantes de ese documento, como miembro
del Cuerpo Legislativo de la época; que en el ma-
nifiesto á sus conciudadanos, al levantarse contra
el general Flores, por creer que su gobierno no
llenaba las aspiraciones del pueblo nacional y ex-
tranjero, invocaba contar para su objeto con el pa-
triotismo de todos los orientales unidos, y asociado
en Octubre de 1855 á la agrupación política deno-
minada Unión Liberal, cuyo programa se hallaba
saturado de la misma atmósfera de unión y patrio-
tismo, si bien se adhirió al Partido Constitucional
engrosando sus filas, en 1886V~tomando por pre-
texto la conciliación de Noviembre de ese año, ac-
to puramente personal de varios de sus conspi-
cuos miembros y que casi todo el país aplaudió, —
separóse de ellas para tornar á la colectividad de
su origen, — al partido colorado.
El general Lorenzo Bal lie, el doctor Manuel He •
rrera y Obes, don Tomás Gomensoro, etc., etc., —
pue3 fuera largo mencionar á todos, —tampoco se
agruparon bajo la sombra de la bandera del partí •
do de las instituciones libres
Se hizo, pues, caso omiso de *as manifestacio-
nes patrióticas de distintas épocas, sin duda por
creer una utopía su mantenimiento ad perpeíuam,
pues las ambicionas personales ó de círculo han
primado siempre sobre los intereses supremos de
la Patria.
¿Por qué el doctor De María ha de querer ser
una excepción?
No decimos que imite la conducta de los com-
patriotas nombrados, porque no estamos de
acuerdo con ella y la censuramos por la li]ereza y
falta de circunspecíón que entraña.
No ingrese en horabuena ? ninguno de los par-
tid s tradicionales,— porque hacerlo fuera ponerse
en abierta pugna con sus principios sustentados
en la madurez de su ilustrado criterio y en las pro-
fundidades de su conciencia cívica, máxime cuan-
NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 89
do en el programa del Partido Constitucional se
dice: «Jv o* consideramos total y solemnemente des-
ligados de los antiguos partidos,» pero al ménos
esté habilitado para cooperar con su talento, su
prestigio y sus esfuerzos á una evolución saluda-
ble á los intereses nacionales. Para ello necesita
desligarse cuanto ántes de la preocupación de dar
vida á un cuerpo ya inanimado.
Por otra parte, creémos firmemente que la exis-
tencia del Partido Constitucional, hoy por hoy, es
una de las causas fundamentales de la de las
viejas agrupaciones políticas. Estas se mantie-
nen para combatirlo, y ambas se hacen mu-
tuas concesiones, se halagan, aunque sus caricias
sean las del gato con el ratón, sobre todo tratándo-
se del partido dominante, — que es el que reparte
las prebendas,— y combaten de consuno á su ad-
versario común: el constitucionalismo.
La propaganda por la prensa, como lo desea el
Dr. De María, no basta para dar vida á un partido:
ha menester éste de la acción eficiente que le fal-
ta al constitucional. Para propagar ideas solamen-
te no se fundan ni deben servir las colectividades
políticas. Para eso están las cátedras de Derecho
Constitucional y Administrativo, los Ateneos, los
libros y el periodismo, que si forman y participan
de las simpatias de la opinión, son únicamente es-
presión aislada y personal — desde que no emanan
de una colectividad— de quienes las predican ó
propagan.
En cuanto á que no peligren las conquistas li-
berales, nos sorprende la opinión del doctor De
María que siempre ha sido y creémos siga, siendo
— como él lo manifiesta — un liberal entusiasta.
Que no peligran? Díganlo las sumas pingües
que se destinan al Obispado, á las misiones após
tólícas, á las peregrinaciones á Roma, en celebra-
ción de las bodas de oro de León XIII, miéntras
los pensionistas del Estado, Incluso los miembros
90
SETEMBR1NO E. PEREDA
del cuerpo docente, verdaderos benefactores de la
sociedad en general, ven sus haberes atrasa-
dos; el fin que han tenido en casi todos los depar-
tamentos los fondos destinados por la ley á obras
públicas; construyéndose y refaccionándose igle-
sias del culto católico, en vez de edificios de utili-
dad para el pueblo y el Gobierno; la arbitraria
traslación del Barrio Santa Teresa, arrogándose
el Ministro de Gobierno y el P. É. facultades que
no les concede la ley, con tal de favorecer á las
tituladas Hermanas de Caridad, que se instalaron
allí indebidamente.
Díganlo las congregaciones religiosas que se
multiplican en el país de una manera asombrosa;
los colegios de Hermanas y Padres Salesianos, la
pasividad con que los agentes fiscales, guardianes
de la ley y representantes de la sociedad ofendida,
miran las prédicas incendiarias de algunos ener-
gúmenos del templo contra la institución del ma-
trimonio civil, que audaz y maliciosamente califi-
can de concubinato; el cambio de la Comisión de
hombres por una de señoras en 'a dirección del
Hospital de Fray Bentos; La preponderancia y do
minio absoluto que tiene el clericalismo en el de
confesores para purgar de pecados á los dolientes.
Y finalmente, para terminar de una vez con este
rosario «le citas, díganlo la actitud de los diputados
clericales de la Cámara de Representantes, que
para evitar los debates «obre reforma de la Cons-
titución se hacían humo en los cuartos-interme-
dios, evitando así ta formación del quorum indis -
pensable para las sesiones, y lá risible ingerencia
que dá el Gobierno á los curas párrocos en las
Comisiones Departamentales encargadas de dis-
tribuir convenientemente las secciones policiales,
solicitando á la vez del vecindario el terreno preci
so para establecer las oficinas respectivas; lo
lo mismo que en las que hablan que dedicar á
illa para decir misa y
NI RETROGRADOS NI TARTUFOS
91
obras de utilidad pública los 50.000 pesos del ce-
lebérrimo empréstito de marras, y la frecuencia
con que niñas de la alta sociedad "montevideana
solicitan ingresar de novicias en los monasterios
de la República Argentina.
Y es doblemente de llamar la atención de los
enemigos del clericalismo que eso suceda preci-
samente con el bello sexo de la capital, donde de-
be suponerse, con sobrado fundamento, mayor cul-
tura en la sociedad y en el pueblo, por ser el foco
de sus ilustraciones y donde la propaganda es da-
ble, hacerla con mejor éxito.
No es pues, enteramente exacta la afirmación
del doctor De María, de que las cuestiones que ac-
tualmente son de interés vital y supremo, sean tan
solo la honralez política y administrativa, la ver-
dad del sufragio y la abolición de las viejas divi-
sas.
Es también de interés vital y supremo garantir
la libertad de pensamiento y de conciencia, evitan-
do que el poder teocrático se abra paso tan fácil-
mente como en la actualidad, en que no existe en
la República un ceatro liberal seriamente organi-
zado.
El clero traba |a sir, descanso valiéndose de todo
género de argucias; sigue al pié de la letra las
prescripciones de la Mónita, y aprovecha la som-
nolencia de sus adversarios para introducirse has-
ta en el seno de sus mismas familias, cuando no se
le mira con ojo avisor.
Por eso propusimos agregar al programa del
Partido Constitucional, si no se le queria dejar
morir de inanición, los principios inconcusos del
credo liberal; pero ya que esto no es posible, le-
vántese entónces la bandera del Partido Liberal
haciéndola flamear a. todos los vientos, que ella es
bien amplia para, que á su sombra se agrupen,
sin distinción de añejos antagonismos políticos,
todos los hombres de principios, los que tienen el
92
SETBMBR1N0 E. PEREDA
coraje de sus convicciones y no representan en ei
terreno de las ideas el triste papel de tartufos.
El doctor don José P. Ramírez, en su notable
carta política pone fuera de ''uda la conveniencia
que existe en la disolución del Partido Constitu-
cional.
Participa, pues, de nuestra opinión al res-
pecto.
Sin embargo, no propone ninguna actitud re-
suelta á adoptarse, concretándose á insinuar que
mientras la mayória de sus correligionarios no de *
crete su desaparición, permanecerá ea sus filas.
Cómo! El doctor Ramírez, hombre de gran ta-
lento, el primer Presidente que tuvo esa colectivi-
dad política, el jefe del gabinete de Noviembre,
cuya vida ha sido una incesante lucha, ¿se entrega
hoy al cómodo dolce ¡amiente, dejando que otro
promueva una Asamblea general de su partido pa-
ra discutir el problema de su reorganización y
existencia futuras?. ¿Y quien há de provocarla?
¿El centro Directivo de Montevideo? cualquier
miembro del partido?
bea el que fuere, era y es llegada la ocasión de
ue se discuta el punto en el seno de esa colectivi-
ad, sin más tardanza, pues de lo contrario, desa-
parecerá de hecho, existiendo solo ostensible-
mente.
En nuestra carta del 18 de Diciembre proponía-
mos una Convención, en la cual estuviesen repre-
sentados todos los centros políticos departamenta-
les, por medio de delegados que serian elejidos por
los respectivos clubs.
¿Por qué, entonces, se prescinde de dar á este
pensamiento 'a importancia que tiene, si el mismo
doctor Ramírez, reconoce que el Partido Constitu-
NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 93
cionai debe disolverse, para que esos miles de
ciudadanos que hoy viven en la inacción no este»
rilicen por mas tiempo el capital de su inteligen-
cia y patrióticos esfuerzos?
Creémos que procediendo asi se consultaría la
opinión y la voluntad del país entero; porque si los
Constitucionales de la Capital se reuniesen y resol-
vieran por si solos !a disolución ó mantenimiento
del Partido á que pertenecen, aunque constituye-
ran la mayoría de sus correligionarios, no respon-
derían por eso, careciendo de personería general,
á los votos y aspiraciones de los ciudadanos á él
afiliados en los demás departamentos.
Es lamentable, en consecuencia que haya tanta
atonía por parte de los prohombres de esa colec-
tividad política.
De cualquier modo, tenemos la convicción de
que no se organizará más, séria y viablemente,
pues toda tentativa qne se haga en ese sentido ha
de dar un resultado negativo.
Ahora en lo que respecta á ia cuestión religiosa,
permita el doctor Ramírez que le hagamos tam-
bién algunas observaciones.
En su concepto, á ella «no ha de subordinarse en
nuestro país, por, ahora y por muchos años, la or-
ganización de sus partidos políticos».
Si así piensa ¿á qué invoca entóí.ces lo que dijo
la redacción de hl Plata al redactor de El Bien
Público?
Los partidos del porvenir nacerán de las necesida'
des del porvenir, decía aquella, tratando de justifi-
car el silencio que guardaba el programa Consti-
tucional sobre la materia referida, y si el Partido
Constitucional ha cumplido su misión, como lo
confiesa el doctor Ramírez, yaque las colectivida-
des políticas tradicionales no satisfacen las justas
exigencias del país por que no responden á princi-
pios y su descomposición se acentúa de din en
día.
94
SETEMI3RIN0 E. PEREDA
La formación de esos partidos, que hace doce
años eran del porvenir, hoy se i mpone, por que
su conveniencia y necesidad son del presente y
serán del futuro.
Esos partidos no pueden ser otros, dáda nuestra
organización y miras políticas que el Liberal y el
Clerical, llámesele conservador, ultramontano 6
como se quiera, & este último.
Y no nos sorprende que el doctor Ramirez sos-
tenga el absurdo de que la cuestión religiosa no es
de palpitante interés para el país, porque el doctor
Ramirez no forma en las files de los elementos
liberales, — y el clericalismo, por la mala causa que
defiende, no le conviene tener frente á frente, bien
organizado, un partido de ideas adversas.
Nos autoriza á juzgar así al doctor Ramirez, el
hecho de que este ilustre compatriota saliera, con
una beata, de padrino de una campana donada á
una iglesia por el doctor Muñoz, á mediados del
año ppdo., en el mes de Junio.
El órgano católico, ántes titulado El Bien Público
y en la actualidad solamente El Bien, comentó con
entusiasmo su insólita actitud, — presentándole
como un ejemplo á la juventud irreverente.
En la Profesión de Fé Racionalista inserta en el
número 158 de La Razón, redactada en esa época
por Prudencio Vázquez y Vega, Manuel B. Otero,
Daniel Muñoz, Anacleto Duforty Alvarez— las más
privilegiadas inteligencias de su generación, — se
decia : « intimamente convencidos de la suma impor-
tancia de los problemas religiosos en la vida social.
y pensando que de las soluciones que se den á esos
problemas, depende en gran parte la independen-
cia y la dignidad del hombre, el seguro goce de
sus derechos, la tranquili Jad del hogar, el afian-
zamiento de las instituciones liberales y el perfec-
cionamiento indefinido de la humanidad: nos aso-
ciamos con «I fin de propag <r por todos los medios
legítimos», etc., etc.
Ni RETRÓGRADOS NI TARTUFOS
95
Y la difusión de esas ideas no se concretó t las
columnas de up diario, sinó que tuvo resonancia
er todo el país y fué llevada a la tribuna de los
centros liberales literarios.
La reforma escolar introducida por don José
Pedro Várela, ya se sabe cuantos sacrificios y
luchas exigió, lo mismo las diversas tentativas
que se han hecho para que retrogradara & los
«tiempos de antaño, en que la palmeta, el catecismo
del padre Astete, la gramáti a de Herránz y Qui •
rós y el catecismo histórico constituían los princi-
pales elementos de la enseñanza moral é inte-
lectual.
Pues bien : si hace diez y seis años se daba á las
cuestiones religiosas una importancia suma, ¿qué
motivo*-' hay para que hoy sean miradas como cosas
haladles?
Tenemos la ley de Registro de estado Civil, que
varias veces ha sido modificada en el sei/tido de
favorecer a los curas párrocos, con per juicio del
porvenir de las familias y del mismo país, — y la
del matrimonio no eclesiástico, constante pesadi-
lla del clerizalismo, tan combatida por éste y á la
cual el senador don Amaro Carve pretendió últi-
mamente modificar de una manera fundamental,
inutilizándola para los fines creados, con el católi-
co propósito de aumentar las facultades y rentas
de la iglesia.
La clerecía romana puede ejercer entre nosotrcs
su ministerio, de la manera que mejor le cuadre,
y se halla exenta de patente, mientras que la pa-
gan el abogado, el escribano, el procurador, y has-
ta el mas humilde de los industriales, aunque
estos últimos no saquen en las ventas diarias de
sus baratijas ni para el necesario alimento.
Levanta valiosos edificios para fundar colegios
y se les da casa para que oficie, pero hasta allí no
alcanza la ley de contribución inmob.liaria, de la
96
SETEMBRINO E. PEREDA
que no se escapan los que poseen bienes raices
cuyo valor exceda de 500 pesos.
En época de guerra, todo ciudadano civil 6 mi-
litar está obligado al servicio de las armas; pero el
clero nacional es una excepción: puede pasarlo
tranquilo, predicando la religión que profesa, co-
mer bien y vivir sano, robusto y á sus anchas,
porque él no tiene deberes para con la Patria sino
para con el Sumo Pontífice de Roma y con el Pa-
dre Eterno!!!
¿Y esto no vale la pena para el doctor Ramírez
de ser ten'.do en cuenta por los partidos militantes?
¿No conviene que ocupen los puestos públicos re-
lacionados con la educación del pueblo los hom-
bres mejor preparados? ¿No debe llevarse al
Cuerpo Legislativo á los ciudadanos más aptos,
bien intencionados y de ideas avanzadas?
Y hoy que se irata de emprender la reforma de
la Constitución del Estado, ¿es posible mirar con
glacial indiferencia los comicios próximos á reali-
zarse?
Las conquisias liberales alcanzadas están, pues,
en perpétuo peligro, y más lo estarán aún si los
hombres que debieran ponerse al frente de ellas,
para sostenerlas y aumentarlas, se duermen sobre
los laureles y se entregan al laisses Jaíre, laissez
passer.
El autor del Eoangelio Americano, el ilustre Bil-
bao, preguntaba: ¿Con quién luchan? con quién han
tenido que luchar las Repúblicas? Con la Religión
Católica y su fanatismo ensañado, respondía; con
la iglesia infalible, que es insaciable de poder y de
rentas, con el despotismo político apoyado en todas
partes, en la región como dogma; en la Iglesia
como autoridad, en el clero y frailerío como fuer-
za, — y en la ignorancia de las masas cuyo fanatis-
mo explota; — el retrato de Rosas en el templo ca-
tóliro!
Libertad y Catolicismo, dice Lamennais, son dos
NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 97
palabras que se excluyen radicalmente. La Iglesia
por el principio de su institución, exije, debe exijir
del hombre utja obediencia ciega, absoluta, e»
todos sus órdenes: obediencia en el orden espiri-
tual, puesto que de él depende la salvación; obe-
diencia en el órden temporal en cuanto está, ligado
al órden espiritual, pues si permitiese se acatase
en cualquier grado y en cualquier macera, ya la fé
necesaria para salvarse, ya la autoridad que la
enseña, se haría cómplice del mayor crimen que
puede concebirse: — la muerte de las almas. — De
esto, agrega, á las medidas represivas, á la inqui-
sición, á sus códigos sangrientos, la consecuencia
es rigurosa.
Y desde que el Catolicismo es incompatible con
la Libertad, todos los hombres liberales estamos
en el deber de combatir le y luchar por desterrarle
del poder, para que no ejerza en los destinos na-
cionales la maléfica influencia que siempre ha ejer-
cido en todos los pueblos del mundo, antiguos v
.modernos.
¿Acaso, por ende, un partido político no puede
incorporar á su programa los principios liberales?
La libertad política y civil no basta: es imprescin-
dible agregar á ambas la libertad de conciencia
que debe ser su base.
De ahí que en nuestra carta del 18 de Diciembre,
al observar la actitud de indiferencia en que yacía
y yace el Partido Constitucional, propusiéramos
agregar á su programa una declaración categórica
sobre la cuestión religiosa.
La inmensa, mayoría del país es liberal: liberales
son los colorados en casi su totalidad, liberales los
blancos ei> crecido número, principalmente la ju-
ventud, y liberales los constitución* t listas, quizás
en mayor proporción que aquellos.
Luego, habría sido un incentivo más á unos y
otros, de los ménos aferrados al tradicionalismo,
98 SETEMBRINO E. PEREDA
; , , i %
para evolucionar en favor de esa colectividad polí-
tica—Pero ya que su disolución ^inevitable y
que se invoca por uno de sus prohombres, por el
doctor Ramírez (J. P.) lo que en 1881 dijera la
Redacción de El Plata á la de El Bien Público de
entónces, esto es, que si después había que resolver
el problema de la Religión en el Estado ó de la en-
señanza laica, ú otros igualmente interesantes, en
que los mismos correligionarios políticos del día
disentían, los que quisieran se disgregaran, porque
«los partidos del porvenir nacerían de las necesida-
des del porvenir» — nos separamos desde este mo-
mento de sus filas para trabajar por la creación del
Partido Liberal, en el que no habrá necesidad de
sostener ideas nebulosas, sinó propósitos definidos,
principios esencialmente radicales en materia re-
ligiosa.
El doctor Pena reconoce que la situación es ex-
traordinaria, que exije mayor agitación y labor en
la opinión que antes de ahí >ra, pero crée al propio
tiempo que el Partido Constitucional no tiene ele-
mentos bastantes de acción y que sin el acuerdo,
parta de donde partiere, no será dable obtener
«el mejor de los Presidentes posibles» en los pró-
ximos comicios.
En 1887 se lanzó este mismo pensamiento en el
seno de los partidos y en las columnas de su
prensa.
E! constitucional en la Asamblea que celebró el
¿5 de Mayo de ese año en el Circo San Martín, re-
solvió :
1. ° Declarar que consideraba la Conciliación
Electoral una necesidad impuesta por la situación
excepcional del país.
2. ° Que por consiguiente contraería todos sus
esfuerzos á ese patriótico pensamiento.
NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS
99
3. ° Que la conciliación podía realizarse por la
formación de un centro electoral á que concurrirían
los ciudadanos que de los diversos partidos políti-
cos, bajo una denominación común y transitoi ia; y,
no siendo esto posible, por el acuerdo de los parti-
dos, conservando cada uno su autonomía, aún para
el acto electoral.
4. ° Que en los diversos departamentos de la
República, según lo impusieran las circunstancias
ó los trabajos ya realizados, podía adoptarse una
ú otra solución, sin que eso importara quebrantar
la unidad de propósitos del Partido Constitucional.
5. ° Que dentro de los propósitos aquí declarados,
quedaba la Comisión Directiva del partido autori-
zada ampliamente para proceder según lo impu-
sieran las circunstancias y se lo aconsejasen su
recto criterio y su elevado patriotismo.
En esa ocasión decía el doctor José Pedro Ra-
mírez, finalizando su entusiasta discurso:
«La lucha es condición de la vida, lo mismo para
los individuos que para los pueblos; pero cada
época tiene sus exigencias, y la presente exige á
los buenos ciudadanos un acuerdo y una tregua
para afirmar y garantir las preciadas conquistas
realizadas en el transcurso de algunos meses, sin
exponerlas á los azares y peiigros de una lucha
electoral que podría muy bien dejaren tierra fértil
el gérmen de nuevas perturbaciones y dar base y
ocasión á reacciones funestísimas.
«Trégua á las pasiones y supresión de Ja lucha,
para que el gobierno del general Tajes pueda se-
guir consagrado «á trabajar en paz por los intere-
ses de la patria». Trégua á las pasiones y supre-
sión de la lucha para garantirnos siquiera, por la
sucesión regular de los gobiernos, obra de todos y
por todos aceptadas, oíros tantos años de paz fe-
cunda y de labor honrada, como los que hemos
sufrido de paz ignominiosa y de disipación sin
ejemplo. Hé ahí cuál debe ser nuestra bandera y
cuál nuestro propósito á que debemos consagrar
lüü
SETEMBRINO E. PEREDA
una abnegación sin límites, formulada en estos
términos: « Con nosotros ó sin. nosotros, afiáncese
la obra de reparación bajo tan felices auspicios
comenzada.»
i «Tomemos esa iniciativa, resolvamos esa acti-
tud,— y es tan popular y tan patriótico el pensa-
miento— se impone de tal modo á todas las con-
ciencias honradas, que me atrevo á decir sin temer
de ser paradojal, habremos, no resuelto, sinó de-
cretado la conciliación electoral y afianzado por
muchos años la paz y el bienestar de la República.»
El doctor Juan Carlos Blanco, apoyando esas
ideas, empezaba asi:
«Las manifestaciones con que ha sido recibida
por esta imponente Asamblea la lectura de la de-
claratoria suscrita por número considerable de
ciudadanos, prueba que si puede caber controver-
sia en cuanto á los medios de llevar á ejecución el
pensamiento, no cabe de ninguna manera en cuan-
to al pensamiento en si mismo cíe la conciliación
electoral, única forma, señores, de dar solución pa-
triótica y levantada á la crisis próxima de Noviem
bre.»
Y agregaba, casi al terminar su discurso:
«Sólo ó acompañado, bajo la bandera de la eón-
cilíación electoral ó bajo la suya exclusivamente,
que es bien amplia, el partido constitucional, seño-
res, ha de propender en la próxima lucha electo-
ral á que las urnas de los comicios no se convier-
tan, corno lo temía un ilustra correligionario, en
urnas funerarias de nuestras libertades y derechos,
sinó á que i llas sirvan para consagrar la vuelta
del ciudadano desterrado en *u propia patria y !a
vuelta de las instituciones sojuzgadas desde largos
años : or el régimen de la fuerza y délas dictadu-
ras oprobiosas.»
Otro de los oradores, el doctor De Maria, decia
por su parte:
t^aLa noble idea de la fraternidad cioica ha de
NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS
101
realizarse, debemos esperarlo, en una ú otra for-
ma, y si se realiza dando por resultado la consti-
tución de unas Cámaras en que tengan voz y voio
los partidos y que sean la representación legítima
y honrosa de todas las aspiraciones del país, ah!
entonces podremos enorgullecemos de nuestra
conducta, porque entonces la paz, la paz fecunda
de la libertad, estará. asegurada, las luchas del par-
lamento y de la prensa serán la válvula que dé
espansión á todas las ideas, no habrá proscripto-
res ni proscriptos, el sudor del pueblo que trabaja
no tendrá que alimentar las concupiscencias re-
pugnantes de los explotadores de las desgracias
públicas, la fuerza armada no volverá á alzarse
criminal y traidora contra la autoridad soberana
de las leyes, y sobre todo, no veremos ya más á
un soldado oscuro, pigmeo elevado á las alturas
por I \ marea de la descomposición social, tratar á
nuestra patria como á pais conquistado y entre-
garla al saqueo, convertido, ¡oh vergüenza! en sis-
tema de gobierno!»)
Pues bien: lo que el doctor Pena créé hoy reali-
zable para la lucha electoral á iniciarse, lo creían
y propusieron sus más conspicuos correligionarios
de la capital, — hace seis años, — y es de todos sabi-
do el resultado que se obtuvo con tan patriótica y
plausible iniciativa. — El partido dominante, que
maneja ásu entero capricho el mecanismo electo-
ral, malogró el pensamiento concebido; porque
para 61 era innecesaria y un estorbo la concilia-
ción cívica, desde que dispone de recursos sufi-
cientes para imperar en las esferas del gobierno
y triunfar en los comicios,— puesto que los Regis
tros Cívicos son el patrimonio exclusivo, como lo
reconoció ni Presidente de la República en el
Mensaje que trae á la memoria el doctor Pena,
son el patrimonio exclusivo, decimos, de una do-
cena de ciudadanos ocg se complot a y apodkra
DE ÉL.
102
SETEMBRINO B. PEREDA
De ahí que rechazara toda transacción é impu-
siera su voluntad, elijiendo de motu propio á los
ciudadanos que debían figurar en las Cámaras
como representantes de los partidos de oposición.
El Constitucional tuvo una inmensa minoría de
sus afiliados en el Cuerpo Legislativo y aunque
algunos de ellos aportaron un capital de inteligen-
cia y de civismo, no eran, sin embargo, sus legíti-
mos representantes, pues que su elección no fué
hija de la decisión ni del voto de sus correligiona-
rios.
¿ No opina el doctor Pena que otro tanto aconte-
cerá si se ii.icia un acercamiento entre las agru-
paciones políticas que en la actualidad dividen la
opinión del pe ís, para ponerse de acuerdo respec-
to á los comicios de Noviembre?
Los partidos tradicionales uo están educados en
la escuela de la fraternidad: han nacido en medio
el humo y el fragor de las luchas fratricidas; no
han perseguido ideales avanzados, sinó .tenden-
cias aviesas: — la dominación del uno sobre el
otro, el manejo y absorción de la cosa pública
han sido su sueño dorado de siempre.
Por consiguiente, no están preparados, ni pue-
den estar dispuestos, — al ménos el dominante, — á
sellar el pacto ih» una conciliación cívica, aunque
sea transitoria, entrando en ella el Partido Cons-
titucional, que es el adversario de ámbos, puesto
que á los dos les combate por juzgar un acto pa-
triótico trabajar ph pró de su extinción.
Y miéntras esas agrupaciones políticas no des-
aparezcan, será pencar en ideales irrealizables,
será buscar un desiderátum muy lejano, será, en
una palabra, vivir de simples ópticas ilusorias si
se imagina encontrar la legalidad del sufragio en
una coalición que siempre ha fracasado por impo-
sible. Pero no es el Partido Constitucional el lla-
mado á ejercer, tan poderosa influencia, porque ha
perdido ya su oportunidad y con ella su razón de
NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS
103
ser y su prestigio. Si sus elementos dirigentes
hubieran sido más activos, en vez de convertirse
en marmotas de la política, en meros espectado-
res de los hechos, ó en representantes postizos de
su partido, como los llama el doctor Pena, aguar-
dándolo todo del poder de las ideas y del lirismo
de la prensa, — la idea de la concordia y del civis-
mo habría muerto al espíritu de los partidos per-
sonales, que nada significan ante la magestad de
la ley y el amor á la Patria.
Además, como muy bien lo dice el doctor José
Pedro Ramírez, falta al Partido Constitucional,
elemento político para un partido militante; ese
es el hecho que se impone y contra el cual no po -
demos rebelarnos; y un partido que no milite, em-
pieza á ser un anacronismo en la actual situación
del pais.
No nos pag-iemos de los hermosas palabras, no
rindamos fervoroso culto á los programas litera-
rios con barniz de polínica, máxime cuando son
hijos de circunstancias dadas y no hacen más que
bosquejar someramente aspiraciones patrióticas,
muy aplausibles, es cierto, pero también muy defi-
cientes y reemplazables por otras más ámplias y
definidas.
Con sobrado fundamento expresó también dicho
distinguido compatriota en la carta que nos di-
rije:
«Si los sucesos y las conveniencias publicas
aconsejan que disolvamos ese organismo á que
hemos vivido identificados durante dos lustros,
debemos disolverlo, sin modificaciones de amor
propio y sin repugnancias pueriles, dispuestos á
llevar á la causa del bien individualmente, todos y
cada uno, bajo otra organización cualquiera que
mejor responda á las necesidades y á las conve-
niencias de las nuevas situaciones, ¿a misma pu-
reza de intenciones y el mismo anhelo patriótico.*
104 SETEMBRINO E. PEREDA
El doctor Pena cree que la muerte del Partido
Constitucional resucitará los viejos odios partidis-
tas hoy adormecidos ó extinguidos.
Cómo! ¿No reconoce este ilustrado amigo que
ellos se han modificado, debido, entre otras cau-
sas, d s tu- propios elementos dirijentes y á reacciones
sur/idas de su propio seno? Si es así, mal pueden
retrogradar, volviendo á los memorables tiempos
aquellos en que hasta el sexo femenino tomaba á
sangre y fuego lo de blancos y colorados; en que
las casas se pintaban con los colores que simboli-
zaran uno y otro partido; en que la niñez aprendía
desde la cuna á maldecir y aborrecer al parvulillo
de la vecindad, y ostentaba en el sombrero ó gorra
que usara un cintillo de los de Oribe ó Rivera, se-
gún la opinión política de sus progenitores.
No; no es posible imaginarse ni pensaren tales
cosas. — Los partidos tradicionales han recibido
severas lecciones en su larga y tormentosa exis-
tencia para que cometan la locura de volver alas
andadas Y en la hipótesis de que agitasen el pen-
dón de guerra, ya abatido desde Abril de 1872,
peor para ellos: decretarían su propia muerte con
tan temerario proceder, dando una vez más razón
á los que hemos luchado por que se disuelvan.
No cabe duda, empero, que los bien entendidos
intereses del paísexijen su desaparición.
Es cierto,— como dijera Juan Cruz Várela,—
que es muy difícil el desarraigo de las preocupa-
ciones y que una de las habitudes más funestas es
la de persuadirse maquinalmente que lo que ha
durado largo tiempo debe durar siempre, pues que
la existencia de un día establece un derecho para
el día siguiente
Este principio, que es aplicable indistintamente
á la religión ó & la política, le cuadra á los que to-
davía se titulan blancos ó colorados. Ambos parti-
dos, muertos sus caudillos principales, debieron
haber desaparecido, porque uno respondía á las
NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 105
instigaciones y tendencias de don Manuel Oribe y
otro á las de don Fructuoso Rivera. Dados los
adelantos de nuestra época, constituyen, on conse-
cuencia, un verdadero anacronismo.
El doctor Miguel Herrera y Obes, actual Presi-
dente de la Cámara de Representantes de la Re-
pública, combatiendo esas agrupaciones, vertió
estos sensatos conceptos:
«Los partidos colorado y blanco, son partidos de
pasiones; y si queréis ser hombres de principios,
no seáis jamás partidarios personales.
«Los partidos actuales con sus divisas de guerra
arrancadas al pasado, deben ser relegados por la
Juventud innovadora de nuestra época al juicio
imparcial é inapelable de la historia. Es preciso
trabajar en política sobre una base más sólida y
con horizontes más vastos.
«Vengan enhorabuena los partidos, coexistan,
luchen en la prensa y en las urnas por el triunfo de
sus propósitos en la opinión del país; nada más
razonable, nada más justo. Pero que sean partidos
que simbolicen principios y traigan á sus luchas la
luz de alguna idea,ó el beneficio moralde algún pro-
greso;y no partidos como nuestros bandos militan-
tes, que emanados directamente de personalidades
no han hecho otra cosa en el espacio de tantos
años de combate, que arruinar y destruir los intere-
ses morales y materiales del país »
¿Y cuáles son esos partidos que respondan á
principios y no á simples personalidades? que
puedan coexistir en el tiempo, por responder á,
ideas radicalmente opuestas y no al espíritu de
banderías cual las agrupaciones cuya existencia
combatimos?
No otros, en nuestro sentir, como que ya lo he-
mos dicho, sinó el Partido Liberal y el Partido
Ultramontano, Católico ó Clerical, y en el primero
pueden caber todas las aspiraciones avanzadas.
106 SETEMBRINO E. PEREDA
Otro de los temores del doctor Pena consiste en
que la juventud, disuelto el Partido Constitucional,
ingrese en las filas de las agrupaciones tradicio-
nales.
4 Y en qué se funda para suponerlo? Los avan-
zadas principios por éste sostenidos en el espacio
de trece años alejan de la realidad semejante su-
posición.
Si para los ciudadanos que en 1880 se separaron
de ellos, volver á su seno significaría una claudica-
ción, una apostasía, un verdadero descenso cívico,
porque declararon pública y solemnemente desli-
garse para siempre de los antiguos partidos, — para
los elementos jóvenes, nacidos á la vida política
bajo la sombra de la bandera de las instituciones
libres, importaría un lamentable retroces*), una
obsesión moral injustificable.
Ño creemos, por lo tanto, que pueda existir ese
peligro.
Por otra parte, los que tal hicieran, nunca ha-
brían sido amigos sinceros del Partido Constitu-
cional ni podrían tener honesta cabida en ninguno
de los bandos referidos.
Los partidos necesitan hombres resueltos y cons-
cientes, afiliados que no sean pan y agua al propio
tiempo, gente que hable y que obre, ciudadanos
que sean capaces de sacrificarse por ellos en todos
los terrenos y circunstancias, que luchen á cara
descubierta y no oculto el rostro con el antifáz de
la hipocresía:— y los hombres valen por lo que
son, no por lo que aparentan ser.
La juventud en nuestros días, formada en la es-
cuela de la experiencia; que ha visto levantarse y
caer a tantas funestas personalidades; que sabe lo
que cuestan al pais los rencores y luchas partidis-
tas; ella que ha nutrido su inteligencia con la savia
de las provechosa? enseñanzas, en las bancas uni-
versitarias, donde se predican las más adelanta-
das doctrinas, no puede comprometer con un tras*
NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 107
piés político, indigno de su cultura y patriotismo,
los progresos y el porvenir de la Nación,
No; -us aspiraciones son y tienen que ser más
progresistas y generosas: el pasado á la Historia,
los muertos á ¿a Necrópolis: y ella no puede cons-
tituirse en exhumadora de recuerdos que deben
dormir eternamente el sueño del olvido, ó evocarse
á la mente para recibir sus rudas enseñanzas, para
huir espantados ante el espectro horrible de un
ayer lleno de luto y de ignominias; porque las in-
marcesibles glorias, los hechos que honran Ja Pa-
tria, las altas manifestación' s del patriotismo, no
son patrimonio exclusivo de los bandos persona-
les, sinódel pueblo, del pais entero, encarnado en
los proceres de nuestra emancipación política y
en losados heroicos en defensa de su civilización
y propia autonomía.
No arrojemos, pues, la más mínima sombra de
duda sobre nuestra ilustrada y digna juventud; ella
ha de mantenerse consecuente y pura como lo
prescriben e imponen las reglas del deber cívico
y los avanzados principios que profesa.
Aunemos, sí, nuestras voluntadas, pero no para
proponer ó aceptar un pacto que puede ser indeco-
roso ó efímero; aunémosnos para trabajar en bien
de la patria; mantengamos inmaculada la vestal
de nuestras creencias; pero aunémoslas para for-
mar parte de un partido de programa conclu ente,
que sea el éco fiel de las tendencias y propósitos
de todos sus afiliados y que no dé mán?eñ á que se
dividan en campos opuestos en momentos dados,
só pretexto de que los p'iriidos del porvenir nace-
rán de las necesidades del porvenir.
Serán muy radicales nuestras ideas, no importa:
las vacilaciones pueriles, ios términos medios, las
contemporizaciones cobardes, fruto de la pusila-
nimidad de espíritu y de la falta de carácter, no
nos tendrán jamás entre sus sostenedores.
y si esta propaganda, hija de nuestra sincerdad
108
SETEMBRINO E. PEREDA
de miras, y que responde al más puro patriotismo
no encontrase éco en la opinión, no por eso hemos
de desmayar: la lucha es ley de la existencia de
individuos y pueblos— se ha dicho— y á ella esta-
mos habituados.
Prepárese para muchas decepciones, nos decia
el doctor Melián Lañnur, con fecha 20 de Enero
último, y agregaba en su excesiva benevolencia:
•Los hombres como usted, desgraciadamente, son
pocos.»— Y el 6 del corriente, en vista de nuestra
actitud pública, nos recuerda esas palabras, y dice:
«Las decepciones que le he anunciado las vá á
experimentar usted ahora más de cerca. Ya verál»
Tal vez el doctor Lafinur tenga razón; pero si se
realizan sus vaticinios, no arriaremos por eso, co-
bardemente, la bandera de la santa causa que de-
fendemos.
Por otra parte, su honrosa y buena compañía ya
es un estimulo para no desfallecer en la lucha.
El doctor Laftnur con su opúsculo Exégesis de
banderías ha hecho el proceso de los viejos parti-
dos, poniendo una vez más de manifiesto ante la
faz del país los desastrosos efectos que ellos han
producido en todas las épocas.
Por eso ha encontrado la mejor acojida por
parle del pueblo, y su edición de más de mil ejem-
plares se agotó en el espacio de 48 horas.
Las buenas ideas, por más óbices que se le pon-
gan, se abren siempre camino, máxime cuando se
las imprime el sello de la sinceridad ó son dictadas
por la austeridad cívica.
¿Qué son los partidos entre nosotros? ¿Qué re-
presentan? ¿Qué méritos tienen á la consideración
pública? ¿Cuáles son ^sus verdaderas tendencias?
Los blancos viven todavía pensando en Oribe y
Paysandú, los colorados en Rivera y la Defensa;
y los pocos constitucionales de buena fé que que-
dan, creen cumplir una misión patriótica invocan-
do la frase aquella: > todavía está allí! pronunciada
t NÍ RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 109
hace trece años, en medio el entusiasmo que pro-
dujo el despertar del patriotismo del sueño de un
lustro luctuoso y lleno de vergüenza y de infamias,
—como si evocando la memoria de los muertos,
las datas ignominiosas 6 los hechos que irradian
resplandores de gloria enrojecidos por la sangre
de las víctimas inmoladas en su holocausto, se
resolviese el problema que ha de mejorar el pre-
sente y asegurar á ta Nación un porvenir bonau •
cible, próspero y feliz.
El país lo que necesita son más hechos y ménos
palabras; que los principios se sobrepongan á las
pasiones; que las leyes se cumplan, por deficientes
quesean; que haya ménos ambiciones personales
6 de círculo; que los orientales antepongan el
amor sacrosanto de la patria al insano interés de
encumbrarse en el poder, cueste lo que cueste, sin
reparar en medios; que la empleomanía no marée
tantas cabezas inteligentes, que se malogran por
efecto de su falta de equilibrio moral; que no se
haga un modas vioendide loque debiera hacerse
una obra de utilidad pública, en una palabra, — que
las agrupaciones políticas encarnen elevados pro-
pósitos, respondiendo á fines prácticos, progresis-
tas y honestos, y no á miras estrechas y men-
guadas.
Cuando esto suceda, ro habrá necesidad de
buscar los acuerdos ó evoluciones, porque el ejer-
cicio del sufragio no girará dentro de un círculo
vicioso y el partido dominante respetará la opinión
nacional y las leyes que rigen su vida democrática.
Entonces no veremos el tri.-tey nada edificante
ejemplo de que sean los gobiernos . los electores ó
que el mecanismo electoral se halle en manos de
una docena de audaces afortunados.
Sin embargo, como muy bien lo observa el doc-
tor Lafinur en su mencionado folleto, las influen-
cias, que pudieran ser benéficas, no se dejan sentir;
los que debieran hablar, callan; los egoísmos pre-
110
SETKMBRINü E. PEREDA
dominan: unos, porque les conviene para sus fines
de política lucrativa; otros, por celos y mezquinas
rivalidades los más, por desencanto, por cansan-
cio y falta de fé en la obra á emprenderse, — todos
rehuyen la labor proficua de una iniciativa que el
país reclama.
El civismo exije, pues, una suma mayor de acti-
vidad y energía: se requiere salir de la inacción,
aunar las buenas voluntades, encarar sin vacila-
ciones pueriles y antipatrióticas las iniciativas que
se imponen por la situación anormal en que vivi-
mos y dejar de lado el culto á las divisas, á los
nombres y á las tradiciones funestas.
Para ello es menester sepultar el pasado en el
panteón de la.historia; ser, antes que partidario in-
transigente, patriota abnegado, para quien los al-
tos intereses del país se encuentran por encima de
las afecciones hereditarias de familia,— que las
opiniones deben ser el fruto de un maduro criterio,
hijas de la reflexión, y no la herencia de padres á
hijos, pues qüe las ideas, para que sean conscien-
tes, tienen que apoyarse en la razón y la lógica.
Lo que nosotros nos esforzamos en probar, no
es, por otra parte, como se ha dicho, que los par-
tidos no deban existir, sino que los partidos blanco
y colorado deben dejar su puesto á otros partidos
que respondan mejor á las aspiraciones y tenden-
cias de la época; lo que deseamos hacer compren-
der, es que si existieron causas que dieron por
resultado la formación de esos partidos, el trans-
curso del tiempo ha de tal manera modificado esas
causas, que hoy esos partidos, en nuestra socie-
dad, son un anacronismo.
¿A qué, en consecuencia, pretender eternizar su
existencia, cuando ello importa un estacionarismo
que no se aviene con el progreso de las ideas de
nuestros días?
El doctor Cárlos María Ramírez, discutiendo
hace veintidós años estas mismas cuestiones con
NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS
111
don Agustín de Vedia, cuando la guerra civil diez-
maba la campaña y perturbaba profundamente el
orden público, aunque jó ven entonces, aleccionado
ya por la ruda éxperieucia de hechos de doloi osa
recordación y de reciente data, juzgando á dichos
partidos, decía con propiedad y elocuencia:
«El señor de Vedia ha sido periodista del par-
tido nacional, como nosotros lo hemos sido del
partido liberal.»
¿Hay alguien que se engañe de esas denom na-
ciones farsáicas? preguntaba, y luego agregaba:
Partido nacional, partido blanco.
Partido liberal, partido colorado.
No se necesita estar muy imbuido en el álgebra
de la política oriental para saber esas ecuaciones
de memoria.
Y ya que hemos dicho denominaciones farsáicas,
debemos explicar nuestro pensamiento.
Para nosotros, tanto un partido como el otro,
son partidos nacionales', y son partidos liberales.
Ambos quieren la independencia, aunque ámbos
la hayan menoscabado j ultrajado con la alterna-
tiva aceptación de las intervenciones estranjeras.
Ambos quieren la libertad, aúnque ámbos la ha-
yan destruido y deshonrado alternativamente, no
alcanzando á comprenderla ó á gozarla, sinó con
la subyugación de un partido por el otro.
Ambos quieren la independencia y la libertad,
aúnque sus pasiones, sus resábios y sus elementos
exclusivos, ya no pueden garantir la independen-
cia ni fundar la libertad.
Hágase lo que se haga, y dígase lo que se di^a,
miéntras los partidos conserven su organización
actual, el partido blanco será el partido de Oribe
y de Pereyra, como el partido colorado será el
partido de Rivera y de Flores.
El señor de Vedia ha sostenido algunas veces
que sobre las ruinas de Paysandú se meció la cuna
heróica de un partido nuevo; profesamos gran
112
SETEMBRINO E. PEREDA
respeto á la defensa de Paysandú, y no de ahora,
sino de siempre, ha de saberlo el señor de Vedia;
partidario todavía, asistíamos á los funerales de
Leandro Gómez, bajo el imperio de la intolerante
Dictadura; — pero estamos profundamente conven-
cidos de que. ningún episodio de nuestras guerras
civiles puede dar programa de administración^ de
gobierno y de progreso á un partido de principios y
de Orden.
La defensa de Paysandú, la defensa de Monte
video, sen tradiciones sublimes que santificará la
historia y que debemos venerar eternamente como
hechos extraordinarios y aislados donde se revela
el heroismo y la grandeza de las generaciones
orientales, en medio del abatimiento y el extravio
que los pierden; consolador indicio de lo que serán
capaces cuando se regeneren en la fuente de la li-
bertad y de la paz
Elevada á programa de partido, la tradición de
Montevideo ó la tradición de Paysandú, solo sig-
nifica la amenaza de los atentados y violencias
que fueron virtudes sublimes en la desesperación
de una gran lucha^y la perpetuación de formida-
bU s pasiones que solo pueden justificarse y ser
benéficas «m circunstancias perfectamente análo-
gas á las circunstancias bajo cuyo imperio ger-
minaron.
Para que la defensa de Montevideo sirviese de
fuente ¿e vidaá un verdadero partido, seria nece-
sario que Rosas, ó algo parecido á Rosas, existie-
se en el Río de la Plata; y no existe ni volverá á
existir, debemos suponerlo por decoro.
Para que la defensa de Paysandú á su vez sir-
viese de fuente de vida á un verdadero partido, se-
ría necesario que estuviésemos en permanente
guerra con el Brasil; y no lo estamos^ ni desea es-
tarlo nadie, cuando la misma reacción del partido
blanco ha incluido en su programa la perfecta paz
con los vecinos.
NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 113
Montevideo y Paysandú no son tradiciones polí-
ticas, son tradiciones guerreras, como pueden
serlo para Francia las de Rolando y Juana de
Arco, ó para Inglaterra la de Arturo, ó la de Pela-
yo para España.»
«Y completaremos nuestro pensamiento con
franqueza, concluía diciendo el doctor Ramírez:
Montevideo y Paysandú no son tradiciones de
partido, sino tradiciones del país, tradiciones emi-
nentemente nacionales, »
Nosotros opinamos otro tanto, y por consiguien-
te no podemos admitir que se invoquen á cada paso
ámbos hechos como patrimonio exclusivo del
partidismo personal.
El heroísmo no es una novedad en el país, ni es
hijo peculiar de tal ó cual partido; en las luchas
por la independencia, en las contiendas fratricidas
en cuantas ocasiones se han presentado de pro-
ar el valor de los orientales, se ha encontrado en
ellos un temple varonil que ha rayado en la teme-
ridad, tanto en uno como en otro bando.
¿ Qué extraño, pues, que lo haya habido, ya den-
tro de los muros de Montevideo ó en las trincheras
de Pays inda ? Ahora lo que falta demostrar con
hechos que se impongan, es que existe el patrio-
tismo, que hay patriotas y no comediantes de la
política, capaces de encarrilar los lestinos nacio-
nales por la vía de su engrandecimiento, asegu-
rando la paz en el derecho y el órdenen la liber-
tad, — y no de precipitarle aun abismo, exponiendo
no solo la pérdida del crédito en el exterior, sino
lo que es > un más caro para todos: la independen -
cia patria.
El Partido Constitucional incurrió, en nuestro
concepto, en el gravísimo error de exigir, cuando
los recuerdos estaban latentes, se renegase de las
ideas y tradiciones por que blancos y colorados ha-
bían combatido durante varias décadas, cuando lo
que debiera haber exigido de sus miembros no era
9
114
SF.TKMBR1N0 E. PEREDA
otra cosa que la unión, la concordia y el olvido de
los errores y rencores del pasado, dejando á cada
cual con su criterio histórico.
En los Partidos Liberal y Ultramontano, que
hemos proclamado, pódrian, en cambio, tener
cabida, sin achurar de sus creencias antiguas, los
ciudadanos que profesen uno ú otro principio en
materia política y religiosa,es decir, blancos, colo-
rados y constitucionales; porque en las tres colec-
tividades políticas existen liberales y católicos, lo
cual constituye un contrasentido inexplicable,
principalmente tratándose de los segundos, cuya
prensa sostiene que profesan las mismas ideas
por nosotros expuestas con antelación siendo
esta una simple afirmación gratuita.
Los principales hombres de los viejos partido?,
como lo demuestra el doctor Laíinur en su impor-
tante opúsculo, han reconocido en distintas épocas
lo antipatriótico de sus fines y de los medios de
que echan mano para subir y sostenerse en el Go-
bierno.
El fraude electoral, la coacción oficial, el predo-
minio en las urnas de unos cuantos ambiciosos
vulgares, pescadores en rio revuelto,— mientras
ellos no desaparezcan, — pues es imposible que se
opere en »u seno una reacción radical y benéfica,
dadas sus tendencias y entrañable amor al tradi-
cionalismo, — tendrán que dejarse sentir desgracia-
damente, aunque se dicten leyes que tiendan á ga-
rantir la libertad política y por más que los pode-
res públicos hagan manifestaciones múltiples de
prescindencia absoluta, ó de fino cariño y respecto
a la legalidad del sufragio; porque no conviene á
aquellos ni á su círculo exponerse" á una derrota
en el terreno de la lucha cívica.
Es que el ideal que se persigue no es aquel que
NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 115
inspira el patriotismo, sino el que aconsejan los
intereses personales ó de partido, que responde á
asegurar para hoy, para mañana, para pasado y
para toda la vida la tan codiciada pitanza que tan-
tos males ha causado al país.
Es que todas las miradas se tienen constante-
mente fijas en los puestos públicos, á los que van
por lo común los más ineptos y ménos dignos, pre-
cisamente porque ellos son los que sirven tanto
para un fregado como para un barrido, prestán-
dose á cuanto se les exije.
Es que los hombres de carácter, los ciudadanos
austeros, de una sola pieza, que no doblegan la
cerviz sino ante la magestad de las instituciones
libres, no abundan entre nosotros, y los que exis**
ten representan el papel de monstruos para los que
manejan las riendas del Estado, — y lo represen-
tan, no por que en realidad lo sean, sinó porque
servirían de estorbo á muchas, á muchísimas in-
dignidades, — al leonino manejo de Jos dineros
públicos, á la comisión de compadrazgos que de-
primen nuestra cultura de pueblo civilizado, á las
groseras farsas con que se pretende embaucar á
los habitantes del país, por los que hacen un uso
censui ab o de la influencia que les dá la investidu-
ra que ejercen, etc., etc.
¿Qué pueden, por consiguiente, ofrecer de bueno
al país los ctctuales partidos, — nos referimos á los
que tuvieron su origen en Oribe y Rivera,— que le
hagan entrever un porvenir cuyo cielo se halle di-
sipado de nubes sombrías, presagio de tempesta-
des políticas, que conducen al caos y & la banca
rota general?
hay tudavia juventud que se llama blanca ó
colorada!
Blanca! por qué? ¿por que sus antepasados mi-
litaron con los caudillos de divisa blanca?
Colorada! 'por qué? ¿por que sus antepasados mi-
litaron con los caudillos de divisa colorada?
116
SETEMBR1N0 E. PEREDA
¿Ese es un motivo, una razón que justifique su
Ímrticipación ó alistamiento en las filas de los
>andos que han sido el infortunio del país y que
con sus actos han puesto en inminente riesgo de
perder la Independencia Nacional, que tan cruen-
tas luchas y rudos sacrificios costara á los patri-
cios del año 25?
El doctor Gregorio Pérez Gomar, aterrado an-
te el espectáculo de la contienda armado y el do-
minio que siempre han tenido los ménos sobre los
más cultos, escribió un dia estas frases, dignas de
recordación y de ser meditadas por los hombres
jóvenes y patr otas:
«Suele verse un joven estudioso é inteligente,
bajo las inmediatas órdenes de un ignorante que
hace gala de rigor.
«La ley desaparece ante las ordenanzas milita-
res, y si venida ta tregua se ejercen los derechos
políticos, el jefe militar recuerda su influencia y
amenaza con ella para imponer su voluntad.
«Y así los partidos hacen algo peor que la des-
gracia del país: causan au degradación y el envi-
lecí miento de los ciudadanos.
«¿Y puede ser libre el país envilecido?
«¿Es así como se entiende la libertad que todos
amamos?
«¡No!» ¡Ay de los que se creen egoistamente
garantidos por su posición, por sus influencias, por
sus medios de fortuna! Ellos miran con indiferencia
la falla de libertad, porque creen que no necesitan
de es<i conquista de las instituciones, y olvidan que
todo es instable en el mundo: posición, influencias,
fortuna, todo es perecedero; mañana tal vez os
tocará á vosotros ser azot «dos por el látigo del jefe
militar, ser el juguete de los ambiciosos, y si á
vosotros mismos no os sucede, ¿quién garante á
vuestros hijos?
«Pero si & todos, pobres y ricos, grandes y
humildes, nos proteje la libertad garantida por
NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 1\7
instituciones eficaces, cualesquiera que sean las
vicisitudes de la vida, nuestro honor, nuestros
derechos y nuestras acciones estarán garantidos.
«Nuestros partidos actuales, haciendo imposible
la libertad, amenazan á todos, aún á los más favo-
recidos por la fortuna, envilecen á los ciudadanos
y degradan al pais.
«Cuando dos clases se disputan la influencia
política y social para ser la una opresora de la
otra, no hay mas remedio que la justicia.
«Pero la primer manifestación de la justicia es la
libertad.
«Los partidos actuales no pueden dar ni tolerar
laTberiad.
«Luego, para que haya justicia, libertad y de-
más manifestaciones de esa idea, es necesario la
formación de un elemento nuevo capaz de produ-
cir una armonía.»
Hoy, sin embargo, ha cambiado en algo la situa-
ción que con pincelada maestra nos pinta el doctor
Pérez Gomar, pues el elemento militar, á p» sar del
motin del 75, la dictadura de Latorrey el desgo-
bierno de Sar tos, ha reaccionado en sentido del
bien, y vive ménos distanciado que ántescon el
elemento civil; pero en caso de guerra, por imperio
de la ley, aquel primará sobre éste, y teniendo;
como tienen, en sus manos la fuerza, si no se hace
una verdad de la fraternidad cívica y del reinado
de la ley, será él el que gobierne y no la opinión
pública ni el voto consciente de las mayorias en el
ejercicio de sus derechos políticos.
Los gobiernos de partido, aunque sean civiles,
necesitan del militarismo para sostenerse. De ahi
que se le halague de mil modos, ya regalando
grados á la marchanta, ya pagando sueldo íntegro
á los que no hacen servicio activo, ya, en fin,
teniéndole presente en las más solemnes delibera-
ciones, para que, cual la espada que sorprendiera
al cortesano de Dionisio, no penda sobre la cabeza
118 SETEMÉRINO E. PEREDA
del primer magistrado de la Nación, como pendió
sobre la del tirano de Siracusa.
Los partidos populares, que se alimenten de
principios y no de personalidades, que busquen los
hombres para los puestos y no los puestos páralos
hombres, que antepongan al servilismo el patrio-
tismo, son los que han de modificar y extirpar
esos hábitos perniciosos, matando las pasiones
bastardas, que tienen minada nuestra sociabilidad
política.
El Partido Constitucional, como lo hemos ya
dicho, ha cooperado eficazmente, á pesar de todo,
aúnque más no sea que ostensiblemente, á educar
ese espíritu estrecho de círculo; pero su propagan-
da y sus esfuerzos, ya por desidia de sus llamadas
cabezas dirigentes, ora por la nebulosidad y defi -
ciencia de su programa, no ha logrado imponerse
de una manera decisiva.
Por eso sobre sus cenizas — pues no creemos
tenga la virtud de convertirse en un nuevo Lázaro,
— hemos sometido á la consideración de tos hom-
bres pensadores y patriotas del pais la idea de
formar los dos partidos posibles y lógicos entre
nosotros: el Liberal y el Clerical.
Debemos, no obstante, ampliar nuestro pensa-
miento, para que sea mejor comprendido y no deje
lugar á dudas.
No pretendemos con la creación del partido
liberal, frente al partido ultramontano, sembrar el
cisma en el seno de las familias, naqueremos ha-
cer de una colectividad política un bando de lucha
turbulenta y demoledora,— que los debates filosófi-
cos é históricos sobre materia religiosa, si han de
sostenerse de continuo en la tribuna ó en la prensa,
— quedan para los clubs sociales que se constitu-
yan ó existan y no para dicho partido, que si bien,
llegado el caso, se pondría de rñé par* defender y
hacer triunfar sus principios proclamados, bastaría
por el momento, para completar su programa,
NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS
119
incorporar á él, además de la libertad política y de
la libertad civil, la libertad de conciencia, — la
iglesia libre es el Estado libre, según la fórmula
de Cavour,— la libertad de cultos.
Este es un principio universalmente reconocido,
y, por lo tanto, su enunciación no puede sorprender
á nadie.
Solo los timoratos ó los indiferentes pueden no
creerlo así, empero sostenerlo los más eminentes
tratadistas de derecho constitucional.
A la juventud ilustrada le incumbe en primer
lugar el deber de trabajar por que se haga carne
esta idea, porque es ella la esperanza de la Repú-
blica y la llamada á ser, como en otras épocas, la
porta-estandarte de la libertad.
Ella no puede permanecer estacionaria ni vivir
con el recuerdo de los muertos.
Que Oribe, uno de los próceres de nuestra
emancipación política, mas tarde aliado del tirano
Rosas;Rivera, queá pesar de los títulos que habia
conquistado para con sus amigos de causa, tuvo
que ser extrañado á Rio Janeiro, por su conducta
en Maldonado; Flores asesinado por sus propios
protejidos, guiados de ambiciones desmedidas,
soldado de la Defensa y general en Jefe de la
Cruzada; Aparicio, 3l prototipo de la ignorancia, y
Gregorio Suárez, su digno rival, lograran ponerse
al frente de dos poderosos ejércitos, efecto del
extravío de las pasiones que ciegan á. los hombres,
aún mismo á los inteligentes,— se explica, por más
que no se justifique, pues los ánimos se hallaban
hasta entonces enconados y las divisas y los
caudillos absorbían la preocupación de todo el
país, no obstante las manifestaciones aisladas y
efímeras del patriotismo— pero que en la actuali-
dad se rinda culto á las unas y los otros, eso no se
explica ni se justifica.
La meditada lectura del folleto del doctor Lafi-
nur así lo comprueba, y la juventud bien inspirada
120
SETEMBRINO E. PEREDA
debe leerlo y meditarlo; porque en él se hallan
desarrollados ampliamente, con un crudal de
datos históricos, de indisputable mérito, los princi-
pios que venimos propagando y que en nuestra
carta del 24 de Junio último, sometimos á la con-
sideración y al dictamen de varios de nuestros más
distinguidos compatriotas, miembros aVl partido á
que pertenecimos hasta hace poco y al cual hemos
servido con todo el entusiasmo y la sinceridad de
nuestra alma, quizás con más buena fé y sacrificios
que muchos de los que significan rendirle fervoro-
so culto.
El doctor Lafinur, en su Exégesis de banderías,
opina de perfecto acuerdo con nosotros: combate
los partidos tradicionales, juzga ineficaz la exis-
tencia del Partido Constitucional y vé un peligro
en los avances del clericalismo.
Por eso se lée en su página 20:
«¡Guay de la patria, si á la época actual de la
mistificación y la mentira, sucede la de la reacción
teocrátical
«Viniendo el mál de donde debiera venir la sal-
vación, no cabe exclamar: caveant cónsules; pero si
todavia hay pueblo, á él se le puede decir: despier-
ta! agregando la frase que en época moderna
engendró tantas y tan pasmosas energías: «lapa-
tria está en peligro*.
Sí, la patria está en peligro, y su salvación solo
depende de la muerte de los viejos bandos, de la
honradez administrativa, de la verdad del sufragio,
del patriot smo de los orientales y de la formación
de partidos populares que tengan rumbos fijos,
tendencias definidas y afiliados y decididos cons-
cientes, en vez de vividores y de hipócritas disfra-
zados con el antifaz de los principios.
Asi, y solo así marchará el país por el camina
de la paz, del engrandecimiento y de la libertad.
Finalmente, no basta predicar la buena doctrina,
adoptando el lema del jesuíta: haz lo que digo, más
NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 121
no lo que hajo; porque para ser creído, para consti-
tuir autoridad, es imprescindible, en política como
er religión ser apóstol con la palabra y el ejemplo.
Los partidarios de boquilla son más perjudicia-
les á una causa que sus propios adversarios, por-
que estos hieren de frente y aquellos por la es-
palda.
El Dr. Aramburú, después de recorrer la histo-
ria desde el origen de nuestros partidos, llega tam-
bién á la concesión de que no conviene que se di-
suelva el Partido Constitucional, porque disolver-
lo fuera dispersar una fuerza que puede ser üiil
en un momento dado.
Las fuerzas dispersas, dice, no tienen acción
eficiente ni en la naturaleza, ni en la dinámica so-
cial.
Convenido. — Pero para que exista esa fuerza es
preciso que las agrupaciones políticas que han de
constituirla no vivmi en la inactividad y que re-
vistan el carácter de militantes, si no quieren sui si-
darse por falta de vida propia, — y la constitucio-
nalista, optando por la inercia, pierde todo poder
de atracción.
¿A qué, entónces, sostener su existencia, si ella
será efímera y poco duradera?
Perseverar en el manifiesto de Mayo., como lo
desea el Dr. Aramburú, e?, por otra parte, incu-
rrir en el error de los tradicionalistas, que por no
separarse de las filas de los viejos bandos en que
han militado, no quieren obedecer á la ley natural
del progreso ¿de las ideas, sobre todo cuando la
más completa desorganización impera en su seno
En el número 4194 de La Razón, correspondien-
te al 11 de Febrero último, Un constitucional, dice
al respecto:
«Fuera vano negar que el constitucional está de-
122
SETEMBR1N0 E. PEREDA
sorganizado, y aúnque los otros están más ó mé-
nos lo mismo, no hay duda de que no tiene ya ra-
zón de ser un partido que proclamó como base de
su credo la emancipación de ¿os antiguos y la abo-
lición de sus dioísaSy con el objeto de reunir á todos
los hombres de principios bajo una sola aspira-
ción: la de cumplir los preceptos de la Constitu-
ción, llevando á los puestos públicos á los más
aptos por sus talentos y virtudes, sin otra filia-
ción
Pues bien: no se negará que ese programa ha si'
do cumplido en su parte doctrinaria, y que el triun-
fo de sus ideales ha sido completo. Sériamente,
ya no existen en el país ni blancos ni • colorados,
pues estos dos vocablos políticos nada significan
en sí y ningún espíritu sincero sabe la diferencia
que existe hoy entre ellos, ni cuáles son las ideas
y principios que los dividen. Y este estado de co-
sas viene de muy atrás, pues desde que subió La-
torre al poder, no puede decirse con rigurosa
exactitud que el país ha sido rejido únicamente por
gobiernos colorados y que los blancos han estado
alejados de él, puesto que hemos mxto á colorados y
blancos en el Gobierno y con el Gobierno, y blancos
y colorados fuera y en contra de él, lo que impli-
ca que no ha existido tal división de partidos y
que los colores de los poderes públicos han sido
como el de los helados panaenées. En rigor no ha
habido ni hay hoy sinó gubernistas y oposicionis-
tas, lo cual demuestra la impotencia de los parti-
dos antiguos para constituir por si solos la admi-
nistración pública, cuando en otros p lises los ver-
daderos partidos son organismos fuertes que no ne-
cesitan echar mano de elementos heterogéneos.
Para la mayoría despreocupada es pues, verdad
comprobada que los partidos blancos y colorados
no existen sériamente ni podrán reorganizarse,
porque se ha debilitado estremadamente el re-
cuerdo de sus orígenes y en el lejano cuadro apa-
NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 123
recen ya muy vagas las siluetas de Oribe y Rive-
ra. Es en balde que pretendan restaurarías con
nuevos frescos colores: la tela está gastada y la
pintura no muerde ya en ella. Solamente un con-
vencionalismo interesado puede perpetuar la deno-
minación de colorado, y la mayor parte de los que
asi se llaman, no son partidarios de Rivera y de
la defensa, sinó tajadistas del presupuesto».
Esta es una verdad amarga, ppro una verdad
al fin.
En nuestra carta datada el 24 de Junio de 1892,
dirigida al Dr. Melián Lafinur, es decir, ocho meses
ántes que Un constitucional, sosteníamos lo mismo
que él, ó sea: que el partido de las instituciones
libres ya no tenía razón de ser, porque había cum-
plido la misión que se impuso al fundarse en 1880.
Por ende, no veíamos ni vemos porqué se em-
peñan algunos de nuestros hombres de talento en
proclamar la necesidad de su no disolución, por
más que sean los primeros en no atreverse á inten-
tar su reorganización.
El ilustrado redactor de El Siglo, en su edito-
rial del 8 de Febrero ppdo., tomando en cuenta
nuestras primeras publicaciones, s* confirma en
sus anteriores juicios, y encuentra justa nuestra
observación de que creí constitucionalismo frente á
los partidos tradicionales, con la mira de absor-
bérseles ó desorganizarlos, contribuye en realidad
á mantenerlos en pié».
«No hay como una negación frente á una afir-
mación obstinada,dice para hacer durar el pleito y
prolongarlo más allá de donde habrían llevado sus
pretensiones uno y otro de los contendores.
Hoy, el probar que existen y tienen condiciones
de grandes partidos, contra la tésis contraria del
constitucionalismo, es una de las razones que
precaven contra el cisma y la disolución á los an-
tiguos bandos.
Esa perpetua pretensión de absorberlos y de de-
124
SETKMBRINO E. PEREDA
molerlos, quizá les evita, el que las excisiones que
se han producido en su seno no hayan sido más
duraderas y profundas.
Mientras que resulta cada vez más imnosible la
realización de esa tentativa de demolición: mien-
tras que hoy el constitucionalismo no puede aspi-
rar racionalmente á ensanchar sus filas, nos pa-
rece evidente la contribución indirecta que le lle-
va al tradicionalismo, poniéndosele en frente y
tan empecinado, en su negación como los otros
en su afirmación».
«La bandera del partido constitucional era am-
plia y hermosa, agrega, como para que todos pu-
dieran cubijarse á su sombra, pero ¿qué le hemos
de hacer si no han querido venir y si no hemos
podido impedir que en diez años de lucha se haya
vuelto á su vez bandera de un partido reducido, á
donde no vendrán ya á cobijarse los que hasta
ahora la han resistido?
El molde se ha vuelto estrecho para que en él
puedan vaciarse los anhelos y las aspiraciones po-
pulares. Los sucesos lo han ido usando y empeque-
ñecido, como pasa con todas las cosas.
Que no sea, pues, obstáculo á más robustas ma-
nifestaciones de opinión, como se necesitan y han
de venir, más tar'?e ó más temprano, para desper-
tar á este país de la apatía y de la anarquía en que
vive.»
¿Y cuáles han de ser esas robustas manifesta-
ciones de la opinión de que nos habla el Dr. Mar-
tínez? ¿Serán, por ventura, las que promueva la
unión cívica que proponen los Drs. Pena y Aram-
burú ?
¿Ha de formarse en el país, como álguien lo
insinúa, un nuevo partido, de carácter transitorio,
que se denomine Liga Patriótica^ ó coya así, para
que actúe en la lucha electoral á emprenderse?
Y el Partido Constitucional, ¿qué fué sinó una
NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 125
unión cívica para trabajar en pró del reinado de los
principios, sin rencores partidistas?
«Ah! Si tuviésemos aquí un Dr. A lem!» se ha
dicho. ¿Y para qué necesitamos de un Dr. Além,
cuando no faltan en el país hombres de ñbra y
patriotismo, sinó simplemente la unión de los
buenos ciudadanos?
El Dr. Além tiene talento y energía, pero ¿qué
ha hecho en su país que denote un saludable pro-
greso? La revolución de Julio fracasó por falta de
cabeza, y el movimiento político iniciado para la
elección presidencial no dió los resultados apete-
cidos. La Unión Cívica, fundada bajo tan lisonjeros
auspicios, se dividió bien pronto en Radical y Na-
cional, debilitando sus fuerzas y dando el triunfo á
los acuerdistas, que han llevado á la primera
magistratura del país vecino al Dr. Luis Saenz
Peña, persona muy honorable, hombre de notoria
ilustración; pero que carece de la energía suficiente
para afrontar con éxito una situación difícil cual
la que le ha tocado conjurar sin conseguirlo.
De ahí que pueda decirse de él lo que se ha dicho
de más de un mandatario: reina pero no gobierna.
Otros son pues, los parúdos y no los hombres
que se necesitan entre nosotros, y otras deben ser
las aspiraciones de ios ciudadanos honestos que
las de congregarse, sin un propósito estable,
arras, rados por las fuerzas de las circunstancias,
bajo la sombra de una bandera simpática, pero de
efectos contraproducentes.
Y no busquemos el ejemplo de la Argentina,
pi.rque allí el partido fundado por el Dr. Além,
está abocado á su desaparición: la anarquía tiene
minada su existencia.
En cuanto á la cuestión religiosa, manifiesta el
Dr. Aramburú ser de l> pinión del Dr. De -María.
Crée, por lo tanto, qu > peligran en la Repú-
blica las conquistas lib»
Lo que ya hemos exp «au nos relevaría de nue-
136
SETKMBR1N0 E. PEREDA
vas consideraciones; pero en obsequio á la causa
que sustentan os y á la verdad verdadera, agrega-
remos algunas más, que no tienen levante.
No peligran, y sin embargo, el Obispo católico,
Dr. Soler, según lo expresa el Dr. Laflnur, — «A
veces como general ó ministro de la guerra revista
las tropas, que abaten la bandera ante un escudo
que él tiene para su uso particular, y no es el es -
cudo de la Pátria».
No peligran, y el Ministro Bauza, más fanático
que el Papa, arrebata un terreno k la Junta del
Departamento de la Colonia para destinarlo á una
Iglesia.
No peligran, en fin, y acaba de ser separado de
su puesto de Agente Fiscal de Rocha el doctor
Castro y Barbosa, á quien le tenía ojeriza por no
comulgar en los mismos altares, como lo afirma el
funcionario destituido en su exposición publicada
el 25 de Febrero último en las columnas de La
Tribuna Popular.
¿ Y cuál fué el delito de éste ? Vamos á decirlo,
para que se comprenda la parcialidad y espíritu de
secta que han existido y que demuestran á las cla-
ras los bríos que toma en el Gobierno el clerica-
lismo.
Se le destituyó por omisión.
Dice el doctor Castro y Barbosa al respecto :
«La omisión era no haberme encontrado al ter-
minar las ferias en mi departamento.
¡ Irrisorio sarcasmo 1
% Habían ido acaso el doctor Schiaffino, el doctor
Caribaldi, el doctor Felipone? El doctor Goros-
tiza después de su traslado verificado el 22 de No-
viembre, recien se presenta el 17 de Febrero en el
Departamento de Treinta y Tres. ¿ Era solo el
Fiscal de Rocha el que había cometido la omi-
sión ?
Pretextos eran los que se buscaban,— la razón
estaba en otra parte.»
NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 127
La separación de dicho ciudadano sirvió para
que el Ministro Bauza diera colocación á otro de
sus correligionarios en materia religiosa.
Y si se quiere más, léase lo que dice el autor de
Exégesis de banderías:
((Los blancos y los colorados de consuno han
muerto la opinión pública que no se reconoce en
sus divisas. — Han engendrado menguadas y vul-
gares ambiciones en los pequeños, y la fatiga en
los buenos. Del cansancio se han aprovechado
los clericales; y hoy la República está entregada á
la mentira, á la indiferencia, que es la muerte del
alma, y al ultramontanismo»
No basta pues, negar una cosa para destruir la
afirmación contraria.
Convénzasenos con hechos que estamos equivo-
cados, pruébese que no peligran las conquistas li-
berales, y entónces confesaremos nuestro error. —
Pero miéntras esto no suceda, seguiremos bregan-
do con ahinco en el terreno que pisamos.
De cualquier modo, esto no obstaría á la forma-
ción del Partido Liberal, pues ya hemos dicho que
no entra en nuestras tendencias hacer de él un club
jacobino, sinó un partido de principios definidos é
inmutables.
Indudablemente la carta del Doctor Blanco es
un documento notable, que hace honor al recono-
cido talento de su autor; pero no por eso nos satis-
tace ni convence.
La hemos leido repetidas veces, y no hallamos
en ella la claridad que habríamos deseado.
Veamos, sin embargo, lo que dice,
Crée este distinguido compatriota y amigo que
fuer* ineficáz la reorganización del Partido Cons-
titucional, entre otras razones, porque no concibe
128
SETEMBK1N0 E. PEREDA
la lucha política donde faltan garantías para el
ejercicio de los derechos del ciudadano.
¿Quiere decirnos el Doctor Blanco si acaso han
existido ántes más que las que existen en la ac-
tualidad?
Si en 1887 y en 1890 se creyó necesario salir de
la inacción,— al presente debiera suceder otro tan-
to pues las circunstancias no han cambiado en lo
que respecta á la libertad del sufragio. — Son los
mismos hombres, salvo insignificantes excepcio-
nes, y son las mismas ideas las que gobiern in
Opina lo contrario el Doctor Blanco, precisa*
mente, aunque no lo confiesa, por lo mismo que
llevamos dicho, es decir, porque es imposible gal-
vanizar el cadáver de una colectividad política que
hoy solo existe en el nombre.
Además, es necesario reconocer, — aunque esto
sea una desgracia nacional, — que miéntras no se
modifiquen los hombres .no habrá legalidad, y para
que ésto sea un hecho, habrá, que transcurrir luen-
gos años. — Educación cívica, desinterés, patrio-
tismo, hé ahí lo que se hace menester, y ni los hi-
jos de nuestros hijos quizás alcancen á palpar tan
herniosa y ansiada realidad, Se trata de un mal
endémico, que es necesario combatir, no con la
indiferencia y la abstención permanentes, sinó
con medidas enérgicas y con la lucha en las
urnas.
Y si el Partido Constitucional no debe ser reorga-
nizado para actuar en la contienda electoral del
corriente año, ¿ cuándo llegará el caso de que se
decrete su reorganización ? Probablemente, por
lo visto, quedará para las calendas griegas ó para
el dia del juicio final.
¿ No encuentran más leal y patriótico los que
sostienen en público la conveniencia de su no di-
solución y que confiesan en privado la imposibi*
lidad de darle nueva vida, decir la verdad sin am*
bajes, para que el país sepa á qué atenerse?
NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 129
Es preciso no sancionar su muerte, se dice, para
mantener latente una fuerza moral que perdería
su efecto si desapareciese,
Una fuerza moral I $ Puede haber fuerza mo-
ral en un partido anarquizado, que ni siquiera da
señales de vida ? Fuerza moral la tuvo en 1880,
cuat.do se formó al calor del frenético entusiasmo
de nacionales y extranjeros, porque entonces na-
die permaneció en síatu quo. todos se preocuparon
del porvenir del país, olvidando añejos rencores y
animosidades de bando.
El celebre aforismo la forcé prime le droit, deja-
ba libre paso á la fuerza del derecho. Era el des-
pertar del pueblo de un largo sueño producido por
la dictadura militar, que había aletargado todas
sus fuerzas durante un lustro de sangre, de baldón
y ( }, e opresión á todos los derechos. Por eso halló
un éco simpático la creación del partido délas ins-
tituciones libres, enrolándose en él la mayoría de
los hombres más espectables y de la juventud más
distinguida del país; por esa misma causa, el Doc-
tor Blanco manifestó en su brillante discurso pro-
nunciado en el Skating, que aquel movimiento ex-
pontáneo é imponente de opinión que invitaba á la
fraternidad cívica, era una tregua á la lucha de la
democracia, á la acción de los partidos,— y por eso
el Doctor Alejandro Magariños Cervantes se ex-
presó así: «seamos ciu ládanos ántes que colorados
ó blancos, sin renegar de ninguna tradición, honro-
sa de los viejos partidos y recozcamos noble-
mente que necesitan cuando menos transfor-
marse.»
Pero si el Partido Constitucional no debe reor-
ganizarse ni disolverse, ¿con quiénes se realzará
la conciliación que se anhela?
¿Qué papel desempeñarían, en tal caso, los
constitucionales incrustados á una masa inerme?
O tendrían que abstenerse ó que prestar á esos
trabajos su apoyo individual ó colectivo.
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q vk* is ra piííMi d»ilíl) fenS 18T7¿>! rtjiwwMi a¿ <¿-><: oí'»jjv «»*tn
^3e«aíl6 Cfttói n oá¡ a préstale» ai- Bótl< • p'E j eeitf$ vó 'gá-* 1 ri
rantiendo una discusión filosófica £fti$t^i<^sb&Pé íf
lasoQinhüa. r nj'^ risrl^b ^jíí-'ih.Jv.íii n; A">
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taUpfHjtiwUri n*/ak>js£iiJ i «n T ti 1 prt;s^í n deíyerst^ dél' 1 (
Gr?l > i^r^obLiú>i jty iiéuej 1 írfctftl nes& ít*^de y 4©" ídttfte'píe 7 es' • '
que se piense en coai*(riínaaíe8JÍc|ii!^*>f^rtíé^ef» 'elr'el 15
p<8Ían¿^osíftró»sffi«>f*i^ 'tffóá
y fiÜKH&k*¿ I ciot» .ta» av^rieáTHÍjBíUo^y ú lite ' W¿r«í páctó <■> n
nro4»Q»yL»uíípcÍ!S!fe$iH , tó ípéifjflidauíWtfl paífe. >' s ¡r. » >n^í) l »b
rieí4>k~i/4^V<^u$^ itemuii:^ iiH3&pcW'd^ vJó^iW^uf
es4áio ^oírtombrrdrh^Aofnntt^
insíaiwK)^^atíp8i«^ftiia«n^Ntti>aíí i'y< &%&wtáátí& 'Sci^-
elta*«smtb« ria/ iuotaiH3cfeHah^tt4tfdj >pdnjw* ePPar^n
ti*Blwl1oDMiencarbai4c^ífiirhaiíí)píds, #W attti¿iim\Plk^
casi<ndd tí» i< ■ Inpaí5*g&^ ub lóel i^*^ibiooííisí4»t?fcí4iíiíl^^ • 'b
sultado d° la aspiración de éste y na^mítfti^tttflaT^k
riktódtia' l^ntíftmsiiasioss sitip píl<A«ióti^mtD« ¡y r«ifi' eotA
cieofiaol /;n íjfiMfn r>inq aa^b o 1» :^oib vup nijuba
Llegado el caso, todos seremos ^i^^K^ée^hA^b
* \
132 SETEMBR1N0 K. PEREDA
dadanos, C'»mo si contal expresión se resolviera
algo práctico y se pusiese una valía insalvable á
lo- crecientes avances del clericalismo.
¿Y cuando se creerá llegado el caso por los que
opiLar.de una manera tan poco reflexiva y tan
acomodaticia? ¿Cuando sea ya tarde, es decir,
cuando los enemigos de la liberlad de conciencia
se hayan apoderado de todos los baluartes, domi-
nando en 1o;í hogares, por medio de la astucia, y en
los poderes públicos, por medio de la fuerza?
¿Después que se haga precisó* reivindicar las con-
quistas liberales á sangre y fuego,— cuando en la
actualidad, para mantenerlas y darles más pode-
roso vuelo solóse necesita la anidad de esfuerzos,
ménos modorra física intelectual, más obras y
menos promesas?
Los liberales deben ser de todas las épocas y no
de meras circunstancias; deben estar sien pre
prestos á luchar por el triunfo y el Lantenimiento
de sus ideales, dormir con el arma al hombro
porque sus adversarios trabajan á todas horas, de
día y de noche, á la luz de la publicidad y á la
sumbra del silencio y del misterio.
Otra cla-e de liberales no comprendemos, como
no nos explicaríamos la pericia y amor á la causa
del General en Jete de un Ejército, que pudiendo
[•repararse y estar con ojo avizor para no ser sor-
prendido y librar con éxito una batalla,dejára que
en el campo enemigo se operase libremente y re-
cién se apercibiera para resistir la lucha cuando
se letomára de sorpresa en sus propias posicio
nes, con la gente desordenada y las municiones en
el parque, en v^z de tenerlas en las cartucheras
de todos y cada uno de sus soldados y en la boca
de sus cañones.
Nunca mejor aplicable que en este caso el sábio
adajio que dice: «i o dejes para mañana lo que
debas hacer hoy.»
Sí, los liberales por convicciones, los que tengan
NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 133
el coraje de sus actos, los no timoratos ni tartufos,
no pueden ménos que asumir una actitud resuelta.
¿Somos la mayoría de la Nación, como se reco-
noce por los mismos que no hallan oportuna la
creación del Partido Liberal? Pues bien: unámo-
nos, formemos cu^ i un solo hombre, congreguémo-
nos, seamos una fuerza, un organismo robusto,
estemos habilitados para triunfar en las urnas y
en 'as esferas del Gobierno, no por medio de la
coacción y la arbitrariedad, sinó por el poder de
nuestros valiosos elementos.
¿Hay queelejir un Ju^z de Paz, que á su vez ejer-
za la delicada tarea de Oficial del Registro de
Estado Civil? Elijamos un liberal, un funcionario
que nos pertenezca, que léjos de deprimir el matri-
monio civil y la sola inscripción del nacimiento,
proclame su eficacia y la importancia reat que
ámbas cosas entrañan.
¿Debe elejirse Representantes y Senadores? Elí-
janse ciudadanos que respondan á nuestro credo,
para que mañana se vean defraudadas en el seno
del Cuerpo Legislativo las tentativas adversas á
las nuestras.
¿Hay qu< j . votar por el primer magistrado de la
República? Votemos por uno que convlgue deci-
didamente en el altar de nuestras creencias, elija
mos un mandatario que no entregue la instrucción
pública en manos ineptas y ue funcionarios que
importen un peligro y un retroceso para las con
quistas de la educación común.
Sí; proce lamos así, seamos una fuerza respeta-
ble,^ no como hasta aquí, una fuerza aparente, un
espanta niños y una irrisión del adversario.
Formemos el Partido Liberal, y nogHenckemos
que presenciar el triste ejemplo de las coaliciones,
que dan por resultado el triunfo del más fuerte, la
imposición del que manda y maneja el fraude á su
entero albedrío.
Entónces no habrá que arrojar un mendrugo del
#r»?§u#¿j 3ate> '■ Wiasitbl cali 8ídad©U> jpe Ufcieks^iJs QfpÍA
,%V$*¿&«'CÍ>En# n a oonteocn ism tai paecuaitad* b§wq cpft
f1úl)^A%)¿^shí i tte íftepre©(pit&D«$i che a$>INíi>aé*fipn
4j>S^W gt» fioa- m$l «le» d urijrHftfifcj»^ ; tea g€iítjofWí^ < t #íWs
^¿jgyy^ftya^iU ns V«lnuhJ mj*<¡ 3ob&)jlidfóri eornoias
¿1 Eft ^tftfóovr^mrcslitNM^ fl$
que podría obtener píBo^teíri^K^i^ilé^^^^^n^
.vp i jUíUíi^ .n* Y emj i;toif fe ^xH5Í(bn i de i inte '-i Bjp C^Hae-
^iei^^jot^? ve|t>^t'Jiift iáiiias^l^ Í4*® itf íis^l pí5>¿ k^Iq líti §ü
<y PÍQi RQifoerai j a hdgíiídéi (do n edule^j^iiúH y r> r> j «fe.» ; 3
-i^líito^jc) i cidéi iPairjiá^oi'p^dtiífaii^iotif^l^íie
ojijfctajfttíblft iCUa^quél .fljp*:> =baüceí feJ^d&tto i' ' ^ wtf 1 d 81
Enero último dictó el siguieiite/partfri^tíC^^ftcí'Ufi/i
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f ofíSt.RiW^MíFj&áwMt(*qf f3i sup é:Oíífjb/il»ub d^nai
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#i iaio.8€¡<# , d i feivlir.poii 1<kJ oe vltáwsl >th^dla^i pdsib léfe
la federación de la República. .emleaun ¿fil
£ i N# . díí b y -*í © naennjt irs í a i • fq r iteatri 0 ni ídfé» J a «ta a fti -
ü)Íi<_¿¿ (j^^ju^fta '^i ní)ie»iiositopaüd'ade^cl&rtdfe $&4to¡9
lqaj i pat'¿iíao l &Miap*i&i leauosabefiiléfutodafa f^énsond»^
^iípWíi: s ií1 tlHu^tsuíi «eserpa^ la^riütQfíOMtfa^dé 1
^ye^j^ve^.yjte Müqjctptqj&ni ¡¿ocinm ns BOiltlDq
de candidatos; .nomos nóioaruib;* k I <*b seteiop
-jfM^á^iP/í&^F r-qu&óstosefia* éehparMdó^uécen
^¿afGj^uqfccjRfcpü
ya que ^^é^>\>iopb.m^^ %bíW0P3
(¿%(^aijiia|,j ! aia $4te'ladi£íl ekpveSólf» á&rti&wvAúh-
^Ktefaí#í«W«?<I eb dqnwie 9J8hi Is ™icrif»83*iq aup
b lP$rft» Jte noxjft rl oldefte uit*íito.ddiiiitíPX(5^0á>ipát*P
Ha de trabajar sin descanso poolqU$lJGi$tfníl#
En todo lo que al partido especialmente, se, refie-
ra no debe, por fin;- inspWítrfe'Wk^lás >%ÍS-
hspera ahora este Consejo que los federales se
esfi'erQfifajQóQ que nunca en estrechar sus filas^
matar toda disidencia^ acelerar su orgcmizaeión,
extender su* principios por'4^ ttptf^LAWki y no
perdonar medio de combatir el unitarismo, que' bajo
dfc ¡ R«pbbh oa se twM k^m Ssfcj m*¿fft en
atóbéu'«^©yeo^iBÍdéQ'i5q oiív^d on nóioitsi hastio
oíáfai <$se *«nu rflóh* i^tWIa^%rfiá?^é€%!Ftió^ 'aiírads
■aiJqaerjeHtfea ser tú®elé& 'íovbcu ira aoo on/¿! uihe
.bfcbín
Niiestrá^í^ja^iída en pró de la causa liberal
y li^\MrweAPáld«liptitítílo no es obra de un día.
Desde lST^-^uan^) aún no habíamos cumplido
17 años dé eaaa,— ños venimos preocupando de
ello, sin vacilaciones ni descanso.
A fin de justificar nuestra actitud del presente»
para pop aquellos
rés puyuw rcz.au uuu 1a, uoeriaa aei pens.
cío honorario, único que nombro, con excepción
136
SETICMBR1N0 E. PEREDA
del vice-cónsul italiano, cuyo nombramiento es
nato por prescripción de los estatutos sociales:
Paysaodú, 4. ft de Diciembre de 1890.
Señor don Setembrino E. Pereda, Vice-Presidente de la Sociedad.
Presente.
Muy señor mió:
Me es sumamente grato llevará conocimiento
de Vd. que en la reunión déla Asamblea Gene-
ral verificada el 28 de Setiembre ppdo., por mo-
ción del sócio D. José Sabattini y atento la de-
cidida cooperación que prestó Vd. á la funda-
ción de la Sociedad, — por unanimidad fué Vd.
nombrado sócio honorario.
Lamentando que las múltiples atenciones de
organización no me hayan permitido llevar ántes
á su conocimiento esta resolución, me es grato
salu larle con mi mayor aprecio en esta oportu-
nidad.
Santiago Colombo,
Presidente.
Manuél E. Rombys,
Secretario.
El doctor López Lomba, con motivo de haber
promovido y realizado la formación de la Unión
Liberal del Departamento, nos decía en carta
fecha 6 de Diciembre de 1891:
Amigo Pereda: No puedo resistir por más
tiempo al deseo de enviar á VJL como el ver-
dadero fundador, el alma mater de la Unión Li-
Ni RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 137
beral de Paysandu, mi más caluroso y entusias-
ta aplauso por su inquebrantable constancia y
el tesón con que lleva Vd. adelante, secundado,
es cierto, por una falanje escojida de amigos de
causa, los trabajos de propaganda liberal.
Menester es declararlo: Paysandú marcha á
la vanguardia en esta cruzada contra el oscu-
rantismo y ha dejado muy atrás al mismo De-
partamento de la capital, que después de la gran
manifestación del XX de Setiembre parece ha-
ber vuelto á caer en el letargo y el indiferentismo
en que estuviera sumido durante varios años.
Han tenido Vds. una idea felicísima al inau-
gurar su amplio sistema de conferencias y lec-
turas públicas. Pueden llegar á producir una
especie de renacimiento ó de despertar intelec-
tual en ese Departamento, que está llamado, sin
duda, á grandes destinos, tanto por la posi-
ción geográfica que ocupa, como por las rique-
zas inexplotadas que encierra y por la inteli-
gencia, laboriosidad y espíritu de iniciativa y
de empresa de sus habitantes.
Dos medios fundamentales existen para comba-
tir al clericalismo: para los adultos la propaganda
oral y escrita, y la escuela para la niñez. - La
Unión Liberal, nara lograrsus fines, debe emplear
el primero de esos medios y del segundo debe
echar mano la Liga de Enseñanza.
Le saluda su afmo.
Ramón López Lomba.
El doctor Luis Melián Lafinur, que es el liberal
más entusiasta oue conocemos, nos ha estimulado
muchas veces cin su aplauso, participando en un
m
eo^rmiAT m aoaAflo<!flT3¿i ivr
SEIEMBBmo E. PEREDA
.Ifii^dil ahriftgfiqo'ia sb &o\bó&i3 sol t n?.uso
t8K#ft>nI$w MÍW%. fthJB-gmo BJS9 ns BlbnBuswiv bI
-oG onuim Ib «b-Ob Y^rn obB¡9b bíí y oot^íJíibi
fiBis^ bI eb S9uq89b sup r ínJkji}0 bí sb t/tt^i^ hnq
tei
tapeta*, ' -HE 1 ' hab* pHíffcí' MMBk
jíregf.M&tttf<v
moni
^tanos. Qué n^tów
ir*
TiMe 1
ventud está bien dispuesta, y parece que el ele
menk; extranjero tambT^M^JW 8 ^^
La indiferencia de hombres que por desgracia
tienem^^lóñ^^ds^^jtMica mucho, porque á
ellos los toman por modelo los tímidos, los egoís-
tas y ios que explotan las miserias de los hombres
públicos.
'\ Cllí
NI RRTe(áaHAOOS>Wfl«IAíOI'!*OS ( M)
om^mdA &árrtíHra f j^daerg déftíi^l/^todtetr^áab fío
me arredran; los fracasos delBRWsmaato^g «*eJn%fo
lugar, no me acobardan; pacqusril ^ i feteríjié^ i*i ftdí-al
avanza, y algún día triunfará, no hay que dudarlo.
C^^W\í^^Mir4UhMiendo por todo el pMs, y
acabará por avasallarlo todo, á despecho de los
trabajos clericales de zapa, y de la indiferencia de
los mlítd» I '^d^áitos-' , - , qT!íe ,, íemen las agitaciones
de la opinión por cu^if j»ne^ f ^^.^Q^^a^ , y no
temen el desarrollo de un sistema que, á dominar
nuestro país,"4^'<&egradaría, infiltrando su veneno
soCedernos. .^ fno }jsg 8 b 02 1 9 übni*"^ obi-ml
^Y^m Q fm^^A^^fím\meLfp t ol&^do¿
.beten orno-j sciidcsod 9bj^bf.i6«¿qo*3q /.i oto
nei8 loíiimxiO n&osri xrMWt Wf ^M^uB
UMh-nti sftíú lubfiríúu! b ioq
>ogim£i .omita na 6Tqfnf>i<5 yo» sup ^d«3
M*\sYA WSL^ Scúmhre 82 de 1891 •
Sr. don Seterobrino E. Paradq,
. 1 i,¡r*. i v\ ¿>ir «iiHi"viJ'«i .f-»l*i/'iJ«JolíPaysandá
Querido amigo: El lúnes hksb plil^icaf 'éh^Eí Si-
glo» de la tar4&«»el telegrama. que se sirvió usted
remitirme sobré' el espléndido resultado de. la ma-
daí&PdaíaáW^
hP<Jü^f^éfeft¿teitf^í í fcfóKéá1é^ mfli ^^n alinea
^kííu^WgrfesTfcn^^^^
tal Pgfi óW* ^fer 1 SU 8rgaffi*M lM
Centro Directivo aquí con delegados de c&nWai
(feflfSiWaoy UHifea'rfet^t* 1 "^i^ía^ftfíí'fe^ftKfiTóí
Liberal». En e^<S$&tii3£ »«P Gion/yi9vva™q «f s
140
SETEMBRINO E. PEREDA
Mis felicitaciones por el éxito en Paysandú, que
se debe principalmente á ujsted, obrero abnegado
de ldS grandes causas.
Le estrecha la mano.
Luis MeliánLajinur.
Montevideo, Setiembre 2o i!ei891.
Señor don Setembnno E. Pereda
Paysandú
Querido amigo: He leído en su periódico lo que
ha sido Paysandú el 20 de Setiembre.
Soberbio, querido amigo! No se pierde en el va-
cío la propaganda de hombres como usted.
Sus escritos y su palabra hacen camino! Bien
por el luchador infatigable!
Sabe que soy siempre su affmo. amigo.
Luis Metida Lafinur.
Montevideo, Setiembre 20 de 1891.
Señor Don Setembrino E. Pered».
Paysandú.
Querido amigo: Acuso recibo de la suya del 24
del corriente, y le rindo á su actividad el home-
naje de mi admiración. Aquí no es como en Pay-
sandú: nos herguimos en un momento dado, y ha-
cemos algo imponente como la manifestación del
20; pero en s íguida se dispersan nuestros elemen-
tos y es un trabajo titánico reunirlos de nuevo para
los trabajos preparatorios de nuestra instalación
definitiva
Sin embargo, unos cuantos aquí no desmaya-
mos, y al fia hemos de conseguir algo como fruto
de la perseverancia que empleamos.
Ni RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 141
Los trabajos de ahí van muy bien. Ojalá aquí
tuviésemos iguales obreros entusiastas y abne-
gadoá!!
Como siempre, he leído con el mayor gusto su
periódico y le dirijí á propósito de las fiestas del
20 en Paysandú felicitaciones que supongo á la
fecha le hayan llegado
Un apretón de manos de su afmo. amigo.
Luis Melián Lañnur,
Montevideo, Octubre u 2 de 1891.
¡Señcr Don Setembrino E. Pereda.
Paysandú.
Estimado amigo: Acuso recibo de la suya del 30
del mes próximo pasado, y le agradezco el tele-
grama del 27 que hice circular entre los amigos
para que vean cómo marchan los asuntos liberales
en esa ciudad.
Si siguen asi los trabajos en Pay^andü, no me
cabe durta alguna de que tenemos que colocar á
ustedes á la vanguardia del movimiento: es el
puesto de honor que les corresponde.
Aquí, en la última sesión de la «Unión Liberal»
hemos señalado el primer domingo de Noviem-
bre para celebrar la sesión preparatoria de la
Convención é inaugurarla. les comunicará á
ustedes oficialmente uno de estos dias. Luchando
con la indiferencia, por no decir otra cosa, de los
que debieran ayudarnos, unos pocos hombres de
buena voluntad venimos procurando darle vida
eficiente á una asociación como la «Unión Libe-
ra que conceptuamos urgeuie prestigiar y dar-
le sohdez para las luchas del futuro,
Bajo esta faz son ustedes más felices que nos-
otros: están más unidos y por consiguiente en
m r
cpnfHcjo njefs deg Rfer? uiásítóUésl queb aqt¿fíd aitosah -
sa^ge: s^síejfeegtosvis eonendo »sIgu?íí eorn^aeivut
Créame siempre suyo afmo. "c .>bí^
jj?. oteu^ í0-{6ra \h no^oItok^J.^
fob 9«J¿fi ¿I 9b oJifeóWq #ffWft ^HWftómq
hl ii ognoqus aup c.úuoioatio ii'1 íibáifssviil a y &
rio oí
„ Monte
. ;í^í rnn .orara ue
Señor «Ion Setembriao E. Pereda.
sonara e» nufo'iqft nU
Paysandú.
Querco #ra^í ,§i^r^del 11 del corriente me
confirma en la opinión que siempre he tenido so-
bre su decisión y actividad en, : fctá fa¿mk*exi*¡sef&
de la causa liberal. Qué manera eñcaz de trabajar
tie n e n ust edesiiei> pa y sa nd ú !
Créame siem*m&frkti!A? u{ f^.f 1 " °S 9Í
n9 9J::9Íu^ienoo ioq fyi&o^diáfc&afMxm. .wiJo
NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 143r
íoí8óq»i í>b 8fíln>o eos fib mu Rbno oso 10*1 .soooq
Señor don Setembrino E. Pereda. 4 .OKJjrf
QupHHB^igSfWniíf ^der la suya del 16 del
corriente así como la comunicación á la «Unión
LibeAM* depilé dadd'cuenta á los miembros
más caracterizados déla mUma
Es una ilusión generásl r íeuste
ner que del aptuaj. gobierno pueda surgir medida
alguna que torne en realidad las aspiraciones de
tiP.OJí'108!
Lo que pasa ahí
d^let^»ettí?»&Mloni?
ta^er^.^/^fflivd^fii
«i i^U^d ¡a^'tm l ! f 1 íiíH, mío j6'tó #IÍ^
i proceder. •i'«J<
muchos: hombres de féP
144
SLTEM CRINO E. PEREDA
pooos. Por eso cada una de sus cartas de apóstol
entusiasta conforta mi espíritu, y de las miserias
del momento lo levanta hasta la esperanza del
futuro. *
Créame siempre su affmo. amigo.
Luis Melián Lafinur.
.Montevideo, Febrero 24 ao 1892.
Señor dpn Setembrino E. Pereda
Paysandii.
Querido amigo:
Acuso el recibo de la suya del 21 del corriente
que trae para mí una nota triste, cual es la de su
próxima separación de la prensa, que tanto ha
honrado usted con su criterio elevado de escritor
de la buena escuela.
El partido á que usted y yó pertenecemos, la
causa liberal, y en una palabra, la causa de las
conveniencias públicas, tienen que lamentar la
ausencia del estadio de la prensa, de un publicista
como usted, que ha mantenido siempre tan digna-
mente los fueros de la libertad y de la cultura
socií'l á cuya defensa estaba su pluma consagrada
en El Paysandú.
—Ya habrá visto usted por transcripciones en
El Siylo de estos dias pasados, que el obispo Soler
ha lanzado aquí una pastoral tremenda centra el
matrimonio civil, y en términos acaso más inten-
cionados que los d**l documento del cura de
Paysaudú que motivó el incidente promovido por
usted.
Cuide su salud, sea feliz y crea siempre en el
afecto de su servidor y amigo.
Luis Melián Lafinur.
NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 145
Coa motivo de un pasquín fijado en la iglesia
parroquial, hicimos tas siguientes gestiones, á
efecto de suprimir el abuso y castigar ai cul-
pable.
Sr. Juez Letrado Departamental.
Setembrino E. Pereda, domiciliado en la calle
18 de Julio, 253, á V. S.digo: Que en la Iglesia
parroquial de esta localidad, en el paraje desti-
nado á bautizos, existe un libelo difamatorio, que
constituye un ultraje á la familia y á la socie-
dad, como así mismo un desconocimiento y una
violación flagrante a las sagradas prescripciones
de la ley.
Enéí se califica de concubinato al matrimonio
civil y 4e indignidad el hecho de contraerlo,
afirmándole maliciosamente que los hijos que de
éste proceden son ilegítimos.
^íTengo á honra, señor Juez, de haberme casa-
do únicamente por la via civil y de no bautizar
mis hijos, y, por lo tanto, no puedo mirar indife-
rente, como padre de familia y como ciudadano,
que los llamados Apóstoles de una Religión que
debieran ser los primeros en dar ejemplo de man-
sedumbre y tolerancia, arrojen un insulto tan
ignominioso sobre mi hogar legalmente forma-
do y sobre el buen nombre que he de legar á
los mios.
Desde que se sancionó, parabién del país y de
la. libertad de conciencia, la Ley de Registro de
Estado Civil, y la del matrimonio obligatorio,—
ni el matrimonio ni el bautismo de la iglesia, pos-
teriores á ellas, hacen fé ni tienen valor alguno
siendo legítimos solamente los actos que autori-
zan los Jueces de Paz respectivos para acreditar
el estarlo civil de las personas.
Esta es la verdad de las cosas, y, sin embargo,
146 SETEMBRINO E. PEREDA
guiado de un móvil ilícito y de secta, se aconse-
ja a los ciegos de espíritu á desacatar la ley, con
perjuicio del porvenir y de la moralidad de los
que obedecen, por fanatismo ó ignorancia, á tan
malignas exhortaciones.
Para que el Ministerio Público, como repre-
sentante de la sociedad y guardián de la ley, y
V. S-, como fiel ejecutor de ella, tomen las pro-
videncias debidas, tendentes á castigar al autor ó
autores de ese acto censurable y punible, formulo
la presente denuncia y acompaño un certificado
suscrito por el Escribano D. Eloy J. Legar y los
testigos D. Agustín Heguito y D. Ramón Bal-
bis, que acredita mis asertos.
Si bien su palabra hace plena fé, y á fin de evitar
la más mínima incertidumbre al respecto, pido á
V. S. se sirva, en unión del Actuario de ese Juz-
gado y del Agente Fiscal del Departamento, cons-
tituirse en el dia al mencionado paraje y constatar
la veracidad del hecho enunciado. ^— Será justi-
cia, etc.
Paysandú, Novieml>re 16 de 1891.
Setembrino J£. Pereda.
AVISO A LOS FIELES
Con el objeto d3 prevenir á los fieles contra el
error de las más tristes consecuencias, en que por
ignorancia han podido incurrir algunos acerca de
la verdadera doctrina .^obre el matrimonio, se pu-
blica el siguiente aviso para que se haga mani-
fiesta, cuanto sea posible, ésta verdad de suprema
importancia:
NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS
147
1. ° Tengan presente los fieles que el matrimo-
nio es un Sacramento, y que como tal, no lo puede
admistrar válida ni licitamente sino la Iglesia Ca-
tólica á que pertenecen.
2. ° El matrimonio, sea entre católicos, ó bien
entre católicos y no católicos, no estando autori-
zado por la Iglesia, es un público concubinato y
un» indignidad para un cristiano.
3. ° La palabra desidente para quien nació en el
Catolicismo, equivale á apóstata de su religión, y
ese título, adoptado en algún contrato matrimonial
no lo hace, sin embargo, líctto ni válido de nin-
guna manera; ántes bien, á más de ser inútil y nulo
ese contrato, coloca á los hijos que nacieran en la
condición de les hijos de los herejes.
4« Los hijos no son legítimos, ni podrán serlo
miéntras el matrimonio no esté autorizado por la
Iglesia Católica en que han nacido.
Hé aquí ahora el certificado del Escribano re-
ferido:
Certifico en cuanto há lugar, que habiéndome
constituido ó la Iglesia Parroquial de esta Ciudad
he comprobado que en el Bautisterio de la misma
existe un «Aviso á los fieles» del mismo tenor de
la pieza que antecede, y el cual aviso pegado á un
carbón se halla colgado en la pared situada al Este
del referido Bautisterio — En fé de verdad, y á pe-
dimento de Don Setembrino E. Pereda, siento el
presente, que signo y firmo en la Ciudad de Pay'
sandú á diez y seis de Noviembre de mil ocho*
cientos noventa y uno. — Hay un signo Eloy J. Le-
gar, Escribano Público.
¿Certifico igualmente, que la existencia del im-
preso « Aviso á los fieles», á que hago referencia
en mi precedente certificado, ha sido constatada
por los testigos don Ramón Bal bis y don Agustín
Heguito, que también firman el presente.
148 SETKMBRINO E. PEREDA
En prueba de verdad y á pedimento! de los nom-
brados, siento el presente, que si¿?no y firmo en la
misma Ciudad de Paysandú y fecha ut supra.—
(firmados) Ramón Balbis —Agustín Heguito^H&y
un signo— Eloy J. Legar , Escribano Público.
Providencia recaída en este escrito,— Paysandú,
Noviembre 16 de 1891.— Con el impreso y certifi-
cado, vista al Fi -cal.— Crovetto.
Fueron notificadas las partes el mismo día y
pasó en vista al Fiscal con la misma fecha
En atención á que el Fiscal demorara evacuar la
vista conferida presentamos este otro escrito :
Sr. Juez Letrado Departamental.
S. E. Pereda, en la denuncia que tengo formulada
contra la curia local, a V S. di «o : Que como corre
riesgo de que desaparezca de la Iglesia el pasquin
impreso, contra el matrimonio civil, pues con el
transcurso de losdias pueden llegar estas gestio-
nes á conocimiento de los infractores de la ley,
solicito de V. S. quiera decretar cuanto antes lo
que he peticiona lo, urgiendo al Sr. Agente Fiscal
para que evácue la vista que se le ha conferido.
Si bí'^n se trata de un punto claro, que no admite
discusión, ni siquiera la más leve duda, quiero,
sin embargo, en apoyo de mis pretensiones, citar
algunas disposiciones legales.
El art. 135 del Código Penal, de acuerdo con el
134 de la misma ley, castiga con la pena de cien á
doscientos pesos ae multa al i|ue pitblicamente
excitare al desprecio ly desobediencia de las leyes,
et«*. vete. El hecho de exhortar a la prescindencia
de la Ley de Registro de Estado Civil* tratando de
concubinato al matrimonio civil y de ilegítimos á
los hijos que de él nacen, amén de indignidad la
circunstancia de no sujetarse á los mandatos espi-
rituales de la Iglesia, importa una excitación á su
desconocimiento y desobediencia.
NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOÍ 149
Esto en cuanto al derecho de entablar este juicio;
y en lo que respecta á la obligación que tiene el
Ministerio Público de deducir acción pública, ahí
están los artículos 3 y 189 del Código de Instrucción
Criminal que lo dicen claramente.
Pueden citarse en su apoyo como correlativos, el
art. 406 del mismo Código, y los 121, incisos 2 o y 3 o
y 122 del Penal.
La denuncia formulada la he' hecho de confor-
midad con el art. 174 del Código de L Criminal, que
autoriza á toda persona particular para denunciar
un delito que dé lugar á acción pública.
Por lo tanto, el Sr. Agente Fiscal está en el
deber de entablar acusación en el caso < cúrrente,
pues no es obligatorio de otro sinó de él. dada la
naturaleza del delito y por tratarse de una secta
religiosa dependiente del Estado, y, en consecuen-
cia, ha de servir-e V. S. proveer de conformidad
con lo peticionado al principio de este escrito. Será
justicia, etc. — Paysandú, Noviembre 19 de 1891. —
S. E. Pereda. Paysandú, Noviembre 19 de 1891.
Corra con Ja visia fiscal — Crovetto.
El mismo día se notificaron las partes y se pasó
en vista al Fiscal.
Hé aquí el dictámen de este funcionario:
Señor Juez: El Agente Fiscal del Crimen, usan-
do de la vista conferida, dice :
Que en el impreso denunciado se emplea un len-
guaje asaz violento con el objeto de persuadir á los
Católicos que no deben prescindir de la Iglesia en
la celebración de sus matrimonios y se llega al
extremo de calificar ciertos matrimonios perfecta-
mente lícitos según la Ley como un público concu-
binato y una indignidad para un cristiano, decla-
rando que no son lícitos ni válidos de ninguna
manera y que los hijos qu ; nacieran de esos ma-
trimonios son ilegítimos.
150
SETEWBR1NO E. PEREDA
El derecho de discutir la ley vigente y de hacer
una propaganda contraria á la doctrina por ella
establecida, en manera alguna constituye un delito,
pero su uso está limitado por el art. 135 del Código
Penal que no permite que esa propaganda llegue
al punto de incitar á desprecio y á desobedecer la
ley.
Ahora bien, ¿cual es la ley que puede suponerse
se instiga á desobedecer y despreciar? — Sería en
todo caso la Ley relativa á la constitución de la
familia, la Ley del Matrimonio Civil obligatorio y
el delito consistiría entónces en tratar de persua-
dir á los fieles que no deben casarse civilmente,
que es suficiente la ceremonia religiosa para la
validez de ese vínculo.
Pero eso no lo dice el impreso denunciado; podrá
injuriar á los que no se casan según el rito católico
pero en ninguna parte aconseja que se prescinda
de la Ley.
Por estas consideraciones opina el infrascrito
que no procede la acción pública en este caso y
pide se eleven estos antecedentes en consulta al
Superior Tribunal de Turno.
Quiera V. S. así resolver por ser justicia.
Paysandií, Noviembre 20 de 1891.
C. W. Filzpatrick.
(Recibido el 23 á las 3 1/2 p. m.)
Paysandü, Noviembre 23 de 1891. Vistos:
la precedente denuncia formulada por don Setem-
brino £. Pereda, y dado que el M. Fiscal opina no
Í>rocede la acción pública, y de conformidad con
os artículos 191 y 198 del Códigoíde I. C, elévense
al Superior en la forma de estilo á los efectos soli-
citados áfs. 9 M. Crooetto. Fueron notificadas
las partes el 24 del corriente.
NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS
151
Ante tan insólita vista presentamos este otro
escrito :
Señor Juez L. Departamental.
S. E. Pereda en la denuncia formulada contra
la cúria local, á V. S. digo: Que he sido notificado
de la providencia recaída con motivo de la vista
fiscal.
Este funcionario, desnués de una gestación de
ocho días, tiempo bastante para poder meditar
con calma el dictamen que había de dar, opina de
una manera errónea, que menoscaba sus propios
fueros de representante y atalaya de la Ley.
En efecto: en el «Aviso á los fieles» que he cons-
tatado existir on la Iglesia Parroquial, se excita,
de un modo claro y terminante, al desprecio y
desobediencia de las leyes.
¿Qué otra cosa importa decir que el matrimonio
entre católicos y no católicos, no autorizado por la
Iglesia, es un público concubinato y una indignidad?
Si bien se emplea la palabra cristiano, no debe
olvidarse que para la clerecía Romana lo es tal
todo el que recibe el agua bautismal; pero el
vocablo disidente, según se expresa en el pasquín
denunciado, para quien nació en el Catolicismo,
aúnque sea considerado apóstata, no hace lícito ni
válido de ninguna manera, el contrato matrimonial
que no es sancionado por ella.
Por eso se dice sin ambajes en ese libelo difa-
matorio: que á mks de ser inútil y nulo ese contrato,
coloca á los hijos que nacieran en La condición de
los hijos ilegítimos^ agregando que no podrán ser lo
contrario mientras ese matrimónio no esté autoriza-
do por la Iglesia Católica.
No se trata aquí, por lo tanto, de un consejo ino-
fensivo y amistoso á los fieles para que se ajusten
á los preceptos de su religión, pues no se concreta
a. prevenirles quepaiaque estén bien con la Igle -
sia, cumpliendo estrictamente con el credo qua
152 SETEMBFUNO B. PEREDA
..... w
elía predica, es necesario no sujetarse Qn icamente
ál matrimonio civil, sinó que tambi én se hace im-
prescindible recibir el sacramento.
No; esto no se dice: se afirma que el matrimo-
nio no Católico es inutily nulo, porque en su con-
cepto no es ni licito ni válido el contraído ent?e
católicos ó entre disidentes, por ante la sola auto-
ridad civil, y de ahí que se lleve la audacia j la
impudicia al extremo de calificar de público con-
cubinatodA matrimonio civil, y de ilegítimos á los
hijos que de él nacen.
El aviso pues» á los fíeles, no es un anuncio ino-
cente: lleva en sí el germen de la maldad, tiene por
único propósito el desprecio y desobediencia á la
Ley, porque excita á que no se cumpla y á que se
prescinda de ella como inútil y nula, como ilícita y
no válida.
El señor Agente Fiscal, sin demoras perjudi-
ciales ni subterfugios que menguan su ministerio,
lio pudo, en consecuencia, eludir la acción que
corresponde ni concretarse á pedir que estos
antecedentes sean elevados en consulta al Supe-
rior T. de Justicia.
Por lo tanto, como padre de familia y como ciu-
dadano, pido á V. S., sin perjuicio de que se cum-
pla lo decretado, se sirva dejar á salvo mis dere-
chos para deducir contra el Agente Fiscal del
Departamento el juicio de responsabilidad á que
hubiere lugar según los artículos 374 y 376 del C.
de I. Criminal y 1323 del de P. Civil.
Será justicia, etc.
Paysandú, Noviembre 24 de 1891.
S. E. Pereda.
— — — — — ,
En virtud de la vista Fiscal, que considera el
caso ocurrente puramente de cara íter privado, no
dando lugar á acción pública, consultóse al res-
NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 153
pecto al doctor Pablo De María, que es uno de los
abogados del foro nacional más distinguidos y de
recto criterio,— y emite su opinión en Tos siguien-
tes términos:
Montevideo, Diciembre 4 de 1891.
Señor Presidente de la «Unión Liberal» del Depar-
tamento de Paysandü.
Acuso recibo de la nota de Vd. de feoha 26 del
mes próximo pasado, y pasoá evacuar la consul-
ta en ella contenida.
Dicha consulta se refiere al «Aviso á los Fieles»
que según los antecedentes que me lia remitido Vd.
se encuentra fijado en el bautisterio de la Iglesia
Parroquial de Paysandú.
Me ocuparé por su órden de los tres puntos que
abarca la consulta. — Son los siguientes:
1. ° El aviso de la referencia ¿constituye un de-
lito?
2. ° En caso afirmativo ¿á quién corresponde pe-
dir el castigo, al Agente Fiscal, ó individualmente
á las personas ofendidas?
3.o En caso de declarar el Superior Tribunal
que el Agente Fiscal ha debido entablar acusación
¿corresponderá iniciar contra este funcionario jui-
cio de responsabilidad?
PRIMER PUNTO
Ante todo debo manifestar que, respecto del
punto de si el aviso que motiva la con,sulta cons-
tituye ó no un deiito,.cabe, á mi juicio, razonable-
mente, la diverjencia de opiniones. Se trata de un
caso cuya solución depende en gran p arte del cri -
terio de los magistrados, y en consecuencia, son
posibles las diferencias de apreciación. Asi resul-
ta de la autorizada cita que paso á consignar.
154 SETEMBRlNO E. PEREDA
El art. 133 de nuestro Código Penal concuerda
con el art. 247 del novísimo Código Italiano.
Comentando est« último, dice Pincherli: La in-
citación á desobedecer á la ley debe ser esplíci^a
«para estar sujeta á condenación;— á la prudencia
«del juez toca distinguir entre esa incitación y la
«discusión de los principios y de las opiniones, —
tía crítica honesta, qué es libre como el pensa-
«miento, aún cuando sea vivaz y atrevida. — En
c cuanto al otro hecho ñ que se refiere el presen-
«te articulo es decirla incitación al ódio entre las
«clases sociales, se requiere de parte d^l Juez la
«mayor sagacidad y reciitud para que no suceda
«que se castigue como delito el hecho de que se es-
presen sentimientos adversos á una determinada
clase de ciudadanos en un discurso público ten-
dente á conseguir reformas legislativas ó socia-
les» (II Códice Panele Italiano annotado, página
373.)
Teniendo en cuenta estas justas observaciones
de Pincherli, he meditado con imparcialidad y
reposo sobre el aviso de que se (rata, y confieso
que me he endontrado en duda antes de llegar á
formar decididamente una opinión. Si la he for-
mado en el sentido de que el aviso de la referen-
cia constituye un acto punible, ha sido, no por
creer que la opinión contraria no pueda tener ar-
gumentos en su pró, sino porque los que existen
en su contra me han parecido más poderosos y
decisivos.
SieUviso en cuestión se limitase á exhortar en
términos moderados y cultos á 'os católicos, á que
sin perjuicio de respetar la ley en cuanto al matri-
monio cioil considerado en sus efectos driles, lo ce-
lebren también ante la autoridad eclesiástica, co-
mo sacramento y para los efectos de conciencia, no
existiría, á mi juicio, delito ni abuso de ninguna
especie. Todo habitante del pais tiene el derecho
de profesar su religión, en cuanto no ataque el ór-
NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 155
den público (art. 134 de la Constitución); y no se ata
ca en manera alguna el orden público por el he-
cho de no satisfacerse para los efectos de con-
ciencia con el simple matrimonio civil y juzgar
necesaria la bendición de la Iglesia, después de
haberse unido ante el Juez de Paz (Ley do 22 de
Mayo de 1885, árL 3.°) Pero, decir, como dice el
aviso, en términos groseros y agresivos, que el
matrimonio Civi , aün cuando sea celebrado entre
católicos y no católicos, es un público concubinato
y una indignidad para un cristiáno; agregar que los
hijos nacidos de tal matrimonio no son legítimos,
los límites de lo inocente y de lo lícito, constitu-
yendo, á mi entender, el delito previsto y casti-
gado por el art. 135 del Código Penal.
Según dicho artículo, comete delito «el quo pu-
blicamente excita al desprecio y desobediencia
. «de las leyes, ó al ódio y hostilidad contra cual-
«quiern de los diversos gremios sociales».
El aviso, considerado en su manifiesto espíritu,
importa, en mi concepto, incitación al desprecio y
desobediencia de las leyes, y también incitación 9 al
ódio y hostilidad contra un gremio social.
Importa lo primero, porque aconsejar á los fie-
les que miren como un concubinato y una indigni-
dad el matrimonio civil, y como ilegítimos los hi-
jos nacidos de él, es aconsejarles el desprecio y de-
sobediencia de la ley, desde que la ley obliga á to-
do habita* te del país á respetar como verdadero
y honesto hogar conyugal el formndo sobre la ba-
se del matrimonio civil^y á respetar también como
legítimos los hijos nacidos de ese mismo matri-
monio.
Compárese el texto del aviso de que se trata con
el de los arts. 1°. 12 y 13 de la ley de 22 de Mayo
de 1885, y se verá que lo que se proclama y ense
Ha en dicho aviso es el desprecio y la desobe-
diencia de la ley.
156 SETEMBR1N0 E. PEREDA
Hé aquí los arts. á que me refiero:
Art. lo. «El matrimonio civil es obligatorio en
«todo el territorio del Estado, no reconociéndose
aen adelante otro legitimo que el celebrado con á
«arreglo á esta ley y con sujeción á las disposicio-
nes establecidas en la de Registro de Estado Civil
«de 11 de Febrero de 1879 y su reglamentación, y
«leyes de I o . de Junio de 1880 y 10 de Julio de
«1884.;)
«Art. 12. Todos los matrimonios efectuados ci-
«vilmente por el Oficial del Estado Civil ántesde
«la promulgación de esta ley. aunque hayan teni-
«do lugar entre personas católicas que por razones
«de conciencia ó cualesquiera otras prefirieron el
«acto civil con prescindencia de la ceremonia re-
«ligiosa establecida por las íeyes canónicas ó ecle-
«siasticas, se declaran cálidos y legítimos ante las
«leyes civiles; considerándose que esos matrimo-
«nios producen todos sus efectos legales desde el
«dia de su celebración».
«Art. 13. Los hiios que procedan de dichos ma-
«tri momos se declaran legítimos cualquiera que
«sea la anotación que á su respecto arrojen los
«libros parroquiales de la Iglesia».
Ninguna institución más respetable puede ha-
ber que la de la familia, base de la organización
social,-— y el hecho de incitar á los fieles á que
desprecien como un concubinato, como una in-
dignidad, como una fuente de prole bastarda la ins-
titución de la familia, tal como la consagra la ley
vigente, no puede dejar de caer bajo la sanción del
art. 135 del Código Penal.
El aviso no es una crítica de las leyes que ^os
rijen hecha con el objeto de conseguir las re-
formas de las mismas. — En él se contiene, no la
expreción de lo que se anhelaría que fuera en lo fu-
turo, sinó la espreción de lo que se afirma que es en
la actualidad.
Y bien: afirmar, no que el matrimonio civil de-
Píl RETRÓGRADOS XI TARTUFOS 157
beria ser considerado como un concubinato (para
cuyo efecto tendrían que ser reformadas las leyes),
sin ó que es realmente, en la actualidad, tal concu-
binato, á pesar de las leyes que lo autorizan como
legítirro; expresar, no el deseo de que sean refor-
madas las leyesen el sentido de considerar ilegí-
timos los hijos que no nazcan de matrimonio re-
ligioso, sino la afirmación atuHáe que esos hijos
son ¿legítimos, es despreciar las leyes vigentes; y
desde que el aviso tiene por objeto directo eí incul-
car en la conciencia de los fieles las ideas que en-
cierra, para que los Jteles ajusten a ellas su conduc -
ta, claro es que constituye una evidente excitación
y cae bajo el imperio del art. 135 del Código Pe-
nal.
Trabajar por la reforma de las leyes, es un dere-
cho; pero despreciarlas mientras están vigentes, es
un abuso.
La palabra gremio empleada por el art. 135 del
Código Penal no puede ser tomada en el sentido
de «corporación de personas que tienen un mismo
«ejercicio ó profesión, aunadas con el objeto de
«sostenerla, mejorarla, ó tratir de asuntos relati-
«vosá sus intereses, mediante ciertas ordenanzas
«ó estatutos».
Entre nosotros (fuera de algún caso aislado, que
no forma regla) no hay verdaderos gremios, como
tampoco hay verdaderas clases ni castas, y desde
que el Código Penal ha legislado para nosotr os,
me parece que la palabra gremio, por él empleada
debe ser entendida en su sentido extenso y no es-
tricto, ó sea en el sentido de agrupación ó colecti-
vidad social.
Ahora bien: ios habitantes del país casados ci *
vilmente y tos hijos de los matrimonios así celé-
bralos constituyen una parte de nuestra sociedad,
constituyen una agnp ioión, una colectividad que
mMv.cede parte de la ley tanta ó más protección
qi<* cualquiera otra.
158 SETEMBRIHO E. PEREDA
Si es delito el excitar al odio y la hostilidad
contra la colectividad de los militares, de los médi
eos 6 de los abogados, ¿cómo no ha de serlo, con
mayor razón, el excitar al ódio y la hostilidad
contra la colectividad de los que al amparo de la
ley han formado familias legítimas sobre la b»se
del matrimonio civil?
El hecho de haber sido cometido ?el delito en
una iglesia y por un cura católico en el ejercicio
de su ministerio, lejos de ser una causa de escusa,
es una causa de agravación (art. 19 Código Pe •
nai).
En otros países se vá más léjos aún.— Conside-
rando que la incitación al desprecio y desobedien-
cia de las leyes ó al ódio y hostilidad contra cual-
quiera délos gremios sociales es más peligrosa
y grave cuando es cometida por un ministro del
culto, obrando como tal, que cuando lo es por un
particular, los Códigos renales de í«alia, Fran -
cia, Alemania y Bélgica han establecido disposi-
ciones especiales respecto de los abusos de los
ministros del cult > en el ejercicio de sus funcio-
nes.
«A un mayor poder que seeje.rcita, dice Pincher-
«li, corresponde un mayor deber que cumplir; &
«una mayor responsabilidad, corre>punde un más
«eficaz castigo—El art. 182 castiga al vituperio ó
«el viliDendio que los ministros del culto, en el
«ejercicio de sus funciones, hagan públicamente
«de las instituciones, 6 de las leyes deí Estado, ó
«de los actos de las autoridades.— Hasta la crítica,
«pues, que es lícita á cualquier ciudadano, estái
«prohibida al ministro del culto y castigada sise
«produce públicamente, con una pena.
«Esto es justo, porque la censura en boca de un
«simple ciudadano no tiene más que un valor teó-
«rico, doctrinal, míéntras que cuando emana pú-
«blicamente de un ministro del culto, es el gérmen
«de la sedici¿i>, porque toda palabra pronunciada
NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 159
«desde el púlpito se imprime tenazmente en la
«conciencia de los fieles, como debería imprimirse
«la verdad» (obra citada, págs. 273 y 275)
SEGUNDO PUNTO
Llamar concubina auna señora determinada 6
hijo ilegítimo á tal ó cual hombre esun simple de-
lito de injuria, que solo puede ser castigado me-
diante querella de la parte ofendida; — pero ense-
ñar á los files de una iglesia, inculcar en las con-
ciencias católicas, con la autoridad que ejerce so -
bre ellas -el ministerio eclesiástico, que todas las
señoras que se han casado solamente ante el Ofi-
cial del Estado Civil, son unas verdaderas concu-
binas, y que los hijos nacidos de ellas llevan en
sí el sello de la ilegitimidad, es atentar contra una
institución social, cometer un delito contra la so-
ciedad y nó contra tai ó cual persona privada* El
art. 135 del Código Penal, M ue lo castiga, figura en
el título «de los delitos contra la seguridad del
Estado» y en la sección de ese título relat/va á los
delitos contra el órden público.
Tratándose, como se traía, de un delito que no
es de los que solo pueden ser acusados por la par-
te agraviaba, es indudable que procede la acción
pública (arts, 2, 184 y 185 Código de Instrucción
Criminal).
La acción pública, siempre que procede, es
obligatoria y r.o facultativa (art. 3 o . Código ci-
tado).
TERCER PUNTO
El juicio de responsabilidad contra el Agente
Fiscal, no puede, en el caso en consulta, ser pro-
movido por ninguno particular. — La parte agra-
viada es la sociedad, y ningún particular tiene la
representación de ella.
160
SETEMBR1NO E. PEREDA
Es el Tribunal que al enterarse de los antece-
dentes, por vía de consulta, podrá, en ei caso de
no aprobar el procedimiento del Agente Fiscal,
mandar hacer ef« ctiva la responsabilidad de éste
ó limitarse á pronunciar auto de censura (Art. 192
Código de Instrucción Crimina 1 .)
Dejando evacuada la consulta con arreglo á mi
leal saber y entender, me es grato saludar á Vd.
con mi mayor consideración y aprecio.
Pablo de Makia.
Elevados los autos al Tribunal, se adoptó la
siguiente resolución :
Excmo. Señor:
Los tiechos á que se refiere la denuncia formu-
lada en el escrito de fs. 3 daban indudable é in-
contestablemente lugar á la acción pública, desde
que se trataba de una agresión llevada a cabo
contra las leyes que nos rigen, desconociéndolas y
atacándolas de una manera injuslíflcable, é indu-
ciendo además á los miembros de la comunión
católica romana á violar abiertamente una ley
déla nación.
Extraña sobre manera este Ministerio que el
sector Agente Fiscal del Juzgado consultante no
haya visto lo que bien claro se lée en cada una y
todas las partes de la advertencia ó «Aviso á los
fieles» que obra á fa. 1 de este proceso: que el
matrimonio no celebrado por la Iglesia Católica
Romana es nulo y que los hijos nacidos de dicho
matrimonio están en las mismas condiciones de
los nacidos en concubinato.
En presencia dé una violación y desconoci-
miento tan abierto y declarado contra nuestras
leyes positivas, el Agente Fiscal dei J uzeado Con-
NI RETRÓGRADOS Ni TARTUFOS
101
sultante ha debido deducir su acción á fin de que
se castigara el delito cometido, una vez que se
hubiera instruido el correspondiente sumario.
Léjos de verificar ésto, ha manifestado que no
procedía su acción, y ei Juez Consultante, sin sal-
var lo más mínimo su discrepancia, de opinión,
en caso detenerla, ha aceptado la doctrina ilegal
sustentada por aquel funcionario compartiendo así
la responsabilidad que correspondía al primero.
Las incitaciones de índole idéntica á laque se
refiere esta denuncia, se repiten todos los días
entre nosotros en todos los puntos de nuestro te-
rritorio, '.'ñas veces de una manera abierta, otras
bajo formas que no permiten su castigo; pero
siempre alentadas por las autoridades superiores
de la Iglesia Católica Romana, cuando nó ordena-
das formalmente por ellas.
Es tiempo de que ya cesan estas irregularidades
y convendría que se excitara el celo de los Seño-
res-Agentes Fiscales á fin de que propendieran á
su castigo cada vez que se produjera un hecho
análogo.
En virtud de lo expuesto procede que se aper-
ciba severamente al Juez y Agente Fiscal del
Juzgado Consultante.
V. E., no obstante esto, proveerá como.lo juzgue
más procedente.
Montevideo, Diciembre 16 de 1891.
Jacinto D. Real.
Montevideo, Diciembre 18 de 1891.
Vistos: con el Sr. Fiscal, apercíbase al Sr. Juez
162
SETKMBR1N0 E. PEREDA
L. de Paysandú y al Agente Fiscal. — Devuél-
vanse, (fdos.)— Alvares— Diaz— Piera.
Paysandú, Febrero 8 de 1892.
Cúmplase y archívese.
Crovetio.
Si el Agente Fiscal del Departamente de Pay-
sandú hubiese procedido con más rectitud y ma-
yor energía, el sacerdote culpable habría recibido
su condigno castigo; pero de cualquier modo, la
acertada resolución del Tribunal ya no dará már-
en á dudosas ó acomodaticias interpretaciones
e 1h ley.
El 12 de Febrero del mismo año, refiriéndose á
dicho asunto, nos decía el doctor Lafinur: En su
popular «Paysandú«, que llegó hoy á mis manos,
veo su triunfo en el asunto del cura de esa Parró-
quía. Sean cuales fueren mis opiniones individua-
les, lo felicito, como amigo, como correligionario
y hasta como solidariamente interesado en su
victoria, puesto que yo solo soy casado ante la ley.
El doctor Cárlos María de Pena, con data 16,
escribía á su vez:
«Ante todo felicitóle por su triunfo ante el Tri-
bunal en el asunto contra el cur-i párroco.»
Además, toda la prensa del país transcribió la
precedente sentencia.
La «Union Liberal», que fundamos y presidimos
en Paysandú, tenía y tiene propósitos radicales,
como se verá por las siguientes transcripciones
que hacemos complacidos, de sus estatutos.
NI RETRÓGRADOS VI TARTUFOS 163
S r «En nombre del derecho inviolable que tienen
los pueblos, y que es inherente á toda mujer y
todo hombre, de rendir culto á sus creencias
sugún los dictados de su razón y su concien-
cia.
En nombre del sagrado principio de equidad y
tolerancia proclamado por los filósofos _y sabios
de todos los tiempos, incluso el Judio Emanuel
de Nazarelh, conocido bajo el nombre de Jesu-
cristo.
Asumiendo la responsabilidad de nuestros ac-
tos, ante el avance absorbente y desordenado del
Clericalismo, representado por la compañía de
Jesu.tas bajo el nombre de Salesianos, ú otros
que, en beneficio de sus absurdas é inmorales
tendencias viene destruyendo el hogar, desqui-
ciando la sociedad y sembrando el desórden en el
seno de las familias.
Invocando él principio único que como ley su-
prema rige las L< yes del universo,-y usando de la
plenitud de los derechos que nos acuerda la Cons-
titución del Estado, hemos resuelto sancionar, y
sancionamos como base fundamental de nuestro
credo, cuanto sigue:
CAPITULO I
Art. 1.° Bajo el titulo de UNION LIBERAL
del departamento queda constituida una sociedad
cuyo principal objeio es combatir el fanatismo re-
ligioso.
CAPITULO II
Principios y propósitos
Art. 1.° Los principios que sirven de base y los
propósitos que persigue la sociedad son los si-
guientes:
SF/TEMBRINO E. PEREDA
1. ° La Soberanía de la Nación es esen-
cial y absolutamente independiente de todo
poder ó influencia religiosa. El ejercicio de
esa Soberania no puede ser coartado ni li-
mitado á instigación de ninguna secta reli-
giosa soprctesto de que su doctrina ¿se halle
en contradicción con las leyes Nacionales.
2. ° "Las declaraciones contenidas en el
syllabus (Constitución de la iglesia Roma'
na) han hecho imposible toda conciliación
entre la Iglesia Católi3a, que anatematiza el
progreso, la libertad de pensar y la civiliza*
ción moderna, y la Nación Uruguaya, cuya
Carta Fundamental consagra como dere-
chos indiscutibles la Soberanía del Estado y
la libertad en sus diversas manifestacio-
nes.
3. ° Los Poderes Nacionales* no deben, de
las Rentas Públicas, emplear cantidades de
dinero para protejer ó costear determinada
Religión; pues asistiendo, cou,o debe asistir
á todo habitante del pais, el derecho de profe-
sar el *-ulto que mejor le parezca, no es justo
que directa ó inder ectamente se le hoga con-
tribuir al sostenimiento de secta religiosa
cuyas do» trinas e3tén en pugna con sus
ideas. Es deber, pues, de todo habitante de la
República propender por los medios legales
á que se reforme en ese sentido el art. 5.° de
la Constitución actual.
4. ° La Iglesia Romana y demás sectas re*
ligiosas, al i^ual de cualquiera otra Aso-
ciación, déoe, para funcionar como tal, obte*
ner previamente personería jurídica, some-
tiendo la aprobación de sus estatutos á la
autoridad civil competente.
5. ° El artículo 5. ° déla Constitución Na-
cional no excluye á la clerecía Romana del
pago de patentes para el ejercicio de su pro -
NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS
165
fesión ó industria. Del mismo modo las sec-
tas religiosas y sus dependencias deben es-
tar sujetas, af igual de cualquiera otra Aso-
ciación ó persona» á la Ley común en cuanto
se relaciona con el pago do impuestos por el
giro de comercio á que se dediquen é impor-
tancia de sus bienes.
6° El Estado debe velar por que en las
escuelas que costéese dé instrucción científi-
ca y educación cívica. Debe así mismo obli*
gar á los colegios particulares de enseñanza
primaria á que se ciñan al plan de estudios
por él adoptado par a sus escuelas.
7. ° Es deber de todo habitante del pais
propender, por todos los medios legales, á
que se cumplan y observen las Lsyes Civi-
les cuando exista contradicción ó conflicto
entre éstas y las religiosas.
8. ° La adquisición, el goce y la pérdida de
los derechos políticos y civiles, sin excep-
ción, d^ben regirse por leyes especialmente
civiles. Toda tentativa de determinada secta
religiosa & quebrantar este principio dá lugar
á acción pública contra los promotores, quie-
nes deben ser considerados á los efectos de
la penalidad como sediciosos.
9. ° La desobediencia y conculcamiento de
las Leyes del Registro de Estado Civil traen
aparejado el desórden social. Por consi-
guiente, es un deber propagar y cumplir es-
trictamente sus mandatos con prescindencia
absoluta de las prescriciones de la Iglesia
Católica que solo responden á propósitos de
una secta religiosa.
10. ° La autoridad pública puede penetrar
en los Conventos y demás Establecimientos
llamados religiosos siempre que lo croa con-
veniente.
11. ° Todos los Establecimientos de educa-
SETEMBR1N0 E. PEREDA
ción é instrucción, así públicos como priva-
dos, sin excepción alguna, deben estar bajo
la vigilancia del Estado, á fin de impedir que
en ellos se enseñen ni profesen doctrinas
contrarias á la Soberanía Nacional y á la
observancia de las Lcyos que reglan el Es-
tado Civil de las personas.
12. ° La dirección y administración de los
Establecimientos públicos de Beneficencia
corresponde á la autoridad pública represen-
tada por las hoy Juntas Económico- Admi-
nistrativas, las que deben velar por que en
ellos no se haga presión á las personas allí
asiladas quetienda á obligarlas á llenar prác-
ticas de determinada religión.
13. ° L* exención del servicio en la Guardia
Nacional á los miembros del clero, es con-
traria al principio de igualdad consignado en
el artículo 132 de la Constitución actual. De-
ber, es pues, de todo habitante del país pro -
pender á que se reforme la Ley de 14 de
Julio de 1858 en el sentido indicado.
15. ° Nadie puede enagenarsu libertadper-
sonal ni renunciar para siempre á ella, pues
toda persona se debe por derecho natural &
su familia, ásu pátria y á la humanidad.
16. ° El acto que festeja la Iglesia Cató-
lica el primero de Enero de cada año y el
dogma de la confesión auricular por eüa es-
tatuido, deben ^roluoirse por ser contrarios
á la mcrai ya las bueaas costumbres.
17. ° A efecto de que las buenas doctrinas
hagan camino es menester difundir las lu-
ces de la verdad en el seno del pueblo. Res-
pondiendo á ese fin es, por lo tanto, nece-
sario propender al sostenimiento y cre*»c?*!i
de centros de enseñanza que respondan a los
elevados : Acales de la causa liberal, y .ser
apóstoles con la palabra y el ejemplo.
NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS
167
18 P Practicar la caridad es un deber
moral cuando ella es requerida, por los que
!a ejercen, sin miras especulativas, como un
fln y nó como un medio. No se debe, en con-
secuencia, contribuir para ninguna obra que
lio se ajuste á estos principios, como tam-
poco para el sostén de Establecimientos diri-
gidos por adversarios de la libertad de con-
ciencia, aunque éstos se escuden bajo el
hermoso título de «Sociedades do Bene-
ficencia», porque si bien en ellos se hace la
caridad, ésta espracticada con fines intere-
sados ó de secta.
CAPITULO III
Art. 5P Además de las atribuciones especiales
que en los capítulos respectivos se acuerda á la
Comisión Directiva, compete en general á ella co-
mo representante de la Unión Liberal del Depar-
tamento:
1P Propender al triunfo de !as :¿ea3 de
la Asociación, así en el seno de la Sociedad
como en el de la familia, disponiendo para
ese objeto de las sumas que sean indispen-
sables.
2P Propender á !a cuidad de los elemen-
tes liberales del país y aún fuera de él.
3P Observar individual y colectivamente
y hacer observar en general los prese r. tes
Estatutos, y muy principalmente en cuanto
se refieren al predominio del Estado sobre la
Iglesia Católica, ó cualquiera otra secta.
4P Denunciar á la autoridad Pública,
desde que de ello tenga conocimiento, los
abusos, las maquinaciones atentatorias á la
Soberanía, los crímenes y los delitos que
cometan los titulados ministros de Dios y
cualquiera otra persona ó personas.
168
SETEMBR1N0 E. PEREDA
5P Pedir el castigo contra los culpables.
6P Pedir amparo á la autoridad corres-
pondiente contra los insultos que desde la
cátedra llamada sagrada vienen siendo objeto
los liberales del Departamento por parte de
los que esplotan la Religión Católica.
7<P Dar conferencias públicas, y permitir
que en los salones de la Sociedad se cele-
bren fiestas de esa naturaleza.
9 P Asociarse enjla forma que juzgue al
festejo de fechas conmemorativas de triun-
fos de la causa liberal, pudiendo disponer
para el mayor esplendor de esas fiestas has-
ta de la suma de cien pesos anuales.
10 P Aplicar las penas establecidas en los
artículos 29 y 3Pdel Capítulo 59
CAPÍTULO V
De los deberes de los socios
Art. 19 Los que pertenezcan a la «Unión Li-
beral» en calidad de socios cotizantes, deben:]
1 9 Prestar su más decidido concurso y
cooperar en el seno de la sociedad y la fami-
lia, con la palabra y el ejemplo, para que en
el más breve tiempo posible triunfen del fa-
natismo los principios que proclama esta
Sociedad y muy principalmente los que se
refieren á la ley que debe regir el Estado
Civil de las personas.
2P Observar y hacer cumplir fielmente
los présenles Estatutos.
Art. 2P El socio activo que dejare de abonar
dos bimestres seguidos de la cuota que le corres-
ponde pagar según e' inciso 4P del artículo pre-
cedente, perderá su calidad de tal.
Art. 3P En igual pena incurrirá el que con pro-
paganda ó hechos desdorosos desprestigie la
causa liberyl.
NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 169
CAPITULO VI
Art. 1P Cada una de las personas que compo-
nen la Unión Liberal del Departamento tiene
derecho:
lPAque la Sociedad gestione de la au-
toridad pública correspondiente el amparo
en su honor y libertad consagrados en la
2. ° A que la Sociedad gestione de la auto-
ridad pública correspondiente el amparo en
su honor y libertad consagrados en la Carta
Fundamenta), en los casos que á ellos se
atente por la Iglesia Católica ú otra cualquiera
secta.
3. ° A que [individualmente sus amigos de
causa lo prefieran en la encomendación de
trabajos relativos á su profesión, oficio ó in-
dustria honesta á los que pertenecen á sectas
religiosas contrarias a los principios de li-
bertad que proclama esta agrupación.»
Consecuente con esos principios, violados los
Estatutos sociales, por uno de los miembros de
la Asoci.ición, propuesta la expulsión del in-
fractor, no pudimos ménos que apoyarla, y ha-
biéndose resuelto. castigarla on un simple aper-
cibimiento, solicitamos la eliminación de nuestro
nombre del cuadro de la «Unión Liberal», en los
siguientes términos:
Paysandú, Mayo 20 de 189£.
Señor Vice-Presidente de la Unión Liberal del
Departamento, don José Deban.
Después de lo resuelto en la sesión de anoche
respecto á la conducta observada por Alfonso A.
de Toledo, casándose por la Iglesia empero su
formal compromiso contraído para con ¿sus titula-
dos amigos de causa,— me considero de más, tanto
170 SETEMBR1NO R. PEHEDA
en mi carácter de Presidente como en mi calidad
de miembro de esa Asociación de que soy iniciador,
y por lo tanto, elevo renuncia indeclinable de uno
y otro.
Juzgo que en el caso ocurrente no existe atenua-
ción posible, sinó, por el contrario, circunstancias
agravantes que hacen aplicabíe, sin contempori-
zación alguna, el artículo 3.° del caoítulo V de nues-
tros Estatutos por violación cíe ¡o dispuesto termi-
nantemente en el capítulo II, 9* declaraioria de
principios y propósitos, lo mismo quédelos inci-
sos 2.0 y 3.o del capítulo primeramente citado, en
su artículo 1 o, que exije ser apóstol con ¿apalabra
y d ejemplo y —y observar y cumplir fielmente nue* -
tra carta orgánica.
Soy de los ^uo creen que en tales casos deben
aplicarle medidas extremas, resoluciones radica-
les, en vez de emplearse paños tibios, — para no
arriar la bandera de nuestros principios ni dar
márgen á que á c>.da paso se violen impunemente
nuestros Estatutos, máxime cuando á su infractor
nosele puede calificar de irreflexivo y falto de luces
Í mes es nadamános que Director de un Instituto
Cscolar, incorporado á la Universidad Mayor de
la República, que aspira á ser Mentor de la iuven-
tud, y á preparar hombres indigentes y útiles á la
sociedad.
Sírvase, pues, señor Vice Presidente, llevar esta
nota á conocimiento de esa Comisión, á fin de aue
mi nombre sea de»d« ~a ¿Ilaúnauo det Directorio
y üe la nómina de sócios.
Le saluda atentamente S.S. S.
Setembrino E. Pereda.
Esta nota motivó el nombramiento de una Co-
misión, con los propósitos que expresa la siguien-
te esquela:
NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 171
Estimado amigo Pereda: En la reunión de la
Unión Liberal que tuvo lugar anoche, fui nom-
brado para formar parte de una |comisión que de-
be apersonarse á Vd. hoy á las ocho, con el obje -
to de ped:??e que retire s»u renuncia y continúe
prestando á tajsocícdad su valiosísimo concurso.
• : * A causa de encontrarme un poco enfermo no
podré concurrir hoy á la cita y quiero manifestar-
le pormodio de la presente mi más decidida ad-
hesión alo que mis colegas le pidan y rogarle,
como amigo, acceda á ese pedido, en vista de
las consideraciones que ellos le expresarán.
Su amigo que lo aprecia.
'Juan José Megget.
S. C. Marzo 23 de 1892.
Suscrita por numerosos sócios se presentó una
solicitud á la Comisión Directiva, pidiendo una
Asamblea general, psra tomar en cuenta nuestra
róijuncia, y se insinuaba en ella el deseo de que
concurriésemos á ese acto.
Dicha Asamblea se celebró, dictándose por
unanimidad de votos la expulsión del socio, Tole-
do, cuya resolución tuvimos el honor de comuni-
carle por nota.
El doctor Laflnur,en carta del 10 de Abril, nos
decia al respecto:
«He visto la energía con que el «Club Liberal»
de ahí ha hecho respetar los fueros de la in« + i-
tuciót:, tomados como cosa bala^.i por el socio
expulsado.
«Con esta medida, los que quedan se librarán
bien de incidir en análogas licencias».
Antes de promover en Paysandú la fundación
de la Unión Liberal, en lo que marchábamos de
172
SETL1MBFUN0 E. PEREDA
acuerdo con los correligionarios de Montevideo, —
ya habíamos promovido trabajos, con dos ó mas
años de antelación, en el mismo sentido.
Hé aqní la prueba: ^
LIGA LIBERAL
Los que suscriben se adhieren á la formación en
el departamento de Paysandü de una Liga Libe-
ral, cuyo principal objeto sea propagar y sostener
los principios liberales en materia religiosa y
combatir abiertamente las absurdas y perniciosas
doctrinas del clericalismo. — Firmados: Mariano
Pereda, S. E. Pereda, José Pariittí, Luis Mannise,
Juan R. Bayley, José Debatí, Felipe S. Córdoba,
Julio de Saint Romain, Máximo Bascans, Ger-
mán Fassauer, Virginio Carenzio, José F. Peluffo,
Antonio Pereira Iglesias, Félix Fernández, To-
más Pomar, Santiago Chappe, Ramón L Rioero,
José R. Maloar, Francisco Amilrano, Aguntin
Heguiio, Francisco Bochaton, Nicolás Del Mastro,
Santiago Albertti, Lorenzo Cazzola, Francisco P.
Várela, Juan Servant, Clemente BufJeL Eloy J.
Legar, Alfonso Mautone, Juan A. Quintana,
Francisco Hiriart, Santiago Colombo Venancio F,
N icol ni, Domingo Barden, Ftderíeo R. Fernán-
dez, José Comas, Félix Giotoso, José Castro, José
I. Martins, Domingo Squeri, Belimrio EpaUa,
Deljino Bayce, Jacinto Mendoza, Francisco Uziel,
Eduardo J. Debali, Juan Colombo, Pedro Gaggini,
Cárlos J. Volonterio. (Siguen las firmas).
Debido á fuerza mayor, que en nada afectaba, sin
embargo, la causa liberal, pa; alizamos esos tra-
bajos y no se filado con más antelación la Unión
Liberal del Departamento.
Ya en 1879,. en carta que nos escribía el distin-
guido dramaturgo y literato argentino don Fran-
cisco F. Fernández, autor de «El Borracho», Mon-
teagudo», «Zaida» y varias otras meritorias pro-
ducciones, nos decía:
NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS
173
Tengo conñanza en el temple del carácter que
han formado en Vds. el trabajo y la lucha (por los
buenos principios.
«La misma fé me asiste de que el estudio con-
tinuará desarrollando las fuerzas intelectuales,
que mañana necesitarán para p.uevos yjmás récios
combates, con la vida y con los hombres.
«No tengan cuidado: aquí ha sido derrotado el
clericalismo en la polémica con «El Libre Pen-
sador».
«Estudien sin cesar y permanezcan firmes. Yo,
por mi parte, no escaseo esfuerzo en < bsequío
de la noble bandera, a cuyo pié logró agrupar jó-
venes de las calidades sobresalientes de Vds.,
cuando la causa de la libertad y del patr iotismo me
lanzó al destierro.»
El Casino «Libre Pensador», fundado en el Car-
melo, nos favoreció con el nombramiento do miem-
bro de honor, según se espresa en las comunica-
ciones siguientes:
Sr. Presidente de la «Unión Liberal» de Pay-
sandü— Carmelo, Mayo 30 de 1892— Señor Presi-
dente: -El Casino Libre Pensador, haciéndose éco
de las aspiraciones y deseos de sus asociados; te-
niendo muy presente que esa Sociedad persigue
los mismos ideales que la recientemente fundada
en esta localidad; no olvidando tampoco que la
unión constituye la fuerza, y que por consiguiente
debe existir reciprocidad no solo de acción, sino
también en ider.s que nos conduzcan á la cumbre
de nuestros legítimos derechos de hombres libres,
de conciencias desligadas por completo de fana-
tismo y supersticiones religiosas que aparejado
traen el embrutecimiento intelectual y moral del
individuo y por ende el trastorno sociál, aún con
peores resultados en el hogar, por los encargados
de apagar la luz de la it tetigencia; teniendo muy
en cuenta el avance dado á nuestra libertad que
amenaza derrumbarse en toda la línea si á ti m-
174
SETKMBR1N0 E. PEREDA
o no se la apuntala de una manera radical, esta
ociedad os propone, por mi intermedio, la alianza
mútua á los fines consiguientes, dánlonos cuenta
de todo aquello que importe al progreso y bien es-
tar de la colectividad, así como también de las de-
cepciones que pudieran ocurrir dentro de los afi-
liados á la propaganda.
Al mismo tiempo he de manifestaros que en
Asamblea General verificada el 29 de del corrien-
te quedó acordado y sancionado lo siguiente:
«Nómbrase miembro de honor al Presidente de la
Unión Liberal de Paysandú como representante
genuino de todos sus asociados.— Hágase saber
igual resolución que se le acuerda al Director del
diari >hl Paysandú.
Recibid, por tanto, Sr. Presidente, por mi inter-
medio, el testimonio fiel de causa de los compa-
ñeros de Carmelo, queriendo ser intérprete de
nuestra resolución para el señor Director de El
Paysandú con iguales demostraciones que os envia
vuestro affmo. S. S.— José S. Patón, Presidente
— Antonioio Troise, Pro-Secretario.
Paysandú, Junio 7 de 4892.
Sr. D. José S. P¿ ton, Presidente del Casino. «Li-
bre Pensador»
Carmelo.
Muy señor mió:
Quedo sumamente agradecido á la deferencia
con que me han honrado mis correligionarios de
ese importante centro, nombrándome miembro de
hon< r en mi carácter de Presidente de la Unión
Liberal del Departamento de Paysandú
Igual distinción me ha hecho la Sociedad 20 de
Setiembre, dicerniéndome el titulo de socio hono-
rario, que es el único que hasta la fecha ha di-
cernido.
NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 175
Modesto pero entusiasta paladín de la causa
á a la libertad de conciencia, estas distinciones
confortan más mi espíritu para la lucha que des-
de hace años vengo sosteniendo á campo abier-
to, en la prensa, en la tribuna y en el libro contra
el clericalismo romano.
Como una pobre retribución remito por este
mi^mo correo las seis obras que he dado a luz,
para que formen parte de la biblioteca de ese cen-
tro.
En el tomo 1.° de «Miscelánea» encontrarán los
amigos de causa artículos, discursos y versos en
pró del liberalismo moderno.
En lo que respecta á «El Paysandú», el 15 de
Abril último saqué de su frente mi nombre como
director y redactor.
Actualmente no tiene lo primero, pues yo. mien-
tras no se hace cargo del diario el señor Máximo
Bascans, solo ejerzo superintendencia moral.
Quedando reconocido á esa sociedad y haciendo
votos por la creciente prosperidad del «Casino Li-
bre Pensador», saluda en su persona á los dignos
obreros de la causa regeneradora del pensa-
miento libre S. S. S. y correligionario.— Setem-
brino E. Pereda.
Gasino «Libre Pensador».
Carmelo, Junio 15 de 1892.
Señor don Setembrino E. Pereda.
Estimado correligionario:
A .su «Jebido tiempo ret ibí su muy grata nota de!
7 del corriente, por la que he visto el hermoso do-
176
SETEMBRINO E. PEREDA
nativo que se ha servido hacer á este centro libe
ral, el primero en su género en este Departa-
mento.
Como era de mi deber, di cuenta á los asocia-
dos de la maniftcencia de usted, asi como de los
sentimientos honorables que le animan para la
colectividad, y en especial á este centro; de cuyas
resultas fue sancionado un voto de gracias, tan
comunicaros, para vue stra inteligencia y satisfac-
ción.
También he de significaros que. sin temor de
equivocación, si tuviera la República un centenar de
hombres como vos, tan decididos propagandistas
como entusiastas por la idea que perseguimos,
ha tiempo que este hermoso pais estaria limpio de
la polilla que le corroe las entrañas. Pero firmts
y constantes en la brecha, sabremos vencer,
contando, como cuenta el partido liberal, con hom-
brea que, como vos, lo sacrifican todo por la li-
bertad de conciencia.
Recibid por mi intermedio el testimonio fiel de
la adhesión de causa y simpatia que os demues-
tra vuestro afmo. S. S. José S. Patón, presidente —
Pedro A. García, pró -secretario.
En lo que respecta á la enseñanza láica son tam-
bién conocidos nuestra propaganda y trabajos en
su favor, pues por la prensa y en conferencias
públicas la hemos defendido de los ataques del
clericalismo.
Cuando á fines de 1882 de pretendió echar por
tierra el sistema Valeriano, redactam os, é hicimos
suscribir por numerosas firmas, 1 a siguiente so-
licitud diri jida al gobierno y cuyo or iginal obra en
nuestro poder.
«Los que suscriben, teniendo conoc i miento de
Ní RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 177
que se hacen activos trabajos en sentido de im-
plantar en nuestras escuelas públicas el antiguo ré-
gimen escolar, y por consiguiente, derogar los ac-
tuales métodos y sistema da enseñanza,— i ntere •
sados, como miembros de la sociedad oriental y
amigos del progreso, por que no descendamos en
la escala de nuestros adelantos morales é intelec-
tuales, venimos, por medio del presente documen-
to, á protestar formalmente contra esos avances
y manifestaciones del retroceso, y á declarar que
como padres y madres de familia, unos, y como
amantes de la difusión de las luces otros, nos
adherimos con íntima fé á los programas y siste-
mas de estudio que rigen en los establecimientos
de educación pública.»
¿Qué se quiere con esa reforma y ese retroceso?
¿Qué beneficios podrá alcanzar el pueblo con
que volvamos á los tiempos de las lecciones de
memoria y la palmeta?
No se conseguiría otra cosa que acrecentar más
la ignorancia y la superstición: en vez de séres
concientes de sus deberes y derechos, tendríamos
autómatas, máquinas parlantes, inteligencias lle-
nas de palabras y vacias de ideas, conciencias ma-
niatadas, esclavos de una creencia, y nada más.
Es necesario evitar todo esto.
De ahí que secundando el movimiento civiliza-
dor de otros pueblos de la República se haga me-
nester que los espíritus que viven confundidos con
1* corriente de las grandes ideas y de los senti-
mientos levantados hagan también oír su voz y
su protesta en favor del sistema implantado en el
país por el inolvidable ciudadano José Pedro Vá-
rela.
Decir que en nuestras escuelas no se enseña re-
ligión, es asegurar una falsedad maniíiasta. Se
adopta como texto la Catequística, aprobada por
la Iglesia, libro esencialmente religioso y católico
— Lo único que hay, es que se respetan las creen-
18
178 SETEVBR1N0 E. PEREDA
cias y no se les inculcan esas ideas á los niños
cuyos padres son opuestos á ello, con lo que se. ga-
rante la libertad del pensamiento y la de concien-
cia, de acuerdo con nuestra Carta Constitucional,
que tolera todos los cultos y prescribe la libre
emisión de las ideas.
Por otra parte, —se enseña la moral, y es la
moral la que morijera 1 ís costumbres y las pa-
siones y encamina al hombre por la senda de las
buenas acciones, salvaguardando los legítimos
intereses y el porvenir de la sociedad.
Por estos y muchos otros fundamentos, protes-
tamos contra esos retrógrados trabajos, y mani-
festamos nuestra conformidad con el actual régi-
rren escolar.
Paysandú, Octubre de 1882. (Siguen las firmas)
Esta protesta no fué presentada al Gobierno
por ser innecesario, pues la propaganda clerical
no encontró éco.
En 1879, siendo Inspector Departamental de Es-
cuelas el Dr. D. Ramón López Lomba, tuvimos el
honor de publicar un folleto sobre la antigua y
moderna enseñanza, conjuntamente con los Sres. •
Remigio Brian (hijo), Eduardo R. Fernández y
Fernando C. Pereda, con motivo de informes esco-
lares expedidos por maestros particulares apega-
dos al viejo régimen educacionista.
D. José Pedro Várela, entónces Inspector Na-
cional delnstrucción Pública, nos favoreció con su
aplauso y palabras de aliento.
Sentimos que su carta se nos haya traspapelado
y que la premura de tiempo nos impida darla á
luz en la presente publicación, pues es un docu-
mento digno de leerse.
Mucho, muchísimo más podríamos agregar pa-
ra justificar que no somos propagandistas de úl-
tima hora, sinó desde hace 17 años; pero lo omi-
timos por juzgar no imprescindible su inserción.
Además de la carta á que aludimos del señor
NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 179
José Pedro Várela, nos estimularon varias otras
personas competentes, con motivo de nuestros
esfuerzos en favor de la enseñanza láica.
Más como propaganda, que por otra cosa, pu-
blicamos á continuación algunas de ellas.
Señor don Setembrino E. Pereda.
Estimado joven:
Ayer recibí su interesante carta acompañada de
un ejemplar del folleto que sobre los exámenes
pasados ha publicado u^ted con algunos jóvenes
compañeros.
Agradeciendo su envío, lo felicito por la actitud
digna que toma usted en la cruzada iniciada en
favor de la educación.
Siempre llegan a realizarse las obras proyecta -
das cuando se llevan a ellas elementos nuevos y
sanos.
A la juventud de este pueblo toca sostenerse
con honra en la brecha abierta en el campo de
la idea, como se sostuvo en tiempos de tristeza y
lágrimas, en la brecha ensangretada del comba-
te, al lado del cañón mortífero que envolvía en
humo y polvo los cuerpos despedazados de los
héroes de Paysandú!
Humilde en 'a labor, pero grande en aspiracio-
nes y sentimientos, me siento orgullosa de la ju-
ventud de mi patria cuando la veo levantarse con
espíritu ar helante y ardiente, deseando conquistar
para el porvenir nueva honra, si cabe, que la in-
marcesible gloria de los héroes legendarios na-
cionales.
Luchar con el libro por espada, es la lucha de
los Virgilios que aman la libertad y el progreso;
luchar con la espada de acero reluciente, es la lu-
180
SbTEMBRINO E. PEREDA
cha de los Césares que ahogan la libertad de los
pueblos; luchar con el libro de oraciones y el ro-
sario, es la lucha de los inquisidores que ahoga-
ban la conciencia de los hombres.
Lo saluda con aprecio su compatriota.
Do fila C. de Orozco y Zambrana.
Casa de usted. Febrero 11 de 1879.
Inspección de Colegios Nacionales.
Buenos Aires, Febrero 17 de 1879.
Querido Setembrino:
Los dogmas liberales, que han fecundizado to-
dos los terrenos, han completado también su evo-
lución en la enseñanza, y aunque no he hecho
examen del plan de estudios y programa deesa
República, induzco por el folleto que me envías,
que es el umversalmente empleado por todos los
educacionistas eminentes, y el que me propongo
implantar en las provincias argentinas, sobre la
base de mi circular del año pasado.
El verdadero sistema de educación primaria es
tan sencillo como óbvio:descansa en nociones filo-
sóficas eJementalísimas y naturales —El universo
es una gran variedad múltiple, pero con una ar-
monía perfecta y unidad estricta.— Todo sistema,
pues, de desarrollo humano, debe salir de la
naturaleza sin destruir ese concierto, que es la
ley soberana de todos los desarrollos. De modo
que, promover, auxiliar y defender todas las po-
tencias del hombre en su* períodos propios y ór-
den natural, contiene los principios provechosos
de una educación racional y el camino más recto
de sus aspiraciones individuales y sociales
Estos son los raciocinios que hemos estudiado
NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 181
en nuestra humilde aula de filosofía, tan hostili-
zada, sin embargo, por el espíritu de una igno-
rante rutina, inveterado en los pueblos alejados
de las corrientes civilizadoras. Tú, que eres una
inteligencia clara y un noble corazón, no podías
traicionar aquella generosa bandera, que enarbo-
lamoscon tanta audacia y sostuvimos en la ruda
batalla con tanta lealtad. En nombre del aposto-
lado, permíteme enorgullecerme del folleto que me
envias.
En las manifestaciones que contiene, veo el po-
deroso fermento de aquella levadura, al calor de
las jóvenes inteligencias sanduceras; veo en ellas
retoñar aquel árSol, desgajado por el hucha im-
placable de la maledicencia.
¡Bien se los deeia yó!....
«El grano de oro está ya en el surco.... nacerá la
mies, sin que ningún poder humano la esterilice.. .
y no está muy lejos el dia en que ustedes, mis es-
tudiosos amigos, brinden la eucaristía del verbo
á los mismos que hoy ahullau en nuestro derredor
rebujados en las tinieblas.» Esto no era profetizar
las matemáticas no adivinan, y el espíritu posée
leyes tan exactas como le cienci v de los núme-
ros.
La educación debía recojcr también sus conse-
cuencias en v3l desenvolvimiento lógico del espí-
ritu, emancipado de la* £t¿rraciones ael pasado.
El método de ia observación y de la irducción
científicas, al amparo de la libertad, lo han vuelto
á su juicio, de donde fué arrancado por la fuerza
y la infalibilidad.
Una enseñanza racional debe fundarse en el co-
nocimiento, desarrollo y cultura de las facultades
del hombre, aplicadas á las investigaciones del
Universo, al papel que en él juega, fin ó continui-
dad de la evolución de su destino en la tierra.
La reforma se ha operado radicalmente, contra
el estéril é insensato sistema antiguo de educación.
182
SETKMBRWO E. PEREDA
El sistema científico-filosófico va de lo sencillo á
lo complicado, del fenómeno ó ía ley, del hecho
concreto á la generalidad, de la práctica á la regla,
por intuición: es decir, en suma: de lo fácil á lo
difícil. ¿Puede concederse un método más obvio?
¿No es una locura hablar el quichua al ruso, y el
ruso al quichua? ¿Lo es menos hablar al niño el
lenguaje meiaíísioo de los principios, antes que d
de los hechos de donde emanan?. . .
Felicito pues, á iodos Vds.— No era posible que
triunfaran otras ideas en un centro donde tienen
el derecho de la propaganda, altas inteligencias
como la de Pablo De María y Carlos María Ramí-
rez; y educacionistas competentes como López
Lomba.
Acaso me he estendido demasiado, aunque no lo
bastante, para probar el cariño que tengo al pue -
blo de Paysandú.— Mis tareas oficiales me robnn
todo el tiempo. Entre Colegios, Escuelas Norma-
les, Seminarios Conciliares y Escuelas de Misio-
nes son 27 establecimientos que tengo á mi cargo
como Inspector de Educación. Felizmente, el Mi-
nistro de Instrucción Publica doctor don Bonifacio
Lastra, así como es de rectu y bondadoso, es de
ilustrado y laborioso.— Adiós. '
Tu amigo aftmo.
Francisco F. Fernandez.
Buenos Aires, Mayo U de 1879.
Sr. D. Setembrino E. Pereda.
Paysandú.
Distinguido caballero.
Recibí el folleto titulado: Informes Escolares y
breves consideraciones sobre la antigua y. moderna
enseñanza.
NI RETROGRADOS NI TARTUFOS
183
Con el interés que me inspira todo aquello que
se relaciona con la educación común, he leído tan
precioso opúsculo. Su lectura me ha proporciona-
do un verdadero placer y doy á Vd. las gracias
por ello.
Felicitando en Vd. á la juventud inteligente y
estudiosa de Paysandú, me es grato saludarle con
mi más distinguida consideración.
Raytnunda Torres y Qaxroga.
Colón, Mayo 27 de 187Í).
Sr. D. Setembrino E. Pereda.
Paysandú.
Estimado amigo:
Las idéas que Vd. manifiesta en el folleto s ubre
educación que tan galantemente me ha enviado,
me revelan los recomendables conocimientos que
posee sobre el ramo de instrucción, cuyo fomento
se hace tan indispensable en nuestras repúblicas
sub-americanas.
Es en vano que se trabaje con el propósito do
desmerecer las inmensas ventajas del sistema
moderno de enseñanza; porque esos trabajos no
conducirán á sus autores á la cúspide de las ambi-
ciones que alimentan, pues el progreso tarde ó
temprano triunfa.
Firmeza en las posiciones conquistadas y valor
y perseverancia para adquirir las que quedan á
conquistar y un triunfo expléndido coronará nues-
tros esfuerzos.
Sin más, saluda á Vd. con toda considera-
ción y aprecio su amigo y S. S.
Emilio Gouchón.
184
SETEMBR1N0 E. PEREDA
V
En cuanto á nuestra actitud como ciudadano,
basta para constatar que tampoco fuimos indife
rentes ante los altos intereses nacionales y en
nuestro carácter de afiliados sinceros al Partido
Constitucional, lo que pasamos á trascribir.
Con fecha 16 de Mayo de 1887, nos decia el doc-
tor Pablo De María.
«Siempre recibo «El Paysaadú» y lo leo con
gusto. — Su digna propaganda tiene que hacer mu-
cho bien en ese departamento.»
El 7 de Marzo de 1893, nos escribía:
Señor don SetembrinoE. Pereda.
Mi distinguido amigo:
Tuve el gusto de recibir su carta de fecha 4 del
corriente.
Esa carta h i venido muy á tiempo, pues me
sirve para activar la realización de un pensa-
miento que me ha comunicado hace algunos
días el doctor Aramburú:— el de provocar aquí
una reunicn de constitucionalistas para decidir
la actitud que debe asumir el partido en la actual
situación política del país.
He hablado ccn el doctor Aramburú, le he ma-
nifestado los deseos de los correligionarios de
Paysandú, y hemos quedado en que, asi que se
organice el ministerio y se haga el nombramiento
de Jefes Políticos, se verificará la reunión.
Yo no he sido partidario del doctor Herrera ni
del general Pérez, porque ninguno de los dos sa-
tisfacía mis aspiraciones de ciudadano— Elegido
NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS
185
el doctor Herrera, lo acato, hago votos por que
realice las bellas promesas de su programa, y si
asi lo hace, tendré gran satisfacción en tributarle
mi más dincero aplauso.
Durante la lucha presidencial que ha terminado,
no ha hab do mas que actitudes individuales.—
Cada correligionario ha procedido aisladamente
según su conciencia.
Ahora se trata de definir Ir ¡actitud colectiva del
partido, y es indudable que hay gran convenien-
cia en ello, puesto que sin unid. id no podemos ser
una fuerza.
Según parece, mañana quedará nombrado el
Ministerio . — Por los datos que hay, se espera que
su composición será bastante buena, y si, afortu-
nadamente para el pais, sucede así, creo que nues-
tro partido decidirá apoyara! nuevo gobierno,
mientras ésta cumpla su programa.
No somos un partido perdona!, sinó un partido
de principios, y por consiguiente, debemos felici-
tarnos de que se realicen nuestras ideas, sean
quienes fueren las que las lleven a la práctica en
las alturas del poder.
— He leido la publicación que ustedes han he-
cho ahí exhortando á los correligionarios á ins-
cribirse en los Registros Cívicos.— M-jcho me ha
complacido dicha publicación.
Prometiendo escribirle así que tenga algo de
nuevo que comunicarle, me suscribo de usted co-
mo siempre su afmo. amigo y S. S.
Pablo De María.
El mismo compatriota y amigo, nos decia tam-
bién:
Montevideo, Abril 2 de 1890.
Señor don Setembrino E. Pereda.
Mi estimado amigo: Tuve el gusto de recibir su
carta de fecha 30 del mes ppdo.
186
SETRMBR1N# E. PEREDA
El movimiento político de los Constitucionales
de Paysandü debe ser y es en realidad obra exclu-
siva de ellos.
Vds. nos dan el ejemplo á los de la Capital, y es
preciso que esto se comprenda aquí para que
nuestros correligionarios salgan de la inacción en
que se encuentran.
El doctor Aramburú debía iniciar una reunión
aquí, como lo comuniqué á Vd. en mi carta ante-
rior, pero á causa de encontrarse enfermo está de
viaje para el Paraguay, y ñor eso ha desistido de la
iniciativa que se habia propuesto tomar. — Vere-
mos si otro la toma.
Sin otro objeto por hoy, queda de Vd. como
siempre afmo. amigo yS.S.
Pablo De María.
Montevideo, Mayo 30 de 1890.
Mi amigo Pereda: Recibí su carta y paso con
gusto a contestarle sobre lo que en ella me dice.
Aquí nadie ha dado importancia á la separación
de Herrera fiel Partido Constitucional, no porque
dicho ciudadano no sea, como es, muy apreciable,
sinó por que su resolución es un acto aislado que
en nada compromete la vida de nuestra comunidad
política.
No me ha sorprendido la actitud de Herrera.—
La esperaba, pues hace tiempo que lo veía traba-
jando por la idea de volver al Partido Colorado.
Yo contesté particularmente á la carta de He-
rrera. — Mi contestación no ha sido publicada por-
que yo no he querido darla á la prensa.
La cuestión de si el Partido Constitucional se
form como una coalición transitoria, ó como un
verdadero partido, con misión propia y perma-
nente, no es tal ciáeoüón, y así es que no puede
NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 187
"admitirse discusión alguna al respecto— El mani-
fiesto publicado aquí en Mayo de 1889, y e! Armado
en Paysandu en Junio ó Julio del mismo año. son
explícitas y terminantes. — Los que los suscribimos
nos desligamos irrevocablemente de los partidos
tradicionales, y por consiguiente, no podernos sin
inconsecuencia volver á ellos.
Por lo demás, las ideas del Partido Constitucio-
nal triuntan en la conciencia pública y hasta en las
esferas del poder— Este hecho es evidente, y ante
esíe hecho no se concibe que uno pueda poner en
duda que el Partido Constitucional tiene una gran
misión que llenar y debe seguir y seguirá viviendo.
En estos dias vamos á tener aquí una reunión
numerosa de miembros del Partido Constitucional.
—Nos faltaba un local á pr opósito para celebrarla,
pero ya lo hemos encontrado.
Lo tendré á Vd. ai corriente de lo que se re-
suelva.
Su afmo.
Pablo De Mana.
Monteviueo, Junio 11 de 1800.
Señor don Setembrino E. Pereda.
Mi estimado amigo: Mañana tiene lugar una
reunión privada de miembros del Partido Consti-
tucional, para la cual han sido invitadas más de
trescientas personas.— Como creo que en ella no
se hará más que nombrar Comisión Provisoria del
Partido, no he hecho á Vd. telegrama para que
venga.
Si más adelántese celebra reunión pública, ú
otra privada que revista interés, tendré mucho
gusto en avisárselo á usted á fin de que concu-
rra.
Sin otro objeto por hoy, quedo de usted como
siempre afmo. amigo y S. S.
Pablo De María.
188
SETEMBR1N0 E. PEREDA
Cuando la conciliación de Noviembre en 1886
nos adherimos á ella juzgando un acto de pa-
triotismo el movimiento de opinión que enton-
ces se operaba, y cuando el general Máximo
Tájes subió al poder, escribimos, el 23 del
mismo mes y año las apreciaciones siguien •
tes:
«Después de once años de incesantes sobre-
saltos» en que el patriotismo del pueblo oriental
veia con inmenso dolor sucederse los aconteci-
miento?» políticos divorciado con sus gobernan-
tes, acaba de inaugurarse una éra que abre ri-
sueños orizi ntes de esperanza; y ese mismo
pueblo confraternizan! presente con los que ma-
nejan los destiros nacionales.
Es que el ángel de la patria tocó el corazón
del hombre que imponía su férrea voluntad al
amparo de ia fuerza; un pensamientp feliz y sal-
vador brotó en su mente, y en un momento de su-
blime arrebato, compelido por el deber cívico,
llamó á su I do á sus adversarios de ayer, prome •
tiéndoles toda clase de garantías, abrióles de par
eñ par las puertas de la patria, tendió sus ojos á
las páginas déla con.'titución por él jurada, los
hombres de principio respondieron á su patriótico
llamado, v sintiéndose más grande que nunca al
calor de "los principios, ántes de retroceder, siguió
adelante, imprimiendo un robusto impulso á la
conciliación con tanto éxito y entusiasmo inaugu
rada.
El país entero se pone en pié para aclamar
y bendecir ese pensamiento, y a.¿.»íó con su adhe-
sión y su aplauso á los huevos gobernantes.
Trás los votos populares y las halagüeñas pro-
mesas, vienen los hechos, se sancionan men-
sajes que simbolizan paz, fraternidad y olvido; se
lleva la tranquilidad á muchos hogares, quitan-
do de varios departamentos Jefes Políticos que
eran el azote y el terror de sus gobernados,—
NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS
189
y el hombre que bajo tan lisonjeros auspicios
habla sido el iniciador de una política de conci-
liación, viendo quebrt»ntada su voluntad y acon-
sejados por la ciencia médica, abandona la pri-
mer magistratura de la República, en el íntimo
convencimiento, según si.s propias palabras, de
que la paz y el orden están comp'etamente ase-
gurados en el país, merced á la evolución polí-
tica que ha promovido, y en la segundad de que
el ciudadano que la reemplaza seguirá la misma
política por él iniciada.
Tan inesperado suceso vino á precipitar laso-
lucicn del problema presidencial.
En el seno del nuevo Ministerio había un
hombre sobre el j cual desde hace tiempo se te»
nían fijas todas las miradas, y cuya car didatura
la imponían las circunstancias.
Ese hombre no era otro que el Teniente Ge-
neral Máximo Tajes, que á la par de reunir las
simpatías del ejército, no era adverso á la opi-
nión pública desde su noble proceder con la ju-
ventud uruguaya vencida y hecha prisionera en
los memorables Palmares de Soto.
Y la Asamblea General, comprendiéndolo así,
y colocándose una vez siquiera á la altura de su
mandato, le acaba de proclamar, por voto canó-
nico, Presidente Constitucional de la República.
Su proclamación, sin embargo, no causó buena
impresión en los primeros momentos.
Circulaban diversos rumores, en un todo contra-
rios al espíritu de la política iniciada.
Decíase que la Dictadura era un hecho; que el
nuevo Ministerio se había venido abajo, y que,
por consiguiente, las promesas del general San-
tos habían sido brutalmente violadas.
El Paysandü ante tales rumores creyó pruden-
te no abrir juicios de ninguna especie, hasta
tanto no se esclarecieran los hechos, pues so-
mos enemigos, por convicción y por carácter,
190
SETEMBR1NO E. PEREDA
de en.itir opiniones aventuradas, sin ántes estar
empapados en la realidad de las cosas.
De ahí también que el pueblo de Paysandfc
mirara con malos ojos la manifestación llevada
á cabo entre nosotros en la noche del 19 del
corriente, absteniéndose de concurrir á ella.
No habría sucedido otro tanto, i 1 estamos; segu-
ros, si se hubiesej sabido desde un principio la
verdad de lo ocurrido, por que la exaltación á la
Presidencia del General Tajes ha sido bien re-
cibida por la gran mayoría de nuestra pobla-
ción.
Creemos sinceramente que el nuevo magistra-
do, si cumple su hermoso programa de gobier io
y sigue rodeándose de ciudadanos como los que
desempeñan las distintas carteras, hará una admi-
nistración honrada y ejemplar.
Así lo espera el país entero»
Amigos sinceros de la conciliación al cumplir
el primer aniversario de ésta le dedicamos un
entusiasta artículo en las columnas de «EL Pay-
sandú».
El Dr. José Pedro Ramírez nos dirijió, con tal
motivo, las siguientes líneas:
Montevideo, Noviembre 7 de 1887.
Sres. Máximo Bascans y Setembrino E. Pereda.
Mis distinguidos compatriotas:
Leo con asiduidad «El Paysandú» que ustedes
redactan, y siempre he aplaudido la perseverancia
de su propaganda consecuente y discreta, á tal
punto que mis amigos y yo jamás hemos alcanza-
do á percibir una nota discordante.
NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS
m
Mi adhesión y mi conformidad á ese respecto
es vieja, pero mi reconocimiento al exagerado
concepto que de mi tienen ustedes y que han ex-
presado en el articulo que consagran al primer
aniversario de la conciliación de Noviembre, es
de este momento, en que condujo de leer ese ar-
tículo.
Soy muy sensible á 'a aprobación y al aplauso
d e mis correligionarios y amigos, y conmueven
J as fibras más íntimas de mi sima cuando vienen
de personas de las condiciones de ustedes y á
quienes no me ligan relaciones personales.
Les estoy pues, sumamente grato por la satis-
facción que han sabido proporcionarme y siento
el deseo irresistible de hacérselo saber.
De usted afmo. compatriota y correligiona-
rio.
José Pedro Ramírez.
El doctor Cárlos Maria Ramírez nos favoreció
con la consulta política de que informan las si-
guientes cartas:
Montevideo, Setiembre 25 de 1889.
Señor don Setembrino E. Pereda.
Paysandú.
Estimado amigo:
La cuestión presidencial empieza á preocupar á
todos. Dada la composición de la Asamblea, el
dato fundamental del problema es que ei futñro
presidente será colorado. Sobre eso, parece que
no pu^de haber discusión. — Ahora bien, — admi-
tida la premisa, — ¿cuál debe ser la actitud de las
fracciones no afiliadas al partido colorado? ¿Cuál
candidato colorado deben ellas apoyar?
192 SETttMBRlNO E. PEREDA
En Paysandú, según noticias, la falange aue
acaudilla el coronel Etchbverry es herrerista.—
Pero,— ¿á quién se inclinarán los demás elemen •
tos i¿e opinión?
Pesa sobre mi conciencia un veto á dar el l.o de
Marzo, — y usted se explicará, por consiguiente,
que d ísee ilustrar mi propio juicio con el délos
correligionarios políticos y con datos fehacien-
tes sobre los rumbos de la" opinión nacional.
Esperando su respuesta, me repito su affto.
amigo.
Carlos María Ramírez.
Paysandú, Octubre l.o de 1889.
Señor doctor Cárlos M. Ramirez.
Montevideo.
Distinguido correligionario y amigo:
Acuso recibo de su atenta carta fecha 26 de Se-
tiembre último.
Aunque la cuestión presidencial es un asunto
que requiere la mas séria reflexión, toda la cor-
dura y el patriotismo posibles para encararla y
resolverla de modo que respoda á las aspiracio-
nes generales y genuinas del país, máxime de los
ciudadanos honestos, que son los que mas sufren
las fatales consecuencias de los desequilibrios
políticos y situaciones anormales,— no quiero de-
jar de responder alas preguntas que galantemen-
te me hace en su referida carta.
Como ciudadano y como periodista indepen-
diente, hace tiempo que vengo preocupándome de
tan complicada cuestión.— Empero, aún no me he
atrevido á hacer pública mi opinión al respecto,
pues juzgo prudente,— dado el can cterde los su-
NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS
193
cesos que se vienen desarrollando— guardar la
más estricta i eserva, ilustrando á la vez mi cri-
terio, — en lo posible, — con los juicios emitidos de
antemano por lo. r - demás, hasta tanto alcancemos
aíperiodo álgido delalucha que i a desuscitarse
irremediablemente, tarde ó temprano, en la pren-
sa, antes que llegue el 1. o de Marzo del próximo
año.
Mis aspiraciones, como la de todos los corre-
ligionarios del departamento, y creo que de la
República entera, son que suba al sillón presiden •
ciaí un hombre de principios, ilustrado y patriota,
que con sus actos honre y no desdore el puesto
ue tanto supo honrar el inolvidable patricio don
oaquin Suárez, encarnación de la democracia y
del civismo.
¿Reúnen esas condiciones los diversos candida-
tos cuyos nombres suenan con probabilidades de
éxito? Luis Eduardo Pérez, Pedro De -León, Sal-
vador Tajes, Fernando Torres, ó Julio Herrera y
Obes¿se hallan ^vaciados en el molde de los ver-
daderos hombres de estado?
Luis Eduardo Pérez no ha revelado nunca ser
otra cosa que uno de los tantos militares con que
cuenta la Nación.
Será, si se quiere, un buen hombre, inofensivo
y bien intencionado; pero no pasa ni pasará, de
ahí. — Su actitud en el Ministerio durante la admi-
nistración de Máximo Sántos, léjos de levantarle
en el concepto público, hizo que descendiera mo -
raímente, pues demostró carecer de energía,
empero su generalato; no supo imponerse á los
manejos leoninos y á los desmanes de todo gé-
nero, que co.i rapidez vertiginosa se sucedían en
aquella época de despilfarres y de inmoralidades
sin cuento; en una palabra, desvaneció todas las
esperanzas que en él se abrigaban.
Pedro üe León,— salido ayer no más del cuar-
tel, educado" en la vieja escuela en que se formá-
is
194
SETEMBR1N0 E. PEREDA
ron Latorre, Santos, Etcheverry, los Martínez,
Galarza, Escayola, Aniuedo, Tezanos, Abreu y
tantos otros, — no tiene más mérito á la conside-
ración de sus conciudadanos que haber servido
de intermediario entre el sátrapa y el jefe del
gabinete de la conciliación, pues se haüa despo-
jado de las más elementales nociones del gobierno
propio; jamás se ha confundido con el pueblo para
aspirar sus auras de libertad; dejando, por el con-
trario, que infinidad de sus infelices compatriotas,
— párias en su propio suelo, — giman en los cuer-
pos de línea, ávidos de tornar á sus hogares, sin
otros compromisos que los que les impone su
deber de padre, esposo ó hijo de una familia indi-
gente que reclama el auxilio de sus cuidados y
•su labor, y en los acuerdos ministeriales jugó"
siempre el triste rol de momia ó de fantoche.
Salvador Tajes, e* 8 un corazón sin hiél, como se
dice vulgarmente; pero es la negación más abso-
luta de todo buen gobierno: carece de ilustración
y de energía, de perspicacia y de voluntad pro-
pia.
Como hombre me merece la reputación de un
gentlemariy pero como político el de una nulidad
séria. — En suma: creo que ocupando la primera
magistratura del país desempeñaría el rol que
siempre desempeño el doctor Vidal como presi-
dente de la República, que á pesar de ser una re-
putación médica carecía de sentido práctico y de
disposiciohes naturales, ingénitas en el indivi-
duo.
Fernando Torres ha sido siempre un exaltado,
mas partidario que patrióta.
¿Y Julio Herrera yObes? Hombre de preclara
inteligencia y de vasta ilustración, fué ayer uno
de los apóstoles más entusiastas de la honradez
cívica y del régimen constitucional; un político de
largas vistas, un tribuno esforzado y valeroso, un
periodista de combate, pero soldado de la causa
NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 195
del bien. — Nadie dudaba de su patriotismo acri-
solado: sus antecedentes realzaban su personali-
dad y le servían de escudo & la maledicencia y la
calumnia.
Después de su elevación al Ministerio de Go-
bierno, de su conducta pasiva ante el desborde del
mal, de la parálisis de la complicidad en varios
atropellos á las garantías individuales, denuncia-
dos públicamente; de su íntimo consorcio con los
elementos que produjeron el motin del 75 y los
hechos posteriores, por espacio de más dé dos
lustros, ¿puede juzgársele el mismo y aplicársele
igual criterio que hasta su deportación en la
barca Puig?
Yo soy uno, amigo mió, de los que más pro-
fundamente han lamentado el descenso moral de
tan distinguido compatriota; pero también soy de
los que piensan, — haciéndole ese honor ó justicia,
—que no ha naufragado por completo en el mar
sin orilla de la política; creo que tratándose de un
hombre de su talento y de sus antiguas fojas de
servicio, de quien tiene conciencia de la inmorta-
lidad en los anales de la Historia y en ei corazón
de sus conciudadanos,— aun hay algo que esperar,
y á pesar de todo, debe merecernos, en parangón
con lo» citados, más alto concepto, haciendo con-
cebir la esperanza de que en el solio de la presi-
dencia, en caso de ser á él llevado sé brá colocarse
á la altura de sus deberes y de las legítimas as-
piraciones de la opinión nacional, lavando sus
pecados veniales en ol Jordán de la regenera-
ción.
No es, s ; n embargo, mi candidato, no lo es tam-
poco el de nuestros correligionarios de Paysandú,
según he podido observarlo; pero si, el que menos
resistencia levanta, y el que, por lo tanto,— si no
es posible que se elija otro más popular y defini-
do que encarne las tendencias de la Nación,— se-
ria mirado sin tan malos ojos cual lo tueran Pérez
196
SETKMBR1N0 E. PEREDA
De León, Tajes 6 'Torres,! si cualquiera de ellos
resultara electo.
Existe una circunstancia poderosísima, además
de las enunciadas, para que esto sea así. — El doc
tor Herrera y Obes no es militar sino ciudadano
civil, y usted sabe que elpais se halla harto de ser
gobernado por el militarismo en todas las esferas
del gobierno, desde Presidente de la República,
hasta Jefe Político y comisano, no por que abo-
rrezca la milicia, — pues la noble carrera de las ar-
mas es dignificada en todos los países cultos y ci-
vilizados y el ejército sirve de guardián de la paz
privada ¿internacional,— sin© porque se infrinjen
las leyes y se posterga á los elementos inteligen-
tes, honraJos y progresistas, para poner en su. lu-
gar individuos sin arraigo, desconocidos y que po-
co ó nana se preocupan de (os intereses de sus ad-
ministrados, como sucede desde lacaida del doc-
tor Ellauri hasta nuestros dias. — Cargando presi -
Has ó entorchad s el presidente, el compañerismo
creado en el campamento ó en los cuarteles ejerce
más influencia en el ánimo del que manda que los
dictados del patriotismo. — Los hechos confirman
mis palabras y son demasiado conocidos para que
los enumere aquí.
Mi candidato,— y tengo la convicción que tam-
bién lo es el de la inmensa mayoría del pais,— no
esotro que su ilustre hermano, el doctor don José
Pedro Bamirez, personalidad altamente simpática
que si se imponía y era respetada y querida antes
de la Conciliación de Noviembre y de su renuncia
del cargo de Senador por Rocha, — hoy merece el
cariño y )a veneración hasta de sus enemigos de la
víspera.— Hombres de su temple, de su talento y
de su corazón son los que necesita la República al
frente de sus destinos.
Y no es el candidato de mis afecciones por pa-
sión política, pues á pesar de mis pocos años, sé
los males que ha traído siempre al país el partidis-
NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 197
mo ciego y personal,— causa eficiente de las lu-
chas intestinas que han diezmado nuestro suelo y
arrebatado tantas preciosas existencias y con el «as
*eí más rápido engrandecimiento nacional, — es mi
candidato porque sus procederes circunspectos,
patrióticos, desinteresados y limpios lo hacen
acreedor á ello.
Finalmente, mi ilustrado amigo, opino que si na
hay probabilidad de que suba al sillón Presidencial
un ciudadano que no solo atesore virtudes sin&
que sea capaz de gobernar corno lo manda la ley,
los hombres de principio^ que ocupan un puesto
en el seno del Cuerpo Legislath o, deben abstenerse
de votar, para no ser cómplices del delito de iesa
Patria, ó hacerlo solo en el caso extremo de que
su prescindencia entrañe un peligro mayor.
Esta, mi distinguido correligionario, es mi ma-
nera de pensar al respecto y mucho me congra-
tularía de que también fuera la suya y de los demás
amigos de esa.
Creyendo dejar satisfecha su galante solicitud y
agradeciéndole tan señalada honra, se complace
en saludarle con su más distinguida consideración,
su amigo y S. S.—S. E. Pereda.
.^Dichas cartas recién las publicamos en el mes
de Febrero de 1890, y dio lugar á una ligera con-
troversia con nuestro apreciable amigo e! señor
Máximo Bascans.
Con fecha 25 del mes y año referidos y confir-
mando las ideas expue-tas en nuestra contestación
al Dr. Ramirez, nos expresábamos así :
Señor D. Máximo Bascans.
Sauce.
Querido Máximo :
He leído con agrado tu interesante carta fecha
20 del cemente sobre política de actualidad.
198
SETEMBRINO E. PEREDA
Lamento, sin embargo, que discrepemos en algo,
ya que no en ios principios, al menos en la apre-
ciación de las personas y sus antecedentes.
Tú reconoces conmigo que ninguno de los can-
didatos en acción satisface las aspiraciones na-
cionales; pero opinas que uno de ellos,el General
Pérez, ofrece, si no más conveniencias, ménos peli-
gros para la marcha tranquila del paí-s hacia sus
ideales de paz, de orden y progreso,— y te inclinas
á creer que hay error de apreciación al suponerle
un militar oscuro, educado en los cuarteles, á se-
mejanza de otros» cuyos nombres omites por no
herir susceptibilidades.
Mi actitud en la prensa, en la cuestión Presiden-
cial, ha sido hija de un frío y maduro raciocinio,—
Ja he venido escojitando con calma, para evitar, en
io posible, entrar en un órden de juicios contrario
ala lógica de los sucesos y á la verdad histórica y
psicológica. — Juzgo a los hombres por su modo de
ser, por sus obras v por su valor moral é intelec -
tuai, no por sus ideas ni afinidades políticas única-
mente, porque la pasión es ciega y la j>eor de las
consejeras.— La precognición de los individuos es
como la historia imparcial: un lampo de luz que
irradia explendentsy disipa los crepúsculos de la
incertidumbre
Por eso, como lo expreso al doctor Ramírez, an-
tes de lanzar una opinión aventurada, en este caos
de la política nacional, he querido ilustrar mi cri-
terio con la reflexión en cabeza propia y en cabeza
agena y dar al César *o que es «leí César.
Aún cuando he manifestado ampliamente en las
columnas de El Paysandú los fundamentos en que
me apoyo para no simpatizar con la candidatura
del General Pérez y ménos para juzgarla superior
en nada á la de su poderoso rival, quiero, no obs-
tante, repetirlo en la presente ocasión, ya que es
ésta propicia.
Lo que moi^jo en ese ciudadano no es precisa-
NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 11'')
mente que haya servido al gobierno de Santos —
Este fuera un pecado venial, comparado con lo
demás, que es la causal en que me baso — Tú sabes,
— como io dije en mi artículo Ululado Los candida-
tos a la Presidencia^ — que el General Pérez era
Ministro del interior cuando una ley draconiana
puso una mordaza á la prensa independiente y ho-
nesta, coartando la libre emisión del pensamiento
vaciado en el papel y trasmitido por medio de los
tipos de imprenta á ¡a comunidad política y social,
al pueblo que escucha y juzga ai gobernante y
al periodista, — y que lejos de protestar y oponerse
á ella, la acató é Siízo cumplir, á despecho del cré-
dito del país y de las sagradas prescripciones
de nuestro Código Fundamental, que hoy promete
guardar como una reliquia sacrosanta si el voto
de la Asamblea Nacional lo lleva al desempeño
de la primera magistratura de la República.
Es, pues, su falta de carácter y de civismo lo que
repele mi conciencia de ciudadano y loque dá m4rito
á suponer que sus Ministros serían sus tuiores y
no los colaboradores de su administración, má-
xime careciendo de talento y de ilustración, que
son auxiliares poderosos para el acierto que ha de
imprimirse á todo régimen gubernativo— Un hom-
bre sin inteligencia ilustrada y sin entereza, para
todo podrá servir, mé<;os para encaminar y regir
Jos destinos de un país. — Es honrado á carta cabal,
se dice — Está bien; pero la honradez sola no es
prenda ae buen gobierno: ha menester el ciudada-
no que reúna esa preciosa cualidad moral, que
sepa colocarse á la altura del patriotismo, que
tenga la virtud de manejarse por si mismo, que
antes que las sugestiones extrañas, de sus parcia-
les y mentores oficiosos ú oficiales, escuche los
dictados de su sana razón; en una palabra: es im-
prescindible que sepa pensar y obrar con su libé-
rrima voluntad, y no que piense y obre por inspi-
ración extraña, como un representante de co.ne-
200
SETEMBR1NO E. PEREDA
dia, que hace y repite lo que le dice el apuntador.
De esta clase de gobernantes, —llamados propia-
mente fantoches políticos, — estamos ya cansados
los orientales, y es preciso, por otra oarte, sacudir
una vez siquiera el tutelaie y régimen militares, que
ahogan en la garganta del pueblo la voz de sus
derechos y el ejercicio de su soberanía.
Las presidencias militares han traído siempre
entre nosotros las revoluciones y los trastornos
económicos y políticos, desde Rivera, que fué el
primer Presidente de la República, hasta nuestros
di as.
El General Tajes — á quien presentas como un
gobernante modelo, — es una excepción.de esta lar-
ga sucesión de malos magistrados hijos de Marte.
—Su estabilidad y su prestigio los adquirió en los
Paln.ares de Soto, ántes que todo, por su conducta
circunspecta y patriótica, y los cimentó más tarde,
quebrando su influencia al sátrapa, hoy felizmente
extinto, — ya disolviendo el célebre 5 ° de Cazado-
res, ora decretando y sosteniendo su alejamiento
del suelo que por espacio de algunos años escar-
neció y piscteó como el caballo de Atila.
No hay, por lo tanto, paridaá posible entre el
General Tajes y el General Pérez — Este descendió
del poder divorciado con la opinión, todo mohino,
y aquel bajará en medio del aplauso popular, por-
que «i como M nistro y jefe de un poderoso ejército
respetó la vida de cientos de sus conciudadanos en
el campo de batalla, como Presidente, si ha tenido
sus debilidades ó complacencias, hijas de la época,
ha sabido colocar á su Pátria en una situación ha-
lagüeña, salvándola de caer en el precipicio de la
bancarota y del desconcierto político.
En el Dr. Herrera y Obes,— que es el otro candi-
dato de los dos únicos en la actualidad— reconoces
no solo talento v vasta ilustración,— lo que nadie le
niega,— sinó igualmente, sana intención patriótica,
que los adversarios de su candidatura desconocen.
NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS Ü01
Empero, optas por el General Pérez, pues temes
que aquel haga un gobierno de partido y no un go-
bierno nacional; que la bandera de su colecti vidad
política, anteponiéndola á la de la Patria, la clave
en Las almenas del baluarte conquistado^ como así
mismo, que su período adminisirativo sea preñado
de verdaderas borrascas políticas y descalabros fi-
nancieros.
No me exDÜcocómosi hallas al Dr. Herrera do-
tado, ad emás de talento y de vasta ilustración, de
sana intención patríótica % \o juzgas inferior «1 Gene-
ral Pérez, que si algo posée será: únicomer¿te esto
último, pues las dos primeras condiciones hasta
sus propios part ; darios se las des :onocen, porque
carece de ollas.
Segün La Razón de Montevideo, que tiene moti-
vos para conocerlo, es medio hombre de ciudad y
medio de campo, que es mucho decir tratándose
de pesar la importancia de un aspirante á la Pre-
sidencia de Ib República.
Por otra parte, como lo dice con verdad el referi-
do colega montevideano, para que la candidatura
del general Pérez hubiese echado raíces en la
Asamblea y en la opinión, habria sido necesario,
ya que el candidato con todas sus buenas condi-
ciones personales carece de grandes dotes que lo
liaban popular, aue se hubiese puesto fe y energía
en la obra, sin confiar el ¿triunfo á eventualidades
más ó ménos probables y esforzado la propaganda
para familiarizarlo con el país, al poner de relieve
los méritos y las cualidades de gobierno que creen
hallarle á fln de demostrar que debía ser él, el úni *
co candidato del partido dominante, y no oponerlo,
como bandera de guerra, para mantener la incer-
tidumbre y la desazón que tanto influyen en la si-
tuación econó nica del país, paralizando tonas las
iniciativas que fomentan su progreso.
No puede pues* abrirle rumbos en la opinión la
candidatura del General Pér^z, y el 1.° de Marzo
202
SETEMBR1NO E. PEREDA
sus partidarios palparán su desencanto al tocar la
realidad, si es que antes, — como lo anuncia la pren-
sa de la Capital —no abandonan su propaganda y
se adhieren a la del Dr. Herrera y O bes, aunque
con ello revelen su falla de tino y de consecuen-
cia.
Ya lo he dicho y me vanaglorio en repetirlo: mi
candidato, — si fuera dable levantar una -candidatu-
ra que no proceda del partido dominante, dada la
composición casi abso.uta del Cuerpo Legislativo,
— lo sería el Dr. D. José Pedro Ramírez, cuyos
méritos intelectuales y morales son indiscutibles;
pero en la disyuntiva, como tú dices, de aceptar uno
ú otro candidato, juzgo al Doctor Herrera el más
apto entré ambos para gobernar el país, y al es-
presarme así— come tú lo comprenderás,— me
despojo de toda opinión partidista, pues ese distin-
guido compatriota no es mi correligionario ni mi
amigo personal, y el Partido Constitucional, a que
tengo honra en pertenecer, no espera como colec-
tividad polillo* nada de él, porque le es adverso.
Diré, como síntesis de todo lo espuesto, lo que á
más de uno he dicho en privado, que el Dr Herre-
ra, si quiere hacer un gobierno constitucional mo-
delo, puede hacerlo, porque tiene talla p ira ello, en
tanto que su antagonista lo haría bueno ó malo,
según sus consejeros, porque no posée las cuali-
dades que se requieren para ser un hombre de
Estado.
Por otra parte, el ojo sagaz del diplomático verá
y trasmitirá ásu gobieri.o la grata nueva de que el
elemento civil inteligente y honesto ha reemplaza-
do en la esfera administrativa, entre nosotros, al
elemento militar á lo La'orre y ln Sántos, y que el
pretorianismo y la fuerza bruta no están todavía
a¿/¿, como lo espresa el manifiesto de Mayo, sinó
el civismo y la Constitución Nacional.
Haciendo votos por que la Asamblea General se
inspire en los dictados del patriotismo, y salga
NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 2' 3
Juan ó salga Pedr o electo, sea para bien de la Na-
ción, te saluda con cariño tu siempre amigo .—S. h.
Pereda.
El articulo á que aludimos, aunqu* en el fondo
expresa lo mismo, vamos á trascribirlo como am-
pliación de lo que queda expuesto.
Dice así :
<cLa cuestión de actualidad es ciertamente la
que se refiere al tiascendental problema político
qup debe resolverse el I o de Marzo próximo.
Dos son los candidatos en pugna: el Dr. D. Julio
Herrera y Obes y el General D. Luis Eduardo
Pérez.
¿Reúnen ambos ó alguno de ellos h>s condicio-
nes indispensables para poder ejercer dignamente
la Presidencia de W República?
¿Sus méritos personales y cívicos les hacen
acreedores ai voto del Cuerpo Legislativo y al
aplauso unánime de sus conciudadanos?
¿lían prestado relevantes servicios asa país que
realcen y hagan simpática su personalidad?
Del General Pérez sabemos que siendo muy
jóven (contaría entónces unos veinte años) empezó
su carrera militar, sirviendo en la Defensa de Mon-
tevideo, durante la Guerra Grande; que cuando la.
denominada Cruzada Libertadora fué de los que
prestaron a la revolución del General Fió res el
concurso de su brazo; que poco después asistió al
Paraguay, en el ejército oriental; que cuando el
General Aparicio invadió el país, se enroló en las
Alas del Gobierno, y, finalmente, que ha sido Jefe
Político de San José y Ministro de Gobierno, esto
último durante ta administración del General
Sántos, ejerciendo actualmente un puesto en el
Senado.
¿Son estos suficientes títulos para que el General
Pérez merezca los ho.iores de ser elevado! a la
primera magistratura nacional?
204 síltembrino e. pereda
¿Es un hombre inteligente, ó cuando ménos ue
buen sentido? ¿Tiene carácter y energía bastante
para ser él el que gobierne y r.o los elementos que
le rodeen? ¿Como ciudadano y militar ha dado
muestras de pundonor y de civismo?
En una palabra: ¿es apto para dirigir con acier-
to y patriotismo los destinos de la República?
Todas estas condiciones y consideraciones deben
tenerse en cuenta antes de decidirse a proclamar
y prestigiar una candidatura cualquiera para el
desempeño de un cargo tan elevado y de vida ó
muerte para una nacionalidad.
El General Pérez, si bien fué cuasi abogado,
según senos informa, — lia revelado en los distin-
tos puestos públicos que ha ejercido, carecer de
ilustración, de entereza y de tacto, máxime como
Secretario de la Cartera de Gobierno.
Nadie ignora que en esa época se dictó una ley
draconiana amordazando la prensa, sin que él
protestara de ese hecho de refinada barbarie, que
ponía trabas de hierro á la libre emisión del pen-
samiento escrito.
Esto reveló falta de energía y de civismo, porque
no desplegó al respecto el menor celo patriótico,
consintiendo y autorizando, por el contrario, los
desmanes dei desgobierno de Santos y que se
encadenara la libertad de la prensa.
Tendrá una honradez personal acrisolada; será
también incapaz de robar al Estado un solo
oentésimo; pero esto no es suficiente paral poder
gobernar un país como lo manda la ley y lo anhe-
lan los ciudadanos patriotas y amantes del progre-
so y el reinado de las instituciones que nos legaron
los patricios del año 25 y constituyentes del año 30:
es necesario u n ir á la honradez, voluntad propia é
inteligencia despejada, para no servir de manequí,
n¡ a lo Pedro Várela, ni á lo Francisco Antonio
Vidal, que dé derecho al gobernante á decir, no
NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS
205
como el célebre Luis XIV, el Estado soy yo, sino
quien gobierna soy yo.
¿Y el Dr. Herrera y Obes se halla en mejores
condiciones que su actual rival el general Pérez?
¿Ha demostrado patriotismo en todas las épocas
de su carrera política?
¿Es aún de la talla de los que combatieron en
fecha no muy lejana los atentados administrativos
tanto en el Orden político como económico y finan-
ciero?
Los antecedentes del Dr. Herrera, como ciuda-
dano y periodista de lucha, cuando estaba en la
llanura, ¿no desmerecieron al trepar la montaña,
el pináculo del poder, el Ministerio de Gobierno?
Creemos que sí. — Lo dicen ia parálisis de la
complicidad que observó cuando los pasados co-
micios; lo dicen los negociados de India Muerta y
Ferro -Carril del Norte; lo dicen los elementos de
que ha echado mano en gran parte, para pretender
escalar la Presidencia de la República; su handeri-
ta al tope, traspiés político inconcebible en un
hombre de su preclaro talento, y para no citar más
ejemplos, lo dicen, por último, su intransigencia y
animadversión puestas de relieve en sus publica-
ciones relativas al asunto Ferro-Carril del Norte,
en las que descarga toda su bilis contra los pro-
hombres del Partido Constitucional y su círculo,
como él califica á esa colectividad política.
No se comprende cómo un ciudadano que aspira
á ser gobernante empiece por declarar la guerra
y revelar sus odios contra uno délos partidos que
comparten la opinión del país.
Este es uno de sus *stravíos injustificables y que
afean su personalidad como hombre de est -do,
pues si siendo simple candidato se encrespa como
el erizo, dá fundamento para creer que lo hará
peor estando al frente del Gobierno.
Por estas razones, — además de las espuestas
206
SETKMRK1N0. E. PEREDA
anteriormente,— es que El Paysanclá ha juzgado
patriótico no sostener ni su candidatura, ni la del
general Pérez.»
A nuestra vez consultamos al doctor Ramirez
al respecto, en carta que se conserva inédita y que
se haUa concebida en estos términos:
Paysandú, Enero 27 de 1890.
Sr. Dr. Carlos M. Ramirez.
Montevideo.
Correligionario y amigo:
Los sucesos políticos.que se vienen desarrollan-
do en el país me tienen vivamente preocupado
como ciudadano y como periodista.
Esta última calidad, en estos días de solemne
especian va y de lucha entre ideas encontradas, me
pone en una situación violenta; pues estando en la
prensa necesito asumir una actitud decidida en lo
que respecta á la cuestión presidencial.
Ya se lo he dicho á Vd., y lo repito á todo
el que me interroga al respeco, cuál es el ciudada-
no que goza de mis simpatías para ocupar la Pre-
sidencia.
No creo, sin embargo, prudente proclamar nin-
guna candidatura, hoy por hoy, pues la composi-
ción casi absoluta del Cuerpo Legislativo y el
impulso que han tomado los trabajos en pró de las
dos en voga, hacen imposible y utópico el triunfo
NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS
207
de ninguna otra, por ilustre y honorable que sea.
El Partido Constitucional como el Nacionalista
ha observado una conducta pasiva en este juego
de vida ó muerte para el país, y sus prohombres
guardan absoluta reserva.
Los que vivimos á cien leguas de Montevideo,
aunque no ménos patriotas y amigos de la paz
pública, al amparo del reinado de las instituciones
patrias, que los que habitan en la Nueva Troya,
pasamos, en consecuencia, las penas del purgato-
rio, anhelantes de empaparnos en las noticias del
día, que han de ponernos al corriente de lo que
acontece en la histórica ciudad de San Felipe y
Santiago.
No es extraño, por consiguiente, que todo apa-
rezca nebuloso y engañador, pues como dijo el
doctor Granada:
Las esas á simple vista
Tienen muy distinta pista
Lo que está pasando en el asunto candid aturas
yo ya lo preveía: Tajes, De León, Torres y Go-
mensoro tenían, tarde ó temprano, que quedar
oscurecidos ante la personalidad culminante del
doctor Herrera.— De todos ellos era el más pasa-
ble por su ilustración y antecedentes, dentro el
Partido Colorado; pero no por eso es aclamado su
nombre por el pueblo. — Veo también que Xa ma-
yoría de sus correligionarios de talento, entre
ellos Bauza y Otero, le combate y agita la candi-
datura dtl general Luis Eduardo Pérez. — Héahí
un hombre honrado, se dice, > lo que necesita-
mos es honradez administrativa. Perfectamente.
¿ Pero acaso basta esa sola cualidad para saber
gobernar bien á un país, máxime cuando éste ha
pasado por una época de zozobras é infortunios,
208 SETEMBRINO E. PEREDA
que ha quebrantado sus fuerzas vitales al amparo
del pretorianismo imperante?
Yo al ménos no soy de esa opinión. - Creo, — y
hé creído siempre igual,— que, para que un ciuda-
dano pueda labrar la felicidad de su tierra natal en
las esferas del poder supremo, há menester que
reúna, ademas de honradez, - ilustración, buena
voluntad y sobre todo carácter.
El general Pérez será todo lo honrado que se
quiera; pero, en mi concepto y en el de muchos,
como ya lo he dicho, — carece de largas vistas po-
líticas y de energía, lo cual lo demostró duránte ei
desgobierno de Santos, en que sirvió como Minis -
tro. — Su caída, lo repito, pudo ser ruidosa y un
timbre de honor para su personalidad política, y
sin embargo, dejó la cartera d ¿ Secretario de Es
tado de la manera más insólita é injustifica-
ble.
Esto, agregado ásu condición de militar, hace
que no sea tampoco el predilecto del pueblo, pues
estamos escamados de los gobiernos de cuartel y
necesitamos inaugurar nuevamente la vida civil en
la cima del Poder. Herrera habría sido un can-
didato verdaderamente popular si se hubiese con-
ducido en su puesto de Ministro con la circunspec-
ción y el decoro que debe observar todo hombre
íntegro y patriota.
Su brillante inteligencia y su honroso pasado le
abrían de par en par las puertas de la populari
dad, exaltándole al pináculo de su grandeza y glo-
rificación. Retrocedió, empero, el camino andado,
y esto es lo que se le reprocha con justicia y lo
que ha quitado brillo en grado máximo á la au-
réola que exornaba su distinguida personali-
dad.
Su ayer primitivo encanta; pero su porvenir
siembra la incertidumbre y llena de pavor; por-
que las verrugas de India Muerta y ferrocarril del
Norte deslucen su anterior conducta.
NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 209
¿Pero debemos creer que el doctor Herrera,
ante la abrumadora protesta levantada unánime
de uno á otro confín de la República cuando se
hicieron públicos esos tan combatidos negocia-
dos, no cambiará de rumbo?
Para perseverar en el mal se necesita ser un
malvado, y el ex- Ministro de Gobierno, si tiene
sus errores y pecados, no me parece que tenga
pervertida la conciencia ni el corazón insensible
al bien.— Hombre de talento y perspicacia ha de
ambicionar la inmortalidad de su nombre y la ben-
dición de sus conciudadanos.
Abrigo pues, la esperanza de que si sube al si-
llón presidencial, hará una administración hon-
rada y decente, despojada de todo espíritu de com-
padrazgo y de partido, porque reúne condiciones
para ser un excelente hombre de estado.
¿No piensa usted otro tanto?
Finalmente: como partidario,— si la pasión po-
lítica me cegase —me inclinaria al general Pé-
rez, que en el poder creo favorecería más que He-
rrera al partido Constitucional, pero como ciuda-
dano no, aunque éste cerrara á mis correligiona-
rios las puertas de todos los puestos públicos: la
empleomanía es la peor de las consejeras
No pienso, empero, sostener por la prensa su
candidatura, porque no llena por entero mis pa-
trióticas aspiraciones. F
. Por otra parte, los partidos y hombres de prin-
cipios deben aspirar al triunfo de éstos más que
al de sus personalidades, y si se hace un buen
gobierno por ciudadano de distinta colectividad
hay derecho á exclamar con legítimo orgullo-
son nuestras ideas las que gobiernan.
Mucho estimaría su autorizada opinión al res-
pecto su correligionario, amigo y S. S.
Seternbrino E. Pereda,
14
210
SETKMBR1NO E. PEREDA
El doctor Ramírez nos dio la siguiente res-
puesta:
Montevideo, 11 de Febrero de 1890.
Señor don Setembino E. Pereda.
Paysandú.
Estimado amigo:
Empezaré por decirle que, ámi juicio, le hacen
mucho honor las dudas y zozobras que sobre
la cuestión presidencial me manifiesta usted en su
carta de 27 de Enero.
Jamás se ha presentado en nuestro país un pro-
blema político en términos más complicados y
confusos.— Como Vd. habrá visto, yo me decidí al
fin por adherirme á la candidatura de Luis Eduar-
do Pérez, cuando ya estaba muerta, y puede decirse
enterrada. — Lo hice, más que todo, para que no sé
me confundiese con los adoradores del éxito, que
hoy encuentran óptin o, ó se revelan dispuestos á
declararlo tal, al mismo candidato que infamaban
ántes de verlo victorioso.— De mí puedo decir que
no he tenido entusiasmo contra Julio Herrera,
cuando se creia fácil derrotarlo, y menos lo tengo
á su favor por el sólo hecho de haber triunfado.
No disimulemos la realidad de las cosas. — En
la solución del 1.° de Marzo, ya inevitable, vá vir-
tual mente envuelta la derrota de la idea constitu-
cional— Si esta idea llega á sobrevivir, será que
no puede en manera alguna perecer, porque res-
ponde á una necesidad indestructible de nuestra
evolución política.
Cun todo, el mayor peligro del gobierno de Julio
Herrera y Obes, á mi entender, no es la exagera-
ción del exclusivismo cojorado; -es la absorción y
la unificación de fuerzas política? á la mai.era ar-
gentina, según el procedimiento de Juárez y com-
parsa, que no preguntan al neófito lo que ha sido ni
NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 211
lo que es, sinó simplemente esto: ¿e?tá usted dis-
puesto á obedecer ciegamente?— La obediencia
ciega es cuestión indeclinable para la política mer-
cantil que impera en la República Argentina y
que tiende visiblemente á implantarse en nuestro
país.
Deseo equivocarme. — Cantaría con gusto el mea
culpa,y de todas maneras seré decidido propagan-
dista del acatamiento leal á la nueva situación. —
Por mala que sea, será siempre mejor que motines
y revueltas.
Suyo afectísimo.
Cárlos María Ramírez.
Poco después, tratando del mismo tema, nos
decía:
Montevideo, Febrero 25 de 1890.
Señor D. Setembrino E. Pereda.
Paysandú.
Estimado amigo:
Soy opositor á la candidatura del Dr. Herrera y
Obes, pero no lo seré á su administración sinó en
tanto que por sus hechos lo merezca, con prescin-
dencia absoluta de lo pasado.
Los sucesos me han inutilizado. Es justo que me
resigre á ello, esperando mi hora, ó aún renun-
ciando á toda esperanza, en vez de poner piedras
en el camino de los que, si quieren, pueden hacer la
felicidad del país.
No tome V. esta como signo do desaliento, — nó.
Es simplemente la espectativa y la reserva que el
deber me impone.— Cuando el nuevo gobierno se
212
SI TEMBR1N0 E. PEREDA
haya hecho sentir,— entonces ocuparé mi puesto,
— para combatirlo ó para ayudarlo, según sean sus
actos. — Por e! momento, no quiero hacer otra ma-
nifestación pública de mis opiniones que la que
Tesultu de ini resistencia pasiva y obstinada al
vencedor.
Hoy debe salir, según dicen, el manifiesto del
candidato triunfante— Aseguran que contiene mu-
chas cosas buenas y que la formación del Minis-
terio vendrá después á confirmarlas- ¡Que sea
verdad tanta bellezal
Entre tanto, me repito su afmo. y S. S.
Cú los María Ramírez.
Referente á nuestra carta de Octubre 1.°, agre •
gaba: *
«Sobre su carta anterior, que leí con mucho
agrado, y di á leer á varios amigos, me ocuparé en
otra oportunidad.i
Juzgando la nueva situación inaugurada el 1 •
de Marzo de 1890 dimos á la publicidad un artículo
concebido así:
«Ha entrado el país en una nueva é^a.
El problema político que tanto venia preocupan-
do la atención públiea, ha sido resuelto; pero la es-
pectativa continúa aún.
El Dr. Herrera y Obes, ántes de ser electo Pre-
sidente de la República, dirijió á sus electores y al
país un solemne manifiesto, haciendo exposición
de sus ideas y principios políticos y económicos.
Su palabra era esperada con ansiedad, pues se
temía que el partidismo le cegara y que el curso
forzoso fuera la consecuencia lógica de su gobier-
no; pero su esplícita y espontánea manifestación,
NI RETRÓGRADOS NI TAUTUFOS 213
si bien no ha llevado el convencimiento, ha calma-
do los Animos, abriendo el corazón á la esperanza.
Por otra parte, el doctor Herrera no ha podido
ménos que colocarse á la altura de nuestros pro-
gresóos en el orden de las ideas, según se revela en
la siguiente declaración de principios:
« El principio fundamental de la coexistencia de
todos los partidos dentro del país y al amparo de
sus instituciones, tiene por condición necesaria la
garantía real y eficaz de todos los derechos indi -
viduales y de todas las libertades públicas, sin lo
cual toda lucha es imposible, porque no deja á los
partidos de oposición ni la esperanza del triunfo.
« Y para llegar á este resultado no hay entre
nosotros, por el momento, otro camino ni otro
medio, que esa política de prudente coparticipación
de todos Los partidos en la ad minUtración del país,
que con tanto oatriotismo como acierto ha inau -
gur; do y hecho práctica el gobierno del General
« La fuerza de proyección está dada, la corriente
de la opinión pilb'ica está encajonada en ese cauce
profundo ie ideas y de intereses nacionales, y el
gobierno insensato que por espíritu de exclusivismo
partidista quisiera contrariarlo, se agitaría pronto
EN EL AISLAMIENTO Y EL VACIO paia rodar luegO
inevitablemente en la pendiente iatal de todo* los
gobiernos impopulares.
« No he de ser yo, que he sido colaborador ac-
tivo de la política y del gobierno del general Tajes,
quien ha de reaccionar contra el orden de cosas
establecido, 'ienéfico para todos, y en primer tér-
mico, para el partido dominante, que por ese medio
consol i da, su predominio en el Poder sobre la base
de su derecho á gobernar, fundado en la excelen-
cia de sus ideas y de sus pi ácticas de gobierno »
Tiene razón nuestro apreciable colega «La Es-
paña» al decir que asi como habla el doctor Herre-
ra en su maniriiestoá sus electores y al país, pue-
214
SETEMBRINO E. PEREDA
de asegurarse que hablarían, en igualdad de cir-
cunstancias, el más caracterizado de los naciona-
listas y el más consecuente de los constitucio-
nales; y que en la senda política y administrativa
que se traza el doctor Herrera voluntariamente, y
de la que promete no apartarse en lo más mínimo,
cuando sea supremo gobernante ajustándose en
todo y por todo á los preceptos de la ley, están
comp-ndiadas las doctrinas y las aspiraciones del
Partido Constitucional, de modo que, los prohom-
bres de este partido, después de haber leído dete-
nidamente el manifiesto del doctor Herrera, po-
drán exclamar con razón: — ¡Son nuestras propa-
gandas l-:s que se han abierto camino! Son nu-
estras ideas que triunfan! ! Es uno de los nuestros
el que sube al Poder»!
En efecto: antes que el Partido Constitucional se
fundase, la pasión partidista era ant .puesta al pa-
triotismo y ni blancos ni colorado? no declararon ja-
más que para no roda;' ineoitablemente en la pen-
diente fatal de lodos los gobiernos impopulares no hay
otro camino que el de una pol lina ot¿ i kudente com-
PARTICIPACIÓN DE TODOS LoS PARTIDOR EN LA ADMI-
NISTRACIÓN DEL PAÍS.
A la agrupación política á que pertenecemos le
cabe pues, el timbre de honor de que uno de los
partidarios más exaltados haya educado fcus pasio-
nes en la escuela de la moderación y del civismo,
déla que son soldados y apóstoles los miembros
del Partido Constitucional.
Sí, son nuestros principios losque se abren ca-
mino, y si nuestros hombres no se hallan eleva-
dos en la cumbre del poder, puede esclamarse, sin
embargo, con legítimo orgullo: son nuestras ideas
las que gobiernan.
Los que no hacemos un culto d \ la empleoma-
nía sinó del deber cívico, no podemos mirar con
desencanto, desde la llanura, á los que en las al-
menas proclaman y juran sostener y hacer prác-
NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS "15
ticas nuestras aspiraciones patrióticas, por más
que los que tales promesas formulen y tales ideas
manifiesten no formen decididamente en nuestras
filas por preocupaciones ó conveniencias.
El Partido Constitucional es un partido de prin-
cipios; aspira al reinado de la ley y al amortigua-
miento y desaparición de los antiguos ódios y ren-
cores partidistas, y nó á entronizarse en ef poder
como colectividad política: le vasta que triunfen y
se hagan carné sus ideas.
Por eso la mayoría de los hombres de talento y
sacrificios que lucharon ayer como adversarios en
opuestos bandos, ya en las urnas electorales ó en
los campos de batalla, lo mismo que la generación
que se levanta, se cobijan bajo su simpática ban-
dera, símbolo de paz, de engrandecimiento nacio-
nal y de civismo.
Las palabras del Dr. Herfíra, si bien no las to-
mamos al pié de la letra, — pues todos los candi-
datos y gobernantes siempre prometen una mar de
cosas, — las tomamos con un progreso moral y
cívico, porque son hechas por un hombre que po-
cos arlos antes no las habría pronunciado como
prenda de buen gobierno.
El nu vo Presidente posée capital propio: talen-
to y entereza de caráctor y si quiere puede hacer una
administración modelo el primer gobierno de Amé-
rica, como lo ha dicho el Sr. D. Agustín de Vedia.
El Paysandúy que nunca, en nuestras manos, ha
hecho oposición por sistema ni alabado por pagas,
sinó por inspiración espontánea de su redacción ]y
por créer colocarse á la altura de la opinión pú-
blica, aplaudirá ó combatirá la administración del
Dr. Herrera, según sean sus actos, buenos ó malos.
Para bien del país deseamos que quiera y sepa
cumplir sus halagüeñas promesas.
216
SRTRMBR1N0 R. PFRRDA
En 1887 propusimos al Centro Constitucional
de Paysandú, de que formábamos parte, la de-
claratoria siguiente, que fué sancionado por una-
nimidad de votos:
« Los ciudadanos que suscriben, miembros del
Partido Constitucional dei Departamento de Pay-
sandú, declaran:
Que se adhieren á los patrióticos propósitos
manifestados por sus correligionarios políticos de
la Capital en la convocatoria que ha visto la luz en
la prensa constitucionalista sobre conciliación
electoral, sancionada el 9 de Febrero ppdo.
«Que están profundamente convencidos que solo
la unión de los elementos honrados de todas las
colectividades políticas, que dividen en la actuali-
dad la opinión del país puede asegurar á éste un
porvenir próspero y feliz, cimentado al calor del
reinado de la ley, el ifcspeto á todos los derechos
y la inviolabilidad délas garantías individuales.
« Que siendo la aspiración de todos los buenos
orientales que la Constitución del Estado sea fiel-
mente cumplida por gobernantes y gobernados, —
para, combatir con éxito el personalismo desas-
troso qiie ha roido las entrañas de la Patria du
ranie un período incesante de doce años, no es
patriótico dividir los esfuerzos, sinó mancomu-
narlos, para llevar á la Administración Pública á
ciudadanos honorables, de preclara iutelig-mcia
y de carácter inquebrantable, que levanten la
tribuna parlamentaria á la altura del debe^ cívico
y nó al bajo nivel del servilismo abyecto.
d Que en consecuencia, los miembros del Par-
tido Constitucional del Departamento e3tan dis-
puestos á colaborar ardientemente en la obra
iniciada, no formando una nueva agrupación para
que en ella engrosen lo&ciudadanos de todos los
partidos políticos de la República, sinó enten-
diéndose los Directos ios respectivos, para luego
de llegar á ut. común acuerdo votar en los próxi-
NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS
217
mus comicios por listas mixtas, que den entrada
al Cuerpo Legislativo á miembros respetables de
todas las fracciones políticas, sin enconarse en
las estrechas miras de partidarlsmo intransi-
gente.
« Que consideran éste el único médio de ir sin
divisas a, las urnas en Noviembre, haciendo un
hecho la conciliación electoral anhelada,— é invi-
tan, por lo tanto, á sus correligionarios del De-
partamento, á que presten igualmente su adhesión
á esta manifestación de principios y concurran á,
los Registros Cívicos, primero, para no perder
su legítimo derecho de ciudadanos, y en la época
oportuna, á los comicios, a éjercer ese mismo de-
recho.
«Finalmente, delegan ámplias facultades en el
actual ComUé Ejecutivo de esta localidad para
que estos propósitos sean llevados al terreno de
la practica.»
En 1890, siguiendo nuestra propaganda cu pro
del partido délas instituciones libres, solicitamos
á un distinguido correligionario de la Capital la
redacción de una exhortación á nuestros conciu-
dadanos del Departamento, y nos remitió la si-
guiente, que fué suscrita por numerosos ciuda-
danos:
«La acción del Partido Constitucional no ha
sido estéril en la obra del progreso político de la
República,
Los tradicionales odios, engendrad s por las
guerras civiles, se han ido amortiguando gradual-
mente; el antiguo exclusivismo partidista, que
hacía que el predominio de una fracción política
importase la exclusión absoluta, y á veces el des-
tierro de la otra, ya no existe; en fin, la ccnvic-
218
SETEMBRINO E. PEREDA
ción de que no hay administración regular ni
paz posible sin la coparticipación de todos los
partidos en el gobierno de la Nación, es ína con-
quista definitiva de la razón pública. — Así acaba
de proclamarlo en su manifiesto de candidato el
espectable ciudadano que ocupa actualmente la
Presidencia de la República.
Y bien: estos hechos que el patriotismo pre-
sencia con júbilo; estos hechos, que representan
un inmenso adelanto en nuestras prácticas políti-
cas y hasta en nuestras costumbressociales, pue-
den ser reivindicados por el Partido Constitucio -
nal, si bién nó como una gloria exclusivamente
suya, al menos como un resultado en cuya conse-
cución han influido incuestionablemente las ideas
de fraternidad cívica que forman su programa y
que inspiran su prédica.
La obra no ha terminado, sin embargo. — Hay
todavía mucho que hacer y mucho que perseverar
para consolidarla y completarla.— Es preciso afir-
mar el reinado do las instituciones. — Es preciso
puftnar, subiv todo, por que sea una verdad el
principio d* la soberanía del pueblo,— y en tal
tarea, el Partido Constitucional tiene un puesto
señalado, del cual no puede desertar ni desertará
nunca.
El Partido Constitucional, pués, debe reorgani-
zarse y concurrir con su voio á los próximos co-
micios, a. la sombra de las garantías que solem-
nemente ha prometido ante el país el primer Ma-
gistrado de la República.
Inspirados en estas ideas, invitamos á todos los
ciudadanos que anteponen ante toda otra pasión
la pasión de la Patria, á formar en las» filas del
Panido Constitucional y á inscribirse en los Re-
gistros Cívicos, para poder i >fluir así con su sufra*»
gio en Ja próxima renovación de la Asamblea Le-
gislativa y de las autoridades locales.
Hay en este Departamento muchos elementos jó-
NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 219
venes que recien se inician en la vida política
Ellos no pueden desoír, y no desoirán, lo espera-
mos, nuestra patriótica exhortación.
Si muchos hombres que han militado activamen-
te en la antiguas y sangrientas luchas partidistas
obedeciendo á los dictados del civismo se han des-
pojado de las divisas tradicionales, que no eran
más que divisas de guerra, para abrazar la causa
del Partido Constitucional, ¿cómo los jóvenes cu-
yos cor :zones no pueden abrigar inveterados odios,
han de ceñirse aquellas divisas, en vez de engrosar
nuestras filas con su valioso contigente de entu-
siasmo, de virilidad y de abnegación?
Buscamos el bién por el bien; - perseguimos, nó
nuestro interés propio, sinóel interés impersonal
del país, y por eso aplaudimos y aplaudirémos
siempre todo acto bueno y noble, todo proposito
elevado y patriótico, sea quienes fueren los que lo
realicen.
No enarbolatnos, putfs, bandera de rencores ni
de oposiciones sistemadas.
— Al contrario, nuestra bandera es la de l¿i paz v
la concordia, dentro de la legalidad y el « ierecho »~
La indif rencía de la juventud, que es la que po-
día cifrar las mayores esperanzas del Partido
Constitucional, hizo que solicitáramos el concurso
de pluma mejor cortada que la nuestra para herir
en lo más íntimo las fibras del patriotismo.
Nuestros esfuerzos no fueron del todo estériles;
pero es de "lealtad confesarlo: los hombres jóvenes,
Que permanecían afiliados á los antiguos partidos,
no reaccionaron y continuaron prestando sus ser-
vicios á la causa contraria.
Esta circunstancia llevó á nuestro ánimo el con-
vencimiento de la imposibilidad que existe de que
elPartidoC^nsittucional siga funcionando y abrién-
dose camino.
Por otra parte, e¿a misma juventud, en casi su
totalidad profesa principios liberales, — y ésto nos
2¿0 SETEMüftlNO K. PEREDA
indujo también á pensar en la conveniencia de for-
mar un partido que encarne 1 is ideas que hemos
proclamado y que son el objeto principal de este
libro.
La antigua desidia que el mismo Dr. De María
reccnoeey las disidencias d que nos habla el Dr.
Ramirez ( C, M,) agregadas & la falta de unidad de
acción, á la permanencia obstinada de los viejos
bandos y á la notoria deftoencia de su programa
pólitico, sintetizado enel manifiestode Mayo ponen
en evidencia que dicha agrupacióa ha dejado de ser
una fuerza enciente, y que, por lo tanto, debe di-
solverse, para que los ciudadanos á ella afiliados
puedan adoptar libremente la actitud que mas se
encuadren en sus patrióticos propósitos.
Hemos sido uno de sus más fervientes y since-
ros . partidarios y propagandistas, como se des
prende de los documentos que preceden, y nadie
podra tacharnos de inconsecuentes a! sepáranos
de sus filas; porque ni hemos hecho votos monásti-
cos ni renegamos de sus ideas— Somos radicales, y
en tal concepto no nos pueden satisfacer perdu-
rablemente principios á media* programas que no
son definidos, ni propagandas que se convierten en
mero lirismo-!
La conciliación la iaiciamos el 87, sosteniéndola
en el seno de nuestros amigos de causa, en la
prensa y en las urnas; pero los hechos nos conven-
cieron de que ésta es imposible en la realidad, por
mejor buena fé que anime á sus p 'omotores. — El
adversario siempre mira con malos ojos al adver-
sario, no le tiene plena confianza, y ante todo tien-
de a favorecer sus correligionarios.
De los constitucionales, sin embargo, sabemos
decir que procedieron con desinterés y lealtad.
¿Qje seobtuv f Unre?>ulrado negativo: el triunfo
alcanzado en las urnas se convirtió en derrota al
practicarse el escrutinio.
i Y acaso en los pióximos comicios se va á
NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS
221
proceder cor más legalidad? A tinque se dicten
leyes electorales muy previsoras aún mismo que
los Jefes Polit eos, Receptores de Rentas, Presi-
dentes de Juntas y cualesquiera otros funcionarios
no tuviesen intervención por dichas leyes, no hay
que olvidar el refrán que dice: ce el que tiene malas
mañas, tarde ó nunca las pierde, » y que el primer
magistrado de la Nación, en su último Mensaj , del
de 15 de Febrero, — ha sostenido ante la faz del
país, como usa cosa muy lícita, que < el Gobierno
tiene y tendrá siempre, y que es necesario y con-
veniente que la tenga, una poderosa y legítima in-
fidencia en la designación de los candidatos del
partido dominante, n
Y no pAra en esto el doctor Herrera en su
perniciosa teoría, pues agrega; « y eutóiiCeS de lo
que puede acusársele es del buen ó mal uso que
haga de esa influencia directriz, pero rió de que la
ejerza,, y mucho ménos podrá decirse racional -
mente que el ejercicio de esa facultad importa
el despojo del derecho electoral de los duda-
da nrs.»
Es esta una doctrina que sostenida por el Pre-
sidente de ia República, máxime por un hombre
de la tilla intelectual y de -los antecedentes del
doctor 1 lerrera,— p^ede dar márgen á todo género
de bochinches y arbitrariedades, ahogando hasta
en sus menores manifestaciones la libertad del
sufragio.
Los poderes del Estado deben ser prescindentes:
su misión única, tratándose del Ejecutivo, tieae
que ser la de guardar el órden público y garantir
los derechos de los ciudadanos
No existe pues, semejante facultad, ni se justifica
ante las conciencias honradas, que el Gobierno
tenga, por haber necesidad y conveniencia, una
poderosa y lejitima influencia en la designación de
candidatos, aúnque estos sean los del partido do-
minante; parque los gobiernos honestos no pueden
222
SETEMBR1N0 E. PEREDA
convertirse en electores. Su intromisión consti-
tuye un abuso, es un verdadero atentado á las
libertades públicas, — importa una inmoralidad
política.
4 *Y pretenden los doctores Pena y Aramburu,
ante tal declaración y la imájen descarnada de los
hechos, — que se celebren coaliciones ? Y si esas
coaliciones se realizan, ¿creen dichos distinguidos
compatriotas, que tendrán el sello de la honradéz
cívica?
4 No serán una mera paródia de conciliación
como sucedió en 1887, no obstante el entusiasmo
rayano en frenesí y la fe* ciega que se tenia en el
resultado á obtenerse en las elecciones, con motivo
dd la ruidosa exaltación al poder del general
Tájes ?
No nos hagamos ilusiones, que ya hemos pasado
de la infancia política; seamos más pWtcticos y
ménos soñadores, pues para ser patriota y puri-
tano solo se necesita conservarse puro, no nau-
fragando en e l piélago insondable de la corrupción
política.
VI
¿No peligran las conquistas liberales?
¿ No existe conveniencia ni es de oportunidad la
formación del Partido Liberal entre nosotros?
Mediten sériamente nuestros conciudadanos,
principalmente los que no comulgan en el altar del
clericalismo; no miren con indiferencia el triunfo
y progreso de sus ideas; piensen que si se perma
nece en el marasmo, dejando que los adversarios
trabajen sin el menor óbice, será tarde cuando
quieran apercibirse para librar la gran ba-
talla. .
Los numerosos casos que hemos enunciado, los
documentos que preceden y lo que se vé y oye, sin
NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 223
uese haga público, pero que está en la conciencia
e todos, dan razón á nuestra propaganda y justi-
fican nuestros temores y precauciones.
En Marzo de 1891, alarmado por el cuerpo é
influencia que tomára el clericalismo, nos escribía
el Dr. López Lomba:
«¿No puede usted imajinarse cómo ha avanzado
y está avanzando el clericalismo, en la sombra y
sigilosamente, por toda la República; merced no
solo á la tolerancia sinó á la protección oficial; y
sobre toiio al entusiasmo, perfecta organización y
disciplina que reina en las filas de los oscurantis-
tas, y que contrastan grandemente con la indife-
rencia y la a pitia y la desorganización que se han
enseñorado del campo liberal?
Es hora pues, de dar la señal de alarma, de que
los liberales nos pongamos de pié, redoblemos de
actividad y celo y nos aprestemos al combate, que
será inevitable: que tratemos de vivificar y vigori-
zar los trabajos de propagañda de la Masonería y
de la Liga Patriótica, que son, hoy por hoy, las
dos fuerzas liberales organizadas con que conta-
mos, si queremos contener á tiempo los avances
del clericalismo, que, si sigue invadiendo y toman-
do cada día nuevas posiciones, llegará un 'momento
en que dividirá á nuestra sociedad en dos campos
enemigos que sembrarán profundamente el odio,
la intolerancia dogmáiica y el fanatismo religioso
y que llevarán la discordia al seno de los hogares
y destruirán la paz y la felicidad de las fa-
milias.
Conviene por io tanto iniciar una campaña en
tal sentido; poner de manifiesto la magnitud de los
peligros que nos amenazan y despertar á los
liberales que duermen sobre sus laureles, creyendo
i ilusión! que en cualquier momento podrán sofo-
car las ideas reaccionarias. Es incalculable el
número de órdenes y congregaciones destinadas á
la enseñanza que han afluido al país durante los
224
SETEMBR1N0 E. PERKDA
últimos años, deoido á que las leyes de laicisación
de las escuelas en Francia y otras Naciones han
dejado sin trabajo y en disponibilidad á las referi-
das órdenes religiosas.»
Y esto que el doctor López L^mba nos deitfa
hace dos años, puede decirse en la actualidad, con
igual ó mayor motivo; porque si existen varios
centros liberales en el país, no se hallan en núme-
ro bastante ni ejercen la suficiente influencia para
contr? restar con el éxito deseado la propaganda y
poderío del clericalismo nacional.
¿Porqué, entonces, se pone piedras en el camino
á los que no nos cruzamos Je brazos ante el peli-
gro inminente que nos amenaza?
¿Porqué nuestros hombres eminentes, que se
titulan liberales, no se adhieren con la misma fé y
entusiasmo que nos anima, á la iniciativa de los
que emprendemos esta benéfica campaña en pró
de la libertad del pensamiento y de la emancipa-
ción de la conciencia?
¿No es mejor ser definidos en religión como en
política, en vez de jugar con dos barajas¡ para estar
bien con unos y con otros?
La sinceridad debe siempre preceder todos
nuestros actos. — Por eso, si no tenemos pelos en
la lengua para decir la verdad, es porque somos
sinceros, — porque nuestro corazón y sentimientos
se hallan abiertos á las miradas de los que quieran
leér en ellos las palpitaciones de nuestra alma.
Fúndese el Partido Liberal, congréguense en su
seno todos aquellos que sean liberales con la pa-
labra y el ejemplo, déjense á un lado los escrúpulos
de monja, — que la hipocresía solo cuadra bien en
el jesuitismo y el antifaz en ios días de carnesto-
lendas.
Fúndese, sí, pero fúndese sobre una base sólida,
no precisamente con el solo propósito de combatir
la clerecía romana, ó cualquier otra secta religiosa,
sinó también con fines políticos; porque, como ya
NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 225
lo hemos dicho, él no puede ni debe convertirse en
un club jacobino.
Nuestras tendencias son más amplias, y si he-
mos entrado en el orden de consideraciones que
antecede, es porque se hacía imprescindible fun-
dar la conveniencia y oportunidad de su crea-
ción.
Somos liberales, nuestro radicalismo podrá
igualarse, pero no ser superado; trabajarémos
siempre, sin vacilaciones ni tregua, por el triunfo
de la libertad de conciencia; p^ro á la vez somos
.ciudadanos, y como tales perseguimos miras polí-
ticas.
De ahí que el Partido Liberal no ha de concre-
tarse á disparar sus armas contra el clero: la
Constitución Nacional, las leyes comunes, ía hon-
radez administrativa, el gobierno propio, todo
cuanto significa una garantía y un progreso, entra-
rán igualmente en su programa para gobernar con
el pueblo y para el pueblo, ajustando sus procede-
res á los dictados de ia legalidad y de! bien pú-
blica.
No hay pues, porqué alarmarse ni porqué temer
las fatales consecuencias de una lucha religiosa en
el seno de las familias.
Hoy, como pasan ías cosas, — la propaganda
aislada, que muchas veces ágria los ánimos, ante
el desborde de las pasiones mal sanas del clero,
que en el púlpito trata de leprosos y corrompidos á
los que no piensan como él, y de concubina á la
esposa honesta cuyo matrimonio ha consogrado
la ley civil, — puede ser de resultados más lamen-
tables y conducir á Jos extremos.
Y si sostenemos la necesidad de fundar el Par-
tido Liberal en contraposición del Partido Cleri-
cal, es no solo porque éste ya existe, dígase lo
que se quiera, como lo asevera el doctor Lufinur,
sinó porque en un país republicano como el nues-
tro no caben otros que los mencionados, —Blancos,
226
SETEMBRlNO E. PEREDA
colorados y constitucionales sostienen^en sus pro -
gramas más ó ménos iguales ideales, y los dos pri-
meros solos se diferencian de este último en su ado-
ración á las tradiciones históricas encarnadas en
Oribe, Rivera y otros caudillos de nuestras contien-
das intestinas,— porque todos nos hablan de su
fino amor y respeto al Código Fundamental que
nos legaran los constituyentes del año 29.
Larazón, es inmutable; ella acabará por dominar
á la especie humana y gobernar á todos los pueblos
de la tierra, decía Mirabeau, y hoy y siempre po-
drá decirse otro tanto.
El Catolicismo, con la República, como con la
Libertad, es incompatible, y por lo tanto, no puede
existir en su seno cómo su aliado, sino como su
enemigo.
El despotismo ha sido en todas las épocas su úni-
co inseparable compañero.
Con verdad ha dicho pues, un escritor argentino
de nuestros dias:
La República con larazón hace ciudadanos, que
son ios que verdaderamente gozan déla doctrina
de Jesús, que es en la que ella se funda.
El Catolicismo con la fé hace fánaticos, que son
los que dan más lustre á los principios emanados
de los concilios y los papas.
La República, pues, es la razón en acción, U
virtud por bandera.
El catolicismo es la fé en acción, y el fanatismo
por bandera. , , , , ^ i
La República demuestra su verdad á la luz de la
ciencia, apoyada en el raciocinio, sin sentarla so
bre base falsa porque empieza por deducirla de una
verdad absoluta que es Diós.
El catolicismo no demuestra su verdad smó con
la fé crée, crée y te salearás; porque la ciencia, que
es la manifestación de lo verdadero, la rechaza
completamente, desde que la Iglesia la ha impues-
to por el solo efecto de su voluntad.
NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 227
La República, en fln, se basa en la verdad. El Ca-
tolicismo se basa en lo que la Iglesia ha impuesto
como verdad.
Ahorá bien, ¿ pueden subsistir ambas cosas ?
¿ Puede existir la verdad al lado de la mentira ¿
Estas sensatas reflexiones del publicista aludi-
do, comprueban nuestro aserto y dan razón de ser
á nuestra iniciativa.
En efecto: sí en la República hasta la fecha no
han habido otras tendencias opuestas, en princi-
pios, que las de liberales y clericales, puesto que
los partidos ó bandos políticos no han sido adver -
sarios de la libertad, sino de banderías y caudillos
— no pueden exitir lógicamente otras colectivida-
des políticas sínó el Partido Liberal y el Partido
Clerical.
Por otra parte, con la ignorancia, como se ha
dicho, que es la madre del fanatismo; con un pue-
blo que no tiene más istrucción que la que ha reci-
bido ue la Iglesia, y que duerme en las creencias
que ella le impone y que él acepta, porque no re-
conoce otra fuente superior, — no puede tener vida
las instituciones republicanas; porque para com-
prenderlas es necesario ser más que hombre, es
necesario ser ciudadano, — y la manera de ser ciu-
dadano no se aprende ai pié de los altares ó de los
confesonarios.
Por eso dijo Montesquíeu que la virtud es el
principio fundamental de la República; y la virtud
no se inculca allí donde no se ama y propaga la
1 i berta d y la democracia.
Y por oso escribió un dia el ilustre Víctor Hugo:
M yo me dirijo ai pariido clerical y Se digo:— Esta
es vuestra ley — tomadla; francamente yu desconfió
de vosotros. Vuestra ley tiene una máscara, Ella
promete una cosa y hará otra.— Envuelve una idea
esclavócraía con apariencias de encerrar una li •
berta. Es vuestra costumbre; cuando colocáis una
cadena deei$; " He hai una liberta/A" — Ah ! os co-
228
SETEMBR1N0 E. PEREDA
1
I\
qt
vm
his\
Este
Uno (.
señan
II v pá
tiocemos, partido clerical. Sois el que ha er contra-
do para combatir á la verdad, estas dos maravi-
llas: la ignorancia y el error. Sois el que h* hecho
oposición á la ciencia y al génio para que no pu-
liera ir más allá del misal — y el que quiere, ence-
rar el pensamianto en el dogma. Todos los pasos
le ha dado la inteligencia en Europa ha sido á
*stro pesar. Vuestra historia está escrita en la
*oria del progreso humano pero en el reverso."
» decia, el gnn poete y publicista francés, en
le sus notables discursos sobre libertad «le en-
za, y que Eugenio Pelietán cita en el tom.
g. 71, de su obra Heures de TravaU.
v que está abocado el pais á la renovación
'amaran y ala elecció.) presidencial, debien-
te de la reforma de la Constitución del
s llege da la hora de que los liberales de
Ijen sus miradas en los ciudadanos que
rantía de que el clericalismo no saldrá
introduciendo modificaciones que favo-
ínes.
mera magistradura de la República,
to más delicado de todos, es menes-
oatriotismo y elevación de criterio,
^ferible? Un ciudadano honrado y
uno de preclaro talento y que ca-
dad cívica?
sta forma la cuestión, no es pre-
lecidirse.
f e se determinará porel segundo,
^cesario no pagarse de palabras
s son amores y no buenas ra-
efrán.
alentó y un hombre de bien
hay elección posible, porque
dad; pero es menester que
n ni limiten á un círculo re-
n determinadas condicio-
, — debe generalizarse.
de sus Ó
do tratai
Estado, e,
corazón, t
sea una ga
con la suya,
rezcan sus 1
. Para la pri
que es el pue&
ter obrar con \
? Cuál es pr*
sin ilustración, ^
rezca de austeri
Planteada en e.
ciso cavilar para t
Nadie cíertamem
Sin embargo es nt
ni de personas: obra
zones como reza el r
Entre un pillo de t
sin grandes luces, no i
no cabe la menor parii
las cosas no se extremen
ducido de individuos -co.
fies: hay que ir más lejos
NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 229
Se trata de buscar, no precisamente un ciudada-
no más bueno que otro — que eso existe en crecido
número, pues este no es un país corrompido, don-
de sean habas contadas los hombres honrados,
— sino un ciudadano que llene ias aspiraciones
nacionales, que tenga talia para el Gobierno, que
sea, en una palabra, un verdadero «hombre de
Estado.
Esto es lo que se necesita en todo país civilizado
que se rije por leyes sábias y liberales, y nó un
término medio, ó una nulidad, seria, sin otro capi-
tal de gobierno qus su honradez personal acrisola-
da.
Y para ser hombre de Estado, se nos dirá ? qué
se requiere ? En nuestro concepto há menester no
solo honradez personal sino igualmente honradez
cívica, pues si la una es nrenda segura de que no se
han de meter las manos en las arcas nacionales
para defraudar los dineros públicos, la otra es una
garantía de que se han de respetar y hacer cum-
plir las instituciones en vigencia; de que se gober-
nará para el país y con el país, anteponiendo á las
ambiciones menguadas de un partido los intereses
de la Patria; de que los derechos del ciudadano no
serán vilipendidos; deque no se harán calaveradas
políticas ni aventuras financieras ; en suma, de que
se procederá con rectitud en todos las manifesta-
ciones del gobierno, obrando con honradez perso-
nal y cívica, procediendo en uu todo de acuerdo
con los dictados del patriotismo.
Un hombre de bien, ignorante, para todo podrá
servir, menos para regir los destinos de una Na-
ción; porqué no será él, el que gobierne sino aque-
llos que le rodeen y dirijan si es que no se halla do-
tado de carácter, y si posée energía y soberbia lle-
va riesgo de que ejerza una dictadura desastrosa
para sus gobernados y el engrandecimiento na-
cional.
También, un hombre de vasta ilustración y sin
230
SETEMBRINO E. PEREDA
civismo, que profese principios contrarios á la mo-
ral pública, que sea un ambicioso vulgar, anhelan-
do más que la prosperidad del Tesoro Nacional, el
aumento de su cofre particular: que no tenga otro
ideal que hacer política en vez de administración;
de gobernar para sí y los suyos y no con y para el
pueblo, tiene también que ser repudiado, porque
entraña un inminente peligro, aún mismo para la
conservación de la independencia patria.
No somos pu<^s, partidarios, ni de los hombres
honrados y topos para asumir el mando de un país,
ni de los que poseyendo un talento preclaro y - una
ilustración poco común* carecen de civismo; por-
que unos y otros servirán de remora al progreso,
de descrédito ante propios y extraños y traerán
aparejadas, como consecuencia lógica, tarde ó
temprano, la banca-rota política y financiera.
Necesitamos pues, hombres de bien, pero aptos
y que sepan deliberar por voluntad propia y no á
impulsos dé sugestiones extrañas. — Un hombre
bueno, por mejores intenciones que tenga, no siem-
pre logra realizar sus designios, pues faltándole
cabeza pensante, le falta todo, como una sin civis-
mo es propensa á los excesos de la concupiscencia
política.
Esto, á nuestro juicio, es lo que aconsejan el pa-
triotismo y la moral cívica.
Tampoco sernos partidarios de los gobiernos
militares; porque estos han sido en casi su totali-
dad el descrédito y la ré.i-ora del país
Es sabido que ei 75 y durante 15 años, las riendas
del gobierno han venido siendo de su exclusivo
manejo.
NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 231
1 Latorre, primero, Santos después, y últimamente
el general Tajes.
¿ Que han hecho .esos gobiernos ? Los dos pri-
meros han sido de fuerza y de latrocinios; han
oprimido la libertad política, suspendiendo la le-
galidad en los comicios; han pisoteado los códigos
que nos rijen, coartando las garantías individuales
y han distribuido grados a la marchante, para
captarse la voluntad de los agraciados, sin impor-
tarles enajenarse las simpatías del pueblo, que son
precisamente las que los gobernantes honrados y
liberales deben buscar de conquistarse.
Esto ha desconceptuado al país, dentro y fuera
de su territorio, colacándole, casi al nivel de Vene-
zuela bajo el dominio del célebre Guzmán Blanco.
El general Tajes, que es el que ménos resisten-
cias ha levantado en la opinión, debido á su actitud
circunspecta y p itriótica en muchos casos, no
pudo, sin embargo, reh icionar por completo.
De ahí que en más de una ocasión le haya
combatido severamente , la prensa independiente;
de ahí que le hayan rodeado elementos reprobados,
entre ellos los mismos que colaboraron poderosa-
mente en la nefanda obra de derrocar un gobierno
honrado y constitucional, para suplantarle por un
fantoche político y una oprobios?, tiranía; de ahí, en
fin, que las Jefaturas Políticas y la casi totalidad
de lospuestos públicos se hallasen rejidos por ciu-
dadanos militares, en vez de encontrarse á sufrente
ciudadanos civiles, vecinos y afincados, como lo
manda nuestra Carta Fundamental.
¿ Porqué esa violación á la ley ? Porqué seme-
jante preferencia, siendo que no escasean ni faltan
los ciudadanos honestos y aptos para el desempeño
de esos altos cargos públicos ?
Es que el compañerismo tiene atracción y es
preciso contentar á los amigos políticos y de
armas, para que 'a fuerza de las bayonetas, ya que
no de la opinión, les sostenga y se halle á su entera
232 SETKMBRINO E. PEREDA
ñ«J?£ S, ^ n Para asegurar su estadía en ei poder'
den ro ó fuera de las instituciones nacionales
&i ejército de línea, — en todo país culto y civüi-
ShnVT d ^ be , se r> es »a salv guardia de la paz
publica y de a n.tegridad nacional; el ¿migo del
comm'rí??^^ 116 ?° l0S ^ S áe * ,0ria ó ^ duelo
comparte los laureles ó las amarguras.
fcin embargo, la funesta escuela de los Latorre y
bántos extravió las tendencias v misión del eier-
cito divorciándole de las aspiraciones v comuni-
aa^ ae ideas de los elementos populares".
Por eso su intromisión en todos los negocios de
la cosa pública y su ódio acendrado á los que no
visten el uniforme militar. 4
Piemos, felizmente, reaccionado: el ejército de
hoy no es ya el de hace algunos años; pero todavía
conserva en su seno muchos resabios del pasado,
que han de desaparecer paulatinamei te, máxime
cuando en el Colegio Militar y en los mismos
cuerpos de línea se está formando un precioso
plantel de militaras instruidos, que han de ajustar-
se mañana álos dictados del deber cívico, como
lo hacen los que ya han entrado en el ejercicio de
sus derechos de ciudadanos y que han tenido la
virtud de escuchar los dictados del patriotismo y
contundirse y confraternizar con el resto de sus
conciudadanos
No por esto, sin embargo debe seguir desnatu-
ralizándose nuestro régimen institucional y sacarse
al ejército de su verdadero puesto, — que es el de
centinela avanzada de los derechos del pueblo y de
la Independencia de la Patria,-^ para posponer á
7;* ñor ministerio de la ley están llamados á
rejir los destinos üc. ¡,.;: i las esferas del Go-
bierno.
Elejércit representa la tuerza y el pueblo K
opinión.
Dése pues, á cada cual su verdadero puesto, y la
concordia será un hecho entre uno y otro; pero na
NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 233
se invadan las facultades de éste para dar prepon-
derancia á aquel.
Al César lo que es del César y á cada cual lo
suyo.
Feliznente para el país, á, pesar de la declaración
del Presidente de Yo República, arrogándose facul-
tades que no le confiere la ley, respecto á la cues
tión electoral, — del seno del partido dominante
han surjido iniciativas tendentes á evitar el fraude
y á dar coparticipación en la cosa pública á ciuda-
danos que no figuren en sus filas
Hemos pues, progresado en materia política.
Hasta ántes de la paz de Abril, el amor á una divi *
sa tenía profundamente distanciados á los elemena
tos racionales: hasta en los vestidos, tapados y
sombreros de nuestras matronas y señoritas, lo
mismo que en las pinturas délos edificios particula-
res, se usaban romo distintivo los colores celeste ó
punzó, y los miembros la colectividad política
adversa á la en auge eran considerados párias
en su propio suelo por los que dominaban.
Hoy suce Je todo lo contrario; porque, aúnque en
minoría, se les lleva al Cuerpo Legislativo y á los
Ministerios,— y candidatos y gobernantas declaran
& l*i faz del mundo entero que es menester apoyarse
en elementos de todos los partidos, para que. á su
alrededor no se haga el vacío y para no caer en la
resbaladiza y fatal pendiente de la impopularidad.
Uno de los hombres mas ir -transientes del Par-
tido Colorado,— el Dr. Pedro Bustamante,— en un
brillante discurso pronunciado en una comida ín-
tima con Cfesies, el Dr. Herrera, ccrr>o aquel
personaje que hacía prosa sin saberlo, sostuvo i03
principios de fr.itenidad cívica, no diremos sin co -
nocerlo, ooroue fu a rr*. hsLCír nn^ iniusticia ásu pre-
claro talento, pero sí sin declararlo.
Reconoció que la noción del gobierno, de sos
derechos y deberes se na pei-fec¿im£¿¿ c~:i?!d* T%í \-
blemente; que los ódios de partido tienden d exiin-
234
SETEMBR1N0 E. PEREDA
guirse de día en día; que el caudillaje y el pretoria-
nismo han hecho ya su tiempo; que los hábitos de
paz y trabajo se arraigan y extienden de más en
más, y que todo, todo induce á presumir que nues-
tro pais ha tomado p >r fln asiento, y que asistimos
ála inauguración de una nueva éra de existencia
de nación independiente, ératodade reparación, de
Orden verdadero, de vida regular.
En otro tiempo, no habría dicho otro tanto el
doctor Bustamaníe en lo que respecta a la extin-
ción de los odios de partidos, pues siempre se le
ha atribuido, — como lo expresamos en otra parte,
— el dicho de que no hay blanco bueno, y re le ha
considerado como el miembro mas intransigente
de la colectividad ; olílica á que pertenecía.
«P?z sin libertad, dice, es servidumbre, más ó
ménos acentuada, pero servidumbre al fin, y no fué
ciertamente para cambiar de señores; fué si, para
no tenerlo?, que nos emancipamos de nuestra anti-
gua metrópoli. La paz bajo la égida de la liber-
tad y de las leye*, esa debe ser nuestra divisa,
esa la suprema aspiración del país, porque esa
paz es la única que dignifica á los pueblos, y la
única facunda en bienes de todo género
» La existencia de los partidos es, en los Estados
democráticos sobre todo, un » necesidad y una
condición obligada de su modo de ser; pero no asi
el e&elusivismo partidista* fuego cuya llama, como
en una ocasión solemne dijo el gr n Washington,
en vez- de calentar, quema y consume cuanto toca.
La cosa púbiiea es la cosa de todos, y en la gestión
de lo que es de todos, justo es, y conveniente tam-
bién que todos tengan coz é intervención. »
Dijo también que en el programa dado á luz por
su colectividad política hace algunos años, se en-
carece como una necesidad del órden político la
coparticipación de todos lo* partidos en la dirección
de los negocios públicos. Además, los orientales so-
mos todavía muy pocos, agregaba, y nunca será ex-
NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS
cesivo el concurso ele todos los hombres honrados
y capaces sin excepción, para impulsar hácia ade-
lante la nave del Estado y labrar de consuno la
felicidad di la pátria.
Entre otras exhortaciones dirijia la siguiente
al Dr. Herrera:
«Gobernad con. los buenos y para el país, y
habréis colmado los votos y las esperanzas de la
nación, merecido las bendiciones de présenles y
venideros y realzado á la vez el nombre y la glo-
ria de nuestro partido. »
Igual exhortación podrá hacerse mañana al
ciudadano que reemplace al Dr. Herrera en la
Presidencia de la República, sea civil ó militar,
y si ella se escuchase, desoyendo los intereses
partidista, el país labraría su felicidad y engran
decimiento; porque lo que necesita para su , ros-
peridad y bienestar, no es otra cosa que un go-
bierno moral, que se rodee de elementos sai, os, que
garanta la paz y las vidas y haciendas, para que
todos y cada uno d<? los habitantes de la Nación
puedan trabajar sin recelos y con esperanza de
cosechar opimos frutos de su honrada labor.
Entónces no se pronunciará la emigración y la
corriente emigratoria no pasará, por sus playas
sin detenerse. — Los orientales, en vez de buscar
asilo en suelo extranjero, sentarán sus reales en
la. tierra pátria, la oposición al supremo mandata-
rio no dará margen al descrédito nacional; por el
contrario, la propaganda de los órganos de publi-
cidad servirá de má* eficaz apoyo para estimular
á la gent laboriosa á buscar su porvenir en ia
República Oriental, que los agentes migratarios,
y no veremos citarnos como un ejemplo de gran-
deza y vida democrática á la República Argentina,
que si no está peor no está mejor que nuestro país,
ni en política ni en finanzas.
En efecto: ¿ en qué nos aventaja ?
Basta léer lo que dicen los diarios más caracte-
236
SETEMBR1N0 E. PEREDA
rizados de la capital federal para convencerse de
que más es el ruido que las nueces, como dice el
proverbio; que más es lo que se pondera desde
lejos, que lo que se vé y palpa en el teatro de los
acontecimientos.
La Nación de Buenos Aires, que es una publica-
ción séria y que responde á la política del General
Mitre, fustiga atrozmente á la actual situación del
vecino país, comparándola con la de Juárez
Calman.
Oigamos su autorizada palabra.
En su edición 28 de Febrero del corriente año,
se expresa en estos enérgicos términos, con oca-
sión de un violento discurso pronunciado en Lon-
dres, en la junta e acreedores, por sir John
Lubbock: «no es de gobernantes sérios á quienes
im porta su buen nombre y más que todo el crédito y
buen nombre del país cuyos intereses administran,
burlarse de compromisos solemnemente contraí-
dos, faltar á promesas y declaraciones pública-
mente empf nadas Y eso, sin embargó, es lo que
ha sucedido, es lo que por desgracia sucede toda-
vía. La anterior administración, después de
prometer economías extraordinarias siguió la
vida rumbosa de los tiempos que trajeron las
ruinas actuales; en vez de disminuir la moneda de
papel circulante como lo habia asegurado á los
acreedores, hizo emisiones á destajo. La actual
administración, que se anunciaba como de reacción
y reparación y se esperaba que lo fuese ha seguido
la misma vida de la anterior: no ha disminuido los
gastos, no se ha opuesto á su aumento, limitándose
á recrudecerlos impuestos, El ministro de Hacienda
que fué también acogido, que infundió tantas espe-
ranzas, ha sido ya deshauci^do por amigos y ad-
versarios: su gestión, su conducta, sus actos repre-
sentan hasta ahora para todo el mundo un nuevo
desengaño, un nuevo fracaso.
Ni basta: los bancos oficiales han sido saquea-
NI RETRÓGRADOS NI TAHTIJFOS 237
dos, se han visto de la noche á la mañana conver-
tidos en montones de escombros. Colosos como el
Banco aV la Provincia, como el Banco Nacional,
como el Banco Hipotecario de la provincia se han
visto obligados á cerrar sus puertas, á suspender
sus operaciones, a sumir en la ruina á todos los
que habían tenido fé en su solidez, en su solvencia;
los bancos oficiales del interior se han visto redu-
cidos á la impotencia una vez malbaratados los
millones que constituían su capital: se Cuentan por
centenares los millones cuyo empleo, cuyo destino
no ha podido explicarse ó justificarse.
?Y qué han hecho los gobernantes para castigar
álos culpables, para hacer efectiva la resposabili-
dad de los malos administradores, para averiguar
dónde habian ido los millones que habían salido de
los bancos? Se limitaron á hacer emisiones clan-
destinas para galvanizar establecimientos cuya
muerte era ya irremediable y adietar leyes sobre
leyes para amparar á los deudores entre los que
figuraban los principales causantes de las ruinas.
No se vió ningún acto de energia, ningún acto mo-
ralizador; se vió encambio lo que jamas se ha visto
en parte alguna á algunos de los mismos culpables
hechos audaces por la impunidad y la tolerancia,
hacnr alardes de puritanismo y erigirse en jueces
de las faltas agenas.
Ningún administrador fué procesado, ningún
ersonaje ¡encarcelado, ningún escarmiento se
a hecho como acaba de hacerse en Francia y se
está haciendo en Italia.
Pero no es esto lo peor todavía. Era de suponer
á lo ménos, que los gobernantes, ya que se mostra-
ran incapaces económicamente, ya que no hicieran
las economías y no adoptaran l;»s medidas que las
circunstancias reclamaban, procurarían no agra-
var con irregularidades ligerezas y complicacio-
nes políticas una situación ya de suyo desespe-
rante. Pero, no señor: no se ha reaccionado en
SBTEMBRINO E. PEREDA
•
política como no se ha reaccionado en administra-
ción y finanzas, y con esto se han hecho endémicas
las zozobras, las incertidumbres, 'as alarmas, au-
mentando el descrédito, el malestar, el descontento.
¿ Cómo se quiere que gobernantes que así proce-
den sean tomados á lo sério por lo. publicistas y
financistas europeos ? ¿ Cómo se quiere que no sean
blancos de ataques que refluyen sobre el país ente-
ro ¿ Cómo se pretende que la prensa nacional se
indigne y rechace airada las frases hirientes, las
insinuaciones malévolas, si se ha dado y sigue dán-
dose fundamento &ara ellas ? x>
En su número del I a . de Marzo, agrega el órga-
no bonarense:
« El gobierno institucional se habia eclipsado
eneí trden nacional como en el orden local. La
imposición era la regla que imperaba en la nación
y las provincias. Las instituciones de crédito
fuéron saqueadas y los bienes públicos vendidos,
sin que se haya sabido la inversión de las sumas
que debieron ingresar al tesoro público. La liber-
tad de sufragio fué suprimida en todas partes. El
Presidente decretaba la composición de los pode -
res locales. El Congreso era un mero agente del
poder ejecutivo. La deuda exterior é interior era
enorme y ios impuestos recargaban al país de un
modo abrumador. Las emisiones públicas, y clan-
destinas, de papel moneda, de fondos públicos y
cédulas hipotecarias, no reconocían valla. El pre-
supuesto de la nación y de las provincias denotaba
un lujo completamente incompatible con la masa
de obligaciones que grabiaban sobre el tesoro La
corrupción administrativa habia llegado á su apo-
geo; y la mayor parte de los proyectos que se re-
ferían á las finanzas y obras públicas eran desig-
nados con la palabra <c negotium » por todo el
mundo
Las administraciones que siguieron á la que se
derrumbó en agosto, anunciaron al país la inaugu-
NI RETROGRADOS NI TARTUFOS
239
ración de un período reparador en que iba á go-
bernarse á nombre de la moral, haciendo de la
constitución una verdad.
¿Qué hemos adelantado en estos trienta meses
últimos? Algo en ciertas cosas y poco en otras, ro
faltando algunas en que hemos retrocedido*
Por ejemplo, las situaciones locales que se consi-
deraban irregulares, no han cambiado, Vacilaron
todas; pero fueron afianzadas. Cayó una: pero fué
reemplazado en condiciones análogas. Laenmina-
ción de Buenos Aire¿, de Corrientes y Catamarca,
como estados federales constituidos, ha sido nue-
vamente consagrada por el poder central, se ha
dejado armar al gobierno de Buenos Aires y dia
á dia se refuerzan sus armamentos. Todos ¿aben lo
quena sucedido en Corrientes, ocupada hoy mili-
tarmente, sin un decreto que lo autorice, por las
fuerzas del gobierno central. La misma provincia
de Santiago, cuyo gobierno abusivo no hubo interés
político en reponer, tiene hoy su custodia militar.
En suma, futra de aquellas provincias cuyos
gobiernos han marchado, voluntariamente, de un
modo más ó ménos legal, el gobierno representa-
tivo republicano está suprimido en el orden provin
cial, respecto del cual no rige la constitución ar-
gentina. En esta faz de la cuestión política, la
buena causa ha tenido ventajas decisivas en San-
tiago; pero las situaciones de Buenos Aires y Co-
rrientes son peores que antes, habiendo conciencia
de que el gobierno general entiende que no afecta
su programa ni perturba su misión política el
hecho de que la constitución nacional sea una
burla para la mayor parte de las provincias ar-
gentinas. Poco hemos adelantado, pues, sobre este
otro punto de tan capital importancia.
Se dice que si el sistema institucional está supri-
mido para muchas provincias, existe, sin embargo
para la nación. Aúnque el contrasentido de una
proposición semejante resalta por sí mismo, debe
SETEMBR1N0 E. PEREDA
reconocerse que la libertad del sufragio queda ase-
gurada para la capital de la república. Pero la
capital no es la nación. El cuerpo legislativo nacio-
nal debía ser designado por el pueblo de las pro-
vincias; y si los gobernadores de provincia, por sí
ó por cuenta de Jas influencias que reconocen, son
los que han de hacer tal designación, el congreso
nacional desaparece y queda en su lugar un con-
greso representante de los gobernadores de pro-
vincia 6 de los que disponen de ellos. Ahora, si
el poder electoral continúa residiendo en los últi-
mos, es evidente que no lo emplearán únicamente
sol 3 en la composición del congreso, sinó que lo
harán servir más tarde para la elección «'el poder
ejecutivo, poderes de que depende la organización
del judicial, quedando así comprometida, en toda
su plenitud, la institución del gobierno.
Si bajo el punto de vista del sufragio popular y
del gobierno republicano, hemos adelantado poco
en las provincias, ya se ve que no hemos avanzado
tampoco gran cosa en el régimen nacional, cuando
solo existe la probabilidad ó si se quiere, seguri-
dad, de que será fc el pueblo quien elíjalos diputados
y senadores que corresponden á la capital de la
república. Evidentemente, esta no es una solución
suficiente para darse ñor satisfecho, ni ménos para
creerse que se ha ido demasiado adelante, dando
en consecuencia la señal de retroceder.
Bajo estos auspicios ¿ habrá moral, sin libertad
en las provincias en que se gobierna haciendo á
un lado la constitución ? No es presumible, porque
si por algo han sido suprimidas la libertad y la
constitución, es porque la corrupción no puede
vivir entre ellas ? Qué debe esperarse del congre-
so elegido por los gobernadores de provincia ?Se-
ria arriesgado presumir que las mismas causas
produzcan efectos contrarios. Bajo la base de la
opresión de las provincias, es, pues, completamente
ilusoria pensar en la vuelta de la moral, de la li-
NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS
241
bertad y de la constitución; y, en este sentido, ó
pocu habremos ganado y poco debemos esperar.
Volviendo ahora la vista hacia oíros puntos en-
contrar mos que la deuda exterior ha s consi-
derablemente aumentada, para paearsus intereses
como para otros objetos. La deuda interior* Je ha
sidó igualmente, con empréstitos voluntarios y de
otras maneras.
Las cargas públicas lian ido creciendo, en los
últimos tiempos, con febril impulso, á término de
doblarse y triplicarse en muchos casos; siendo lo
peor que continúan sin cejar, en el mismo cami-
no. El empapelan iento ha crecido también, en
algunas decenas de millones que debían ser-
vir p ; ra socorrer al Banco Nacional y al Banco
Hipotecario y que al fin no socorrieron ¿inó
al gobierno.
Él presupuesto nacional continúa bajo el mismo
pié de fausto; y pueda asegurarse que casi todas
sus partidas son más abultadas que hace tres
años. En estas materias, que no son por cierto de
poca monta, hemos avanzado sin cuesáón; pero
desgraciadamente en ei mal camino, qi.e nos em-
peñamos no desandar.
Se dirá, que no se ha podido hacer más, y esto
seria precisamente el proceso de !a política nacio-
nal en el último tiempo.
Si no se pueden garantir las instituciones; si no
se puede restaurar el gobierno representativo re •
publicano; si no es dado afl-mzar en consecuencia
el origen popular de los poderes nacionales; si no
se puede hacer economías ni dejar de aumentar
las cargas públicas; si por el contrario, seacrecien *
ta el -lujo gobernativo y se hace la v { da más difícil
para el pueblo, por los impuestos qus gravan los
consumos indispensables y por los hechos que des
monetizan el valor con que se adquieren, no hay
mejor prueba de que la poíltíc* anda por mal ca-
mino y que es necesario cambiar de rumbo.
10
242
SETEMBRINO E. PEREDA
¿No se puede hacer mejor, loque quiere decir
que debemos resignarnos con lo peorj /V bien!
¿Cómo ha de poder hacerse lo primero, cuando so-
lo se emplean los medios de conseguir lo segundo?
Para extraer un clavo se toman las tenazas y
se le arranca. Es evidente que si se le dá en la
cabeza con el martillo, nada se hará para sacar
el clavo, y es lógico que se hunda más adentro del
cuerpo que desgarra.
Con modernismos, ligas de gobernadores, distri -
bucionevS de armas a los explotadores d? las pro-
vincias y propósito manifiesto de no gobernar sinó
con los elementos del pasado, es un poco difícil
arribar al afianzamiento de las instituciones, al
imperio de la moral, á la abolición de los lujos
oficiales, á la humanización de los impuestos, á la
valorización del papel, al programa, en fin, de los
que creian con razón, y siempre que se hubiesen
empleado medios adecuados á resolver el doble y
arduo problema político y financiero que pesa
sobre el país.
Podrá decirse aún para impugnarsus apreciacio-
nes, que ellas engloban á veces los actos y res-
ponsabilidades de administraciones distintas; pero
no se ve la necesidad de distinguir personas, cuan-
do se trata de los resultados de una política que se
continua en sus medios y tiene que llegar, lógica-
mente, á los mismos fines.
Acaso sea cierto que no se haya podido hacer
más, ni en política ni en finanzas, ni en supresión
de iujos, ni en moderación de impuestos, ni siquiera
en el ensayo de instrumentos vivos más adecuados
para realizar la obra que se anunció. #
Sería entónces el caso de esperar á que se pueda
por más que la esoera empiece ya á pasar los .
límites regulares; pero en tal caso y mientras tanto,
no estaría de más dispensa r a Igu na consideración á
la moral de nuestro organismo enfermo a fin de que
no lo abadonase la energia deque tanto necesita
para luchar y perseverar en el bien.
NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 243
Al General Mitre no se le puede tachar de opo-
sitor sistemado al gobierno del doctor Luis Saenz
Peña; porque fué él una de las palancas más po-
derosas para que subiera á la primera magistratu-
ra de su país.
Por consiguiente, lo que dice La Nación, que es
el órgano de aquél, no puede calificarse de par-
cial, y sus opiniones, juzgando los actos del gober-
nante argentino, tienen la mayor importancia.
Sin embargo, en esia y en la otra orilla se de-
prime á la República Oriental, colocándola á un
bajo nivel, y muy por sobre ella a la situación que
con tan malos colores nos pinta el ilustrado diario
bonaerense. Aún más: allí se vive, en casi todas
las provincias, en perpétua zozobra; los robos,
los asesinatos y los atentados se suceden unos á
los otros, con una rapidez vertiginosa; mientras
que aquí es muy pálido lo que acontece compara-
do con los hechos bochornosos de la patria
grande..
¿Se quiere una prueba de lo que decimos?
Léanse los telegramas siguientes:
Mercedes, mártes 28.
Imposible es pintar la situación desesperante de
este departamento. Vivimos bajo el régimen del
terror y de la barbarie llevados á sus últimos ex-
tremos. No se respeta ya nada. La vida y la pro-
piedad están entregadas al vandalaje, que con el
pretexto de comisiones militares recorren la ciu-
dad y la campaña armadas por las autoridades
para ejercer venganzas y persecuciones á todas las
personas que directa ó indirectamente hayan coo-
perado á la revolución.
Kn este departamento ios revolucionarios tienen
establecimientos valiosos, y se hadado la consig-
na del más escandaloso latfocinio, comparable tan
sólo á los grandes robos del año 80. Una fuerza al
mando de un comandante Agustín Vargas, de
244
SET&MBK.1N0 E. PEREDA
150 hombres, recorre la campaña de este depar-
tamento, cometiendo tnqu o*, rolnudo vncus y
caballos do los establecimientos, arreando maja—
das de, ovejas, que son vendidas á cualquier precio
dentro de la población. Hay carnicerías de indivi-
duos que, de acuerdo con la autoridad, roban vacas
para ser beneficiadas.
Además, las borrascosas crisis ministeriales de
Julio último no tienen precedentes en °1 Plata, y
revelan claramente que las cosas argentinas están
muy lejos de poder ser tomadas como modelo de
las muestras.
Sin embargo, el calabozo es*á atestado de pre-
so-. Ciudadanos h onrados y meritorios, gimen tn
la barra por el delito de no simpatizar con el go-
bierno No pasa una hora sin que ¡»e vea entrar
alguna partida armada conduciendo algún preso
herido ó maniatado.
A los oficiales presos se les hace limpiar hasta
las letrinas de la jefatura. A la noche, que es la
hora elegida para la entrada de las comisione»
conduciendo los presos al cuartel, el coronel Ve-
rón y el jefe polític » Fulgencio A costa, se sientan
e i la calle, frente á la jefatura hasta media noche,
presenciando impávidos y satisfechos ese lujo y
ostentacción de tanta crueldad y barbarie.
En la capital se dieron publicidad á los anuncios
de la série de atentados cometidos por el jefe
militar Verón, y el gobernador Ruiz, al tener co-
nocimiento que existía un jefe nacional que tan
admirablemente secundábalos propósitos de des-
trucción y exterminio, le dirigió una carta enco-
miándole su proceder y alentándolo para que per-
severe en su papel, y que no hiciera caso á las
denuncias de la oposición.
La mayor parte de los paisanos ha enwgrado
del departamento.
NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS
245
Monte Caseros, márt.es 28.
Los comandantes Juan de Dios Verón y Lucia -
no Romero al ver que con tan vil saña de les per-
sigue, tal vez por no haber satisfecho los anhelos
del general Garmerdia y de Ruíz, reunieron algu-
nos compañeros y por ahí van á pedir al extranje-
ro la hospitalidad y el derecho dé vivir que se les
niega en su provincia natal, porque no quisieron
ser indignos ni verdugos de ella.
Acá hay más de cien emigrados correntinos, en
su mayor parle de Caseros. Consuela de tantas
injusticias y desgracias el ver la generosa hospita-
lidad que nos brindaef pueblo y autoridades orien-
tales.
Tampoco en nuestro país se ha llegado al extre-
mo, por mal que sea situación económica, de
que sus acreedores europeos pretendan enviar una
comisión encargada de estudiar sus finanzas bajo
todas sus fases y aconsejar la solución que cre-
yese más conveniente; y esto ha pasado, sin em-
bargo, con los de la República Argentina. — Los
señores Baring y Morgan tueron de los que apro-
baron, según se leía en un telegrama de Londres,
las sérias gestiones empezadas para invitarle á re-
cibir esa comisión de peritos.
El Times,, en su edición del 28 de Febrero, se
ocupó detenidamente en estudiar la crisis finan-
ciera argentina y la situación creada á los presta-
mistas ingleses, apoyan io la ilea de envidiar esa
comisión con los fines indicados.
¿Y La Plata, esa obra portentosa del esfuerzo hu-
mano, bella ciudad levantada con ara celeridad sin
ejemplo ? Ahi esta adormecida en brazos de la
¿46
SETEMBRINO E. PEREDA
estagnación; su comercio languidece^ sus habitan-
tes la abandonarían, y su porvenir incierto se
presta a muy tristes reflexiones.
Ahí está también la Rioja, cuya gobernador so-
licito no ha mucho del Poder Ejecutivo Nacional
el envío de brazos para construir puentes, arreglar
caminos y extender una vía férrea hasta parajes
céntricos de dicha Provincia, pues lo difícil de su
comunicación, la seca y otras causas compelían á
todas las clases sociales ¿.abandonarla.
La escasez de trabajo y la mucha miseria rei-
nantes en su seno, hace que sus habitantes deter-
minen buscar la subsistencia en otros estados ó
fuera del país.
YloquBallt acontece, sucede á la vez en San
Luís, Catamarea y otras provincias del interiór
argentino.
Mas aun: ¿no acabado constituirse en Buenos
Aires una sociedad de Orientales con el se lo objeto
de socorrer á sus compatriotas que vagan allí sin
encontrar trabajo?
El Ministro Dr. Ernesto Frías, % no se ha dirijido
al de Relaciones Exteriores dándole cuenta del
crecido número de ciudadanos que impetran su
influencia y recursos para ser reimpatriados ?
Su nota es una prueba elocuente de que en la ve-
cina orilla no se pasa mejor que aquí.
Ella dice así:
Legación de la República O. del Uruguay.
Buenos Aires, Marzo 21 de 1893.
Señor Ministro :
Tengo el honor de comunicar a V. E. que diaria-
mente se presentan á esta Legación, ciña», seis y
más ciudadanos orientales, solicitando pasajes y
NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS >? $47
recursos para reimpatriarse á causa de no haber
encontrado en esta ciudad empleos ó trabajo, con
cuyo motivo habían venido.
Algunos, señor Ministro, se han trasladado im-
prudentemente con sus familias y solo con recur-
sos para los primeros dias, y á no ser los au-
xilios de la Legación, hubieran pasado ratos bien
amargos en un país para ellos nuevo y sin perso-
nas de su relación á quienes acudir.
En ios dias transcurridos del año,el Consulado ha
reimpatriado ya ciento treinta y ocho ciudadanos.
Estos hechos, que diariamente y en persona he
podido constatar 1 , me obligan á dirigir á V. E. esta
nota dando cuenta de el lo, para que si V. E. creyese
oportuna su publicación, pudiera ella servir por lo
ménos de advertencia para los que ignorando estos
hechos se lanzan en esta corri* nte, creyendo qje
al llegar aquí se encuentran con facilidad em-
pleos ó medios de vida.
Es verdad y me es muy grato ív conoce rio que en
este país los or ientales tienen muy favorable acogi-
da, pero debe tenerse presente que los empleos son
muy solicitados por lo¿ ciudadanos argentinos y á
quienes justamente les corresponde: ademas, se está
obsenando en la capital federal el sistema justísi-
modt los ascensos cuando hay una vacante; asi es
que como consecuencia de ello quedan disponibles
los puestos inferiores, cuya remuneración no da
para costear la subsistencia de un empleado con
familia ó de uno que nc teniéndola, tiene que cos-
tearse su alimento y habitación.
Con este motivo me es grato presentar al señor
Ministro la expresión de mi coosideración más
distinguida.
Ernesto Frías
A S. E. el Sr. Ministro de Relaciones Exteriores
de la República Oriental del Uruguay, doctor
don Manuel Herrero y Espinosa.
248 SET1MBR1N0 E. PEREDA
Se exagera pues, en sumo grado, movido por
un espíritu de pesimismo que raya en lo at tipa-
triótico.
Que la situación es mala, que el Gobierno se
halla divorciado de la opinión pública, — esto y
mucho más es bien cierto; pero no por eso se
desdore al país, poniendo su crédito y fuerzas vi-
tales por el suelo, p? ra elevar á las nubes á otro
extraño, al cual no leñemos por qué mirar como
modelo, cuando sus» más caracterizados órganos
de publicidad reconocen que arrastra también una
vida raquítica, y cuando tenemos la convicción de
que si en el nuestro se cuecen habas,— en el aludi-
do se cuecen en máxima cantidad.
Verum est id quod esl; la verdad es lo que es, ha
dicho San Agustín, y es inútil que se pretenda os-
curecerla ante la realidad de los hechos.
Sin embargo, los argentinos no se amilanan por
eso y cantan hossana á sus progresos y futuro en-
grandecimiento. Aquí, en cambio, todos desespe-
ran, presajiando un tremendo cataclismo, se pien-
sa en la anexión, aún mismo por preclaras inteli-
gencias, y se crée que nos hallamos al borde de un
precipicio, en cuyas simas ha de desaparecer la
nacionalidad uruguaya.
Nuestra campaña, lejos de despoblarse, aumenta
el número de sus moradores; la agricultura, que
vivía en la infancia, á pesar de los contratiempos
de la seca y la acridiana, sigue en auge; la educa-
ción avanza hasta la choza del pobre, porque en
todo el país exi-ten establecimientos de enseñanza
primaria: la selección de las razas y la viticultura
preocupan á muchos hombres inteligentes y pro-
gresistas; todo, en fin, tiende á prosperar.
En la República Argentina, si se excluye á
Buenos Aires ya una que otra capital de Provin-
cia, no se puede decir otro tanto. Hay allí extensas
zonas de territorio,sin contar sus di hitadas Pampas
— donde ni existen moradores ni industria alguna
NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS
249
que denote la mano del homhre, y en que sus auto-
ridades son más perjudiciales que las célebres
plagas de Egipto y que la caja de Pandora.
Noobstanie, dijo undia<*l Dr. Zubiaur con motivo
de una breve visita que hizoá várias escuelas de
Monte* ideo, que estábamos atrasados, y que esta
República tiene esca«éz de p ersonal docente idó-
neo, pues casi todo él no posée diploma de su-
ficiencia.
El Dr. Zubiaur, empero su suspicacia y espíritu
observador,- hizo entonces una afirmación gra-
tuita é injusta á todas luces; porqué no solo habia
en esa época maestros diplomados, sinó que ya el
Colegio Normal de Señoritas habia producido una
brillante pléyade de inteligencias bien preparadas
Sólo en Paysandú existen de treinta á cuarenta
preceptoras diplomadas, muchas de ellas norma-
listas, que por falta de escuelas desempeñan sim-
ples ayudantías.
¿ A qué pues, déspretijian tanto á la República
Oriental, só pretesto de que nuestra situación po-
lítica y económica no es lisonjera como fuere de
desearse ?
Ya lo hemos dicho, y lo repetimos: lo que ne-
cesita el país para salir de la postración f n que
yece, para que las industrias tomen más podero-
so impulso y la riqueza nacional aumente, es que
rija sus destinos un ciudadano patriota que trabaje
por los interéses del pueblo y no por las miras
menguada? de los círculos políticos.
Hoy que se está próximo á cambiar de manda-
tario, toca á los orientales bien intencionados fijar-
se en él que más responda á la confianza pública,
para que, como lo acansejaba el Dr. Bustamante
pueda gobernar con los buenos y para el país, col-
mando los votos y las ésperanzas de la Nación.
250
SETHMBR1NO R. PRREDA
VII
¿ Encontrará éco nuestra propaganda ?
¿ Nuestros correligionarios se penetrarán de los
peligros que amenaza & la causa liberal?
¿ Se pondrán de pié para conjúralos ?
Sea lo que f *ere, creemos haber cumplido con
nuestro deber de partidarios sincéros dando el
grito de alarma é incitándoles á salir de su perju-
dicial inación.
Además, no estamos solos, pues contamos con
la adhesión de amig03 de causa de importancia
en varios departamentos de la República» y nues-
tro pensamiento fué apoyado en la reunión que el
18 de Febrero último celebró el Club « Francisco
Bilbao» de Montevideo,, que cuenta en su seno
obreros" tan meritorio* é importantes como los
doctores Luis Melián Lañnur, Pedro Hormaeche,
Juan Paullier, Joaquín Canabal, el ingeniero Fe-
derico N. Anadie, y tantos otros.
Dicho centro es un ariete formidable contra el
clericalismo, pues su propaganda no descansa un
sólo instante, y en él se dan conferencias públicas
todos los sábados
Tuvimos el honor de hacer acto de presencia
en la mencionada reunión, y nos convencimos una
vez más deque la idea liberal, si duerme en mu-
chos cerebros, tiene allí dignos representantes y
propagandistas, como los tiene en el Casino « Li-
bre Pensador» del Carmelo, en la «Unión Liberal»
de Paysandú, en el «Club de Obreros» de Monte-
video, en el «Vázquez y Vega» de San José, en el
fundado en Sayago por el doctor Regales y demás
convencidos liberales, etc, etc.
En el Club «Francisco Bilbao» manifestó su
Presidente que la fundación del Partido Liberal
NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS
251
les preocupaba, como á nosotros, y que en el mes
de Mayo próximo se piensa celebrar ur» Congreso
para discutir sus bases y emprender la campaña
en todo el país, pues á ese Congreso han de con-
currir delegados de toda la República.
Por otra parte, la benevolencia con que fuimos
acogidos en la conferencia del 18 de Febrero, se-
gún se verá por las dos transcripciones que ha-
cemos en seguida, nos alienta para no desmayar
en los propósitos que nos anima.
La Tribuna Popular fecha 28, dice lo siguiente :
CLUB «FRANCISCO BILBAO » — La confe-
rencia hecha en la noche del sáb ido en este centro
liberal por el señor Magdaleno fué bastante inte-
resante. Fué un trabajo es aieral mente filosófico
estudiando al hombre desde su infancia á través
del tiempo.
El conferenciante fué bastante aplaudido y la
concurrencia que asistió muy numerosa.
El presidente de dicho centro doctor Hormaeche
dedicó un improvisado discurso al distinguido ciu-
dadano don Setembrino Pereda, poniéndose de pié
la concurrencia al lomar éste un sitio preferente en
la comisión directiva.
El señor Pereda, a, pedido d ¿l auditorio, subió á,
la tribuna y pí enunció un brillante discurso, lleno
de entusiasmo por la causa libera*.
La España de la misma techa, hablando de di-
cha reunión, dice a su vez:
« Numerosa concurrencia asistió anteanoche á
la conferencia dada en el club liberal « Francisco
Bilbao. »
« El conferenciaiite,seíor Magdaleno, fué, con
justicia, muy aplaudido.»
« La concurrencia hizo una ovación al señor Se-
tembrino Pereda, que asistió al acto acompañado
de varios amigos. Poco después habló el señor
Pereda, demostrando la necesidad de organizar el
partido liberal.»
252
SETEMBRINO E. PEREDA
« Fué interrumpido varias veces por atronadores
aplausos.»
Sr. D. Setembrino E. Pereda.
Mi qnerido amigo: si vale beae est, ego oaleo como
decía Cicerón.
Me complazco en felicitarle por las muchas ova-
ciones de que ha sido < bjeto en esta capital por las
brillantes manifestaciones de su bien cultivada inte-
ligencia, y de su corazón siempre puro y palpi-
tante al calor fecundo de ideas nobles y generosas
tendentes al bienestar de sus conciudadanos.
Yo le admiro regocijado, porque me enorgullece
de ver lo durante tan largos años de amistad, siem-
pre franco y leal, y siempre honrado, de espíritu
puro, de sentimientos rectos, de carácter firme, y
perseverante en su» propósitos patrióticos, gran-
des y desinteresados.
Siga usted esa honrosa ruta que tiene emprendi-
da, que la patria podrá sentir algún dia los benefi-
cios de los esfuerzos de Vd.
Sin más, y deseándole prosperidaJ, se repite su
aftmo c^migo — R. de PeñaforL
Montevideo, 28 de Marzo de 1893,
El Club Francisco Bilbao, consecuente con lo
expuesto por su Presidente, de realizar un congre-
so liberal, pasó la circular siguiente á la prensa y
asociaciones liberales del país.
Montevideo. Marzo de 1893.
Señor: ....
Los continuos avances del clericalismo en este
suelo sud-americano y sobre todo en un país de ins-
tituciones tan liberales como la República Orien-
NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS
tal del Uruguay, van 1 lamínelo ^érinmente !i
atención de !>s liberales, hasit el p*m U » *\* consi-
derar el 'Subsiguiente peligro que eorren^queHas
de caer bajo el imperio de un gobierno de repre*
mentación teocrática. Y los que opinamos libre
mente en materia de religión; los que somos parti-
darios de la libertad de conciencia; los que senti-
mos y pensamos que la patria es .grande, fuerte y po-
derosa, y queremos que lo sea, cuando toma por
factores de su desarrollo la civilización, el progre-
so, y la práctica de los más puros principios demo-
cráticos, no podemos ni debemos permanecer in-
diferentes, ante las continuas conquistas del cleri-
calismo en nuestro país.
Sabido es que la hueste clerical trab «ja con
ahincó, con fervor, con perfecta unidad de miras,
y con todas sus fuerzas — alimentadas y protegidas
por el entusiasmo y la fé que animan á sus satélites
— para conseguir el triunfo de sus idea es, ó sea la
dominación de las eoneiencus primero, y la del pais,
más tarde. La propaganda constante que, en este
sentido, se viene haciendo, no solo llega á todos los
ámbitos de la República, smo que traspasa los
mares y pivtende llegar á Roma, para volver sus
propagan l tetas, escudados por el brillo falso y en-
gañador de una aureola de santidad con que fasci-
nar á la ignorancia y fomentar la superstición,
únicas armas de las que pueden hacer uso en esta
progresista tierrazos enemigos eternos de la Cien-
cia, de la Luz y de íá Verdad.
Más, á pesarjde la tremenda crisis que nos ago-
bia, que nos preocupa, y que nos anonada, s'n dar-
nos siquiera tiempo para pensar tan sólo en lo má *
perentorio para 'a vida; á pesar de que nos vemos
obligados á concretarnos al dia áé hoy, sin poder
discurrir sobré el de mañana; no poresto deja de
estar alerta el cub liberal Francisco Bilbao, que
considera oportuno tratar de organizar los elemen-
tos liberales del país, pugnando por la sanción de
254
SETEMBR1N0 E. PEREDA
nuevas disposiciones democráticas, paradetener el
cinso invasor del clericalismo.
Por estas razones y teniendo en cuenta lo acor-
dado en Asamblea General de este Club, la Junta
Directiva cree llegado en caso de llevar á cabo
algunos trabajos de verdadera importancia para el
porvenir de este pais; y al efecto, haciéndose intér-
petredel sertimiento que anima á todos lo^ libe-
rales, toma lainiciativa para la celebración de un
« Congreso, Liberal », en esta ciudad, con el pro-
pósito de establecer una liga de todas las soc ? eda-
des liberales, de la República, bajo el plan y á te-
nor de las constituciones ó reglamento que el mis-
mo Congreso determine.
A este fin, cada sociedad liberal mandará sus
representantes al referido Congreso, de acuerdo
con io dispuesto en el articulo 4.° del reglamento
de este Club, con autorización suficiente para acep -
tar, y acatar, y en caso obedecer, en nombre y re-
presentación de sus respectivas sociedades, los
acuerdos y disposiciones que en él se tomen. De
esta manera se conseguirá, fácilmente, establecer
un plan uniforme de propaganda liberal en toda la
República, cuyo provechoso resultado será siem-
pre en bien del pais.
A dicho Congraso podrán también mandar un
representante, ca<la uno de los diarios ó periódi-
cos liberales de esa localidad, de cuya existencia
le agradeceríamos se sirviera Vd. darnos noticias,
ó bien de invitar en nuestro nombre, á sus respec-
tivos Directores.
Si ios pronósitos que animan al "Club liberal
Francisco Bilbao", son del agrado de esa Redac-
ción, cuya fecha se anunciará oportunamente, se
viera honrado con la representación déla misma.
Esperando su favorable adhesión, á la mayor
brevedad posible, tenemos el gusto de remitirle
adjunto el reglamento de este Club, y reiterarle la
NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS
255
expresión sincera de nuestra más cordial frater-
nidad.
Doctor Pedro Hormaeehe. Presidente. —
Doctor Juan Paulier, Doctor Joaquín
Canabal, Vice Presidentes. — Manuel
Echevarría, Tesorero. — Pedro Rodri-
gue^ Bibliotecario. — Justo Rodrigue*.
Baldomero Pujadas, Secretarios.
Complacidos de su digna actitud, enviárnosle
nuestra enhorabuena, á la cual respondió en es» os
términos;
Montevideo, 8 de Mayo de 1893.
Señor don Setembrino E. Pereda.
Paysandü.
Distinguido señor:
La Junta Directiva de este Club ha visto con
placer su adhesión al Congreso Liberal próximo
á verificarse, y agradece cordialmente su genero-
so donativo" de ocho volúmenes para la Biblioteca
de esta asociación.
En nombre de ésta, pues, y de mis demás com-
pañeros de Junta, me es sumamente agradable,
felicitarle por su digua actitud en pró de las ideas
liberales, y agradecerle de una manera bien senti-
da su decidida cooperación para e< fomento de
nuestra naciente Biblioteca.
Aprovecho esta ocasión para reiterarle la ex-
presión sincera de mi maycr aprecio y mi consi-
deración más distinguida. ¡Salud y prosperidad!
Pedro Hormaeehe, Presidente.
Baldomero Pujadas, Secretario.
En la nota aludida, decíamos:
256
SETEMBRINO K. PEREDA
u Véo con íntimo regocijo que el centro que usted
dignamente preside, persiste en el levantado pro-
pósito de celebrar un Congreso liberal.
El clericalismo no descansa en su oscurantis-
ta y perjudicial propaganda. Es necesario, pues,
que los liberales salgamos de la inacción, y agi-
temos, sin vacilaciones injustificables, la bandera
de nuestro credo, para quS á su sombra se agru-
pen todos los libres pensadores de la República*"
La Redacción del diario El Paysandú, en su nú-'
mero correspondiente al 22 de Marzo, al publicar
la precedente circular, decía:
''Parece que, por fin, el elemento liberal de la
República entra á iniciar una campaña séria con-
tra los avances del clericalismo.
u Alentado este último por las contemporizacio-
nes oficiales, hábilmente explotadas por el señor
Ministro de Gobierno, no desperdicia oportunidad
para arrancar al Estado todos los beneficios posi-
bles para su causa, llegando en la insensatéz de
sus pretensiones, & soñar con la abolición de las
reformas liberales llevadas á cabo con tan buen
éxito en el orden institucional de la República."
Estas apreciaciones vienen en apoyo de la tésis
que venimos sustentando, ó sea, que peligran las
conquistas liberales si dormimos sobre nuestros
laura les.
La mayoría de la prensa del país abundó en 4 ,
iguales concentos, al dar' cabida á dich.i circular,
lo cual dá también sobrada razón a nuestra pro-
paganda.
El Club Liberal "Vázquez y Vega" fundado en
el Departamento de San José, nos favoreció con la
siguiente, invitación telegráfica para uno de sus
festivales:
Murzo.28— 3.10 p. m.
NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS
257
Cipriano Nadal
San José.
áSejembrino E. Pereda
Paysai du.
En nombre ¿el Club Liberal de esta localidad
cábeme el honor de invitar á Vd. para ta velada
literaria con que este centro celebrará el 2 de
Abril su ñesta inaugural.
Significóle también la satisfacción con que ;os
liberales del Departamento oirían ¿n aquel acto
los acentos de su palabra entusiasta y viril.
AI agradecer tan galante y honrosa invitación,
— que no püdím-is corresponder debido á causas
agenas á nuestra voluntad, decíamos:
u Es digna de aplauso la actitud de los centros
liberales de la República, que se aprestan á la lu-
cha, ante los avances desmedidos del clericalismo,
que entrañan miras absorventes."
Hoy, con mayor motivo podemos repetir esta fra-
se, pues el país se halla amenazado de tener al
frente desús destinos á uno de los más entusiastas
é intransigentes partidarios del papismo y sus fu-
nestas doctrinas. — Y esto nos aferra mas en la
opviiófi de que conviene organizar sensatamente
los elementos libérales, á fin de estar prestos á. la
lucha, sin temor de que él Aníbal del catolicismo
nacional se halle á las puertas amenazando tomar
por asalto la Presidencia de la República.
La Luz, periódico anticlerical y órgano del Ca-
sino JJbre Pensador del Carmelo, al insertar una
consulta que .evacuamos al señor José S. Patón,
que lo preside, ños honra y estiniula con las si-
guientes apreciaciones:
17
258
SETEMBRlNO E. PEREDA
El Sr. Dn. Setembrino E. Pereda, distinguidí-
simo correligionario nuestro, campeón esforzado
y valiente del libre pensamiento, una de las pri-
meras figuras del partido liberal de la República,
á pesar de no conocernos y á pesar también de
permitirnos (delito grave, según el código* aristo-
crático) dirijirle nuestra humilde consulta, nos
responde en la correcta forma siguiente:
«Acabo de recibir (9 a. m.) su atenta nota fecha
17 del corriente, y en atención á la urgencia que
encierra, me apresuro á acusar recibo de el ( a y á
evacuar la consulta con que se me favorece».
"Pregunta Vd. s* el mero hecho de imprimirse
el Semanario anticlerical La Luz por un estable-
cimiento tipográfico adverso á. sus ideác, por no
ha^er convenido continuara viendo la luz en otro
que no lo era, importa hacer causa común con el
clericalismo, y á ello respondo:
"Si dicho semanario y el Directorio del centro
que lo sostiene y que Vd. dignamente preside,
mantuviesen el mismo credo en materia religiosa
que el propietario de la tipografía aludida, y que es
tenido por ferviente católico,— La Luz y Vds. trai-
cionarían los principios proclamados por el Casi-
no Libre Pensador; pero sucediendo, como sucede,
todo lo contrario, según se desprendo de la lectura
de los materiales que contiene dicha publicación,
— su propaganda se ajusta estrictamente á los
altos idealesque perseguimos los verdaderos libre-
pensadores".
" Yo he s: steñido siempre, y lo pon^o en prác-
tica, — aúnque no se use para conmigo la reciproci-
dad debida, — que es preciso demos preferencia en
la encomendación de trabajos y compras, en igual-
dad de casóse á los que profesan nuestras ideas;
pero de aquí á que esa protección no tenga lími-
tes, dando márjen al abuso, so pretexto del compa-
ñerismo de causa, média un abismo.
"Por consiguiente, si la impresión de La Luz
NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 25y
en la tipografía de EL Poroenir era de mayor costo 1
ó ofrecía ménos ventajas á los bien entendidos in-
tereses de ese centro, que las Que ofrece en la ac-
tualidad, apareciendo por la de El Progresista, no
vacilo en opinar que han obrado Vds. correcta-
mente".
k ' Sin embargo, creo que esta pequeña disiden-
cia podría subsanarse fácilmente siempre q'no
exista algún formal compromiso con el estableci-
miento tipográfico en que hoy se edita, poniéndose
en las mismas condiciones que ésté el Director ó
Gerente de El Poroenti*\
"De cualquier modo, repito,— el Directorio del
Casino Libre Pensador y La Lus^ no pueden ser
tachados con justicia de compinches del clerica-
lismo, puesto que lo combaten sin vacilaciones
pueriles, que sólo caben en el espíritu de los cre-
tinos ó tartufos del libre pensamiento".
"Dejando asi evacuada su consulta y haciendo
votos por que el amor á los principios aune todas
las voluntades, para bien común, lo saluda atenta-
mente su correligionario y S. S.
Setembrino E. Pereda.
En cuanto á la parte política, los debates que
han promovido en la prensa las importantes car-
tas que nos dirijieroa varios distinguidos compa-
triotas y amigos, ^muestran la trascendencia que
encierran los tópicos por nosotros puestos en tela
de juicio y que hoy desarrollamos más amplia-
mente en este libro.
En obsequio á sus autores, nos complacemos
en transcribir lo que. dijo La Rosón respecto á va-
rios de ellos.
En su edición de la mañana, fecha 5 de Febrero,
decía:
SETEMBRINO E. PEREDA
"IMPORTANTES DOCUMENTOS POLÍTICOS
Publicamos en sección preferente los documen-
tos que desde Paysandú nos envía nuestra^ apre -
ciable colega y correligionario señor Setembrino
E. Pereda y que atañen al partido constitucional.
La extensión de esos documentos y la rápida
lectura dé los originales r.o han permitido á nues-
tra redacción ocuparse ae la cuestión de que tra-
tan en este número.
Recomendamos entretanto la lectura de esas
cartas suscritas oor distinguidos conciudadanos,
cartas que no ser«\n las únicasVpues entendemos
que otros correligionarios han contestado ya ; al
señor Pereda y otros lo harán en los primeros
días de la entrante semana
En la del 7, agregaba:
"CARTA DEL DOCTOR DON JUAN CARLOS BLANCO
Publicamos en la sección editorial la carta que
el doctor Juan Carlos Blanco ha dirijido al señor
Setembrino E Pereda, en contestación á. la que
éste dirigió á varios de sus 'correligionarios cons-
titucionalistas sobre la actitud que debía asumir el
pariido en la actualidad
La caria d l doctor Blanco es un documento po-
lítico de alta importancia, en el cual nuestro dis-
tinguido conciudadano aprecia la situación del
momento, con recto criterio, marcando el 1 único
rumbo que queda abierto á las ' nobles aspiracio-
nes del patriotismo.
Continuamos también cueste numeró la puült-
cación del señor Pereda sobre' la misma cues-
tión."
NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 261
Y en la del 17, al ciar acojida á la del doctor
Aramburú, se expresaba en estos términos:
"CARTA DEL DOCTOR ARAMBURÚ
Damos cabida en la sección editorial á la car-
ta que nuestro correligionario, doctor Domingo
Aramburú, dirije al señor Setembrino E. Pereda,
contestando & la que éste dirijió á varios miem-
bros conspicuos, del partido constitucional, pidien-
do opinión respecto de l.i actitud que debía asu -
mir nuestra comunidad política en la actualidad.
"Y a propósito del señor Pere a, aprovechamos
esta oportunidad para saludar á ese estimable
conciudadano, llegado anteayer <ie Paysando,
acompañado de su distinguida familia.
El señor Pereda ha sido muy visitado desde su
llegada, en su alojamien'o en el Hotel Español,
donde, según tenemos entendido, permanecerá du -
rante algunos días, que deseamos le sean gratos.
Cumplido esto deber, y volviendo al tema de es
te suelto, creemos escusa do recomendar la lectura
de la carta del doctor Aramburú, que es siempre
en política nuestro apr«ciable correligionario, aún
cuando en otras cuestiones, que va!e más no men-
tar, hayamos andado tropezándonos."
Por eso al regresar á nuestra residencia, diri-
jimos las siguientes líneas al Director del referi-
do diario, quien las encabeza con los benévolos
conceptos que las preceden:
EL SEÑOR SETEMBRINO E. PEHEDA
Regresa esta tarde para Paysandú, después de
algunos di*s de residencia entre nosotros, el señor
Setembrino E. Pereda bien conocido en nuestra
prenso desde años atrás, y que recientemente pro-
2G2
9ETEMBR1N0 E. PEREDA
vocó con sus cartas la interesante cuestión poli •
tica en la que han colaborado distinguidos ciuda-
danos.
El señor Pereda ha sido merecidamente agasa-
jado durante su estadía en Montevideo, y grato á
las demostraciones de que ha sido objeto, nos pi -
de antes de retirarse la inserción de las siguientes
líneas:
Señor Director de La Razón.
Apreciable compatriota:
Antes de ausentarme de esta capital, cumplo con
el grato deber de agradecer á usted la benévola
acojida que ha sabido dispensar á mis publicacio -
nes políticas, lo mismo que á mis numerosos y
buenos amigos por las deferencias con que he si -
do tratado
El benemérito Club Liberal Francisca Bilbao
obliga también mi reconocimiento por la honra
que me tributó en la conferencia del 18 del co-
rriente.
En la ciudad de PaysandQ, lugar de mi residen-
cia, quedo á la disposición de todos, ya como libre
pensador, como ciudadano bien inspirado ó como
simple miembro de aquella culta sociedad.
Saluda atentamente al señor Director, estimán-
dole la inserción de estas líneas, su afectísi-
mo S. S.Seíembríno E. Pereda.
Montevideo, Febrero 27 de 1893."
No se perderá pues, en el vacío nuestra árdua
labor, que cuando ménos tiene el mérito de la sin-
ceridad y del amor á la causa.
Sabemos que en e3ta época de bizantinismo
político, en que el lábaro del estómago marea mu-
chas cabezas, y en que el laissez faire, laissez pas-
ser constituye el modo de ser de considerable
NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS
26.3
número de ciudadanos, no es posible reaccionar
en un día, saliendo dei indiferentismo censurable
de los que todo lo esperan del poder de las ideas,
como si éstas se abriesen paso é hicieran carne
por si solas, sin apóstoles decididos y en entusias-
tas que las agiten y realicen.
El Dr. Eduardo Acevedo, que es uno de los li-
berales de valer, por su ilustración y anteceden-
tes y que fué de los distinguidos compatriotas y
amigos que consultamos, perú que por fuerza
mayor no pudo contestarnos á la brevedad reque-
rida, — si bien no crée que en la actualidad d«l
país sea re lizable la formación del ¿Partido Li-
beral, — está muy léjos de opinar que él importe
un peligro para la sociedad y que no haya de crear
se como una necesidad imperiosa, en época más ó
ménos cercana ó remota.
En efecto: en e i mes de Febrero último, duran-
te nuestra a rta permanencia en Montevideo, ha-
blando al respecto, nos decía:
«Yo ma explicaría bien la necesidad de dar
organización al Partido Liberal, si ya hubiéramos
echado las oases de nuestra organización política
y gozaran medianamente los partidos del dere ho
electoral; pero siendo un problema cada dia más
tremendo el funcionamiento de nuestro régimen
institucional, (como todavía acaban de provarlo las
elecciones de Senadores) los partidos no pueden
levantar otra bandera que la del curnpMmiento de
la (institución.
« Para demostrarlo, agregaba, basta saber que
según afirma uno de lós más inteligentes diputados,
si ante la actual Cámara se planteara el problema
religioso, la mayoría votaría sin vacilar por la
separación de la Iglesia y el Estado. »
2*54
SETEMBR1N0 E. PEREDA
A e-to le objetamos, sin embargo, — y halló
sobrado fundamento á nuestra observación, — que
no por existir esa mayoría podia decirse, una vez
arganizado el Partido Liberal, que éste hallábase
en el poder, desde que es notorio que la Asamblea
se integra con absoluta presindencia del p<ís.
Precisamente, — repuso el Dr, Acevedo, — eso
prueba que hay que empezar por H principio, que
afianzar primeroel cumplimientoUe la Constitución
sin perjuicio de que una ve¿ resuelto dicho proble-
ma, se aborden los demás, entre ellos el heligio-
so, que ttene stn duda alguna, gran importancia,
Indudablemente: el país no ha entrado todavía
de lleno en una verdadera era constitucioná! porque
los continuos disturbios políticos desarrollados en
su suelo y la sucesión de malos gobiernos no han
ermitido que se disfrute, como fuera de desear,
e los beneficios de las instituciones libres; pero
4 acaso eso es un obstáculo para que se acelere
la formación de dicho Partido ? ó sus afiliados no
podrían bregar por el reinado de la ley y el res-
peto álos derechos del ciudadano?
Nos basta, empero que el Dr. Acevedo reconozca
la gran Importancia dd problema religioso, y que
no juzgue improcedente, si m hoy, al ménos maña-
na, la realización del pensamiento que perse-
guimos.
La cita que nos hizo del diputado de la presente
Legislatura, dá razón á nuestra propaganda; por-
que demuestra que la mayoría de los ciu ládanos
es liberal; y siendo esto cierto, ¿qué inconveniente
puede haber de que se forme esa colectividad poli-
tica entre nosotros *
Ninguna, ciertamente; porque formada de ele-
mentos nación iles, — pues no otros la constituirían
aunando las voluntades y habiendo patriotismo, se
lucharía por el afianzamiento del régimen legal.
De lo contrario, si se vá á esperar la oportunidad
de que se nos habla, ésta puede llegar tarde ó nun-
NI RETRÓGRADOS NI-TAKTUFOS 2f>5
ca, en el concepto de los que no la encuentran hoy,
pues siempre se objetaría lo mismo, haciendo un
argumento «-terno de lo que solo puede tomarse
como un sofisma ó como un justificativo de simple
actualidad.
Varias publicaciones diarias y periódicas de
la República, han dado también la voz de
alerta contra el clericalismo, apoyando nuestras
ideas, — y La Tribuna Popular de Montevideo,
fecha 25 de Marzo último, en un artículo en que
estudia la política de actualidad, ó sea, el problema
presidencial, contiene estas entusiastas frases:
"Hay entre nosotros un partido que aun no ha
medido sus fuerzas en el campo de la política: un
partido poderoso por lo avanzado d<* sus ideas y
por el número de sus afiliados.
EL liberalismo ha echado hondas raíces en la
República.
El liberalismo puede salvar al país con elemen-
tos propios, proscribiendo las tendencias materia-
listas que el tradicionalismo sostiene aún en el
estertor de su agonía.
Organicemos esa agrupación de progreso, ese
partido humanitario lleno de vida y de saludable
enseñanza. Alguno preguntará: ¿dónde están los
organizadores?
Si no ios hay se improvisan. No faltan en la
República hombres honorables, inteligencias es-
clarecidas que asumir puedan la patriótica labor
de organizar y dirigir al partido liberal".
Miéntras esedia no llegue,— que no será tardío,
sin embargo, — cúmple á los partidarios decididos
trabajar Cun ahinco j or su pronto advenimiento.
De cualquier modo, la simiente está arrojada, y
abrigamos la convicción de que, tiempo más,
tiempo ménos, ha de fructificar para bien de los
altos ideales que perseguimos; porque la creación
del Partido Liberal se impone.
El Congresj inaugurado el 18 de Julio úlütm ,
266 SETi-.MBRINO E. PEREDA
por iniciativa y bajo los auspicios del Club
«Francisco Bilbao» es un buen augurio, pues en
él se hallan representadas la prensa y asociacio-
nes anticlericales del pais.
Sus df liberaciones por lo tanto, han de influir
en pro de nuestras tendencias.
kn su opúsculo El gran lamento ó el derecho de
revolución, recientemente publicado pag. 9, dice su
autor nuestro compatriota, D. Francisco Caraciolo
Aratta, que, el Partido Liberal es el gran partido
del futuro, que no reconoce banderías ni divisas de
color odiosas,— y en el último libro del Sr. Don
Constante G. Fontán Illas, pág 374, — ocupándose
de las colectividades políticas en que se divide la
opinión del país, — se expresa así á su respecto el
Coronel D. Benigno P. Carámbula:
« El Partido Liberal, que empieza hoy con sus
primeras alboradas, sirviendo de efugio á la ma-
yor parte de nuestros hombres ilustres, es como el
hombre jó ven: domina voluntades y se acerca para
estimularlas en cuanto valen por sus virtudes y
su talento.
« Este llegara á ver gran partido en el porvenir »
Además, nadie en el país ha combatido la idea
de su formación, pue¿ únicamente la han creído
prematura alguno? de los compatriotas cuyas car-
tas po lincas ñguran en este libro.
Solo en un panfleto político aparecido en Buenos
Aires se pretende desmerecerla.
Pero i o puede darso mayor importancia á la opi-
nión de un escritor que endiosa la excecrable per-
sonalidad de Manuel Oribe y 'deprime la del bene-
mérito César Diaz.
VIII
El país ha empezado á salir de la estagnación
en que yacía. La apertura de los Registros Cívicos
NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS ¿67
aún cuando no ha despertado el patriótico entusias-
mo de otras épocas, es un incentivo para aguijo*
near la conciencia cívica y partidista.
La inscripción se produce lenta en casi todos los
departamentos, pues muy poca ó ninguna fé se
abriga en !a legalidad de los próximos comicios,
pero ella denota cierto movimiento en la opinión,
el que ha d^ acrecerá, merced que se acerque más
y más el dia designado para las elecciones gene-
rales.
Por otra parte, ya la cuestión presidencial preo-
cupa la atención de la prensa pues sin ningún ór-
gano de publicidad ha levantado candidatura al -
gu^n,para dar bandera ásu propaganda, á, cuya
sombra puedan agruparse los ciudadanos que con
ella simpaticen, — en cambio son varios los oo.n-
bresquesehan hecho públicos como aspirantes
candidatos á la subrogación dr.l Dr. Herrera y
Obes en la primera magistratura nacional.
El Dr. José K Ellaurí es ui o de ellos.
¿Quién no conoce al ex-presidente de la Repú-
blica den otado por el motin militar del 15 de Enero
de 1875? ¿ Quién no sabe que ese ilustrado ciuda-
no, á pesar de su honradez cívica y las bellas
prendas personales que le adornan, tuvo la culpa
de lo que entónces ocurrió, pues no quiso escuchar
á sus amibos, que más previsores que él, le habian
señalado el inminente peligro ?
El Dr. Juan Carlos Blanco, siendo miembro del
Senado ioierpeló al Poder Ejecutivo, con motivo
de haber asistido a la Plaza Constitución, el Coro-
ne! Lorenzo Latorre, al frente de su batallón, el
1°. de Marzo de 1873 con el propósito de imponer
su voluntad al Cuerpo Legislativo en pró la can-
d'datura del mismo Dr. Ellauri.
En la sesión respectiva, y.omo decimos en la
pág. 33 de nuestro tibro misceláneas, tomo II, á
que acudieron los Min istros,— el Dr. Bianco llevó
al¿extremo la interpelación haciendo las más duras
2(38
SETEMBR1N0 E. PEREDA
apreciaciones sobre el proceder de Latorre y
exijiendo que el P. E. arrestase inmediatamente á ese
jefe y lo enjuiciara por su actitud, que no era otra,
decía, que la «de la asonada y el motín.»
Su moción no fué ni siquiera apoyada, y el Gon
bierno miró con indiferencia la justa observación
de un senador de la República, cuyos antecedentes
y altivez cívica valían tanto como el voto de la
Asamblea
Latorre se sintió alentado en la impunidad de
su punible conducta y el doctor El lauri crió un
cuervo que más tarde había de sacarle los ojos.
Su debilidad y extremada confianza en ciertos
elementos que le rodeaban fué causa de su ruidosa
caída.
¿Podría, pues, con un pasado que tanto le abru-
ma, ser bien recibido por el país si ocupara nue •
vamente la silla presidencial? No lo caemos, mé-
nos aún si su candidatura es hija del oficialismo.
Además, al frente de los destinos nacionales se
necesita un hombre de mayor talla que el doctor
EUauri, un ciudadano que reine y que gobierne,
capáz de afrontar todas las situaciones cor. firmeza
de ánimo y de carácter.
Otro de los candidatos que se nombra^ lo es el
general Luis Eduardo Pérez, actualmente Ministro
de Guerra y Marina.
¿Es viab e su candidatura? ¿Habrá quien la apo-
ye sériamente? Lo ponemos en duda.- El juicio que
nos mereció en el período anterior, cuando tam-
bién se le proclamó candidato, no tenemos por qué
rectificarlo al presente, y es muy probable que
sus amigos y sostenedores de entonces sean los
primeros en quemar contra él hasta el último
cartucho.
NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 269
El doctor Julio Herrera y Obes, su adversario
de la víspera, le ha hec'.io su amign en !a= actuali-
dad, y taha dado un puesto en su Gobierno, á su
lado, para quebrarle y anularlo como futuro can-
didato
Don Francisco Bauza, también Ministro Secre-
tario de la cartera de Gobierno, pasa noches de
insomnio pensando en la Presidencia.
1 Bendita ó maldecida matrona cuya mano cuen-
ta con tantos aspirantes !
El seftor Bauzáy sus correligionarios en c¿een-
oías religiosas hacen inauditos esfuerzos por arar
hondo en la opinión y conquisiar elementos; pero
su propaganda clerical ha de perderse en el vacío
de la impopularidad.
El país es liberal en su inmensa mayoría y no
ha de permitir que rija sus destinos un manda-
tario enemigo de la libertad de conciencia y más
amigodel Vaticano, del Papa y del Syllabus,que
de Ta tierra en qu-í ha visto la luz y de las leyes
adelantadas que tiene.
Los hombres de su arraigad») fanatismo son ca
tólicos ántes que ciudadanos; respetan y aman
más las órdenes y encíclicas de León XIII y sus
satélites, que los mandatos de la Constitución del
Estado; y su voluntad ejerce mayor imperio en su
ánimo que la Soberanía Nacional; porque se deben
y entregan en cuerpo y alma á las deliberaciones
de la Iglesia y del papado.
Bauzá en la Presidencia de la República sería
más fatal al país que el cólera mórbus y que la
fatídica caja de la Eva de la mitología helénica.
No habrá pues, entre nosotros ningún candido
Epimeteo que acepte semejante presente, porque
los ciudadanos bien intencionados,; que rindan cul-
270
SETEMBRINO E. PEREDA
to al patriotismo y á la libertad, han de combatirle
sin descanso, — y aunque el Júpiter del clericalismo
simule sus menguadas intenciones, para hacerlo
pasable— el Prometeo del civismo lo rechazará
indignado.
¿Qué le debe la Nación y qué puede esperar de
él? Nada, absolutamente nada. — Solo el Catolicis-
mo cif. a en su persona halagüeñas esperanzas;
porque, como alguien ha dicho, es uno de los más
esforzados campeones con que cuenta en la Repú-
blica Oriental del Uruguay.
Al frente de los destinos nacionales representa-
ría el autoritalismo y la teocracia, y guay ¿ dé sus
adversarios en religión y en política.
Ahí están, para condenarle, sus folletos relati-
vos al matrimonio civil y á los conventos, sus
artículos en El Bien Público y -1 Diario Católico,
sus furibundos discursos en la Cámara de Repre-
sentantes, de que formó parte, en pró del matri-
monio religioso, y su proyecto tendente á modi-
ficar radicalmente las leyes liberales que rigen el
estado-civil de las personas y sancionan y ga-
ránteu la formación y el hogar de las familias.
Ha sido también Rector de la Universidad Cató-
lica de Montevideo, delegado en el congreso cle-
rical argentino, miembro activo é influyente de la
comisión encargada de llevar á efecto un congreso
católico en la capital, y fué fundador y Presidente -
del Instituto Pedagógic > y del Gírculo Católico de
obreros, instituciones todas ellas que desde su
instalación han venido combatiendo sin trégua á
las reformas é iniciativas liber¿iles.
El Dr. Angel Flora Costa, que comulga en su
mismo credo político, en un interesante estudio de
actualidad inserto en el número 1031 de La Ra-
zón de Montevideo, juzga al Sr. Bauza y su candi-
datura en los siguientes términos:
« Hay además otro grupo pequeño, que sigue
el guión y los ciriales del Ministro de Gobierno—
NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 271
quien, como todos los ascetas que gustan del peca-
do tarde y se hacen calaveras entrados en años —
se ha hecho en política crédulo, disip idor del óbolo
de San Pedro y libertino— y no hay día de que con
la sotana levantada no ec;ie su canita al aire, con
comisarios, jefes políticos, y de curiones del parti-
do colorado, pretendiendo amuchar «ente para for-
mar un partido á quien promete delicias terrenales
en este valle, y sueños de houris, con indulgencia
y plenaria registrada en la Curia parala otra vida.
En su afán de ensanchar su círculo, sabido es
que el Señor Ministro de Gobierno, se da como
aíbacea, testamentario en codiciio reservado del
Presidente Herrera y prodigar mandas forzosas á
cuantos quieran prestar oídos á sus liviandades
mundanas.
El Dr Herrera y Obes, que con mucha más tras-
tienda que el señor Bauza, brama ante la sola idea
de imaginarse que pueda ser en el futuro súbdito
de su súbdito —guiña ei ojo á todas esas madru-
gadas de su Ministi o, con la perfecta seguridad de
que el diaenqueel decoro del candidato eelesíás-
tido, le imponga el deber ineludible de dejar el Mi-
nisterio, será «1 dia en que el seráfico Francisco se
quede sin ministerio y sin candidatura.
Podrá entregar el Dr Herrera que padece la ob-
sesión de todos Iók regnícolas, las insignias del
poder á cualauierentidad neutra que lo garanta con-
tra un posible Panamá.— pero jamás las entregará
á caractéres ambiciosos y sombríos como el señor
Bauza; que viven años y años juntando malos hu-
mores contra todo So que es liberal — y cuyos ensa-
yos políticos, tan so b llamaron la atención por sus
ardientes panegíricos á todas las tiranías que han
asolado nuestro pais.
El que lo dude, puede compulsar los discursos del
diputado Bauzá, en las Cámaras de Latorre — en el
álbum de Sántos— el protocolo Bauzá— Irigoyen
con que el jóveu diplomático siendo casi un adoles'
SETEMBR1N0 E. PEREDA
cente sirvió al gobierno del señor Pedro Várela, y
muchas otras páginas memorables, de la facundia
política catecúmeno al futuro Poder Ejecutivo de la
Nación, cuyo único capital político, que sepamos,
son los respetables curatos de campaña, la clerecía
cosmopolita déla ciudad y unas cuantas cofradí-
as laicas del pequeño ejército de salvación católica
— pero nada más.
Con semejantes elementos, se podrá forjar en
nuestra país, que en su inmensa mayoría es libe-
ral, como es liberai también la inmensa mayoría
del partido c llorado— una segunda edición apostó-
lica de García Moreno e! del Ecuador— ó un reme-
do de sacristía del Dr. Francia el del Paraguay —
pero jomas un candidato sério á la Presidencia
de la República; que si ba soportado mandones y
calaveras políticos— no soportará nunca un beato.
Queremos, pues, creer, por honor al país, que
estH candidatura cuasi -castrense, es una de las
muchas carambolas traviesas del doctor Herrera,
para poder apuntar mejor por tablas á la bola que
le conviene.»
Por ende, no pasará de mera ilusión la candida-
tura del señor Ministro de Cobiei no. Sus amigos
dispondrán de fuertes sumas de dinero para soste-
ner p iblicaciones en el momento álgido de la lucha,
pero no contarán con e'ectores suficientes para
realizar su clericales miras. Si la mujer pudiese
votar, quizás obtendría el logro de sus deseos, por
más que en este siglo de los grandes adelantos, jos
dioses se van; pero votando, como votan los hom-
bres, que son los únicos que por nuestras leyes
tienen derechos y deberes cívicos, pierda toda
esperanza; porque su inmensa mayoría no parti-
cipa de sus ideas y tendencias religiosas.
Y ménos todavía puede alimentar tal esperanza
en el próximo período presidencial, desde que las
Cámaras á nombrarse son las encargadas de em-
prender la reforma constitucional, y en su seno
NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS
273
primarán los elementos liberales que han de san-
cionar, para honra del país, la separación de la
Iglesia y el Estad»».
El señor Bauza ha sacado ya los píés del plato
como simple Ministro de Gobierno, favoreciendo
cuanto puede á sus correligionarios, ya destinan-
do terrenos y fondos d^l erario público en favor
de la Iglesia, ya nombrando empleados de su co-
munidad, ora poi iendo restricciones á las conquis-
tas liberales.
El doctor De Maria nos dice en su carta fecha
26 de Diciembre último: «Las conquistas liberales
no peligran —Si peligrasen, seria el caso de agí-
tamos para defenderlas >»
Creemos llegado el caso de ponernos de pié,
porque si bien la candidatura que nos ocupa le-
vantará, como ya está levantando, formidable re-
sistencia, la fortuna ayuda á los audaces, reza el
proverbio, y al García Moreno uruguayo no le
falta audacia. La prueba está en sus continuos
avances contra el liberalismo y en la impunidad
en que quedan hechos escandalosos cometidos por
Hermanas de la Caridad, cual los denunciados
por la prensa montevideana, acaecidos en los
Asilos Maternales núms. 1 y 2
En L } Italia, La Razón, El Día y La Epoca se
ha dicho é insistido, que en esas casas de bene-
ficencia se arrastra de los cabellos á la niñez asi-
lada; que con un muñeco en una de ellas y con el
portero en la otra, disfrazados de diablo, se asusta
á las criaturas, encerrándolas en los sótanos de
esos establecimientos, para punir las leves faltas
que cometen; que además se las maltrata á vara-
zos, se las encierra horas enteras en las letrinas,
etc., sin que el Fisoal del Crimen, el Defensor de
Menores ni el Gobierno hayan hecho lo más mí-
nimo por esclarecer los hechos y cistigarálos
culpables.
Por su parte, La Epoca for muló otra gravísima
i*
274
SETRMBR1N0 E. PEREDA
denuncia, diciendo que la Comí sión de Beneficen-
cia y Caridad, que dispone de los dineros de la
Lotería Nacional, no tiene reglamento alguno por
que r^jirse y que los fondos que recibe los emplea
en iglesias, asilos religiosos y congregaciones
católicas, ménosálos fines que les marca la ley
de su creación.
cuál es la causa de iodo estol No otra,— al
menos que se explique,— sinó la influencia que
ejerce el clericalismo en las esferas del P. E. por
medio de su representante el Ministro Bauza.
Ante tales hechos no podemos permanecer
indiferentes los amigos de 'a causa liberal, y esta-
mos en el deber, sin distinción de oprniones polí-
ticas, de aunar nuestra propaganda y esfuerzos
para combatirle en la prensa y en los comicios.
Conténtese pues, el señor Bauza con ser Minis- .
tro, Representante. Senador ó cualquier otra
cosa, pero aleje de su mente febriciente la idea de
calzarla Presidencia de la República, porque en
su tierra no lo conseguirá jamás.
El doctor Miguel Herrera y Obes, actual Presi-
dente de la Cámara de Representantes, empieza
también á ser indicado como candidato.
¿Es posible tomar á lo sério su candidatura?
El d •ctor Cárlos Maria Rimirez, — que es su
amigo y correligionario, — con motivo de atribuír-
sele trabajos en pró de ella, en carta dirigida á la
Redacción de El Siglo, dice:
«Tengo la más alta idea de las condiciones cívi-
cas del doctor Herrera y Obes; pero, gracias á
Dios, no he perdido el juicio hasta el punto de ima-
ginar qu<> nuestro sistema de gobierno es compatible
CON UNA SUCESIÓN DE HERMANO Á HERMANO.»
NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS ^75
Y dice bien ese distinguido compatriota. Por
buenas que sean las cualidades cívicas del doctor
Miguel Herrera y Obes, la circunstancia de ser
hermano del Presidente de la República, es c?usa
bastante para que el pueblo no mire su candidatura
con buenos ojos, pues representaríamos el tristísi-
mo papel de una monarquía disimulada.
¿Y quién garante que sucediendo á su hermano
don Julio, no se crea también conveniente y pa-
triótico, vencido el período de don Miguel, sostener
la elevación á la primera magistratura nacional de
don Lacas Her rera y Obes, y por ese orden, de
toda su familia?
No creemos pues, que ningún círculo político
haga suyaesa responsabilidad, ni aue el supuesto
candidato admita se le .proclama sérianvinte.
Pené lope no tenía tantos adoradores co no los
tiene la Presidencia de la República; pero no se
conseguirá cegar al pueblo, cual nuevo Polifemo;
porque aquel, á fuerza de tan frecuentes y funestos
engaños, ya no se deja seducir por falaces pro-
mesas.
Por consiguiente, aúnque surjan candidaturas
tras candidatura- 4 , y los candidatos ó candidotes, se
crean con aptitudes para ejercer tan elevado car-
go y pretendan halagar Ja opinión pública, no con-
seguirán su objeto.
El doctor Mig iel Herrera y Obes es un ciudada-
no ilustrado y de buenos antecedentes; podría, en
otra época, aspirar lejltimamente á ocupar el si-
llón presidencial; pero en la actualidad no pasai á
de una desgraciada iniciativa la de los que le dán
como candidato para el desempeño de ese alto
puesto.
276
E! doctor Juan Cárlos Blanco ha sonado tam-
bién como candidato á la presidencia de la Re-
pública
Ciu taUa no íntegro, inteligencia preclara* cora-
zón abierto á las elevadas palpitaciones del pa-
triotismo, escritor galano, abogado distinguido y
orador de palabra elocuente y persuasiva,— goza
de grandes simpatías en el seno del país.
Sin embargo, su candidatura r.o podrá desgra-
ciadamente harerse camino e:nre los elementos
electores, pues el mecanismo electoral está en
manos de sus adversarios políticos. El doctor
Blanco es constitucionalista y el partido imperan-
te, que dispone del sufragio á su entero antojo, no
le mira con buenos ojos porque no milita en las
tilas coloradas.
Ur grupo de jóvenes independientes, que no son
sus correligionarios, y con él mucho? elementos
populares, acarició hace algún tiempo el pensa-
miento de proclamarle cand'dato. Luchábase, em-
pero, con una dificultad: su filiación política.
—Si el doctor Blanco vuelve á la colectividad
de su origen,— que e¿ la que tuvo por principales
jefes á los generales Rivera y Flores,— será fácil
obtener el triunfo de su candidatura. S¿ treta de
una personalidad simpática, y todos la recibirían
en medio del más frenético entusiasmo, se decía.
Sus partidarios colorados vacilaron un instante.
Sabían que daría á luz la importante carta polí-
tica in *ertaen este libro y se creyó haría en ella
profesión de fé colorada, separándose del partido
constitucional paTa tornar al qu í perteneció hasta
poco ántes del manifiesto de Mayo de 1880
El desencanto fué terrible,— El Dr. Blanco de-
fraudó sus esperanzas. Recordó los días de gran*
deza del partido colorado, evocó los mánes de la
Defensa y exhortó á la juventud que se llama
colorada á reaccionar en sentido del bien público,
colocándose á la altura de sus amigos políticos de
NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 277
aquella ép<»ca legendaria, pero continuó en las
filas del constitucionalismo.
Su candidatura desde entónces decayó, y no tiene
probabilidades de abrirse paso. Si el pueblo pu-
diese votar con la plena conciencia de la legalidad
en las urnas, si se abrigas ? la convicción de que
los Registros Cívicos, no obstante las formas apa-
ratosas con que se rodean sus actos, no se llena-
rán de gatuperios» y si las mesasinscriptoras y re-
ceptoras de votos, lo mismo que las Comisiones de
tachas y Juntas Electorales constituyesen un ba-
luarte irresistible á las influencias directrices y
enervantes del oficialismo, — no cabe duda que el
Dr. Blanco sería el futuro Presidente de la Repú-
blica.
Sus correctos procederes de hombre y de ciu-
dadano, el aprecio que supo captarse del comercio
cuando fué Juez en materia comercial, su noble
actitud en las Cámaras de 1873, habiendo renun-
ciado la alta investidura de Senador y su cargo
de magistrado por decoro cívico y personal, — el
brillante papel que desempeñó durante el Ministe-
rio del 86, su entereza cívica, ese conjunto, en fin,
de hermosas cualidades que posée y que realzan
su personalidad, hacen de él una de nuestras más
eminentes figuras y le harían un candidato insupe-
rable si no mediasen las circunstancias enunciadas.
E\ Partido Colorado hace 28 anos que gobierna
y no tolera que ocupe la Presidencia nadie que no
salga de sus filas, aúr.que, como el Dr. Blanco,
haya sido su ardiente propagandista de ayer no
más y no comparta migas, en ideas, C3n su* adver-
sarios de to los los tiempos.
Hay, por lo tanto, y desgraciadamente, qu^e eli-
minar su candidatura de la arena del combate,
reservándola tal vez para mejores días, para cuan-
do el partidismo exaltado no ponga una venda
sobre los ojos de los ciudadanos que tienen la sar-
tén por el mango.
278
SETlMBRlNO K. PEREDA
Descartada !a eximia personalidad del Dr.
Blanco, ¿ á quién tender la mirada ? ¿ En que ciu-
dadano fijarse para que ocupe con honra y en bene-
ficio nacional la futura Presidencia de la República?
No faltarían, ciertamente, nombres bien puestos,
compatriotas ilustres, hombres de principins á
quienes proclamar y elejir, si todos ellos no co-
jeasen de la misma" pierna que el Dr. Illanco, es
decir si no formasen en filas opuestas a las del par-
tido dominante.
Luego es forzoso fijarle en uno que no peque
de ese mal, o sea, en un miembro de la colectivi-
dad colorada.
El Dr. Angel Floro Costa acaba de proclamarle'
exornando su personalidad con los * ivos colores de
su pluma de atleta de la palabra fxcrita,— Ese
ciudadano io es el Teniente General Máximo
Tajes.
«A trabajar en paz por los intereses de la Patria»
dijo al prestar su juramento de primer magistrado
de la Nación, cuando fué electo para reemplazar
á Santos y concluir el período administrativo de
éste, — y aún resuenan en el oído del pueblo esas
patrióticas palabras que tanto éco encontraron de
un confín al otro de la República,
Oigamos al distinguido publicista, entresacando
de su estenso artículo publicado en el N a ; 1032 de
La Razón, los párrafos que consideramos más
pertinentes al caso
Léanse, que en ellos se esboza magistralmente
al candidato.
Dice el Dr Costa:
Los candidatos á la presidencia de un país no
son hijos del idealismo de los partidos ni de los
hombres superiores — En la etiología política todo
está encadenado como en la eteologia física y si-
deral—Ellos son la resultante de un cúmulo de
NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS
219
hechos é intereses que se entrelazan para produ-
cirlos.
ti Teniente General Tajes se encuentra en este
caso.
El primer factor político que ha contribuido á
volverá colocar su personalidad militar en el tape-
te de la discusión presidencial — es el fracaso de
la presidencia civil del Dr. Herrera y Obes.
Se esperaba todo oe un gobierno civil como el
suyo— buena administración — progresos materia-
les— morales— soluciones científicas y levantadas
á todos los grandes problemas ecorómicos que
comprometen la vida del país— regeneración polí-
tica—ascendiente moral y social, de todo lo que en
el país es honrado y tiene mérito, sea cual fuera su
color político — en fin, un gobierno de principios
reparadores y de engre ndecimiento nacional — y
desgraciadamente el gobierno del Dr. Herrera ha
sido un oprobio para todo el mundo
Entónces se ha empezado a? hacer compara-
ciones — y evocar recuerdos, y al través de ellos—
el gobierno militar, prudente, circunspecto, bien
quisto siempre con la opinión pública del General
Tajes, — lia recobrado nuevos prestigios y su nom-
bre identificado inconscientemente en las masas
popu.ares, nacionales y extranjeras, con una época
de bienestar y abundancia general— se ha ido pro •
nunciando por todo el mundo, como el éco de un
bien perdido, y como el símbolo de una resurec-
ción anhelada— Más tarde las clases superiores,
civiles y comerciales, lo han ido pronunciando
también con agrado, llegando hasta encontrar en
la esfera de los hombres políticos independientes
esa unanimidad de aprobaciones que hacen de un
hombre en circunstancias dadas, una entidad polí-
tica preponderante en la conciencia púUica — del
mismo modo que llegó á serlo en Méjico, después
del desastroso gobierno de Lerdo de Tejada — el
gobi-rno del ger eral D. Porfidio Diaz.
280
8ETEMRRIN0 E. PEREDA
Sucede hoy con el General Tájes, cuando te ha-
bla de candidaturas populares á la futura presiden -
cia, algo semejante á lo que sucedió en Grecia
después de Salamina, cuando los jefes vencedores
disputaban á quién deberia adjudicarse el primer
premio
Cada uno de los jefes se atribuía para si el pri-
mero — pero el segundo premio todos estaban
contestes en atribuírselo á Temístocles, que era
verdaderamente quien merecí;- el primero
Nosotros no dudamos que haya otros candidatos
á la presidencia futura, que por sus antecedentes
políticos y literarios — por su mayor ilustración—
por su puritanismo exaltado, por su fortuna, ó por
su posición social, respondan más que el General
don Máximo Tájes á los ideales del país
Natural es que cada aspirante á la presidtncií ten
ga la más alta idea de su snperioridad sobre todos
los demás, Semejante supremacía e* 4 hasta legl ti-
ma, mientras no s<ilga del foro interno — pero esta
mos ciertos que todas esas candidaturas «*n botón,
están contestes, en que sólo la candidatura actual
del Teniente General Tájes es la que en las masas
populares y en los elementos Influyentes de los
partidos, se aproxima más á la mayoria de sufra-
gios qu«i se requiere pura exhibirse como una can-
didatura séria ante el país.
Como la de Temístocles ésta representa la con-
ciencia oculta del país — »q e no será tal vez la
más justa ni la más clarovidente — pero que es
siempre la verdadera conciencia racional — y la
única que podría asumir l>s formas victoriosas de
un plebiscito.
Cuenta el General Tajes además de esa corrien-
te uniforme de simpatías, que no por estar en
estado latente, deja de acentuarse cada día — con-
un capital político propio, que no es de despreciar-
se en estos borrascosos tiempos.
La casi totalidad del elemento militar del país r
NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 28¿
por causas y razones quf no es del caso examinar
en este artículo, se ha ido poco á poco agrupando*
en torno dé su personalidad, sin que, ni su prover-
bial mutismo ni su sobriedad de expansiones haya
sido parte para alejarlo de su lado— y sea ya por
ser el jefe de más alta graduación en el ejército sea
por la superioridad del criterio político y de firmeza
decaráctrque se le reconoce, sea por su espíritu
de cuerpo, y hasta por instinto de conservación —
es el hecho que hoy con muy raras excepciones los
jefes de graduación superior é inferior que tanto
encami.aña, como en la capital, forman parteen
disponibilidad del ejército nacional, concentran sus
aspiraciones en este jefe superior — y sólo esperan
sus órdenes para organizar los trabajos de una
séria campaña electoral.
Siendo ta») numeroso el personal de la clase mi-
litar, como acostumbrado á la subordinación y la
disciplina, cuando la recibe de un jefe de su clase
— creemos que eM de buen sentido práctico, dar
alguna importancia á este notorio capital político
con el que hoy no cuenta ningún otro ciudadano
de los que están en condiciones de asph ar á la
presidencia de la República
Empero, de bien poco serviría este capital po.í-
tico al Teniente General Tajes, para ponerse con
eñcacia al frente defina h; cha electoral contra el
oficialismo Herrerista, si además de él no contara
con simpatías generales dentro de los partidos,
cosa en la que creemos no * equivocarnos, y ade-
más con la no ménos importante del elemento ex-
tranjero que habita nuestro país y comparte la
solidaridad próspera ó adversa de nuestros des-
tinos.
Erf esto lo que hace su mnyor fuerza— y lo que
en pocos días, toda vez que el General Tájes lo
desée y sus amigos lo proclamen, pueden hacer
de su candidatura una candidatura imponente é
irresistible— diremos más— hasta un síntoma pro-
282 ShTEMBFUNO E. PERKDA
i — ■ v
ounciado de mejoramiento económico en el país —
que podrá influir poderosamente en los desenlaces
pacíficos iie esla lucha.
Nosotros no hemos sido ántes, ni sus amigos, ni
sus partidarios, y cuando combatimos los errores
financieros de su administración pasada, con un
vigor do propaganda patriótica qüe no creemos ha-
ya s do superada por nadie, razones muy grandes
vimos para ello y los acontecimientos que fueron
la consecuencia de esns errores y los inmensos
desastres, previstos y anunciados pór nosotros en
nuestros escritos, que se desencadenaron sobre el
país han debido conver.ceral mismo General Tájes
que hcyesnuestro amigo—que de nuestra parte
estaba toda la experiencia científica y todo el de-
sinterés patrió ico — y quede parte del jefe de su
gabinete, el hoy infausto Presidente de esta Repú-
blica,— no había sinó inexperiancia, fatuidad sin
límites, dulcamarismo efectista y teatral, y una
ambición personal hidrópica y sin medida.
Pero nadi<% desconoce hoy, y nosotros menos
que nadie,— que prescindiendo de la faz financiera
de su administración, cuya responsabilidad com-
partieron las pasadas Cámaras, en las que estaban
sentadas eminencias de todos los partidos~& la
par de su inexperto gabinete— ^la administración
del Teniente General u. Máximo Táje.s, ha sido
una de las más templadas y liberales que ha teni-
do ,el pais.
Como lo ha constatado cien veces la prensa de
oposición, si hubo vicios de origen en la represen-
tación nacional que acompañó la administración
del General Tájes, los acuerdos que la elaboraron,
la aproximaron bastante á los ideales de todos los
partidos, y la opinión pública, tuvo, si no un tro-
no, por lo menos un sitial elevado é imponente en
esas Cámaras.
La prensa independiente é ilustrada de diver-
sos matices, dictó más de una vez sus fallos sobe-
NI RETRÓGRADOS IS'l TARTUFOS 283
ranos, que fueron escuchados por el presidente
Tajes — quien en más de una ocasión los acató re-
verente, esfumándose por ese medio más de un
conflicto, 'creado por las neurósis de su Ministro
de Gobierno, en los nimbos cultos de una política
elevada, de conciliación y sentido practico.
Ciertamente que faltó entonces ai General Ta-
jes una alta preparación científica, para separar
el grano de la paja en medio de ese ciclón de pro-
yectos baldomerianos con que una legión de aven-
tureros de todos los paises tomó r»or asalto nues-
tro inexperto país — embriagándonos con el amU
Hsm o desús cuentos árabes^pero de ese vértigo
de inflacinismos ilusorios, no puede culpársele á
él sólo— por que casi no hubo un cerebro juicioso
en esta sociedad, que no se enloqueciera y que no
pagase tributo á ese esponjamiento universal de
valores, que hizo entrever al principio un rena-
cimiento esplendor* so de prosperidades, bien
pronto precursoras de tatídicos desastres
El General Tájes, como las Cámaros, como
todo el mut.do, fué víctima de una de esas sulfatas
candentes que produce esos incendios del buen
sentido económico, con los que se da á estribar
con economías, c n arcaísmos aritméticos, con
sensateces y parsimonias y coi vierte en especu-
ladores de Bolsa hasta los ratones de iglesia.
Pero al lado de estas páginas ya olvidadas de
su administración, cuya responsabilidad histórica
han dejado eclipsada los desaciertos verdadera-
mente criminales de la época presen te— recuerda
el país con j. rofurdo sentimiento de justicia que
fué b*jo su gobierno y gracias á su tranquila fir-
meza de carácter que quedó desarmado para
siempre el pretorianismo santista adueñado hasta
aquel entonces de la Nación.
Nádie ha olvidado aún aquel dia critico en que
poco^lespues del éxodo de Santos quiso el preto-
rianismo imponerle en su mismo despacho una
281
SETEMBRINO K. PEREDA
línea de conducta política, la cual debia comenzar
ñor lanzar un manifiesto terrorista al país como
proémio de escenas de sangre — y que si ese día —
imitando á Sixto V, tiró el General Tapes las mu-
letas que tanto le habia ayudad»» á subir A la silla
gestatoria — no fué para subrogar al tiran > ausente,
como pudo hacerlo impunemente, si hubiera es-
tado dotado de instintos perversos y autoritarios,
sino para devolver sus libertades al pueblo opri-
mido—echando abajo la Bastilla del Quinto y lla-
mando á su lado á algunos He los hombres más
ilustrados del país, que desde ese dia dejaron de
vegetar en un inmerecido ostracismo.
Si el Presidente Tájes se equivocó en la elec-
ción de esos hombres— si el paso de una política á
otra fué demasiado andino — si ellos por impacien-
cias de conducta le abandonaron bajo la opilación
de una intransigencia académica, en vez de haber
apreciado lo heróico de su evolución para haber
completado su obra mediante concesi* nes mu-
tuas — impidiendo que se echara en brazo3de otros
hombres que tan letal mente debían pesar s>bre
su administración— nada de eso desaquilata el
mérito de esa efem^ride redentora, que después
de tanto tiempo y por primera vez ensanchó los
pulmones del país, y sepultó el terror en que vivía
bajo ¡as catacumbas de la historia.
Nádie ha podido ni podrá disputar jamás al ge-
neral don Máximo Tájes, esa- glorias cristalinas
que tienen su filiación genésica en su conducta
magnánima en el Quebracho, y en la noble ente-
reza de aquella noche azarosa en que la bala de
un mártir quiso libertar á la pátria de la tiranía
de Sántos, como el puñal de Harmodio libertó á
la Gréciade la tiranía del hijo d> Pisistrato.
Por él no quedó ensangren ada la ciudad, ame-
nazada de muerte por la veng¿ nza de los panduros
de la Escolta y del Quinto. Fué él quién tiizo ce-
rrar las puertas de esos antros salvajes— que ya
NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 285
derramaban sus hordas sediciosas sobre la ciudad
indefensa — para sepultarla en otras vísperas sici-
lianas devolviendo al otro día, con los primaros
rayos del sol, la libertad y la calma a, sus angus-
tiados moradores.
Jamás olvida este género de proézas la gratitud
de los pueblos— por más que su recompensa no
sea estruendosa y venga algo tardía.
Desde entonces no hubo repulsiones para esa
nueva escuela militar, cuyo primer representante
fué el general Tájes escuela que debia hacer rena-
cer esas fraternidades caballerescas entre el ele-
mento civil y el militar,— recordando la de losan-
tiguostiempos de las guerras continentales en que
e' entorchado de los jefes era el primer adorno de
nuestros salones, y la carrera militar una de las
más brillantes y prestigiadas en el seno de nues-
tra sociedad.
A todo esto, y no como el último de los títulos
que pueden recomendar la moralidad social y la
circunspección política de este candidato á los su-
fragios de su partido y del pueblo— puede agre-
garse que la sociedad culta de su pátria, humilla-
da y ofendida hasta entonces por el rastaquerismo
gubernativo — se sintió bajo su gobierno realzada
y dignificada en sus respetos, tanto por él como
por su familia — lo que no ha olvidado nunca — es-
pecialmente la mujer oriental, que tan ferviente
culto sabe rendir al santuario del hogar.
Tales son para nosotros esbozados á grandes
rasgos los méritos y las condiciones de este can-
didato
¿Tendrá fuerzas cívicas y convicciones morales
el sucesor del doctor Herrera y Obes — para reedi-
ficar el crédito y el orden económico sobre tantos
escombros?
¿Se atreverá á presentar á nuestros acreedores,
nuevos balances del estado del país, para conven-
286
SETEMBR1N0 E. PEREDA
cerlos de que nuestra actualidad financiera no re-
posa en un inmenso eehufandage de mentiras?
Y si el candidato triunfante lo es el general Tá •
jes- -realmente tendrá energía y convicciones pa-
ra tanto?
Estas son ias únicas dudas que atraviesan mi
espíritu y que más de una vez me han hecho re*
tro ceder ántes de escribir estos artículos.
Hay quienes creen y afirman que tengo mano
desgraciada para sacar candidatos de pila.
Tal v z eso sea cierto— pero eso en todo caso
no depende de mi, sino de los candidatos y de la
con a pelón patriótica que yo me formo de las ne-
cesidades arquitectónicas fiel país.
Lo concibo grande y lo encuentro muy pequeño,
en to 1- \, en hombres, en instituciones, en nivel
moral é intelectual, en educación política, en ptác-
ticas comerciales — y busco como muchos el génio
práctico que presida á su reorganización, y que
capitalice, siquiera en parte, los restos del rico
patrimonio que heredamos.
¿Será este hombre el general Tajes?
Oéo que puede serlo— si él comprende su mi-
sión, y sabe aprovechar los elementos de reacción
que vá á ofrecerle la nueva época.
Si como decía Diderot, los hombres aprenden,
sin necesidad de ir á las academias, en los libros
- y en et « studio de Jos otros hombres— que Zola
llama el documento humano -fuerza será conve-
nir, qurt pocos ciudadanos como él han compul-
sado futre nosotros más documentos de esta es-
pecie, que son una de las principales fuentes de
la sabiduría práctica.
Oja á! decía el general Tajes, no hace seis meses,
— á uno de sus íntimos, que nos repetia la frase —
hubiese yo conocido los hombres de mi país
cuando subí á la presidencia como los conozco
hoy! ¡Cuántos errores habria evitado l ¡Cuántos
desastres habría impedido !
NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS
287
Y decía la verda 1 el general Tajes — porque
e. toncas no había aprendido lo que sabe hoy, á
distinguir el sofisma abrillantado y seductor de la
verdad concienzuda y modesta —y como todos los
hombres de su país se había educado en esa at-
mósfera empireumática, de ideologismos de decía -
matorios,— de frases efectistas, de suficiencia pe-
dantesca — que las más de las veces no tienen una
idea practica en la cabeza ni la humildad de ceder
el puesto a qui^n la tiene.
Es por eso que hoy sera el Teniente General
Tajes, con su silencioso b jen criterio, con su ex-
periencia bien adquirida sobre el documento hu-
mano— un gobernante de convicciones firmes y de
espíritu de progreso— que hoy por hoy es cuanto
necesita el país.
Al proclamar su nombre, recomendándole al
buen sentido de nuestros compatriotas -creemos
haber cumplido uií deber de conciencia que entre
nuestras relaciones privadas hace ya- vario* meses
hemos empezado á poner en práctica.
No nos toca á nosotros, que no formamrs parte
de su entourage¡ y que nada esperamos de su go-
bierno porque, cuando él suba al poder, nosotros,
si Dios quiere, no viviremos en el país— nonos
toca, decíamos, organizar los trabajos prácticos
para proclamar su candidatura, comoéco de una
aspiración nacional.
Pero sí nos toca decir, que ya tarda demasiado
Ja iniciativa de eso-? trabajos -y que se nota en la
acción de loo partidos — una falta de civismo, ra-
yana de la cobardía ó del egoismo.
¿Nosquejarémos después de que empeor-en nu-
estros destinos? . ' : *
Como se vé el Dr. Costa encuentra en el Teni-
ente General Tá)es el candidato, hoy por hoy más
popular y más accesible al triunfo, en virtui de la
situación pulítica por que atraviesa el país.
288
SETBMBR1N0 E. PEREDA
Nosotros creemos otro tanto. A pesar de que
somos partidarios de los gobiernos civiles, no por
eso dejamos de comprender que el candidato men-
cionado puede hacer mucho en bien de los intere-
ses nacionales si toma de nuevo las riendas del
mando.
Sus conciudadanos ya le conocen; saben que si
no es una ilustración, pues no ha cursado mayores
estudios, supo merecer más de un entusiasta aplau-
so por la prensa independiente y los hombres de
principios, que no eran sus amigos políticos, du-
rante su período administrativo anterior al del
Dr. Herrera,— y como se ha d¡cho con verdad, —
muchas veces el simple buen sentido es el mejor
político.
Bl Teniente General Tajes, con la experiencia
de gobernante que ha adquirido en cabeza propia,
conociendo las cosas y los hombres de su tierra,
si s¿ h illa poseído, como lo creemos, de la mejor
buena voluntad para con los progresos y el bien-
estar nacionales, podría tornar ia confianza y
restaurar el crédito público.
El Dr. Tomás Manuel de Anchorena dije una
vez, hablando de las cosas de f u país: ¿ Ningún
gobierno hace sólidos progresos desviándose de
la senda de la verdad y buena fé. — Los triunfos que
se obtienen por medio del engaño y la superchería,
son muy efímeros, y son ellos mismos los que pre-
paran la ruina de sus autores.
Esta verdad se ha palpado en distintas ocasio-
nes y por diversos mandatarios en el país
Ha.i subido al poder en medio la espectativa
general han hecho una y mil seductoras promesas,
y desde sus primeros actos han desmentido sus
palabras, engañando al pueblo cual si se traíase de
un niño mal creado á quien es preciso, para evitar
sus impertinencias, ofrecerle cuanto desea poseér,
aunque después no„se le satisfaga en lo más mí-
nimo.
NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 289
El Teniente General Tájes ha podido apreciar
de cerca todo esto, y no igno»a que para gobernar
bien es menester ajustarse á los mandatos de Ja
ley y á los dictados del sano patriotismo.
Vivimos en un siglo, ha dicho el ilustre Juan
Cruz Várela, en que el ministerio importante de
cprrejir los abusos es sin disputa el más odioso, y
en que el valor con que se emprende la destrucción
de los errores viejos, pasa por orgullo y temeridad.
Sin embargo, es preciso .poner el dedo sobre la
llaga, cauterizar la herida para que no se vaya en
sangre; adoptar un temperamento enérgico, dejar-
se de indebidas y perniciosas contemplaciones, y
cortar el mal de raíz.
Esto toca al gobernante que reemplace al Dr.
Herrera, por que el país se halla abocado á un ci-
clón político y financiero; propenso á llevar lodo
por delante, hasta el propio decore nacional.
El Dr. Cárlos María Ramírez, que ha sido uno
de los más entusiastas campeones de la buena
causa, decía en 12 de Febrero de 1871: «Un pueblo
de hombres libres, iguales y hermanos, bajo la
• autoridad de un gobierno justo y fuerte — ¿no es
to Jo el ideal que puede la política alcanzar en este
mundo ? »
¿Y el Teniente General Tájes no tiene acaso
condiciones para hacer un gobierno justo y fuerte
en el cual tengan asidero todas las aspiraciones
honestas ? No lo ponemos en duda, si, como fuera
de esperar, supiese rodearse de ciudadanos que no
hicieran un modus vioendis de la política.
Los honrosos antecedentes son su mejor justi-
ficativo.
El Dr. Herrer^si quiere descender de su¡e levado
puesto sin que la posteridad le juzgue severamen-
te, debe garantir la libertad del sufragio, dejar al
19
200 *
SETEM BR1NO F. PEREDA
pueblo que haga su soberana voluntad, no impo-
niendo candidatura alguna á la Presidencia de la
República, para que en el vocabulario sud ameri-
cano no se siente como una verdad inconcusa la
definición chilena de que el Presidente es «una
especie de Rey constitucional con la facultad de de-
signar sucesor, » y que no ha mucho nos trajo á
colación un distinguido compatriota.
La idea pura de Ja democracia, según su verda-
dera acepción, dice Stuard Mili es el gobierno de
todo el pueblo por todo el pueblo legalmente repre-
sentado.
. Déjese pues, al pueblo q ue obre por sí mismo,
sin necesidad de influencias directrices» que vi-
niendo de los que mandan son [siempre de fetales
consecuencias para el reinado de las Instituciones
libres.
IX
Apénas faltan cuatro meses para que los ciuda-
danos uruguayos elijan los que han de renovar el
actual Cuerpo Legislativo.
4 Quiénes han de ser honrados con la delegación
popular en el augusto recinto de las leyes ?
La misión de las futuras Cámaras será delica-
dísima y de grandes responsabilidades páralos
señores padres de la patria. A ellas tocará entrar
áv lleno en la reforma constitucional. El artículo
5.° de nuestra Carta Fundamental se halla reñido
con los progresos liberales quo hemos alcanzado.
El país ha salido de la infancia y ya no ejerce el
vetusto coloniaje la más mínima influencia en sus
destinos. La democracia y la libertad son sus hijas
predilectas.
¿A qué, entónces, atar el Estado al carro de una
religióu, ménos aún de la católica apostólica ro-
mana que no profesa la gran mayoría de sus ha-
bitantes?
NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS
291
Por otra parte, el Estado no debe ser ni ateo ni
devoto, sino prescindente en las cuestiones reli-
giosas. Lo único que le es permitido hacer es ga-
rantir todas las creencias siempre que no impor-
ten un peligro social.
- Nosotros, decía Teodorico el Grande, no tene-
mos ningún imperio sobre la religión, porque la
creencia debe de ser libre, — y esta verdad incon-
trovertible deben tenerla presente los que em-
prendan tan ardua y delicada tarea,
¿Qué necesidad tiene la República de mantener
un culto? ¿Acaso todas las religiones no poseen el
mismo derecho ^ue la católica? Desligúesela, por
lo tanto, e ese odioso consorcio con el Estado,
porque en una nación libre y constituida no es líci-
to imponer el sostenimiento de una secta con de-
trimento de las demás.
¿Quiere osto decir, tampoco, que deba protejerse
á todas? Ciertamente que no. En Francia se pro-
tejen tres religiones; la católica, la protestante y la
judia; pero Re procede incorrectamente, porque se
admite una absurda trilogía, es decir, se desainan
los dineros nacionales para- alimentar sectas de
ideas antagónicas, lo cual es un contrasentido.
Cada adepto tiene la obligación de sostener su
religión de su esclusivo peculio, y por consiguien-
te, el Estado debe dejará cada una de ellas en la
más amplia libertad, libradas á sus propios ele-
mentos.
Don Francisco Salmerón y Alonso, diputado
por Almería, en su brillante discurso pronunciarlo
en la Asamblea Española de 1855, tratando de esta
misma cuestión, decía:
«La libertad en cuestiones religiosas significa
mucho manque en los ámbitos de la política. El
cu Itu privilegiado con p» rjuicio de otras distintas
liturgií s es repulsivo, porque combate; intolerante,
porque dispersa; anti-evangélico, porque enemista;
y nada grato á los ojos de Dios, porque impone la
292
SETEMBR1N0 R. PEREDA
hipocresía La intolerancia en filosofía exajera el
principio de autoridad; en política multiplica las
revoluciones, y en ■ eligió!* niega a ¡silo" a los pros-
criptos que en una sola despedida dan el adiós al
cuito y á la Patria.»
Yo considero la libertad de cultos como la pri-
mera de todas, decía á su vez el diputado por Cáce-
res don Cipriano Segundo Montesinos; no com-
prendo las demás sin ella; y creo más, y - es,
que la libertad política no puede existir sin la li-
bertad religiosa, á lo ménos de un modo estable y
duradero; y apelo á la historia de los pueblos anti-
guos y modernos. Estimo tanto la libertad religiosa
que, comparada con ella, considero nada la liber-
tad política; y sin embargo, estimo tanto la libertad
política, que he hecho, estoy haciendo y me hallo
dispuesto á hacer los mayores sacrificios por la
libertad de mi patria.
Finalmente,— por no extremar las citas,— D.
Fernando Corradi en su elocuentísima alocución,
aludiendo á España, preguntaba: ¿Quién ignora
los desastres causados por la intolerancia religio-
sa, que hoy se quiere disfrazar con el nombre y la
máscara de unidad católica, al modo de un puñal
cuya punta se oculta entre flores?"
Y estas ideas se expresaban en una época y en
un país en que la Religión Católica ejercía el
más poderoso tutelaje de las conciencias y el ma-
yor influjo en el Gobierno. Con mayor razón, pues,
pueden invocarse en ias postrimerías del siglo
décimo nono y en una nación en que se ama la
li bertad como la vida.
Además, la independencia de la Iglesia y el Es-
tado solo puede temerse por las religiones sin con-
sistencia en la opinión. La católica, que ; se crée
la superior á todas, no debe temer, por ende, que
se la deje librada á sus sola s fuerzas.
Uno de sus más ardientes sostenedores en el Rio
déla Plata, D.José Manuel Estrada, en su opüs-
NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 293
culo relat ; vo á la Iglesia y el Estado, después de
muchas juiciosas observaciones, tendentes á per-
suadir á sus amigos de causa, que es conveniente
independizar aquella de éste díce° que si el Estado
adopta una Iglesia falsa pierde prestigio y vigor,
y que si adopta la Iglesia verdadera, la debilita y
la expone á peligros y vicisitudes sin cuento.
Guando en 1853 se separó la Iglesia del Estado
en los Estados Unidos de Colombia, derogándose
cuantas leyes á ambos ligaban,— el clero católico
cooperó poderosamente á ello,— y en los Estad* s.
Unidos del Norte, en quo también existe ¡dicha in-
dependencia, todas las religiones viven bien y
prosperan.
De manera que no sería una novedad si la pró-
xima Asamblea Legislativa Nacional derogase el
art. 5 o y disposiciones que unen al Estado con la
Iglesia.
Es preciso, en consecuencia, que se elijan Re-
presentantes y Senadores liberales, para que se
cumpla la justa aspiración del paú.
¿Hay posibilidad de que triunfen los más aptos y
más dignos?
¿Quién sabe?
Un apreciable é ilustrado compatriota, anhelan-
do que vayan á l¿ s Cámaras los ciudadanos que
mayor confianza y mejor concepto gocen de* pue-
blo, nos comunicó hace poco el siguiente patriótico
pensamiento.
"Quiero someter á su consideración una idea
que he concebido y que, á mi juicio, puede ser de
resultados altamente benéficos para la marcha
política del país y para la educación cívica de
nuestros compatriotas: y como soy justo aprecia*
dor de las relevantes dotes personales que á Vd.
adornan y le creo uno de los ciudadanos más apa-
rentes para llevar á la práctica tal pensamiento,
me apresuro á comunicárselo.
Si alguna vez queremos realmente ser Repii-
294
SETEMBR1N0 E. PEREDA
blica, debemos empezar por interesar al nueblo
en la dirección de sus negocios propios; uno de
los cuales, el más importante de todos, es la desig-
nación de buei-os legisladores, con tanto mayor
motivo cuanto que en el caso actual ván á ser elec-
tores de Presidente y reformadores de la Consti-
tución.
Sentada esta i remisa evidente, me lie dicho:
Ya que nuestro mecanismo electoral es tan de-
ficiente, que no dá jamás la expresión genuinu de
la voluntad papular, conviene sobremanera que se
organicen plebiscitos en cada DéD'-rtamento para
conocer cuáles son los candidatos que reúnen las
verdaderas simpatías y la mayoría de los sufragios
de los ciudadanos. Bastaría para ello que se con-
vocara á una reunión álos primaces de los partidos
en ese Departamento, por ejemplo; que se formu •
lara una lisia ó más de car didatos; se nombraran
comisiones receptoras y escrutadoras de votos, sin
atingencia ninguna con el oficialismo; que.se hicie -
ran circular profusamente esas listas para que los
ciudadanos pudieran examinar) as, cumpa rar las y
discutirlas con toda amplitud; y que se pidiera
por la prensa á éstos que mandaran sus votos á las
comisiones respectivas, compuestas, como es lógi-
co, con hombres bien conceptuados y de indiscuti-
ble probidad política. Es decir, que al lado de la
urna oficial ó legal se levantaría la urna genu má-
mente popular y extra oficial, quedaría el resultado
fiel de la voluntad, de las preferencias, de las sim •
patíos del Departamento, con respecto á ios candi-
datos populares en oposición con ios oficiales.
Para todo esto habría, es vendad, que agitar pré-
viamen;,e la opinión publica y hasta que hacer gi-
ras por el Departamento para dar á conocer el al-
cance del pensamiento y despertar á los ciudada-
nos de la apatía y del indiferentismo en que
yacen.
Ante el resultado elocuente de la urna popular,
NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS
295
todo Gobierno que medianamente se respetare, se
abstendría de imponer tales ó cuales candidaturas
impopulares — impopularidad que quedaría evi-
denciada por este procedimiento. Pero, aunque no
se consiguiera ese objeto, ¿no sería una recompen-
sa moral de subid< > valor para los ciudadanos ho-
nestos que hubieran recibido esa demostración de
simpatía de un Deparlamento? Sabrían ai ménos
que si no hahían salido Diputados hubieran debido
seWo— lo que vale mucho más sin duda alguna.
Imitemos el ejemplo que nos dan los mismos
países monárquicos, como España, Italia, Alema-
nia y sobre todo Inglateira, en los que» cuando se
inicia la ludia electoral, sus grandes políticos,
como Sagasta, Cánovas, Crispí, Zanardelli, Glads-
tone y Salisbury recorren las provincias ó eiuda-
des, dando á conocer sus programas é incitando
al pueblo á tom?r participación direct i en la cosa
pública.
Ligue su nombre, mi amigo, á una campaña
tan levantada y patriótica y que creo hallaría
éco en los demás Departamentos.
Disculpe el desaliño de estos renglones y hága-
me conocer su opinión s >bre este asunto.»
No pudimos menos de aplaudir la patriótica
idea expresada en las precedentes líneas. Sin
embargo, ella es demasiado avanzada para que
pueda ser pucstn en práctica en nuestro país,
y así se lo manifestamos á su iniciador*
La Ley Electoral vigente es una ganzúa con
que fácilmente podrán falsearse los derechos del
pueblo.— Las Juntas Electorales tienen por Pre-
sidentes natos á los Jefes Políticos y por auxi-
liares de sus taréas¿ en iguales condiciones, á
los Presidentes de las Juntas y á los Receptores
de Rentas.
¿Cuáles son las miras del Poder Ejecutivo ante
tales hechos? ElMinistro de Gobierno dice ser
las que manifiesta en la siguiente circular:
.296
SETEMBRINO E. PEREDA
Ministerio de Gobierno.
CIRCULAR
Montevideo, Marzo 29 de 1893.
Con la adjunta circular recibirá V. S co¡ ¡a
impresa de la Ley de Registro Cívico Perma-
nente y del Decreto Reglamentario con que el
P. E. provee á su cumplimiento.
Las funciones importantísimas que por esa Ley
incumben á V. S y el acalorado debate parla-
mentario que precedió á la sanción de la* mis-
mas, me excusan de entrar en observación , al-
guna sobre el compromiso que el Cobierno ha
adquirido ante el país, garantiendo la impar-
cialidad de sus delegados en las f unciones comí-
titiles, cuya presidencia les ha sido conferida á
propuesta del Ejecutivo y como un medio eficaz
de hacer práctica la verdad del voto público.
Son tiempes de escepticismo político los que
cruzamos, y el Gobierno no pretende desarmar
las oposiciones con notas oficiales, cuyo contexto
dá lugar á que los mal intencionados lean siempre lo
que no existe entre líneas. Conociendo esa tendencia
fatal de la actualidad, seria pueril incidir en una
táctica de resultados contraproducentes, si esta co-
municación, que no busca el aplauso de nadie, pu-
diese tener otro carácter que el de un llamamiento
al deber para aquellos que están en el caso de reci-
birla como una Orden.
Conozco el interés patriótico que S. E. el señor
Presidente de la República tiene en que el resultado
de los próximos comicios t>ea una manifestación ver-
dadera de ¿a voluntad nacional, y al compartircon
S. E. esa aspiración de todo buen ciudadano» me
complazco en creer que V. S. alienta iguales pro-
NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS
297
pósitos. No son solamente, pues, nuestras obliga-
ciones funcionales, sinó también el tributo pagado
á nuestras creencias republicanas, lo que augura
la sulución satisfactoria del problema que la Ley
plantea á la actividad délos miembros del Cuerpo
electoral.
En tal concepto, conviene que, usando las prero-
gativas de su nuevo cargo, explique V. S. a los
electores de ese Departamento las ventajas del Re-
gistro Permanente, y las facilidades que él ofrece
al ejercicio tranquilo de los derechos políticos, en
la vasta esfera comprendida dentro de esa desig-
nación.
La inscripción documentada, jor difícil que pa-
rézcase» lo es tanto que desafíe la buena voluntad
de los destinados á inscribirse. Desde luego, ella
se hace una sóla vez para siempre, de modo que
no se repite ¡a incomodidad que pueda originar.
En seguida, ella sirve para justificar sin réplica el
estado político del inscripto, de manera que la ap-
titud para el goce de los empleos públicos, la
opción á las exenciones en el pago de ciertos tribu -
tos, y la justificación de elector y elegible para la
distribución de los cargos populares, está definiti-
vamente comprobada con haberse inscripto co-
rrectamente una vez.
Siendo todo ciudadano uruguayo miembro de la
soberanía nacional, es evidente que ella reside en
el Cuerpo electoral ó sea en el conjunto de los in-
dividuos aptos para ejercer derechos políticos en
el país— de donde se sigue que la creación del Re-
gistro Cívico Permanente es la úi:ica garantía po •
sitiva de las manifestaciones de la soberanía, por-
que empadrona á los ciudadanos y Ies suministra
el testimonio irrecusable de su aptitud para todos
los menesteres de la vida pública
El Gobierno espera que llevada al ánimo popu-
lar la explicación verídica y sencilla de estas con-
veniencias de orden general y proficuo, la Ley ga-
298
SETKMBR1N0 E. PEREDA
nará en simpatía cuanto hubiera podido perder por
efecto de una propaganda desacertada en su con-
tra, y atendiendo tales razones encarece á V. S.
que en uso de sus nuevas facultades, it culque en-
tre los electores de ese Departamento el servicio
cívico que están llamados aprestarse-a sí mismos
ya la República, inscribiéndose en el Registro
Permanente.
Dios guarde á, V.S. muchos años.— Francisco
Bauza.
Señor Jefe Político de
El país empero, está ya escamado de tales cir-
culares. £1 señor Ministro de Gobierno, que así lo
ha comprendido (y no es mal sastre el que conoce
el paño, como dice el adajio) se apresura á objetar
que no pretende desarmar las oposiciones con notas
oficiales, — y tiene sobrada razón. No es con notas
sino con liechos edificantes que se acalla la grita
de la opinión pública.
No obstante, si en realidad el Presidente de la
República tiene el interés patriótico de que el resul-
tado de los prt/x irnos comicios sea una manifestación
verdadera de ¿a voluntad nacional, — irán al Cuerpo
Legislativo ciudadanos honorables, aptos y dignos
bajo iodos concep'os, aún que del dicho al hecho
haya mucho trecho.
Por su parte, los partidos están en el deber de
preparar sus elementos para la lucha, pues aún
cuando sus actos no les dén títulos saneados para
arrogas se la representación nacional, mientras
otros más definidos y avalizados no les sustituyan
en el terreno de la acción electoral, debe suponér-
seles los representantes de !a opinión pública.
Los partidos!
¡Qué horrible sarcasmo! dijo un día el señor
Francisco Bauza, aludiendo á las colectividades
colorada y blanca, pues en esa época (1871) no
se había fundado el constitucional, y con patrió-
tica amargura, luego preguntaba:
NI RETRÓGRADOS NI TARTUFOS 299
m . . i .i . . n . 1 ■- '■■
t
¿Existen entre nosotros partidos? ¿Existen aca-
so esas asociaciones políticas, con programas
definidos, con aspiraciones lógicas, que buscan
en la lucha legítima del sufragio, de la prensa
y de la tribuna, la solución de las cuestiones
trascendentales que afectan los intereses del
País? Nó.
Entre nosotros, agregaba, solo existen dos ban-
dos armados, irreconciliables, impíos, cuyas exhi-
biciones teatrales en la escena política harían
reir, si cada uno de sus saínetes no costara un
mar de sangre. Cómicos de la legua que baila-,
mos al rededor de un fogón, en eMúgubre ban-
quete de ¡os muertos.
Levantad la frente, hombres de corazón y de
buena voluntad, — 'exclamaba.-- porque ha llegado
la hora de condenar los desmanes. Una nueva
generación, llena de fé, radiante de juventud y
de esperanza, se acerca al templo de la libertad
para recibir las insignias de la nueva peregrinación
política, que ha de conducirnos á la tierra de pro-
misión.
El deber del ciudadano, habla más alto que les
resentimientos del partidario.
Sin embarco, el Sr. Bauzá, olvidando esos prin-
cipios, continuó incendiando con sus actos y su es-
clusivismo partidista la hoguera de los Odios.
Para él, el partido colorado no era otra cosa que
un simple bando, es decir, una facción que no re-
presentaba ningún principio noble y elevaao, sino
la lucha fraticida y las ambicionen menguadas.
Por eso terminaba su exhortación á la fraterni-
dad, diciendo:
« Ay ¡ de ehos, ( de ios ciudadanos ) el dia en que
vuelvan los ojos al Ci^lo. como único refugio de
los que nada esperan de la tierra, y vean en el
firmamento una nube roja, y oigan una vozque les
dice: Caín ! Cain¡ ¿ qué has hecho de tu hermano ?»
Es que las conveniencias personales, el amor ai
I
300
SETKMBR1NO E. PEREDA
presupuesto tienen sus atractivos para los que nó
se hallan dotados dé suficiente fuerza de espíritu
para luchar en los combates diarios de la vida sin
que los deslumbre el miraje de las alturas.
Inicie la creación del partido clerical, que bien
puede figurar como su jefe, quien, como él, se
halla á la cabeza del movimiento católico en t-u
país, pues su p -opaganda de 1871 tiene en la actua-
lidad mis aplicación que entónces: porque el tiem-
po ha sido su más elocuente colaborador.
Liberales y clericales. — No caben más en un
país como el nuestro; porque, como ha dicho D.
José Pedro Várela: es dificilísimo, sino imposible
igualar á la reacción con la libertad y sacar á la
República del cuadro general de la humanidad,
hombres no se hallan divididos entre liberales y re •
trógado$;y que más hallá de los hechos transitorios
que se producen en nuestro país y desfiguran la
fisonomía de nuestros partidos, no se distinguen en
unos perenne y radiante la aspiración al progreso
yála libertad, y en otros, — continuo é incansable
el culto por la opresión y la ruUna,
todas partes, los
I
A LOS LIBERALES
El autor de este libro, suplica á los que sim-
paticen con la idea de formar en el pais el Partido
Liberal, se siroan enviarle su adhesión á la ciudad
de Paysandú, calle 18 de Julio Núm. 253.
ERSáTAS PRiiíCIPALES
páginas
DONDE DICE
/
12
precisamente
transación
13
revolución
lo
combicciones
19
45
dé
52
mienras
59
obediciencia
81
reparción
94
el clericalismo
95
se les dá
99
que de los
103
aplausibles
105
como que ya
117
teniendo;
131
combaten
147
desúdente
156
con á
169
2.o
id
3.?
170
manos
174
Antonioio
181
aterraciones
id
juicio
DEBE DECIR
principalmente
transacción
evolución
convicciones
acuse
de
miéntras
obediencia
reparación
al clericalismo
se le dá
de los
plausibles
como ya
teniendo,
combate
disidente
con
4.°
5.o
ménos
Antonio
aberraciones
quicio
l'Alil.x AS
I'UPtliPí Lilly**-
ítt'itr florín
188
orizontes
horizontes
189
aconsejados
aconsejado
id
que la reemplaza
que lo reemplaza
191
De Vd.
De Vds.
214
comparticipación
coparticipación
215
le vasta
le basta
id
pagas
paga
220
encuadren
encuadre
226
solos se
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227
no puede
no pueden
i (i
liberta
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id
hai
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228
sea m,a
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230
como uno
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230
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231
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236
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238
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239
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246
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251
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pensaba celebrar
259
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éste
263
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Partido
27Ü
¿dé
de
Al final de la pág. 93, debe agregarse: ¿ á que
esa d sidia y persistencia en mantener su apa-
rente vitalidad?
En la 169 debe suprimirse el 1er. inciso, que se
halla incompletu y de más.
El párrafo 2io. de la pág. 244, debe leerse des-
pués del párrafo 2do. de la pág. 243
OBRAS DEL MISMO AUTOR
. . .-, ...... - ■■ "«•»•■ • - •
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LUCILA
Fantasía li' eraría, en prosa, un tomo . . $ 0,40
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composiciones poéti as y discursos va-
rios . ...» 0,80
TOMO II : Rasgos biográficos de Isidoro
De María, Juan Carlos Blanco, Dolores
Larrosa de Ansaldo, Francisco Acuña de
Figueroa, Juana Manuela Gorriti, Luis
Melián Lafinur, Clara López Je Brito,
Heráclio C. Fajardo, Carlos Anaya, Adol-
fo Berro, Domingo Faustino Sarmiento,
Oct-tvio Ramírez, Miguel Pallejá, Teó-
filo D. Gil, José Pedro Ramírez, Alejan-
dro Magariños Cervantes, y Angel Floro
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